miércoles, 17 de octubre de 2018

Bancos Populares Rurales

Muy probablemente, la mayor parte de nosotros  hemos utilizado en alguna ocasión los servicios del banco popular rural por excelencia: ese de estructura metálica, pintado en color verde, de perfil curvilíneo, con asiento y respaldo en rejilla, y marca corporativa en blancas letras destacando sobre el monocromo.

Barrio Vega, Huérmeces


Encontraremos sin dificultad bancos de esta clase en plazas, espacios ajardinados y rincones soleados de multitud de pueblos, a lo largo y ancho de toda la geografía provincial.


Ermita de Rezmondo



Ermita de Sotobrín: dos parejas de bancos en sus muros occidental y meridional







También los encontraremos en aquellos lugares que son objetivo habitual de todo buen caminante rural: el abrigaño de una apartada ermita o de un aislado camposanto, la sombra de un majuelo o de un nogal, el solitario andén de una estación de tren, el frescor de una fuente a la salida del pueblo.


Ermita de Cuesta Castillo (Huérmeces)



Camposanto de Barrios de Villadiego


 
Rollo jurisdiccional en Sotopalacios




Incluso se han dado casos aislados de privatización de alguno de estos bancos populares rurales, acabando por amueblar patios, portales, cocheras, cuadras o terrazas de alguna vivienda particular.

Estos metálicos bancos bancarios tienen una pequeña pega, que nace de su misma naturaleza clónica: son todos iguales, estandarizados, fabricados en serie. Son bancos sin alma, valga la redundancia.


Ermita de Cuesta Castillo (Huérmeces)


Encontraremos dos o tres versiones, según la década en la que fueron diseñados o la entidad bancaria que los patrocinó. Así, tenemos bancos del tipo alistonado con reposabrazos laterales, en contraposición al más extendido tipo curvilíneo arrejillado.

Afortunadamente, también existe otro tipo de banco popular rural, menos extendido pero mucho más valioso. Nos referimos a aquellos bancos que, aunque no estén pintados en verde, pueden considerarse mucho más verdes que los de las Cajas, ya que están confeccionados a base de materiales de reciclaje: viejas vigas procedentes de casas arruinadas, antiguas traviesas de ferrocarril de vías clausuradas, oxidados perfiles metálicos de aperos obsoletos, tableros aglomerados de muebles pasados de moda, pedazos de escay de sofás ya jubilados, piedras de derribo, cantos rodados...


Banco de Coculina, a la vera de la carretera de Acedillo


Casi cualquier soporte es válido para asentar las posaderas, aunque siempre es preferible la madera al frío metal o a la no menos fría piedra caliza. 


La Nuez de Arriba, banco en las cercanías del puente por el que la carretera BU-601 cruza el río Úrbel




Suelen disponerse a la vera de llanas carreteras vecinales, poco transitadas, ideales para el diario caminar de personas de cierta edad, que necesitan hacer un alto en el camino de vez en cuando. Si hay posibilidad de sombra, mejor, pero muchos de estos bancos se establecen al raso, sin cubierta arbórea que les proteja, quizás buscando más el sol primaveral que la sombra veraniega.


Lermilla: banco cerca del cruce entre la carretera de Quintanarruz y el extinto Santander-Mediterráneo (hoy vía verde)



También los encontraremos al lado de sendas de media montaña, allí donde el terreno invite a hacer un alto en el camino tras la fatigosa ascensión. En estos casos, el abrigaño de piedra es un complemento casi imprescindible. Nada peor que toparse, sudado, con el cierzo, tras el esfuerzo de la subida.


Concentración bancaria en el barrio de la Iglesia, en Gredilla la Polera
Sus anónimos creadores suelen ser esas mismas personas de cierta edad que, en estas zonas rurales, constituyen el colectivo caminante por excelencia. En algunos casos, incluso, encontraremos claros ejemplos de concentración bancaria, allí donde las condiciones del medio sean las adecuadas.  


