sábado, 28 de enero de 2023

Andrés González Ortega, el último nacido en el despoblado de Monasteruelo (1799)


Rara es la visita al Archivo Diocesano que no acaba por originar un nuevo post, en un claro ejemplo de reiterada serendipia. En muchas ocasiones, te pasas toda una mañana buscando un antepasado o una información que se te resiste y, de repente, aparece algo que nunca habías buscado porque, simplemente, no tenías noción alguna de su existencia.

En mi última visita, al consultar el Libro IV de Bautizados de Huérmeces (1781-1825), buscando ancestros más allá del estrato tatarabuelense, tuve la fortuna de encontrarme con un apunte bautismal que, aparentemente, no destacaba en absoluto sobre el resto de los 674 registros que componen el citado libro. La caligrafía del cura de turno, José de Espinosa, era similar a la del resto de los apuntes; tampoco sobresalía por su extensión (los 15-20 renglones de rigor), ni por la presencia de mancha alguna de tinta o borrón que te hiciera poner los ojos sobre él. 

Así pues, he de confesar el motivo por el cual fui capaz de encontrar aquel peculiar apunte: la existencia de unos espléndidos índices mecanografiados, realizados en tiempos recientes por Carmelo Vega Ortega, el cura que fuera párroco de Huérmeces a finales de los años cincuenta del pasado siglo.

Es cierto que cada libro posee su propio índice manuscrito, elaborado por el cura que cumplimentara el último apunte en cada libro, pero presenta la dificultad de que, aunque ordenado alfabéticamente, lo hace por el nombre de pila del bautizado, en lugar de por apellidos. Además, con cierta y comprensible frecuencia, presenta errores en la consignación de los folios en los que aparece cada apunte.

Sin embargo, los índices de Don Carmelo, perfectamente mecanografiados, sin tacha ni enmienda alguna, contienen la información básica para la rápida búsqueda de partidas de bautismo; en cuatro columnas, aparecen: apellidos, nombre, año de bautismo y folio del libro. Además, Don Carmelo realizó dos tipos de índice, uno ordenado cronológicamente y otro alfabéticamente (por primer apellido). Ya he comentado en ocasiones anteriores que dichos índices constituyen un auténtico lujo para todo aquel que busque ancestros en los libros de bautizados de Huérmeces.

Pues bien, en uno de los apuntes del índice de Don Carmelo, al lado de los apellidos del bautizado, en letra más pequeña y entre paréntesis, aparece el nombre de un lugar que no puede dejar indiferente a farol alguno: 

González Ortega (Monasteruelo)   Andrés    1799    184

Sin tener del todo claro qué podría significar dicha anotación, busqué rápidamente el folio 184 y allí, en el segundo apunte del mismo, aparecía el nombre y circunstancias del último ser humano que nació en el mítico despoblado, objeto de deseo entre los pueblos vecinos de Huérmeces y Ros.




Hete aquí la transcripción literal del mismo, con los consabidos añadidos de tildes, así como signos de puntuación y pausa, y eliminación de las numerosas abreviaturas que aparecen en este tipo de textos; en negrita, algunos nombres y lugares:


En el lugar de Huérmeces y en su iglesia de San Juan Bautista, a siete de Diciembre de 1799 yo, Don José de Espinosa, cura beneficiado en dicha iglesia y su anexa, con el mismo título, del Despoblado de Monasteruelo, bauticé solemnemente a un niño que nació, a cosa de la una de la tarde del día treinta de Noviembre del dicho año; a quien di por nombre Andrés y por su abogado a San Ambrosio Obispo; hijo legítimo de Manuel González, natural y vecino del lugar de Ros, y María Ortega, vecina de él y natural de Robredo Temiño, y residentes en dicho Despoblado de Monasteruelo; abuelos paternos, Carlos González y María González, ya difuntos, y él natural y vecino del expresado Ros, y ella vecina que asimismo fue de él, y natural de el de Las Celadas;  [abuelos] maternos, Juan Ortega, ya difunto, e Isabel Conde, vecina que es y él lo fue de dicho Robredo; fue su madrina María de Güemes, vecina del referido Huérmeces, a quién advertí el parentesco espiritual y más obligaciones; testigos, dicho Manuel y Feliciano Lomillo, vecino de él, en dónde por verdad lo firmo con el que [...] ut supra; nota: no puse la naturaleza de los abuelos maternos por no haber dado razón de ella dicha María Ortega.   


Varias son los aspectos a destacar en este apunte bautismal, a pesar de su estandarizado y archiconocido contenido.


EL NOMBRE DEL BAUTIZADO, SU ABOGADO Y EL SANTORAL CRISTIANO

Como no podía ser de otra manera, el día 30 de noviembre, el día de nacimiento del último niño de Monasteruelo, se celebra la festividad de San Andrés, apóstol; hermano de San Pedro, también apóstol, y ambos nacidos en Betsaida (Galilea) y pescadores de ocupación. Parece ser que fue uno de los primeros discípulos de Jesús, junto con San Juan Bautista. Murió martirizado el 30 de noviembre del año 63, en Patrás y, supuestamente, en la cruz en forma de aspa que resultó muy socorrida en la iconografía cristiana, militar y nacionalista: banderas de Escocia y Borgoña, estandarte de la marina rusa, estandarte del arma de aviación del ejército español, estandarte de los tercios españoles, bandera de los Estados Confederados de América, bandera carlista y tradicionalista, etc.

Por otra parte, el día del bautismo de Andrés de Monasteruelo, el 7 de diciembre, el calendario cristiano celebra la onomástica de San Ambrosio, obispo; y así se plasma en el apunte bautismal de Andrés, al otorgarle dicho santo como abogado espiritual. También conocido como San Ambrosio de Milán, ya que en esa ciudad fue obispo durante la parte final del siglo IV. 


