sábado, 27 de octubre de 2018

El desconcertante dolmen de Ruyales del Páramo


En la vecina comarca de Las Loras existen catalogados alrededor de un centenar de túmulos, esas construcciones de arquitectura variada que acogieron inhumaciones colectivas, con una antigüedad de entre 5300 y 6000 años. Una buena parte de estos túmulos fueron catalogados por Miguel Ángel Moreno Gallo (1).

En el término municipal de Huérmeces se encuentran catalogadas un total de seis de estas  estructuras tumulares: Alto de San Benito (Quintanilla Pedro Abarca); La Mina I y La Mina II (Ruyales); Valdegoba, Valdemanzanero y Valdemedrano (Huérmeces); sin catalogación tan clara existen -como mínimo- otros cinco ejemplares: Otero I y II  (San Pantaleón), El Berezal (Ruyales) y Monte las Eras I y II (Huérmeces).


Dolmen del Moreco (Huidobro), el primer dolmen burgalés en aparecer como tal en la literatura megalítica (BIFG, 1954)




De entre los diferentes tipos de túmulo que se dan por estas tierras, son sin duda los denominados dólmenes de corredor los que presentan una arquitectura más interesante. En la década de los ochenta del siglo pasado, se procedió a la excavación (2) de una docena de los existentes en Las Loras, quedando evidenciado el triple carácter que poseen estas estructuras tumulares:

-monumento funerario colectivo: parece ser que se inhumaban únicamente ciertos huesos de los difuntos (cráneos, sobre todo), tras la purificación del cadáver en algún otro espacio (una especie de pudridero, quizás); se cree que los huesos depositados en la cámara dolménica pertenecían únicamente a individuos de un estatus superior, lo que supondría la existencia de una cierta jerarquización social.

-espacio sagrado en el que se desarrollaban ciertas actividades rituales o trascendentales, en determinados momentos del año; y durante mucho tiempo, lo que originó (entre otras cosas) que fueran visitados y revisitados con frecuencia a lo largo de los siglos.

-marcador territorial y referente simbólico de aquellos grupos de campesinos neolíticos itinerantes. Símbolos de la cohesión social necesaria para la construcción de estas estructuras tumulares.

Es necesario puntualizar que los dólmenes de Las Loras carecen de "sombrero", esa cubierta monolítica plana tan característica de los sepulcros de otros lares (Rioja Alavesa, Ampurdán...). Se supone que, en los dólmenes de nuestros páramos, la cubierta de la cámara se realizaría a base de troncos de madera, ramas y tierra; este sería el principal motivo por el que la cubierta acabaría por colapsar con el paso del tiempo, originando esa posterior configuración en forma de "cráter" que presentan muchos de ellos, y a través de la cual se realizaron continuos saqueos en tiempos pasados.

En un dolmen de corredor, quizás sea la característica de espacio sagrado la que resulte más atractiva a los ojos de un profano. Hoskin y otros entusiastas de la arqueoastronomía megalítica, (8,9) han estudiado concienzudamente la orientación de los pasillos de los dólmenes de corredor, constatando un carácter claramente pautado. La dirección o azimut de los pasillos suele estar claramente asociada a los ortos y ocasos de Sol o de Luna en momentos concretos del año.

En los dólmenes de la Península Ibérica, existe un claro predominio en la orientación hacia el Este-Sureste, esto es, a la salida del sol (orto) durante el solsticio de invierno.


Puede conjeturarse que esta orientación de los corredores hacia la salida del sol a comienzos del invierno obedeciera al deseo de que la luz solar, en la fecha indicada, penetrara por el largo pasillo, iluminando el interior de la cámara, sobre todo determinadas zonas de aquellos ortostatos que poseyeran grabados o pinturas. 

Esto supone reconocer que ciertos individuos de entre aquellos grupos de pobladores neolíticos que erigieron dólmenes conocían sobradamente la mecánica celeste y la pusieron en práctica a la hora de diseñarlos.


Los rayos solares del Solsticio de Invierno penetran en el interior de la cámara dolménica del sepulcro de corredor de Huerta Montero (Almendralejo, Badajoz)  senderuelos.blogspot.com (10)

Si aún en nuestros días, la irrupción de los rayos solares por el pasillo de un dolmen constituye un emocionante espectáculo (4), podemos imaginar el profundo significado que este fenómeno debía tener para aquellas comunidades megalíticas de hace 5000 o 6000 años. Aquellas gentes celebraban la expiración de los días cortos y el inicio de un nuevo ciclo vital en el que el sol aparecería cada día un poco más temprano y se ocultaría un poco más tarde.