Humada: banco de escay en la carretera a Villamartín de Villadiego

Villamartín de Villadiego: carretera a Humada








Montorio: senda de Las Peñas
Algunos son rústicos, otros más sofisticados. Los hay incluso con humildes pretensiones artísticas, o con aditamentos jardineros. Lo fundamental es que sirvan para dar un descanso al caminante o proporcionar un cómodo oteadero a una población rural cada día más envejecida.



Montorio: alto de Los Pilones; el sillón ardió -por combustión
 no espontánea- a los pocos días
Incluso hallaremos algún ejemplar de banco ambulante, colocado por manos anónimas en un transitado paraje; será también un banco efímero, ya que pasará poco tiempo antes de que otras manos -también anónimas- peguen un cerillazo al abandonado sillón, desvencijado sofá o coja mecedora. En las ciudades, supuestos gamberros queman cajeros automáticos; en el mundo rural, mucho más extremista, arde la totalidad del banco.


La Nuez de Arriba, con jardinera superior

Lermilla: madera, metal y tablero

Villamartín de Villadiego: perfecta combinación de materiales
naturales y de vanguardia






sábado, 6 de octubre de 2018

La desaparecida ermita de San Andrés, en Ruyales del Páramo


En pleno casco urbano del pueblo, no muy lejos de la iglesia que destaca sobre un cotorro situado al NE del caserío, existió una ermita dedicada a San Andrés hasta los primeros años setenta del siglo pasado. En un fotograma del famoso vuelo americano de 1956, se vislumbra la modesta construcción, aún techada.

Vuelo americano (12 de julio de 1956)

También encontraremos a la ermita en un plano de Ruyales fechado en 1913, realizado en el contexto de los trabajos preparatorios para la publicación de la primera edición del Mapa Topográfico Nacional (MTN) a escala 1:50.000. En el mismo plano, en la zona inferior izquierda, se aprecia el edificio de las viejas escuelas.

En la mayoría de los pueblos de la comarca, las ermitas ocupan parajes situados en alturas o cerros prominentes (Cuesta castillo-Huérmeces, Las Nieves-Quintanilla Sobresierra, El Castillo-Las Hormazas, Las Mercedes-Montorio, San Roque-Sotragero, etc) o en lugares alejados del pueblo aunque situados en un entorno peculiar o correspondiente a un antiguo despoblado (Robledillo-Quintanilla Pedro Abarca, Santa Marina-Lodoso, Montesclaros-Ubierna, Sotobrín-Celadilla, La Cuadra-Mansilla, San Pelayo-San Pedro Samuel, etc.)

Plano del casco urbano de Ruyales del Páramo (1913)


Excepcionalmente, algunas ermitas también se ubicaban en pleno casco urbano del pueblo (Virgen de las Eras, en Santibáñez, o San Esteban, en Úrbel). Y precisamente en esta anómala situación de la ermita de San Andrés está el origen de la curiosa confusión cartográfica que ha llegado a nuestros días: en varios mapas provinciales y topográficos, la iglesia de Ruyales (Santos Justo y Pastor) aparece rotulada como “Ermita de San Andrés”.  (1)

Ya en el famoso mapa de Coello (1868) aparece la ermita erróneamente situada al norte del caserío, sin consignarse su advocación. (2)

Décadas más tarde, en las planimetrías realizadas en 1913, aparece el rótulo de la ermita muy desplazado hacia el este, y el de la iglesia pasa casi desapercibido, por lo que cabe considerar que aquí radica el origen del error cartográfico arrastrado en gran parte de los mapas editados en el siglo XX.

Planimetría del término de Ruyales del Páramo (1913)



El error se ha mantenido hasta nuestros días, apareciendo la iglesia como ermita de San Andrés en varios mapas provinciales de la serie MP200 (ediciones de 2006 y 2015) y en el mapa topográfico de la serie MTN25 (edición 1997). Incluso en la cartografía de base utilizada en la página web del CNIG (centro de descargas) se sigue manteniendo el error. No obstante, en la última edición del MTN25 (2009) ha desaparecido el rótulo “ermita de San Andrés”, por lo que cabría suponer superado este episodio de confusión cartográfica.