UNA IGLESIA DESATENDIDA POR LOS CURAS DE HUÉRMECES 

Lo primero que sorprende es que el bautismo de la criatura se realizara en la iglesia de San Juan Bautista de Huérmeces en lugar de efectuarse en la iglesia homónima de Monasteruelo. 

Teniendo en cuenta que el nacimiento se produjo ya en invierno castellano, el 30 de noviembre, parece incomprensible que fueran los padres y el niño quienes tuvieran que desplazarse, páramo a través, a la iglesia de Huérmeces, en lugar de que fuera el cura encargado el que se desplazara a Monasteruelo. Quizás, al ser los únicos habitantes del despoblado, pensaron que lo más pertinente era acudir con el niño a Huérmeces en lugar de que fuera el padre el que viajara solo para avisar al cura y volver con él a Monasteruelo. 

El caso es que, siete días después de su nacimiento, Andrés fue bautizado en la iglesia de Huérmeces, que distaba tres kilómetros y medio de Monasteruelo, lugar en el que residían sus padres, Manuel y María (no sabemos si existían otros hijos); el desplazamiento comprendía una pindia ascensión al páramo por el vallejo de la ermita de San Martín, la travesía de aquel, y el descenso a Huérmeces por el Camino Tremello. 





Por el Libro de Cuentas, sabemos que en aquellos tiempos la iglesia de Monasteruelo se encontraba en uso, y que uno de los varios curas de Huérmeces estaba encargado de su mantenimiento y utilización, siempre que alguno de los posibles moradores del lugar necesitara de servicios religiosos. La iglesia aún poseía sus campanas y su pila bautismal, aunque su puerta se encontraba cerrada y la llave se encontraba en poder del cura encargado, en Huérmeces.

Sabemos que, tiempo atrás, en 1650, el visitador eclesiástico ya había dejado constancia de que la iglesia de Monasteruelo se encontraba "desatendida por el cura encargado, Gonzalo López Díez, de manera que los pastores y otras personas que allí viven no pueden realizar sus oraciones en el interior del templo".

También sabemos que en el año del nacimiento de Andrés (1799), aún se encontraba lejano el momento en el que las campanas de Monasteruelo (dos esquilones) salieran camino de Huérmeces (1828) y aún más para que lo hiciera su pila bautismal (1836). Por lo que dice el Libro de Cuentas, la iglesia se cerró completamente (tapiando huecos y arreglando la puerta) hacia 1830, treinta años después del nacimiento de Andrés.

Quizás sobre aclarar que los padres de Andrés ni se plantearían la posibilidad de que su hijo fuera bautizado en la iglesia de Ros ya que, aunque los terrenos de Monasteruelo pertenecían a aquel pueblo desde la resolución del famoso Pleito, no así su iglesia, que era considerada aneja a la de Huérmeces. Por lo tanto, todos los asuntos terrenales que sucedieran en Monasteruelo se dirimirían en Ros, pero los sacramentales ... en Huérmeces.


UNA FAMILIA DE PASTORES

Aunque el apunte no lo especifica, suponemos que los padres de Andrés se dedicaban al pastoreo de ganado, ya que los terrenos de Monasteruelo eran ricos en pastizales y poco cultivados en aquellos tiempos.

Aunque el despoblamiento de Monasteruelo se produjo allá por los últimos años del siglo XVI, en diversos documentos posteriores se afirma que allí residieron eventualmente diversos pastores, que prestaban sus servicios a los vecinos de Ros.

 



En el Madoz, en el epígrafe relativo a Ros, y haciendo referencia al despoblado de San Juan de Monasteruelo, se afirma que allí "vivió un vecino de Ros hasta la guerra de la Independencia en que la acabaron por destruir los franceses." 

Teniendo en cuenta que en el año 1799 se produjo el nacimiento de Adrián, y que en el apunte bautismal se consigna que sus padres, Manuel y María, eran vecinos de Ros y residían en el despoblado, damos por sentado que Manuel González era el vecino al que hace referencia el célebre Diccionario.


LOS CUATRO PUEBLOS MENTADOS EN EL APUNTE BAUSTISMAL

En aquellos años finales del siglo XVIII y primeros del XIX, el tamaño demográfico de los pequeños pueblos de la Comarca era claramente superior al actual; así tenemos que (considerando los censos de 1752 y 1857):

Huérmeces: su población en el año 1799 rondaría los 350 habitantes; por sus inmediaciones discurría uno de los ramales del Camino Real de Burgos a Reinosa. En Huérmeces residía el cura José de Espinosa, quien procedió a efectuar el bautismo de Andrés. La iglesia de San Juan Bautista de Monasteruelo pertenecía (se consideraba aneja) a la iglesia parroquial de Huérmeces, también dedicada a San Juan.

Ros: su población rondaría los 300 habitantes; por sus inmediaciones transcurría otro de los ramales del Camino Real de Burgos a Reinosa. Ros era el lugar de nacimiento del padre y del abuelo paterno de Andrés. Aunque residieran en Monasteruelo, los padres de Andrés eran considerados vecinos de Ros, ya que a este pueblo pertenecía el lugar de Monasteruelo.

Las Celadas: población aproximada de 200 habitantes, distribuida en dos barrios, con su iglesia respectiva (San Esteban y La Asunción). De Las Celadas era natural la abuela paterna de Andrés.