En el caso de dólmenes de corredor del NW burgalés, se produce una gran homogeneidad en las orientaciones (azimut) que presentan los pasillos: entre los 101º y los 126º, con una notable excepción: el supuesto dolmen de corredor de La Mina II (Ruyales del Páramo), con su azimut de 214º, orientado pues al ocaso solar en el solsticio de invierno (8).


SIGPAC (agosto 2017); dolmen de La Cabaña (Sargentes de la Lora): azimut del corredor (116º) E-SE



SIGPAC (agosto 2017); dolmen de Las Arnillas  (Gredilla de Sedano): azimut del corredor (126º) E-SE

SIGPAC (agosto 2017); dolmen de El Moreco (Huidobro): azimut del corredor (126º) E-SE
SIGPAC (agosto 2017); dolmen de La Mina II (Ruyales): azimut del supuesto corredor (214º) S-SW
A poco más de 2 kilómetros al oeste de Ruyales del Páramo, en un paraje denominado La Mina, no muy lejos del límite con el término de Espinosilla de San Bartolomé, existen dos supuestos dólmenes, denominados en la literatura megalítica como La Mina I y La Mina II (aunque en algunas publicaciones aparecen como Ruyales 1 y Ruyales 2).




Ambos megalitos están separados por apenas 300 metros, y se enclavan en mitad de sendas tierras de labor. El más pequeño (La Mina-I), situado más hacia el este, únicamente deja ver tres grandes ortostatos, pero sin dibujar geometría reconocible alguna.


La Mina I: únicamente resultan visibles tres ortostatos; al fondo, a la derecha, La Mina II



La Mina I: desde lejos, únicamente resulta visible uno de los tres ortostatos del túmulo 



La Mina-II, hoy en día en mitad de una tierra de labor, una vez suprimido el arroyo que atravesaba el megalito
La Mina-II: al fondo, pinar de la Honquijosa, parque eólico de La Caldera (Bustillo del Páramo) y El Perul
La Mina-II: vista desde el SW; al fondo, el gran pinar de Las Mayas
El más grande y vistoso (La Mina II), sin embargo, está formado por una docena de  ortostatos de buen tamaño, que conforman una inusual cámara de planta elíptica de cinco metros y medio de anchura en su eje mayor, y unos cuatro en el menor.


La Mina II: al fondo, a la derecha, supuesta abertura cameral, orientada al S-SW
Algunos autores -quizás osadamente- mencionaban que su supuesto pasillo alcanzaba una longitud de unos nueve metros. Aunque más que pasillo, lo que se aprecia es una gran abertura en la zona suroccidental de la cámara.

A este respecto, resulta muy esclarecedor lo que se consigna en la ficha arqueológica del yacimiento: (5)



Por otra parte, recientes publicaciones (3) ponen más que en cuestión la catalogación de estos dos megalitos  de Ruyales como dólmenes de corredor, prefiriendo referirse a ellos como estructuras megalíticas.





Vuelo de finales de los años setenta: la cámara del dolmen de Ruyales es atravesada por un arroyo
Se supone que la cámara de La Mina II no guarda resto arqueológico alguno, ya que -hasta hace poco tiempo- era recorrida en todo su eje mayor por un arroyo, cuyas estacionales aguas penetraban en el sepulcro por la gran abertura existente en su zona superior (la orientada al SW) y lo abandonaban por otra pequeña apertura existente en su zona inferior (orientada al NE).


Por otro lado, como consecuencia del continua laboreo de las dos fincas circundantes, no queda resto alguno del túmulo que debía existir alrededor de la cámara; se supone que dicho túmulo estaría formado por gran parte de los numerosos bloques de piedra caliza que ahora se sitúan tanto en el interior de la cámara como en los extremos exteriores de la misma.

La Mina II: vista desde el lateral meridional

Los dos "dólmenes" de Ruyales figuran entre los primeros ejemplares catalogados en la incipiente literatura megalítica burgalesa de finales de los años sesenta del siglo pasado (6). En el año 1969, el Boletín de la Institución Fernán González recoge citas de prensa (Diario de Burgos) según las cuales se habrían localizado cuatro nuevos yacimientos: Porquera del Butrón (La Cotorrita), Villaescusa del Butrón (una "cista"), y los dos "dólmenes" de Ruyales del Páramo.