MTN25: Hoja 167-III (1997)
MP200: Provincia de Burgos (2006)


Mapa base del centro de descargas del CNIG






La ermita de San Andrés era una humilde construcción de planta rectangular, con unas dimensiones aproximadas de 10 x 7 metros. Su orientación seguía la norma canónica: con su cabecera al Este, aunque con una ligera desviación (al Nordeste en este caso), como solía ser habitual. Sus muros estaban realizados en fábrica de sillería caliza. La puerta de acceso, al lado contrario de la cabecera, era de marco adintelado. La ermita también poseía dos vanos o pequeñas ventanas, uno en la pared meridional y otro en la occidental, sobre la puerta de acceso. En este mismo lado se situaba el campanillo, enmarcado por una estructura simple de sillares calizos.

La cabecera se elevaba un par de escalones sobre el nivel de la nave, y sobre ella destacaba un pequeño retablo con la imagen de San Andrés. Desgraciadamente, la imagen del santo fue vendida pocos años antes de que la ermita se convirtiera en ruina. En la cabecera también existía una especie de cómoda abierta -cubierta por una cortina roja- en la que se guardaba la ropa de celebración.

Nada más entrar en la ermita, a la derecha, existía una pequeña pila. Las paredes -enlucidas- estaban adornadas con un Vía Crucis. Las paredes norte y sur de nave contaban con bancos corridos, de madera. La zona central carecía de asientos, por lo que –en las grandes celebraciones- la gente requería bien de almohadillas para sentarse en el suelo, bien de reclinatorios.

Tres eran las fechas en las que la ermita era utilizada por toda la feligresía: en Semana Santa (Vía Crucis), en mayo y en octubre (rosario) y, por supuesto, en la festividad del santo, el 30 de noviembre.

Vuelo de finales de los años setenta: la ermita ya no está


La tradición oral dice que la piedra con la que se levantó la ermita de San Andrés procedía del antiguo "convento" existente en el paraje de San Benito, en las cercanías del manantial del mismo nombre. Por este paraje también pasaba el viejo camino real de Burgos a Santander, en el tramo comprendido entre Ros y Úrbel del Castillo. También en este paraje de San Benito -elevado, con agua y abundantes pastizales- Moreno Gallo sitúa uno de los varios túmulos megalíticos por él catalogados en la zona.

El desmoronamiento de la ermita de San Andrés acaeció a mediados de la década de los años sesenta del siglo pasado. Una grieta de grandes dimensiones recorría una de sus paredes, por lo que acabó colapsando toda la cubierta.

Palacio de los Alonso Maluenda (Huérmeces): las piedras de la ermita de San Andrés, reconvertidas en escalera exterior



A principios de los años setenta, sus buenos sillares fueron vendidos a una procuradora provincial en las cortes franquistas, que acababa de adquirir el palacio de los Alonso Maluenda en la cercana localidad de Huérmeces, y necesitaba piedra para realizar diversas reformas y anexos (escaleras exteriores y cobertizo en un lateral de la fachada principal).

Hoy, todo lo que queda de la ermita es el viejo campanillo, convenientemente guardado, a salvo de los amigos del bronce ajeno, que tanto proliferan últimamente en páramos y valles.

A mediados del siglo XIX, es muy posible que la ermita de San Andrés fuera el lugar en el que se celebraban todos los jueves las denominadas conferencias morales. Estas reuniones de curas se realizaban con periodicidad semanal y a ellas asistían todos los párrocos del distrito eclesiástico que, en el caso de Ruyales, incluía también a los curas de Huérmeces, Espinosilla de San Bartolomé, Quintanilla, Pantaleón y Los Tremellos. Probablemente, Ruyales fue elegido como sede de distrito por su equidistancia con respecto a los otros cinco pueblos incluidos en el mismo. O por influencias del cura de turno, quién sabe.(3)

Mapa de Coello (1868), en el que aparece la ermita de San Andrés. En amarillo, los otros 5 pueblos del distrito eclesiástico


La situación de la ermita de San Andrés, en pleno casco urbano, unido al hecho de su pequeño tamaño, convertiría a esta estancia en un lugar más sencillo de caldear que la vieja iglesia, expuesta a todos los vientos, sobre todo en las frías jornadas del invierno castellano.

