miércoles, 17 de octubre de 2018

Bancos Populares Rurales

Muy probablemente, la mayor parte de nosotros  hemos utilizado en alguna ocasión los servicios del banco popular rural por excelencia: ese de estructura metálica, pintado en color verde, de perfil curvilíneo, con asiento y respaldo en rejilla, y marca corporativa en blancas letras destacando sobre el monocromo.

Barrio Vega, Huérmeces


Encontraremos sin dificultad bancos de esta clase en plazas, espacios ajardinados y rincones soleados de multitud de pueblos, a lo largo y ancho de toda la geografía provincial.


Ermita de Rezmondo



Ermita de Sotobrín: dos parejas de bancos en sus muros occidental y meridional







También los encontraremos en aquellos lugares que son objetivo habitual de todo buen caminante rural: el abrigaño de una apartada ermita o de un aislado camposanto, la sombra de un majuelo o de un nogal, el solitario andén de una estación de tren, el frescor de una fuente a la salida del pueblo.


Ermita de Cuesta Castillo (Huérmeces)



Camposanto de Barrios de Villadiego


 
Rollo jurisdiccional en Sotopalacios




Incluso se han dado casos aislados de privatización de alguno de estos bancos populares rurales, acabando por amueblar patios, portales, cocheras, cuadras o terrazas de alguna vivienda particular.

Estos metálicos bancos bancarios tienen una pequeña pega, que nace de su misma naturaleza clónica: son todos iguales, estandarizados, fabricados en serie. Son bancos sin alma, valga la redundancia.


Ermita de Cuesta Castillo (Huérmeces)


Encontraremos dos o tres versiones, según la década en la que fueron diseñados o la entidad bancaria que los patrocinó. Así, tenemos bancos del tipo alistonado con reposabrazos laterales, en contraposición al más extendido tipo curvilíneo arrejillado.

Afortunadamente, también existe otro tipo de banco popular rural, menos extendido pero mucho más valioso. Nos referimos a aquellos bancos que, aunque no estén pintados en verde, pueden considerarse mucho más verdes que los de las Cajas, ya que están confeccionados a base de materiales de reciclaje: viejas vigas procedentes de casas arruinadas, antiguas traviesas de ferrocarril de vías clausuradas, oxidados perfiles metálicos de aperos obsoletos, tableros aglomerados de muebles pasados de moda, pedazos de escay de sofás ya jubilados, piedras de derribo, cantos rodados...


Banco de Coculina, a la vera de la carretera de Acedillo


Casi cualquier soporte es válido para asentar las posaderas, aunque siempre es preferible la madera al frío metal o a la no menos fría piedra caliza. 


La Nuez de Arriba, banco en las cercanías del puente por el que la carretera BU-601 cruza el río Úrbel




Suelen disponerse a la vera de llanas carreteras vecinales, poco transitadas, ideales para el diario caminar de personas de cierta edad, que necesitan hacer un alto en el camino de vez en cuando. Si hay posibilidad de sombra, mejor, pero muchos de estos bancos se establecen al raso, sin cubierta arbórea que les proteja, quizás buscando más el sol primaveral que la sombra veraniega.


Lermilla: banco cerca del cruce entre la carretera de Quintanarruz y el extinto Santander-Mediterráneo (hoy vía verde)



También los encontraremos al lado de sendas de media montaña, allí donde el terreno invite a hacer un alto en el camino tras la fatigosa ascensión. En estos casos, el abrigaño de piedra es un complemento casi imprescindible. Nada peor que toparse, sudado, con el cierzo, tras el esfuerzo de la subida.


Concentración bancaria en el barrio de la Iglesia, en Gredilla la Polera
Sus anónimos creadores suelen ser esas mismas personas de cierta edad que, en estas zonas rurales, constituyen el colectivo caminante por excelencia. En algunos casos, incluso, encontraremos claros ejemplos de concentración bancaria, allí donde las condiciones del medio sean las adecuadas.  


Humada: banco de escay en la carretera a Villamartín de Villadiego

Villamartín de Villadiego: carretera a Humada








Montorio: senda de Las Peñas
Algunos son rústicos, otros más sofisticados. Los hay incluso con humildes pretensiones artísticas, o con aditamentos jardineros. Lo fundamental es que sirvan para dar un descanso al caminante o proporcionar un cómodo oteadero a una población rural cada día más envejecida.



Montorio: alto de Los Pilones; el sillón ardió -por combustión
 no espontánea- a los pocos días
Incluso hallaremos algún ejemplar de banco ambulante, colocado por manos anónimas en un transitado paraje; será también un banco efímero, ya que pasará poco tiempo antes de que otras manos -también anónimas- peguen un cerillazo al abandonado sillón, desvencijado sofá o coja mecedora. En las ciudades, supuestos gamberros queman cajeros automáticos; en el mundo rural, mucho más extremista, arde la totalidad del banco.


La Nuez de Arriba, con jardinera superior

Lermilla: madera, metal y tablero

Villamartín de Villadiego: perfecta combinación de materiales
naturales y de vanguardia