El "dolmen" de La Mina-II en el archivo fotográfico del Photo Club burgalés (7); a la derecha, la supuesta apertura cameral, orientada al S-SW, por la que penetraba el arroyo estacional que atravesaba la totalidad del megalito.





La Mina-II: doce grandes ortostatos conforman la cámara megalítica









La Mina II: fotografía incluida en la publicación "Burgos, tierra de arte" (1976), editada con motivo del 50 aniversario de la fundación de la Caja de Ahorros Municipal
Según Basilio Osaba, parece ser que los dos ejemplares de Ruyales fueron "descubiertos" a partir de una instantánea de la famosa colección fotográfica del Photo Club burgalés (7).

La noticia del Diario de Burgos (16 de octubre de 1969), en la que se recogían los hallazgos de Ruyales, hace referencia a la colaboración de Crescencio Martínez, el labrador que cultivaba las tierras en medio de las que cuales se ubicaba el megalito.






El acceso al dolmen de La Mina II no es sencillo, debido a la propia ubicación del megalito: en una zona relativamente húmeda y arcillosa, drenada por varios arroyos estacionales que desaguan en el del Chopillo. Para llegar al dolmen, hay que atravesar varios de estos arroyos que, además, presentan abundante vegetación arbustiva. La mejor época para visitar el lugar es a finales de verano, una vez cosechadas las tierras del entorno y una vez secos los arroyos que las delimitan.











FUENTES Y NOTAS:
(1) Megalitismo y geografía. Análisis de los factores de localización espacial de los dólmenes de la provincia de Burgos. M.A. Moreno Gallo. Universidad de Valladolid y Diputación Provincial de Burgos (2004)
(2)  Dólmenes de La Lora. G. Delibes de Castro, M. Rojo Guerra, J.I. Represa Bermejo. Junta de Castilla y León (1993)
(3) Nuevos datos sobre una alineación de menhires en el norte de Burgos: el yacimiento de Las Atalayas, en Avellanosa del Páramo (Burgos). M. Moreno Gallo, G. Delibes de Castro, J.A. López Sáez, S. Manzano Rodríguez, R. Villalobos García, A. Fraile Vicente, J. Basconcillos Arce. Sautuola, XVI-XVII, 71-93 (2012) [páginas 78-79: Dudas razonables sobre la autenticidad de los dólmenes de Ruyales del Páramo]
(4) Luz para ver y ser vista: los efectos de la iluminación solar durante el solsticio de invierno en los dólmenes de corredor de la provincia de Burgos. R. Gil Merino, M. Moreno Gallo, G. Delibes de Castro, R. Villalobos García. Munibe, 69 (2018)
(5) Inventario arqueológico de la provincia de Burgos. Campaña 1998/99.  ARATIKOS C.B. 
(6) 1954-2004: Medio siglo de megalitismo en la provincia de Burgos. M. Moreno Gallo. Boletín de la Institución Fernán González nº 230 (2005)
(7) Photo Club: denominación del establecimiento fotográfico existente en la ciudad de Burgos hasta el año 1964, fecha del fallecimiento de su dueño, Gonzalo Miguel Ojeda; su valioso fondo fotográfico (Archivo Photo Club, 1924-1964), formado por cerca de veinte mil fotografías, fue adquirido y digitalizado por la Diputación Provincial en 1978.
(8) Studies in Iberian Archaeoastronomy (5): Orientations of Megalithic Tombs of Northern and Western Iberia. M. Hoskin y J.A. Belmonte. Journal for the History of Astronomy (JHA) nº 23, supplement to Volumen 23 (1998)
(9) Studies in Iberian Archaeoastronomy (4): Orientations of Megalithic Tombs of Western Catalunya. M. Hoskin y T. Palomo i Pérez. Journal for the History of Astronomy (JHA) nº 29 (1998)
(10) Solsticio de invierno en el dolmen de Huerta Montero (Almendralejo, Badajoz): Solsticio de invierno en Huerta Montero (senderuelos.blogspot.com)

Más información sobre túmulos y megalitos burgaleses, nacionales y foráneos en: http://megalitos.es/


AGRADECIMIENTOS:
A Gloria Martínez González



OTRAS ENTRADAS RELATIVAS A RUYALES DEL PÁRAMO:
La Venta de Valtrasero
Valdefrailes
La ermita de San Andrés
El río Ruyales



miércoles, 17 de octubre de 2018

Bancos Populares Rurales

Muy probablemente, la mayor parte de nosotros  hemos utilizado en alguna ocasión los servicios del banco popular rural por excelencia: ese de estructura metálica, pintado en color verde, de perfil curvilíneo, con asiento y respaldo en rejilla, y marca corporativa en blancas letras destacando sobre el monocromo.