En 1863, el cura de Ruyales era Lesmes González, que ejercería las funciones hospitalarias de rigor con sus compañeros de conferencia: Florentín Díaz-Ubierna (Huérmeces), Román Martínez (Espinosilla), Esteban Montorio (Los Tremellos), Esteban Gutiérrez (Quintanilla Pedro Abarca) e Ignacio González (San Pantaleón del Páramo).


La humilde ermita de San Andrés, contaría pues con un pasado relativamente importante, por lo menos en el aspecto pastoral, y con una curiosa pervivencia cartográfica tras su desaparición física, gracias a un curioso error apenas corregido en las últimas ediciones.

Sigpac (Agosto 2017) Solar de la ermita

Hoy, el solar que ocupaba la ermita aparece invadido de malezas, aunque forma parte del catálogo de yacimientos arqueológicos de la provincia de Burgos. Y de la memoria sentimental de un pueblo.


NOTAS:

(1) Estos errores cartográficos se producen con reiteración en diversos mapas elaborados en el siglo XX e, incluso, en las últimas ediciones, ya en el XXI. Así, en los alrededores de Huérmeces otros dos errores destacados son:

-la iglesia de la Asunción, en el desaparecido Barrio de Arriba de Las Celadas, aparece en las series del MTN25 y MTN50 como “Iglesia de San Roque”, errata quizás inducida por la proximidad de la ermita homónima de Ros.

-la iglesia de San Julián, en Mata, aparece rotulada como “Iglesia de San Mateo” en algún mapa a escala 1:200.000, realizado a finales del siglo pasado.

(2) Curiosamente, en el texto correspondiente a Ruyales del Páramo del célebre "Diccionario geográfico-estadístico-histórico" de Pascual Madoz (1852), no se hace mención alguna de la existencia de la ermita de San Andrés. Esta ausencia se repite en algún que otro pueblo con ermita situada dentro del caserío, por lo que tampoco tiene nada de excepcional. Los mapas de Coello constituyen el complemento cartográfico del Diccionario de Madoz.

(3) Estadística del Arzobispado de Burgos. Imprenta de Anselmo Revilla, Burgos (1863). [Páginas 181, 212-213: división de la diócesis en distritos de Conferencias Morales].


AGRADECIMIENTOS:

A Vivencio Martínez Crespo, Adoración Alonso y Gloria Martínez González



EL SANTO PATRÓN:

Según los Evangelios, Andrés fue uno de los doce apóstoles que siguieron a Jesús; es más, se le considera, junto a San Juan Evangelista, como el primer discípulo del Mesías. La tradición dice que fue martirizado en la ciudad griega de Patrás, un 30 de noviembre del año 60, en una cruz en forma de aspa, que desde entonces recibe el nombre de Cruz de San Andrés.

Las reliquias de San Andrés el Apóstol se encuentran mayormente en las catedrales a él consagradas en las ciudades de Amalfi (Italia) y Patrás (Grecia): un dedo meñique, parte de la zona superior del cráneo y pequeñas porciones de la cruz en la que fue martirizado.

San Andrés también está considerado como el primer patriarca de la Iglesia ortodoxa, tal como San Pedro los es de la católica y San Marcos de la copta.

San Andrés es patrón de varios países europeos (Rusia, Rumanía, Ucrania y Escocia), de una isla (Sicilia), de una región francesa (Borgoña) y de varias ciudades (la italiana Amalfi, la griega Patrás, la maltesa Luga y la portuguesa Esqueira). También fue en su día patrón de Prusia.

En España, San Andrés es patrón de numerosas poblaciones: Navalmoral de la Mata (Cáceres), Éibar (Guipúzcoa), Encinasola (Huelva), Baeza (Jaén), Berlangas de Roa (Burgos), Almoradí (Alicante), Estella (Navarra) y Adamuz (Córdoba), entre otras.

Por último, San Andrés es patrón de los pescadores, los pescaderos y los fabricantes de cuerda.

