sábado, 18 de agosto de 2018

La vegetación riparia del Úrbel (I)




Del latín riparius (ribereño), y a su vez de ripa (ribazo)





El Úrbel, además de un curso de agua relativamente largo y de caudal permanente, es un remanso de vida. De vida animal y, sobre todo, de vida vegetal.

Dejando las especies leñosas (chopos, álamos, sauces, salgueras, fresnos y majuelos) para otra ocasión, ahora nos centraremos exclusivamente en las plantas herbáceas.

Lythrum salicaria en las cercanías de Retuerta (Huérmeces)
Tanto en el Úrbel como en sus arroyos tributarios, existe una amplia comunidad de especímenes herbáceos, que florecen desde finales de la primavera hasta bien entrado el verano. Por las propias características de su hábitat, son plantas que tienen prácticamente asegurada su supervivencia y reproducción, ya que casi siempre van a disponer de humedad suficiente para su desarrollo vegetativo, incluso en los años de sequía severa.

Varias son las especies vegetales que medran en sus riberas, algunas con parte de ellas sumergidas en el agua (nenúfares, lirios, espadañas), otras aprovechando la humedad del entorno. La lista de especies herbáceas riparias sería muy extensa, por lo que he preferido limitarme a seleccionar una pequeña muestra de siete especies típicamente ribereñas (más otra no estrictamente riparia, pero cercana a sustratos húmedos), destacables tanto por su relativa abundancia como por su llamativa floración:







1. Lirio amarillo (Iris pseudacorus): [Iris: diosa mensajera en la mitología griega; pseudacorus: falso acoro, planta similar a un junco] Esta planta rizomatosa habita en bordes de cursos de agua de cierta profundidad, así como en otros lugares de encharcamiento permanente; su llamativa floración sucede en nuestra comarca desde mediados de mayo a mediados de junio.

Su rizoma es muy rico en materias tánicas, lo que le confiere al mismo tiempo efectos astringentes, purgantes y vomitivos. Las antiguas farmacopeas solían recomendarlo para "despejar el cerebro de malos humores", porque introducido en la nariz provocaba el derrame de abundante mucosidad.




2. Nenúfar amarillo (Nuphar lutea): [nuphar: nenúfar; lutea-luteum: amarillo] Esta planta, también rizomatosa, aunque menos frecuente en la comarca que la anterior, tiene su largo tallo (hasta 2 m) y parte de sus hojas completamente sumergidas en el agua; sus hojas flotantes (platos), junto con su vistosa y fragante floración, componen una bonita composición vegetal; florece a principios de junio, y su floración se prolonga varias semanas; habita en aguas remansadas o de corriente suave.

Con sus flores se preparaba una infusión que solía recomendarse por sus propiedades antiafrodisíacas, dirigida pues a "cuantos están dominados por el apetito venéreo".



3. Lisimaquia, hierba de las acequias, hierba de la sangre (Lysimachia vulgaris): [Lysimachia: del Rey Lysimacho; porque echada sobre el yugo entre algunos bueyes rixosos y discordes, los reduze à hermandad y concordia: Lysimachia, desbaratadora de lites y controversias; vulgaris: común] Planta alta (hasta 1,5 m), de tallos vellosos, cuya floración amarilla destaca al final de aquellos; su floración suele producirse entre los meses de julio y agosto.

Su rizoma contiene saponina, por lo que era considerado muy astringente, utilizándose para tratar disentería y hemorragias: "esta hierba detiene la sangre de cualquier parte que fluye, tomada en cocimiento o en polvos."


4. Salicaria o arroyuela (Lythrum salicaria): [Lythrum: del griego lýtron, sangre que mana de una herida; salicaria: hojas similares a las de sauces y salgueras] Esta planta semiacuática posee altos taloos (1,5 m) y una llamativa floración rosado-purupúrea que, en nuestra comarca, se produce en los meses de julio y agosto.

"Es planta astringente, de mucha y comprobada eficacia en el tratamiento de las disenterías, así como para combatir las diarreas de los niños de teta".