Barrio Vega, Huérmeces


Encontraremos sin dificultad bancos de esta clase en plazas, espacios ajardinados y rincones soleados de multitud de pueblos, a lo largo y ancho de toda la geografía provincial.


Ermita de Rezmondo



Ermita de Sotobrín: dos parejas de bancos en sus muros occidental y meridional







También los encontraremos en aquellos lugares que son objetivo habitual de todo buen caminante rural: el abrigaño de una apartada ermita o de un aislado camposanto, la sombra de un majuelo o de un nogal, el solitario andén de una estación de tren, el frescor de una fuente a la salida del pueblo.


Ermita de Cuesta Castillo (Huérmeces)



Camposanto de Barrios de Villadiego


 
Rollo jurisdiccional en Sotopalacios




Incluso se han dado casos aislados de privatización de alguno de estos bancos populares rurales, acabando por amueblar patios, portales, cocheras, cuadras o terrazas de alguna vivienda particular.

Estos metálicos bancos bancarios tienen una pequeña pega, que nace de su misma naturaleza clónica: son todos iguales, estandarizados, fabricados en serie. Son bancos sin alma, valga la redundancia.


Ermita de Cuesta Castillo (Huérmeces)


Encontraremos dos o tres versiones, según la década en la que fueron diseñados o la entidad bancaria que los patrocinó. Así, tenemos bancos del tipo alistonado con reposabrazos laterales, en contraposición al más extendido tipo curvilíneo arrejillado.

Afortunadamente, también existe otro tipo de banco popular rural, menos extendido pero mucho más valioso. Nos referimos a aquellos bancos que, aunque no estén pintados en verde, pueden considerarse mucho más verdes que los de las Cajas, ya que están confeccionados a base de materiales de reciclaje: viejas vigas procedentes de casas arruinadas, antiguas traviesas de ferrocarril de vías clausuradas, oxidados perfiles metálicos de aperos obsoletos, tableros aglomerados de muebles pasados de moda, pedazos de escay de sofás ya jubilados, piedras de derribo, cantos rodados...


Banco de Coculina, a la vera de la carretera de Acedillo


Casi cualquier soporte es válido para asentar las posaderas, aunque siempre es preferible la madera al frío metal o a la no menos fría piedra caliza. 


La Nuez de Arriba, banco en las cercanías del puente por el que la carretera BU-601 cruza el río Úrbel




Suelen disponerse a la vera de llanas carreteras vecinales, poco transitadas, ideales para el diario caminar de personas de cierta edad, que necesitan hacer un alto en el camino de vez en cuando. Si hay posibilidad de sombra, mejor, pero muchos de estos bancos se establecen al raso, sin cubierta arbórea que les proteja, quizás buscando más el sol primaveral que la sombra veraniega.


Lermilla: banco cerca del cruce entre la carretera de Quintanarruz y el extinto Santander-Mediterráneo (hoy vía verde)



También los encontraremos al lado de sendas de media montaña, allí donde el terreno invite a hacer un alto en el camino tras la fatigosa ascensión. En estos casos, el abrigaño de piedra es un complemento casi imprescindible. Nada peor que toparse, sudado, con el cierzo, tras el esfuerzo de la subida.


Concentración bancaria en el barrio de la Iglesia, en Gredilla la Polera
Sus anónimos creadores suelen ser esas mismas personas de cierta edad que, en estas zonas rurales, constituyen el colectivo caminante por excelencia. En algunos casos, incluso, encontraremos claros ejemplos de concentración bancaria, allí donde las condiciones del medio sean las adecuadas.  


Humada: banco de escay en la carretera a Villamartín de Villadiego

Villamartín de Villadiego: carretera a Humada








Montorio: senda de Las Peñas
Algunos son rústicos, otros más sofisticados. Los hay incluso con humildes pretensiones artísticas, o con aditamentos jardineros. Lo fundamental es que sirvan para dar un descanso al caminante o proporcionar un cómodo oteadero a una población rural cada día más envejecida.