Al contrario de lo que sucedía con San Roque, San Andrés no es un santo habitual como patrón de ermitas. En la provincia de Burgos encontramos ermitas dedicadas a San Andrés únicamente -que yo sepa- en dos localidades: Rabanera del Pinar (una pequeña construcción consistente en un viejo ábside románico consolidado) y Mahamud (arruinada y expoliada, con sus valiosas tablas góticas expuestas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, y su sepulcro en el Cincinnati Art Museum de Ohio).

Sin embargo, San Andrés es un patrón de iglesias relativamente popular; en la provincia de Burgos, un total de 48 parroquias tienen como titular al santo de la cruz en “X”, entre las que cabe citar: Manciles, Rublacedo de Abajo, San Andrés de Montearados, Villasilos y Soto de Bureba.


OTRAS ENTRADAS RELATIVAS A RUYALES DEL PÁRAMO: 

La Venta de Valtrasero
Valdefrailes (Oriental y Occidental)




miércoles, 26 de septiembre de 2018

El triste sino de las ermitas de San Roque

San Roque ha sido, desde siempre, un santo ermitero muy popular, tanto en La Comarca como en otras zonas de Castilla y mucho más allá.


Su éxito como patrón de ermitas viene dado por las altas cualidades de su patronazgo: es el santo al que hay que acudir buscando la protección contra la peste y toda clase de epidemias, además de considerarse santo protector de peregrinos, enfermeros, cirujanos, los falsamente acusados, inválidos y cánidos. Con tamaña hoja de servicios, no es de extrañar que se haya convertido en un santo muy popular en ciudades y aldeas del mundo católico.



Su amplísima devoción en el mundo cristiano tiene su origen en la Venecia del siglo XV, dónde al declararse una epidemia de peste en 1477 se fundó una cofradía que, bajo la denominación de Confraternità di San Rocco, se dedicó al hospedaje de enfermos de peste. Desde la ciudad de los canales, su culto se extendió posteriormente por el mundo germánico y los Países Bajos. Ya avanzado el siglo XVI su devoción había alcanzado casi todos los rincones del mundo católico, incluso gran parte de la América latina.


Dada la frecuente periodicidad con que, en siglos pasados, pestes y epidemias azotaban pueblos y ciudades de Europa, no es de extrañar que en muchos lugares se sintiera la necesidad de dedicar una ermita -aunque solo fuera una humilde construcción- a este santo protector.

Y en los pueblos en los que no llegara a levantarse una ermita dedicada al santo, seguro que no faltó una imagen de San Roque en alguno de los altares de la iglesia parroquial.



Según la tradición, San Roque nació en Montpellier (entonces perteneciente al Reino de Mallorca) hacia el año 1295, y se dedicó a peregrinar por media Italia, ayudando a los enfermos de peste, enfermedad que hacía estragos por aquellos tiempos. Cuenta la leyenda que, cuando el propio Roque cayó enfermo, decide internarse en los bosques de Piacenza, para evitar el contagio a otras personas; no falleció de inanición gracias a que diariamente un perro le llevaba un panecillo en su boca; un buen día, el dueño del perro, un noble llamado Gottardo Pallastrelli, decide seguir al can, y es así como descubre al pobre Roque; aquí existen varias versiones de la leyenda, pero la más atractiva dice que fue el propio perro el que curó al santo, al lamerle diariamente la herida que presentaba en una pierna.


Por eso, la iconografía clásica de San Roque nos presenta al Santo mostrando su pierna (generalmente, la izquierda) herida y, al lado derecho, un perro con un panecillo en la boca. Aunque, a veces, también aparece un ángel al lado contrario del perro, señalando la pierna herida del santo.


El perro de San Roque se llamaba "Melampo" y, según un famoso dicho, fue un tal Ramón Ramírez quien le cortó el rabo. También existen varias leyendas que justifican la ausencia de rabo del can. Una de ellas cuenta que, durante una epidemia de peste, las gentes del lugar acudían a la ermita de San Roque, solicitando la milagrosa curación de la enfermedad; el santero preparó unos polvos mágicos para que ayudaran en la cura, preparados a base de raspaduras del rabo del perro de San Roque; el negocio funcionó muy bien, pero el cánido se quedó sin rabo. Su festividad se celebra el 16 de agosto.