La población de referencia de las tres localidades anteriores era la cercana villa de Santibáñez Zarzaguda (700 hab), sede de arciprestazgo, dotada de ferias, comercio y artesanos

Robredo Temiño: población de unos 130 habitantes, situada en el valle del Rioseras, tributario del Ubierna; su población de referencia era la cercana Rioseras (360 hab). De Robredo era natural la madre de Andrés, y de allí eran vecinos sus abuelos maternos. La iglesia de Robredo pertenecía al arciprestazgo de Río Ubierna.


Mapa de Coello (1868)

Mapa de Coello (1868)

LOS PENÚLTIMOS DE MONASTERUELO

Durante la segunda mitad del siglo XVIII se produjeron otros tres nacimientos en Monasteruelo, anteriores al que protagoniza la presente entrada:

  • Manuel Pérez Alonso (1779)
  • Manuel Guerra Rodríguez (1767)
  • Antonio Alonso Franco (1755)
Quizás algún día les dediquemos una entrada. Es lo menos que podemos hacer por un pueblo del que apenas queda rastro visible en el paraje que lo vio nacer y al que da nombre.


LAS DOS ÚLTIMAS MUERTES ACAECIDAS EN MONASTERUELO

En 1707 se produjeron las que -probablemente- fueron las dos últimas muertes acaecidas en el despoblado. En un lapso de apenas diez días fallecieron los esposos Bernarda García (24 de noviembre) y Andrés Pérez (3 de diciembre). La pareja residía en Monasteruelo, por lo que eran considerados vecinos de Ros aunque, para los asuntos espirituales, pertenecían a la iglesia de San Juan de Monasteruelo, unida a la de Huérmeces.

Aunque Bernarda fue enterrada en Los Tremellos y Andrés en Ros, un cura de la iglesia de Huérmeces tuvo que asistir al sepelio de sus dos parroquianos, así como anotar su muerte en el Libro de Finados de la Parroquia de San Juan Bautista de Huérmeces. El cura encargado de la iglesia de Monasteruelo era por entonces Lorenzo Pérez, beneficiado de la iglesia de Huérmeces.


MONASTERIO COMO POSIBLE APELLIDO TOPONÍMICO DE MONASTERUELO

En los libros de bautizados de Huérmeces aparecen, durante todo el siglo XVII y primera década del XVIII, varias personas que portan el apellido Monasterio/Monesterio (de Monasterio/de Monesterio); dicho apellido bien pudiera tratarse del toponímico correspondiente a Monasteruelo, aunque no lo podemos asegurar.

Relación de personas nacidas en Huérmeces y portadoras del apellido "Monasterio" ("de Monasterio"):

  • Juan Monasterio Ruiz (1621)
  • Antonio Monasterio Ruiz (1627)
  • Melchora Rodríguez Monasterio (1638)
  • María Monasterio García (1664)
  • Andrés Monasterio García (1666): fallecido en Huérmeces en 1727, marido de Micaela Vicario; tuvieron seis hijos Monasterio Vicario (ver más abajo)
  • Juan Monasterio García (1669)
  • José Monasterio García (1673)
  • Catalina Monasterio García (1675)
  • Teresa Monasterio Arnáiz (1685)
  • Francisco Fernández Monasterio (1688)
  • Teresa Fernández Monasterio (1692)
  • Jacinto Fernández Monasterio (1695)
  • María Fernández Monasterio (1698)
  • Simón Fernández Monasterio (1702)
  • Isabel Monasterio Calle (1695)
  • Gaspar Monasterio Calle (1697)
  • Francisco Monasterio Calle (1698)
  • Casilda Monasterio Vicario (1701)
  • Francisco Monasterio Vicario (1702)
  • María Monasterio Vicario (1705)
  • Andrés Monasterio Vicario (1706)
  • Juan Monasterio Vicario (1709)
  • Joaquín Monasterio Vicario (1713): fallecido en Huérmeces en 1741, mozo soltero, pobre

Después del apunte bautismal de Joaquín no aparece ningún otro nacido en Huérmeces portador del apellido Monasterio.


DOS CURAS EN HUÉRMECES, SEPARADOS POR CASI DOS SIGLOS 

José de Espinosa, cura beneficiado en la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Huérmeces durante treinta y dos años (1776-1808); fue el autor del apunte bautismal de Andrés, el último nacido en Monasteruelo.


Carmelo Vega


Carmelo Vega Ortega (Burgos, 1934-2013): párroco de la iglesia de San Juan Bautista de Huérmeces durante dos años (1957-1959); fue el autor de los índices bautismales completos de la iglesia parroquial de Huérmeces (1611-1914), que comprenden un total de 4000 registros, meticulosamente mecanografiados, ordenados alfabética y cronológicamente.


FUENTES

Archivo Diocesano de Burgos: Libro IV de Bautizados de la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Huérmeces (1781-1825) [folio 184]

Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar. Pascual Madoz. Madrid (1845-1850). Edición facsímil de Ámbito Ediciones, Valladolid (1984). Tomo 2, provincia de Burgos [páginas 443-444]


OTRAS ENTRADAS RELATIVAS A MONASTERUELO

El despoblado de Monasteruelo

El Pleito de Monasteruelo

El expolio total de la iglesia de Monasteruelo

sábado, 14 de enero de 2023

Una nueva escuela para Huérmeces (1927)


En 1926, la población de Huérmeces había alcanzado su máximo histórico: 440 habitantes. Además, el 21% de esa población estaba formada por niños de entre 6 y 14 años, lo que suponía unos 85-95 niños en edad escolar. Estos niveles de población se mantendrían durante los diez años siguientes, hasta el inicio de la Guerra Civil.