Montorio: alto de Los Pilones; el sillón ardió -por combustión
 no espontánea- a los pocos días
Incluso hallaremos algún ejemplar de banco ambulante, colocado por manos anónimas en un transitado paraje; será también un banco efímero, ya que pasará poco tiempo antes de que otras manos -también anónimas- peguen un cerillazo al abandonado sillón, desvencijado sofá o coja mecedora. En las ciudades, supuestos gamberros queman cajeros automáticos; en el mundo rural, mucho más extremista, arde la totalidad del banco.


La Nuez de Arriba, con jardinera superior

Lermilla: madera, metal y tablero

Villamartín de Villadiego: perfecta combinación de materiales
naturales y de vanguardia






sábado, 6 de octubre de 2018

La desaparecida ermita de San Andrés, en Ruyales del Páramo


En pleno casco urbano del pueblo, no muy lejos de la iglesia que destaca sobre un cotorro situado al NE del caserío, existió una ermita dedicada a San Andrés hasta los primeros años setenta del siglo pasado. En un fotograma del famoso vuelo americano de 1956, se vislumbra la modesta construcción, aún techada.

Vuelo americano (12 de julio de 1956)

También encontraremos a la ermita en un plano de Ruyales fechado en 1913, realizado en el contexto de los trabajos preparatorios para la publicación de la primera edición del Mapa Topográfico Nacional (MTN) a escala 1:50.000. En el mismo plano, en la zona inferior izquierda, se aprecia el edificio de las viejas escuelas.

En la mayoría de los pueblos de la comarca, las ermitas ocupan parajes situados en alturas o cerros prominentes (Cuesta castillo-Huérmeces, Las Nieves-Quintanilla Sobresierra, El Castillo-Las Hormazas, Las Mercedes-Montorio, San Roque-Sotragero, etc) o en lugares alejados del pueblo aunque situados en un entorno peculiar o correspondiente a un antiguo despoblado (Robledillo-Quintanilla Pedro Abarca, Santa Marina-Lodoso, Montesclaros-Ubierna, Sotobrín-Celadilla, La Cuadra-Mansilla, San Pelayo-San Pedro Samuel, etc.)

Plano del casco urbano de Ruyales del Páramo (1913)


Excepcionalmente, algunas ermitas también se ubicaban en pleno casco urbano del pueblo (Virgen de las Eras, en Santibáñez, o San Esteban, en Úrbel). Y precisamente en esta anómala situación de la ermita de San Andrés está el origen de la curiosa confusión cartográfica que ha llegado a nuestros días: en varios mapas provinciales y topográficos, la iglesia de Ruyales (Santos Justo y Pastor) aparece rotulada como “Ermita de San Andrés”.  (1)

Ya en el famoso mapa de Coello (1868) aparece la ermita erróneamente situada al norte del caserío, sin consignarse su advocación. (2)

Décadas más tarde, en las planimetrías realizadas en 1913, aparece el rótulo de la ermita muy desplazado hacia el este, y el de la iglesia pasa casi desapercibido, por lo que cabe considerar que aquí radica el origen del error cartográfico arrastrado en gran parte de los mapas editados en el siglo XX.

Planimetría del término de Ruyales del Páramo (1913)



El error se ha mantenido hasta nuestros días, apareciendo la iglesia como ermita de San Andrés en varios mapas provinciales de la serie MP200 (ediciones de 2006 y 2015) y en el mapa topográfico de la serie MTN25 (edición 1997). Incluso en la cartografía de base utilizada en la página web del CNIG (centro de descargas) se sigue manteniendo el error. No obstante, en la última edición del MTN25 (2009) ha desaparecido el rótulo “ermita de San Andrés”, por lo que cabría suponer superado este episodio de confusión cartográfica.

MTN25: Hoja 167-III (1997)
MP200: Provincia de Burgos (2006)


Mapa base del centro de descargas del CNIG






La ermita de San Andrés era una humilde construcción de planta rectangular, con unas dimensiones aproximadas de 10 x 7 metros. Su orientación seguía la norma canónica: con su cabecera al Este, aunque con una ligera desviación (al Nordeste en este caso), como solía ser habitual. Sus muros estaban realizados en fábrica de sillería caliza. La puerta de acceso, al lado contrario de la cabecera, era de marco adintelado. La ermita también poseía dos vanos o pequeñas ventanas, uno en la pared meridional y otro en la occidental, sobre la puerta de acceso. En este mismo lado se situaba el campanillo, enmarcado por una estructura simple de sillares calizos.