En contra de lo que mucha gente cree, el patrón de la ciudad de Santiago de Compostela no es el santo homónimo, sino San Roque. Y lo es desde nada menos que el año 1518, cuando la ciudad fue asolada por la terrible epidemia. Curiosamente, en la ciudad de San Roque (Cádiz), la patrona (Santa María Coronada) reina por encima del patrón (San Roque), aunque las fiestas se celebren en las mismas fechas para ambos.


Otros lugares de España cuyo patrón es San Roque: Tolox (Málaga), Navarrete (La Rioja), Churriana de la Vega (Granada), Serranillos del Valle (Madrid), Garachico (Tenerife), Lepe (Huelva), Ceutí (Murcia), Navaleno (Soria), etc.


En toda la provincia de Burgos abundaban las ermitas dedicadas a San Roque. En la vecina comarca de Odra-Pisuerga, por ejemplo, existen aún un buen número de ermitas bajo su advocación (alguna ya desacralizada): Villanueva de Odra, Villahizán de Treviño, Quintanilla de Ríofresno, Fuenteodra, Villalbilla de Villadiego, Sandoval de la Reina, Rezmondo, Salazar de Amaya y Sotovellanos.

Pero más sorprendente resulta que, a mediados del siglo XIX, en los alrededores inmediatos de Huérmeces (a menos de 14 km en línea recta), fueran unas dieciséis las ermitas dedicadas al santo.(1)




Y digo fueran porque a nuestros días únicamente ha llegado íntegra una de aquellas (Sotragero); la suerte de las otras quince ha sido dispar, dentro del tono apocalíptico general: de doce ermitas no queda ni rastro; de dos quedan poco más que parte de los muros perimetrales (Tobar y Úrbel);  y otra -relativamente afortunada- fue reconvertida en cementerio hace más de un siglo (Hormazuela), conservando al menos sus muros perimetrales, una ventana y la portada.

La única superviviente, la ermita de Sotragero, quizás lo haya logrado gracias a que era la única que se ubicaba en un alto, libre pues de intereses agronómicos o urbanos.


De la mayor parte de las desaparecidas (o arruinadas) no se conserva -que yo sepa- ni una triste fotografía. En estos casos, queda constancia de su existencia únicamente en el Diccionario de Madoz y, a veces, en viejos planos de principios del siglo XX.

De otras (Ros, Avellanosa, Lodoso), sí que es posible encontrar fotografías en Internet, dada la reciente data de su ruina o demolición.


En algún caso, existía en el pueblo en cuestión otra ermita que acabó por monopolizar la devoción de sus fieles: Las Nieves en Quintanilla Sobresierra, Las Mercedes en Montorio, La Cuadra en Mansilla  o Santa Marina en Lodoso; en otros, la abundancia de ermitas -aún en tiempos recientes- era tal que se acabó por no prestar atención a ninguna (Avellanosa: Santa Eulalia, San Juan, San Roque y Sagrada Familia).


En Úrbel, la única ermita superviviente (San Esteban) fue reconvertida en vivienda privada. También Marmellar de Abajo, Tobar, Masa, Mata, La Nuez de Abajo, Rioseras, Quintanilla-Vivar y Ros se quedaron sin ermitas. Y Hormazuela, como comentamos, se consoló pensando que el alma de sus fallecidos descansaría en un lugar más que consagrado.

De norte a sur y de oeste a este, estas son siete de las ermitas de San Roque que se quedaron por el camino, y de las que aún es posible seguir su pista en viejos mapas. Su desaparición se produjo al compás tanto de los avances médicos en materia de epidemiología como del no menos poderoso avance del despoblamiento rural.


1. Ermita de San Roque en Úrbel del Castillo:




Estuvo situada en el cruce entre la carretera Burgos-Aguilar y la vía de acceso al pueblo, allí donde hoy se levanta un pequeño mesón que estuvo activo hasta mediados de los años noventa del pasado siglo. Hoy apenas persiste una pequeña parte del edificio de la ermita, adosada al citado mesón.