Hasta aquel año 1926, Huérmeces había dispuesto de una escuela mixta, esto es, un aula única para chicos y chicas, con un único maestro. El incremento de población experimentado durante los primeros años del siglo XX, puso de manifiesto la necesidad de crear una escuela para niñas, que suponían casi la mitad de la población escolar.


Calle Real: casa de Millán (en primer plano) y, a continuación, edificio de las escuelas, Huérmeces (1925)


Por todo ello, el Ayuntamiento, en sesión plenaria celebrada el 24 de mayo de 1925, da cuenta de la petición realizada por la Junta Local de Primera Enseñanza, en el sentido de:


"...según dictamen del señor inspector y en el parecer unánime de dicha Junta, que entiende no puede un solo Maestro atender la educación e instrucción de sus discípulos, por la excesiva matrícula, que actualmente asciende a ochenta y seis niños, y previa deliberación se tomó por unanimidad el siguiente acuerdo: que a la mayor brevedad se incoe el oportuno expediente, solicitando la creación en este pueblo de una escuela de niñas y conversión en de niños de la mixta que actualmente existe; comprometerse este ayuntamiento a facilitar escuela en condiciones debidas y material pedagógico y de enseñanza necesario, así como también casa decente y capaz para la Maestra o, en su defecto, el importe del alquiler correspondiente; autorizar al Señor Alcalde, Don Eugenio Alonso, para suscribir la instancia solicitando dicha creación y para todo cuanto tenga relación con la formación del expediente, acarreo de materiales, contratación de las obras y en suma para todo cuanto sea necesario hasta que la escuela esté en condiciones de funcionar, en caso de que fuere concedida..."


Tras realizarse los trámites correspondientes, la Gaceta de Madrid publica, en su número de 19 de agosto de 1926, la Real Orden de 2 de agosto de 1926, por la que se crean, con carácter provisional, un total de 202 Escuelas Nacionales; entre las creadas (autorizadas, más bien), figura:

  • la escuela unitaria de niñas de Huérmeces (Burgos)

Al crear una escuela, el Estado asumía el salario del nuevo maestro (o maestra); por entonces, poco más de 1000 pesetas al año.

Al año siguiente, una vez ejecutadas las obras necesarias, el Ayuntamiento decide concurrir a la convocatoria de subvenciones para la construcción y reparación de edificios destinados a escuelas nacionales.

La solicitud tiene fecha de 25 de febrero de 1927, y desconocemos los motivos por los cuales el Ayuntamiento de Huérmeces prefirió dirigir su solicitud de subvención a la Diputación Provincial en lugar de al Ministerio correspondiente. Y más teniendo en cuenta que la subvención estatal era mucho más suculenta que la provincial; el Estado concedía una ayuda de 7000 pesetas por escuela creada; la Diputación, apenas un 15% del coste de las obras.

La convocatoria de ayudas publicada por la Diputación Provincial de Burgos exigía a los ayuntamientos concurrentes una serie de certificaciones y documentos justificativos, en la línea de lo exigido en la Real Orden correspondiente. 


Expediente de solicitud de subvención a la Diputación Provincial (1927)


Entre la documentación guardada en el expediente de solicitud de subvención, destaca un plano descriptivo de las reformas realizadas. Aunque el documento, de fecha 8 de abril de 1927, figura firmado por el "maestro de obras" Ángel González, en realidad fue realizado por el maestro nacional Buenaventura Marcos Fontúrbel, cuyas iniciales (B.M.F.) figuran debajo de la leyenda "Plano de las escuelas nacionales de Huérmeces", en la parte superior derecha del documento.





En aquellos tiempos las obras municipales se proyectaban así, dada la inexistencia de figura ni siquiera similar a la de arquitecto municipal; el plano lo realizaba la persona más dotada en el manejo del lápiz, la escuadra y el cartabón; en este caso, el propio maestro.

El plano describe las obras realizadas en la primera planta del edificio de la antigua escuela mixta. El nuevo aula para niñas se levantó en la zona oriental del edificio, la que linda con las eras. Un pasillo de 10 metros de longitud y 1,5 metros de anchura separa las dos aulas. Cada aula dispone de tres ventanas: la de los niños, dos abiertas a la calle Real y una a la calleja que separa el edificio de las escuelas y la casa de Millán; la de las niñas, dos abiertas a las eras y otra a la citada calleja. El pasillo también dispone de una ventana, situada al fondo. Las escaleras parten del portalón, con puerta de acceso y un descansillo. Junto al primer tramo de las escaleras, se disponen dos retretes, uno para cada aula.

El aula de los niños (50 m2) es ligeramente más grande que el de las niñas (45 m2) y dispone de plataforma elevada, sobre la que se ubica la mesa del maestro.

En otro documento del expediente, aparece una certificación del secretario municipal en la que se detallan las facturas tenidas en cuenta a la hora de elaborar el presupuesto de obras y actuaciones relativas a la creación de la escuela de niñas: 


"Don Epifanio Ontillera Pérez, secretario del Ayuntamiento Constitucional de Huérmeces, Certifico: que las obras que se han realizado para la creación de la escuela de niñas y compra de materiales han ascendido a la cantidad de cuatro mil trescientas ochenta y una pesetas con cuarenta y cinco céntimos, según resulta de las correspondientes facturas presentadas a este Ayuntamiento y que a continuación se expresan:

 


Y para que conste expido la presente en Huérmeces a 25 de febrero de 1927. Firmado, el alcalde (Eugenio Alonso), el secretario (Epifanio Ontillera)"


[observemos cómo el ayuntamiento reparte equitativamente los trabajos entre los profesionales y artesanos locales cuando existen varios dentro del mismo gremio: puertas y ventanas realizadas por los dos carpinteros-carreteros establecidos en el pueblo (Luzgerico Pérez y Dámaso Gallo); portes de los materiales para los dos transportistas-cantineros-tenderos (Zacarías Ubierna y Emilio Valladolid); también resulta destacable que el propio alcalde (Eugenio Alonso) hubiera anticipado personalmente el pago de algunos bienes: ladrillos huecos y calderos; ¡qué tiempos!]