La cabecera se elevaba un par de escalones sobre el nivel de la nave, y sobre ella destacaba un pequeño retablo con la imagen de San Andrés. Desgraciadamente, la imagen del santo fue vendida pocos años antes de que la ermita se convirtiera en ruina. En la cabecera también existía una especie de cómoda abierta -cubierta por una cortina roja- en la que se guardaba la ropa de celebración.

Nada más entrar en la ermita, a la derecha, existía una pequeña pila. Las paredes -enlucidas- estaban adornadas con un Vía Crucis. Las paredes norte y sur de nave contaban con bancos corridos, de madera. La zona central carecía de asientos, por lo que –en las grandes celebraciones- la gente requería bien de almohadillas para sentarse en el suelo, bien de reclinatorios.

Tres eran las fechas en las que la ermita era utilizada por toda la feligresía: en Semana Santa (Vía Crucis), en mayo y en octubre (rosario) y, por supuesto, en la festividad del santo, el 30 de noviembre.

Vuelo de finales de los años setenta: la ermita ya no está


La tradición oral dice que la piedra con la que se levantó la ermita de San Andrés procedía del antiguo "convento" existente en el paraje de San Benito, en las cercanías del manantial del mismo nombre. Por este paraje también pasaba el viejo camino real de Burgos a Santander, en el tramo comprendido entre Ros y Úrbel del Castillo. También en este paraje de San Benito -elevado, con agua y abundantes pastizales- Moreno Gallo sitúa uno de los varios túmulos megalíticos por él catalogados en la zona.

El desmoronamiento de la ermita de San Andrés acaeció a mediados de la década de los años sesenta del siglo pasado. Una grieta de grandes dimensiones recorría una de sus paredes, por lo que acabó colapsando toda la cubierta.

Palacio de los Alonso Maluenda (Huérmeces): las piedras de la ermita de San Andrés, reconvertidas en escalera exterior



A principios de los años setenta, sus buenos sillares fueron vendidos a una procuradora provincial en las cortes franquistas, que acababa de adquirir el palacio de los Alonso Maluenda en la cercana localidad de Huérmeces, y necesitaba piedra para realizar diversas reformas y anexos (escaleras exteriores y cobertizo en un lateral de la fachada principal).

Hoy, todo lo que queda de la ermita es el viejo campanillo, convenientemente guardado, a salvo de los amigos del bronce ajeno, que tanto proliferan últimamente en páramos y valles.

A mediados del siglo XIX, es muy posible que la ermita de San Andrés fuera el lugar en el que se celebraban todos los jueves las denominadas conferencias morales. Estas reuniones de curas se realizaban con periodicidad semanal y a ellas asistían todos los párrocos del distrito eclesiástico que, en el caso de Ruyales, incluía también a los curas de Huérmeces, Espinosilla de San Bartolomé, Quintanilla, Pantaleón y Los Tremellos. Probablemente, Ruyales fue elegido como sede de distrito por su equidistancia con respecto a los otros cinco pueblos incluidos en el mismo. O por influencias del cura de turno, quién sabe.(3)

Mapa de Coello (1868), en el que aparece la ermita de San Andrés. En amarillo, los otros 5 pueblos del distrito eclesiástico


La situación de la ermita de San Andrés, en pleno casco urbano, unido al hecho de su pequeño tamaño, convertiría a esta estancia en un lugar más sencillo de caldear que la vieja iglesia, expuesta a todos los vientos, sobre todo en las frías jornadas del invierno castellano.

En 1863, el cura de Ruyales era Lesmes González, que ejercería las funciones hospitalarias de rigor con sus compañeros de conferencia: Florentín Díaz-Ubierna (Huérmeces), Román Martínez (Espinosilla), Esteban Montorio (Los Tremellos), Esteban Gutiérrez (Quintanilla Pedro Abarca) e Ignacio González (San Pantaleón del Páramo).


La humilde ermita de San Andrés, contaría pues con un pasado relativamente importante, por lo menos en el aspecto pastoral, y con una curiosa pervivencia cartográfica tras su desaparición física, gracias a un curioso error apenas corregido en las últimas ediciones.