5. Menta de caballo (Mentha longifolia): [Mentha: por la diosa griega Mintha, convertida en planta por Proserpina, amante de Plutón, en un ataque de celos; longifolia: de hoja larga] Planta que se desarrolla en bordes de cursos de agua, acequias y herbazales de encharcamiento temporal; su inflorescencia alargada es menos aromática que otras especies de menta; su altura es claramente inferior a la de lisimaquia y salicaria; la tonalidad general de su follaje es cenicienta; florece entre julio y agosto.

Tiene la virtud de "confortar el estómago débil, así siendo aplicada por de fuera como comida en los guisados. De donde se vino a fabricar aquel antiguo refrán castellano que dice: jurado tiene la menta que al estómago nunca mienta". De todas formas, lo que es seguro es el valor culinario de las mentas en general.



6. Epilobio peludo o hierba de San Antonio (Epilobium hirsutum): [Epilobium: del griego epí –por encima de- y lobos –lóbulo- por sus vistosos pétalos violetas; del latín hirsutus, cubierto de pelo rígido y áspero] Al igual que salicaria y lisimaquia, su altura alcanza con facilidad el metros y medio; sus vistosas flores, dispuestas en racimos terminales, se despliegan entre finales de junio y julio, no muy lejos del día de San Antonio (12 de junio), que sirve de referencia en comarcas más meridionales.

Solía emplearse para la "supresión del menstruo femenino", o para su mera normalización.

7. Espadaña (Typha latifolia): [typha: del griego thýphe, junco, procedente de típhos, pantano; latifolia: del latín latifolius, de hoja ancha] puede alcanzar hasta los 3 metros de altura, y vive en los bordes de masas de agua más o menos remansadas; sus inflorescencias terminales, tubulares y densas, poseen una apariencia muy característica (espádice, en forma de “puro”); florece entre julio y agosto.

8. Cardo de cardador, cardencha (Dipcacus fullonum): [dipsacus: del griego dípsakos, planta de tallos y hojas espinosas; fullonum: del latín fullo-onis, de los bataneros, ya que sus inflorescencias secas se utilizaban para cardar paños, felpas y otros tejidos] No se trata de una especie propiamente riparia, aunque también tiene cierta querencia por suelos que poseen abundante humedad durante buena parte del año; alcanza los 2,5 m de altura, y sus tallos son huecos, asurcados y son abundantes espinas; sus flores rosado-liláceas aparecen en cabezas espinosas y cónicas; florece entre julio y agosto.

Una infusión de su raíz solía utilizarse por sus "propiedades diuréticas, sudoríficas y aperitivas."







BIBLIOGRAFÍA:

Plantas silvestres de la provincia de Burgos. J.M. García López & Carmen Allué Camacho. Burgos (2004)
Contribución al estudio florístico de las comarcas de La Lora y Páramo de Masa (Burgos). Pablo Galán Cela. Fontqueria 30 (1990)
Atlas de la flora vascular silvestre de Burgos. J.A. Alejandre Sáenz, J.M. García López y G. Mateo Sanz. Burgos (2006)
Plantas medicinales. El Dioscórides renovado. Pío Font Quer. Editorial Labor, Barcelona (1961)

Nota: las supuestas propiedades medicinales se consignan únicamente a título de curiosidad, no recomendándose en absoluto su utilización con tales fines. 







ILUSTRACIONES CLÁSICAS:












Mentha sylvestris (M. longifolia): A.G. Dietrich, Flora regni burussici (1837)

Epilobium hirsutum y Nuphar luteum: William Curtis, Flora londinensis (1777-1798)

Dipsacus fullonum, Typha latifolia y Lythrum salicaria: Otto Wilhelm Thomé, Flora von Deutschland, Österreich un der Schweiz (1885)

Iris pseudacorus: Carl Axel Magnus Lindman, Bilder ur Nordens Flora (1917-1926)