No hubo suerte en aquella solicitud de subvención del año 1927, ya que la Comisión Permanente de la Diputación Provincial, reunida el 8 de junio de 1927, decidió que "no había lugar a conceder la subvención solicitada" debido a que "solo se subvencionarán por la Diputación las obras de construcción o reforma de escuelas que se proyecten, pero no las ya ejecutadas".

El asunto parecía tener difícil solución, aunque alguien debió de aconsejar al ayuntamiento que se realizara una nueva solicitud de subvención para la convocatoria del año 1928, y que basara su petición en que, aunque las obras habían finalizado con anterioridad a la solicitud presentada el 25 de febrero de 1927, lo habían hecho dentro del mismo año 1927, no durante el año anterior.


Expediente de solicitud de subvención a la Diputación Provincial (1928)


La nueva solicitud de subvención se presentó el 30 de marzo de 1928. En esta ocasión, la documentación y argumentación de la solicitud fueron consideradas suficientes por la Comisión Permanente de la Diputación Provincial, reunida el 28 de junio de 1928, y se concedió al Ayuntamiento de Huérmeces una subvención de 657,15 pesetas, que suponían el 15% de la cantidad gastada en la creación de la nueva escuela de niñas. Firmó la propuesta de subvención el diputado Felipe Romero.

Una subvención escasa y muy trabajada, pero subvención al fin y al cabo. Las arcas municipales siempre agradecían cualquier tipo de ingreso. Lo importante era que la nueva escuela unitaria de niñas de Huérmeces había comenzado a funcionar en el curso 1927/1928, y con unas 45-50 niñas en su aula.


EPÍLOGO

La escuela de niñas de Huérmeces, inaugurada en septiembre de 1927, tuvo una corta historia. Pocos meses después de celebrar su primer aniversario, el día 12 de diciembre de 1928, a las tres de la madrugada, un voraz incendio acabó con el aula de niñas, afectando también a la casa del maestro y a parte del material del aula de niños.


Diario de Burgos, 12 de diciembre de 1928

Heraldo de Madrid, 13 de diciembre de 1928


El origen del incendio estuvo en la estufa de leña, tan habitual en todas las escuelas de la época. Dice la noticia que el maestro utilizó su escopeta para dar la señal de alarma; quizás se trate de la misma escopeta que, doce años antes, había protagonizado un luctuoso suceso en un pueblo vecino: Muerte de un sacerdote: Quintanilla Pedro Abarca (1916)

No sabemos cuando se reconstruyó la escuela de niñas, ni si dicha reconstrucción gozó de ayudas públicas. Suponemos que, durante algún tiempo, niños y niñas se hacinarían en el aula de niños, tal y como ya sucedía con anterioridad a 1927.

Hasta hace no muchos años, aún resultaba visible un tono oscuro en alguna de las vigas dispuestas en la zona del portalón dónde arrancaba la escalera de subida a las escuelas. Hoy en día, el portalón y las escuelas se han visto transformados en el bar y alojamiento rural "Los Faroles". 


Antiguas escuelas y casas de los maestros; hoy "Manzana Municipal" de Huérmeces


Las escuelas de Huérmeces se cerraron al final del curso 1972/73, cuando ya apenas quedaban alumnos en su aula; digo aula, en singular, porque cuatro cursos antes, en agosto de 1968, se había suprimido la escuela unitaria de niños, quedando la escuela de Huérmeces reconvertida en escuela mixta. La maestra que giró por última vez la cerradura de la escuela, a finales de junio de 1973, se llamaba Avelina Pérez Vicario, joven maestra recién ingresada en la carrera docente.


Diario de Burgos, 29 de agosto de 1968


Las escuelas unitarias de niños y niñas de Huérmeces habían disfrutado de una vida de poco más de cuarenta años, entre 1927 y 1968. Habían sido creadas en plena explosión demográfica en la España rural de los años veinte y se habían suprimido en pleno éxodo demográfico del campo a la ciudad, a finales de la década de los años sesenta. 


Último sello estampado, Huérmeces, 22 de junio de 1973


ANEXOS

MIEMBROS DEL AYUNTAMIENTO DE HUÉRMECES: ALCALDE, CONCEJALES Y SECRETARIO,  FIRMANTES DEL ACUERDO PLENO DE FEBRERO DE 1927

Eugenio Alonso Fernández (Hces, 1873-1940), casado con Elisa Villalvilla Varona (Hces, 1875-1957); padres: Julián Alonso Fernández (Hces, 1927) y Gregoria Fernández Crespo (Hces, 1840); hijos: Escolástica (1895), Eladia (1900), Lucía (1904), Leonila (1910), José (1925) y Julián (1918); Calle de la Plaza nº 29; Labradores; Alcalde de Huérmeces (1923-1930)




Millán Díez Martínez (Hces, 1885), casado con Claudia Varona García (Hces, 1884); padres: Valentín Díez Arribas (Hces, 1856) y María Martínez Alonso (Hces, 1858); hijos: Moisés (1912), José (1915) y Obdulia (1918). Calle Real nº 21. Labradores