Sigpac (Agosto 2017) Solar de la ermita

Hoy, el solar que ocupaba la ermita aparece invadido de malezas, aunque forma parte del catálogo de yacimientos arqueológicos de la provincia de Burgos. Y de la memoria sentimental de un pueblo.


NOTAS:

(1) Estos errores cartográficos se producen con reiteración en diversos mapas elaborados en el siglo XX e, incluso, en las últimas ediciones, ya en el XXI. Así, en los alrededores de Huérmeces otros dos errores destacados son:

-la iglesia de la Asunción, en el desaparecido Barrio de Arriba de Las Celadas, aparece en las series del MTN25 y MTN50 como “Iglesia de San Roque”, errata quizás inducida por la proximidad de la ermita homónima de Ros.

-la iglesia de San Julián, en Mata, aparece rotulada como “Iglesia de San Mateo” en algún mapa a escala 1:200.000, realizado a finales del siglo pasado.

(2) Curiosamente, en el texto correspondiente a Ruyales del Páramo del célebre "Diccionario geográfico-estadístico-histórico" de Pascual Madoz (1852), no se hace mención alguna de la existencia de la ermita de San Andrés. Esta ausencia se repite en algún que otro pueblo con ermita situada dentro del caserío, por lo que tampoco tiene nada de excepcional. Los mapas de Coello constituyen el complemento cartográfico del Diccionario de Madoz.

(3) Estadística del Arzobispado de Burgos. Imprenta de Anselmo Revilla, Burgos (1863). [Páginas 181, 212-213: división de la diócesis en distritos de Conferencias Morales].


AGRADECIMIENTOS:

A Vivencio Martínez Crespo, Adoración Alonso y Gloria Martínez González



EL SANTO PATRÓN:

Según los Evangelios, Andrés fue uno de los doce apóstoles que siguieron a Jesús; es más, se le considera, junto a San Juan Evangelista, como el primer discípulo del Mesías. La tradición dice que fue martirizado en la ciudad griega de Patrás, un 30 de noviembre del año 60, en una cruz en forma de aspa, que desde entonces recibe el nombre de Cruz de San Andrés.

Las reliquias de San Andrés el Apóstol se encuentran mayormente en las catedrales a él consagradas en las ciudades de Amalfi (Italia) y Patrás (Grecia): un dedo meñique, parte de la zona superior del cráneo y pequeñas porciones de la cruz en la que fue martirizado.

San Andrés también está considerado como el primer patriarca de la Iglesia ortodoxa, tal como San Pedro los es de la católica y San Marcos de la copta.

San Andrés es patrón de varios países europeos (Rusia, Rumanía, Ucrania y Escocia), de una isla (Sicilia), de una región francesa (Borgoña) y de varias ciudades (la italiana Amalfi, la griega Patrás, la maltesa Luga y la portuguesa Esqueira). También fue en su día patrón de Prusia.

En España, San Andrés es patrón de numerosas poblaciones: Navalmoral de la Mata (Cáceres), Éibar (Guipúzcoa), Encinasola (Huelva), Baeza (Jaén), Berlangas de Roa (Burgos), Almoradí (Alicante), Estella (Navarra) y Adamuz (Córdoba), entre otras.

Por último, San Andrés es patrón de los pescadores, los pescaderos y los fabricantes de cuerda.

Al contrario de lo que sucedía con San Roque, San Andrés no es un santo habitual como patrón de ermitas. En la provincia de Burgos encontramos ermitas dedicadas a San Andrés únicamente -que yo sepa- en dos localidades: Rabanera del Pinar (una pequeña construcción consistente en un viejo ábside románico consolidado) y Mahamud (arruinada y expoliada, con sus valiosas tablas góticas expuestas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, y su sepulcro en el Cincinnati Art Museum de Ohio).

Sin embargo, San Andrés es un patrón de iglesias relativamente popular; en la provincia de Burgos, un total de 48 parroquias tienen como titular al santo de la cruz en “X”, entre las que cabe citar: Manciles, Rublacedo de Abajo, San Andrés de Montearados, Villasilos y Soto de Bureba.


OTRAS ENTRADAS RELATIVAS A RUYALES DEL PÁRAMO: 

La Venta de Valtrasero
Valdefrailes (Oriental y Occidental)
El río Ruyales