Lysimachia vulgaris: Jacob & Johann Georg Sturm, Deutschlands Flora in Abbildungen (1796)




sábado, 4 de agosto de 2018

Tantas eras como vecinos (1965)


era: espacio de tierra limpia y firme, algunas veces empedrado, donde se trillan las mieses (Real Academia Española)

era: [del latín, area, superficie sin edificar] terreno descubierto, de superficie llana, donde se trilla el cereal (Oxford Dictionaries)

era de trilla: terreno -normalmente circular y empedrado- donde se trillaban los cereales y posteriormente se aventaban para obtener el grano (Wikipedia)




A mediados de los años sesenta, en Huérmeces aún ejercían el oficio de labrador unos 35 vecinos. Alguno menos que al empezar la década, pero muchos más que al terminarla.

Varios ya disponían de tractor, pero la gran mayoría aún seguía labrando, sembrando, abonando, segando y trillando al compás de la pareja de bueyes de toda la vida.

Mecanización y motorización aparte, algunos tenían más terrazgo, otros menos, pero lo que no podía faltar –de ninguna manera- en la vida de un labrador de aquellos años era una era en la que desplegar la parva, en la que trillar, beldar y amontonar el fruto de todo un año de trabajo. En ellas se materializaba la economía agraria de aquellos años. Las eras eran tan importantes como la casa.
Huérmeces a mediados de los años sesenta: principales agrupamientos de eras: El Seto, Mercado y Concejo

En esta zona de Castilla las eras solían ser cuadradas o rectangulares, de una superficie -herbácea- media de unos 800 metros cuadrados, rodeadas de una pequeña pared de piedra; cuando se encontraban aterrazadas, el muro de contención también era de piedra; su superficie solía mantenerse limpia y libre de malezas durante la mayor parte del año.


En Huérmeces, estas pequeñas parcelas se desplegaban en tres zonas principales, siempre en las inmediaciones del casco urbano:



-Eras de Mercado: grupo de 16-17 eras desplegadas alrededor del barrio homónimo, que constituían el núcleo erense más importante del pueblo: Dionisio, Emilio/Bienvenido (2), Fidel, Ismael (2), Ramiro, Cristóbal, Millán, Joselón, Mauro Serna, José Alonso, Narciso, Cayo, Daniel, Antonino y Fonsete.



-Eras del Seto: en el límite meridional del pueblo, en contacto con el grupo anterior, existían una decena de eras: Amadeo, Jaime, Santos, Mauro, Avelino, Cristóbal, Maixi, Diego, Lázaro y Lorenzo. Podrían incluirse también en este grupo las eras de Pepines (dónde hoy existe una moderna nave) y -un poco más alejada- la de Joaquín (hoy también ocupada por una nave).



-Eras del Concejo: al noroeste del caserío, entre la iglesia y Santa Cristina, entre el camino que se dirige al puente Vega y el viejo camino del molino de Cigatón, existían unas siete u ocho eras aún en uso a mediados de los años sesenta: Eladio, Víctor, Mariano, Félix Martínez, Felipe, Lucio, Julio, José Alonso y David.


Además de estos tres núcleos erenses, existían varias eras desperdigadas por todo el pueblo, normalmente anexas, inmediatas o cercanas a la casa del labrador de turno. Así sucedía con las eras de Eladio (justo al norte de la iglesia), Ismael, Amadeo, Jaime (enfrente del Palacio de Abajo) y Jesús (La Rebanera). Un poco más alejada se encontraba la era de Rodrigo, entre la carretera y el viejo camino de Santibáñez.




En las construcciones en diseminado, alejadas del pueblo, la era se encontraba –lógicamente- al lado de la casa, como es el caso de Castilla, Miguel y alguno de los molinos del término.


Fotografía del vuelo interministerial de finales de los años 70 del siglo XX: relación de eras utilizadas por los vecinos a mediados de los años 60




Era de Narciso; al fondo, casetas y eras de Diego, Cristóbal y Avelino
En teoría, el mejor emplazamiento para una era sería aquel que se encontrara abierto a todos los aires, para facilitar las labores de beldado, sobre todo cuando este se realizaba a mano. Por eso, y por la carestía de terrenos llanos, en muchos pueblos del entorno las eras se ubicaban en terrenos altos o de ladera, lejos de ríos y huertas.