Francisco Alonso Díez (Hces, 1879), casado con Dorotea Güemes Hidalgo (Ruyales, 1884); padres: Dionisio Alonso Espinosa (Hces, 1828) y Petra Díez Fernández (Robredo Sobresierra, 1838); hijos: Salvador (1912) y David (1924). Calle Real nº 32. Labradores




Íñigo García Villanueva (Hces, 1872), casado con Juliana Ubierna Fontúrbel (Hces, 1882); padres: Marcelino García González (Hces, 1841) y Dorotea García Varona (Hces, 1869); hijos: Marcelino (1902), Felisa (1904) y Jaime (1908). Calle de la Solana nº 11 (Palacio de Abajo). Labradores




Lázaro Villalvilla Fernández (Hces, 1867), casado con Petronila Alonso Hidalgo (Hces, 1863); padres: Pedro Villalvilla Güemes (Hces, 1841) y Águeda Fernández Díez (Hces, 1842); hijos: Ludivina (1896), Pedro (1899). Calle de la Plaza nº 1. Labradores




Dionisio Varona García (Hces, 1893), casado con Lucía Varona Villalvilla (Hces, 1896); padres: José Varona Ubierna (Hces, 1855) y Francisca García Güemes (Ruyales, 1860); hijos: María (1921), Casilda (1927), Petra (1930) y Ángel (1934). Calle Real nº 1. Labradores




Epifanio Ontillera Pérez (Las Hormazas, 1883), casado con Perfecta Miguel Alonso (Ros, 1890); hijos: Fidencio (Ros, 1907), Moisés (Ros, 1910), Juana (Ros, 1913), Heliodoro (Hces, 1921), Clotilde (Hces, 1924), Lucinio (Hces, 1925), José María (Hces, 1927), María del Carmen (Hces, 1930) y César Urbano (Hces, 1931); herrero de Huérmeces (1916-1952); calle de la Plaza nº 3; secretario municipal (1924-1928)





PROFESIONALES Y ARTESANOS LOCALES QUE PARTICIPARON EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA ESCUELA DE NIÑAS DE HUÉRMECES (1927)

CARPINTEROS:

Luzgerico Pérez García (Acedillo, 1896), casado con Lucía Alonso Villalvilla (Hces, 1904); hijos: Maxima (1924), Secundina (1926) y Regina (1931); calle Ondovilla nº 14; carpintero en Huérmeces (1913-1933)

Dámaso Gallo Fernández (La Molina de Ubierna, 1884), casado con María Consolación Pérez García (Hces, 1886); hijos: Laurentino (1911), Esmeraldo (1915), Ester (1919), Hermógenes (1921), Agripina (1926); calle Ondovilla nº 5; carpintero en Huérmeces (1910-c.1935)


TRANSPORTISTAS:

Emilio Valladolid García (Peñafiel, 1885), casado son Clementina Ibáñez Villanueva (Santibáñez, 1888); hijos: Ángel (1911), Presentación ( 1914), Felisa (1917), Gil (1918), Ana (1920); tabernero, tendero y transportista en Huérmeces (1922-1940); suyo fue el primer automóvil que durmió en Huérmeces.

Zacarías Ubierna Fontúrbel (Hces, 1890), casado con Aurelia Varona Girón (Hces, 1896); hijos: Matilde (1917), Heliodora (1919), Eladio (1921), Apolinar (1923), María Amparo (1925); tabernero, tendero y transportista en Huérmeces durante gran parte de la primera mitad del siglo XX


CANTEROS:

Ángel González Álvarez: poco sabemos de este "maestro de obras" residente en Santibáñez Zarzaguda, salvo su participación en las obras de construcción de la escuela de niñas de Huérmeces. Santibáñez siempre fue un lugar pródigo en buenos canteros, que prestaron -y prestan- sus servicios por toda la comarca del Úrbel.



MAESTROS DE HUÉRMECES EN 1927

Buenaventura Marcos Fontúrbel (Montorio, 1881-1942): fue maestro de Huérmeces durante catorce años (1916-1930); estudió en la Escuela Normal de Magisterio de Burgos; sus primeros destinos, como maestro interino, fueron Teza de Losa (1908), Villariezo (1908), Ruyales del Páramo (1909) y Yudego (1914); aprobó las oposiciones a maestro nacional en 1924, durante su estancia en Huérmeces; después de nuestro pueblo, partió hacia Vizcaya, donde estuvo destinado en Sarrieta-Lejona durante seis años (1930-1935); en 1936 retornó a Montorio, ejerciendo de maestro hasta su fallecimiento, en 1942. En el proceso de depuración seguido contra todos los maestros tras finalizar la guerra civil, su expediente se resolvió con todos los pronunciamientos favorables.


B.M.F.: Buenaventura Marcos Fontúrbel, maestro nacional


Le sustituyó en la plaza de Huérmeces Agustín de Torres Rubio (1930-1933), maestro fusilado en 1939, tras ejercer seis años como docente en Consuegra (Toledo).

Eusebia Quintana Rodríguez (Quintanavides, 1895-Burgos, 1983): en enero de 1927 aparece publicado en la prensa local su nombramiento como maestra interina de Huérmeces, por lo que cabe suponer que fue la primera maestra de la escuela de niñas. Obtuvo el título de maestra por la Escuela Normal de Burgos en 1917. Además de Huérmeces, aparece destinada en Nofuentes (1923) y Villacián-Villota de Losa (1926).

Como maestra interina en Huérmeces aparece en 1930 Sabina Varona Villabriga (Hontomín, 1897-Burgos, 1971), que vivió como pupila en la casa de Hipólito Ortega. Probablemente, la primera maestra con plaza en propiedad en la escuela de niñas de Huérmeces fue Jesusa Antonia Valcabado de la Horra (San Martín de Rubiales, 1891), que estuvo aquí destinada durante doce años (1931-1943).


INSPECTOR DE PRIMERA ENSEÑANZA

Julio Saldaña Alonso (Villahoz, 1879-Burgos, 1944): estudió para maestro en la Escuela Normal de Burgos; hijo de maestro (Julio Saldaña Arconada) y hermano de maestros (Paulino y Justiniano); sus primeros destinos: Aldea del Portillo (1895), Villanueva Matamala (1896), Carcedo de Burgos (1896), Revillarruz (1898) y Santiuste (1898). A partir de 1900 obtuvo destinos en Cataluña, como profesor en las Escuelas Normales de Maestros de Tarragona (1900), Barcelona (1901) y Lérida (1901). Volvió a Castilla, al ser nombrado catedrático de caligrafía en los Institutos de Palencia (1901) y Burgos (1902). Su exitosa carrera como inspector de primera enseñanza comenzó pronto, ocupando las plazas de Cuenca (1903), Badajoz (1903), Álava (1904), Segovia (1905), Palencia (1905), Huesca (1905-1908) y Guadalajara (1908-1913). En este último año regresó a Burgos, al ser nombrado inspector jefe de primera enseñanza en la provincia, y conservando el puesto hasta su fallecimiento, tras 31 años de desempeño, sobreviviendo a diversos cambios de régimen político: Restauración, Dictadura de Primo de Rivera, Segunda República y Régimen Franquista, salvo una breve interrupción durante los años 1933-1934 de la Segunda República, cuando pasó a presidir el Consejo Provincial de Primera Enseñanza. 





ALUMNOS DE LA ESCUELA MIXTA DE HUÉRMECES (CURSO 1925-1926)

Relación de los niños en edad escolar incluidos en el padrón de habitantes de Huérmeces del año 1925; ordenados por apellidos; año de nacimiento; edad; lugar de nacimiento; nombre de los padres.

Sobre un total de 97 alumnos, distribución por edades: 6 años (12 alumnos), 7 años (9 alumnos), 8 años (13), 9 años (9), 10 años (16), 11 años (10), 12 años (7), 13 años (16) y 14 años (5); distribución por sexos: 51 niños y 46 niñas.






En la relación faltan cuatro niños que, aunque se encontraban en edad escolar, cursaban sus estudios en colegios de otras localidades o se encontraban ausentes en el momento de realizar el padrón (diciembre de 1925): Antonio García Villanueva (Hces, 1912) se encontraba estudiando en el colegio de los paúles en Murguía (Álava); Gerardo Arribas Varona (Hces, 1915); Florentina Hidalgo Conde (Hces, 1918); Teófilo Villanueva González (Hces, 1911).

De todas formas, de los 97 alumnos incluidos en el listado del curso 1925-1926, un total de cinco abandonaron muy pronto la escuela del pueblo, para ingresar en alguno de los abundantes colegios pertenecientes a órdenes religiosas, acabando bien por ingresar en las mismas, bien por ordenarse sacerdotes; así, encontramos a:
  • Julián Alonso Villalvilla (gabrielista; en 1930, con 14 años, partió hacia el colegio gabrielista de Can Valls, cerca de Caldetas, Barcelona)
  • Lucas García Villanueva (paúl, ingresó en la orden en 1930, con 17 años)
  • Eusebio Girón Montero (claretiano; en 1927, a los 12 años de edad, ingresó en el colegio claretiano de Santo Domingo de la Calzada)
  • Silvano Villanueva González (carmelita; en 1930 ingresó en el Seminario Menor de Villarreal)
  • Andrés Crespo Díaz-Ubierna (presbítero; se ordenó en 1943)

Por otra parte, la relativa cercanía temporal de la Guerra Civil, ocasionó -directa o indirectamente- el fallecimiento temprano (a los 20-24 años de edad) de tres de los 97 alumnos de aquel curso 1925-1926:

  • Salvador Alonso Güemes: falleció en Espinosa de los Monteros, el 4 de enero de 1937, a los 24 años de edad, en una de las escaramuzas bélicas del denominado "frente norte"; en el curso 1925-26 tenía 13 años
  • Julián Alonso Villalvilla: falleció en Sant Adrià de Besòs el 19 de enero de 1943, a los 24 años de edad, a consecuencia de la tuberculosis contraída durante su estancia en el campo de concentración de Santa Ana, sito en la ciudad de León; en el curso 1925-26 tenía 7 años
  • Silvano Villanueva González: falleció en Carabanchel Bajo el 17 de agosto de 1936, a los 20 años de edad, fusilado por milicianos en la tapia del cementerio, junto con otros siete jóvenes hermanos carmelitas; en el curso 1925-26 tenía 9 años

Aunque en 1925 ya se encontraba estudiando en el colegio de los paúles en Murguía (Álava), el antes mencionado Antonio García Villanueva también falleció joven; ocurrió en Gamonal, el día 20 de febrero de 1939, cuando Antonio contaba con 28 años de edad, al chocar el vehículo en el que viajaba con una camioneta militar; se había ordenado sacerdote medio año antes; faltaba apenas un mes para que finalizara la guerra.



Niños en la fuente del barrio Arroyuelo (1925)



LA CREACIÓN DE ESCUELAS NACIONALES DE PRIMERA ENSEÑANZA DURANTE EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX

A pesar de los primeros intentos realizados a partir de mediados del siglo XIX (Ley Moyano, 1857), la situación de la enseñanza pública en España era lamentable. Dos eran la rémoras históricas, íntimamente ligadas, que habían condicionado el devenir de la enseñanza pública: la preponderancia de la enseñanza impartida por instituciones religiosas (sobre todo en el ámbito urbano) y la escasa dotación presupuestaria dedicada a la enseñanza pública. España era un país claramente confesional e inmerso en continuas y costosas guerras coloniales, en un intento por salvar los insalvables restos del Imperio.