Era de Narciso (Mercado): beldando
En las eras se pasaba una buena parte del verano; desde mediados de julio a primeros de septiembre; si la era disponía de caseta, existía la posibilidad de echarse una siesta a su sombra, haciendo más apetecible el descanso. Y si no había caseta, eran habituales las cabezadas, sentado en el trillo, arrullado por la modorra de las primeras horas de la tarde.




Era de Lázaro (El Seto); al fondo, tractor Nuffield y era de Daniel
En las eras no solo se trillaba el cereal, también se desjerugaban los garbanzos, se apaleaba la lana, se tendía la colada, se jugaba al fútbol...







Y para parte de la población veraneante, la era constituía un lugar de diversión, un lugar ideal para el posado y retrato, tal y como muestran las fotografías de la época.




Eras de Mercado: dcha.: era y caseta de Fidel; izda.: era y carro de Dionisio
El veraneante, provisto de una hijada (o ijada) -vara provista en su punta de una clavo de hierro-, vigilaba la posible galbana de la pareja de bueyes; a sus pies, un caldero siempre a punto para las emergencias fisiológicas -sólidas- de las reses, y a su espalda, unas revolvederas que servían para dar la vuelta a la parva.



Google Maps, fotografía satelital de fecha 20 de junio de 2015. Situación actual de los principales grupos erenses

Era de Dionisio (Mercado): al fondo, era y caseta de Fidel, junto al caserío
Eras de Mercado: al fondo, casa y panera del señor Heliodoro
A mediados de los años sesenta disponían de caseta las eras de Avelino, Cristóbal, Diego y Lorenzo, en el grupo de El Seto; y Fidel en el grupo de Mercado. Cincuenta años más tarde, únicamente persiste la caseta de la antigua era de Fidel, y en estado de ruina.



En cuanto a las eras, y dado que algunas conservaban su carácter urbano (edificable, pues), varias se han visto reconvertidas en vivienda o en nave agrícola. Entre las primeras, destaca el núcleo de nuevas viviendas (generalmente, segundas residencias) levantado en el barrio de Mercado. En El Seto han aparecido una vivienda y dos naves agrícolas; y en Concejo, dos viviendas, una nave agrícola y otra ganadera.


Era de Narciso (Mercado); al fondo: era, beldadora y caseta de Lorenzo
Otras eras han sido transformadas en huerta (Narciso, Jesús) y una buena parte se han reconvertido en tierras de labor (Cayo, Antonino, Joselón, Dionisio, Rodrigo, Lázaro...)



Era de José (Concejo); detrás, era de Julio
Era de Narciso (Mercado)
De las eras enclavadas junto a viviendas en diseminado (Castilla, Miguel y molinos), la mayor parte de ellas han sido reconvertidas en terreno ajardinado de las respectivas  viviendas rehabilitadas. 
















Vuelo americano: Huérmeces (8 de octubre de 1956)




En alguna de las fotografías del célebre vuelo americano de 1956 se aprecia perfectamente la situación de las eras, con sus parvas y montones de grano correspondientes. Desgraciadamente, la fotografía de Huérmeces se realizó en una fecha (8 de octubre de 1956) en la que ya las eras se encontraban inactivas y vacías, por lo que no suministra excesiva información al respecto. Lo que si que se aprecia en algunas parcelas son los montones de estiércol, dispuestos en alineaciones más o menos regulares, a la espera de ser esparcidos.   

Vuelo americano: Santibáñez Zarzaguda (16 de agosto de 1956)
No ocurre lo mismo para otros pueblos del entorno, que tuvieron más suerte con la fecha de vuelo; especialmente ilustrativa resulta la fotografía de Santibáñez Zarzaguda (16 de agosto de 1956), en la que se distinguen con mucha claridad eras, parvas y montones de grano; algo parecido sucede con la de Montorio, de fecha aún más temprana (12 de julio de 1956). 

Vuelo americano: Montorio (12 de julio de 1956)