Las carencias presupuestarias se traducían en maestros mal pagados e instalaciones docentes en lamentable estado; en el medio rural, las escuelas mixtas se encontraban generalmente hacinadas, mal ventiladas y peor aisladas del frío o del calor.

A principios del siglo XX, al compás del crecimiento demográfico, las autoridades comenzaron a realizar tímidas actuaciones encaminadas a la creación de nuevas escuelas, mejora de las existentes y dotación de material escolar suficiente. También se asumió la dignificación del salario y situación de los maestros, al asumir el Estado el pago de los haberes de los docentes (R.D. de 21 de julio de 1900). Por último, se prolongó la escolaridad obligatoria hasta los 14 años, al tiempo que se intentaba combatir el altísimo absentismo escolar.


Artículo 1º del Real Decreto de 21 de julio de 1900 (Gaceta de Madrid de 23 de julio)


Tradicionalmente, se habían dejado en manos municipales las competencias relativas a la instrucción primaria, sobre todo en cuanto a la construcción, reparación y mantenimiento de los locales destinados a escuelas. A partir de los primeros años del siglo XX, el Estado comenzó a otorgar ayudas económicas para que los ayuntamientos más faltos de recursos pudieran emprender las obras necesarias, aunque las dotaciones presupuestarias (500.000 pesetas en 1904 y un millón de pesetas en 1905) resultaron claramente insuficientes, dadas las ingentes necesidades existentes.

A nivel nacional, la provincia de Burgos no era de las peor situadas. En 1923, existían 1043 escuelas en la provincia lo que, para una población escolar de unos 50.000 niños, representaba unos 48 niños por escuela, muy lejos de los 107 niños en edad escolar por escuela que alcanzaba la media nacional. Las cifras de Burgos obedecen al altísimo nivel de ruralidad existente en su población: muchos pueblos y de pequeño tamaño, cada uno con su pequeña escuela, mal dotada y con su maestro peor pagado, pero escuela al fin y al cabo.

En los años veinte, por fin se inicia una nueva etapa en la financiación de la construcción de escuelas, por medio del R.D. de 23 de noviembre de 1920, posibilitando que sea el Estado el encargado de las obligaciones presupuestarias para la construcción de las escuelas, aunque sean los ayuntamientos los que tengan que proporcionar el solar y acondicionar la infraestructura de alcantarillado y aguas residuales.

Años más tarde, ya en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, una Real Orden de 2 de noviembre de 1923, establecía unas reglas de preferencia en la concesión de ayudas, según qué administración hubiese de asumir la construcción de las nuevas escuelas (Ayuntamiento, Estado, Patronatos o Fundaciones). Dentro de las cuatro categorías establecidas, la escuela de niñas proyectada para Huérmeces pertenecería a la de "escuelas que hayan de funcionar en locales de propiedad del Ayuntamiento, expresamente adaptados al efecto".


R.O. de 2 de nov. de 1923 (Gaceta de 6 de nov.)


Por fin, en el marco del expansionismo de Estado impulsado durante los años centrales de la Dictadura de Primo de Rivera, se elaboró en 1926 un Presupuesto Extraordinario, que destinaba 100 millones de pesetas para construcciones escolares en el transcurso de 10 anualidades. Desgraciadamente, la crisis económica de 1929 dejó en agua de borrajas el resto de las anualidades.

De todas formas, y a pesar de todo el despliegue normativo y presupuestario realizado durante el periodo primorriverista, el Estado promovió un total de 1274 aulas, mientras que las Corporaciones Locales lo hicieron con un total de 642 aulas. Además, se acusó al Estado de favorecer a los pueblos con mayores posibilidades económicas, marginando a la España rural. Se construyeron escuelas, es cierto, pero las necesidades eran de tal calibre, que apenas se alcanzó el 10% del objetivo planteado a principios de siglo (12.500 escuelas nuevas).

La Segunda República intentó cambiar esta dinámica, admitiendo la escasez de recursos municipales y eximiendo, en algunos casos, la aportación económica municipal a la hora de levantar nuevas escuelas. Los convulsión política, económica y social experimentada durante los cinco años siguientes imposibilitó la consecución de los objetivos perseguidos. 



FUENTES

  • Expediente de la obra de construcción de la escuela en Huérmeces (1925-1928). MOSA, Signatura 226-41
  • Solicitud de subvención del Ayuntamiento de Huérmeces para la construcción de un edificio destinado a escuelas unitarias (1927, 1928). MOSA, Signatura 2728-25
  • Diario de Burgos, 12 de diciembre de 1928: un voraz incendio destruye la escuela de niñas de Huérmeces, recientemente inaugurada
  • El Heraldo de Madrid, 13 de diciembre de 1928: escuela destruida por el fuego en Huérmeces
  • Real Orden de 21 de abril de 1917 (Creación de escuelas): Gaceta de Madrid de 28 de abril de 1917
  • Real Orden de 2 noviembre de 1923 (Creación de escuelas nacionales de primera enseñanza): Gaceta de Madrid de 6 de noviembre de 1923
  • Real Orden de 2 de agosto de 1926 (Relación de escuelas creadas con carácter provisional): Gaceta de Madrid de 19 de agosto de 1926
  • "La construcción y creación de escuelas en la España del primer tercio del siglo XX". Ramón López Martín. Ediciones Universidad de Salamanca (1997). Hist. educ., 16, 1997, pp. 65-90