 
La ermita es citada en el Madoz (1852): "dos ermitas, dedicadas a San Esteban y San Roque". Sin embargo, no aparece en las planimetrías realizadas en 1914, dentro de las labores preparatorias para la elaboración del Primer Mapa Topográfico Nacional a escala 1:50.000. Quizás para entonces el edificio ya estuviera desacralizado, aunque extraña que no aparezca siquiera el signo convencional correspondiente.
Si que encontramos la ermita de San Roque en el mapa de Coello (1868), aunque únicamente por su signo convencional, correctamente situada a la otra orilla del Úrbel, con respecto al pueblo. También se aprecian los tres barrios en los que se encontraba dividido el pueblo, el castillo y la ermita de San Esteban.

2. Ermita de San Roque en Quintanilla Sobresierra:


Estuvo situada al lado del viejo camino entre Quintanilla y Hontomín, a escasos 200 metros al este del pueblo, un poco antes de la Casa Sola. En los años setenta, cuando se realizaron las obras de acceso a la fábrica de explosivos instalada en el páramo, ya nada quedaba de la vieja ermita.


Citada en el Madoz: "... y dos ermitas, tituladas Nuestra Señora de las Nieves y San Roque." También aparece dibujada y rotulada en las Planimetrías de principios de siglo (1911), por lo que suponemos que en aquellos tiempos se mantenía aún techada, aunque desconocemos si se mantenía el culto. En las fotos del vuelo de finales de los setenta ya no aparece rastro alguno de la ermita.
 3. Ermita de San Roque en Hormazuela:




Situada a la salida del pueblo, al lado derecho de la carretera que se dirige a Bustillo del Páramo. Reconvertida en cementerio desde finales del siglo XIX o principios del XX. Se conservan la puerta de entrada, una pequeña ventana y los cuatro muros. La reutilización de antiguas ermitas como cementerios es relativamente habitual en La Comarca




A mediados del siglo XIX aún se mantenía abierta al culto, ya que en el Madoz se recoge que el pueblo tiene: "una iglesia parroquial (San Pantaleón), con su cementerio contiguo a la misma, servida por un cura párroco y un sacristán; y una ermita, a la parte meridional en el término." Aunque no se especifique su advocación, está claro que se refiere a la ermita de San Roque.



En las planimetrías y planos de población de 1914 la ermita ya aparece reconvertida en "camposanto". 


4. Ermita de San Roque en Tobar:












Sus restos se encuentran situados en una pequeña terraza, a las afueras del pueblo, que se eleva muy cerca de la carretera que se dirige a Manciles. En sus proximidades existe un viejo lavadero de hormigón, también abandonado. Hoy únicamente sobreviven sus muros, habiendo sido reutilizada recientemente su cabecera para la construcción -en madera de reciclaje y plástico- de un chamizo juvenil. La vegetación, poco a poco, va invadiéndolo todo

Aparece citada en el Madoz: "... y una ermita dedicada a San Roque." También lo hace en el plano de población de 1915, aunque desconocemos si en esas fechas aún mantenía el culto. En las fotos del vuelo de finales de los setenta se vislumbran sus ruinas.







 

5. Ermita de San Roque en Avellanosa del Páramo








Hasta hace cuatro años (otoño de 2014), los restos de esta ermita aún resultaban patentes, en mitad de una finca situada a poco más de un kilómetro al norte del pueblo, a la izquierda del camino que sube hacia Los Tremellos.


La ermita se habría mantenido en pie -techada- hasta mediados de los años 80 del siglo pasado, aunque seguramente el culto se habría abandonado algún tiempo antes.


Citada en el Madoz junto con las otras tres ermitas del término: "... y cuatro ermitas con advocación de San Juan, San Martín, Santa Eulalia y San Roque." Desconozco si su ubicación original tiene alguna relación con el despoblado de Quintanafruela, situado kilómetro y medio camino arriba, en los alrededores del molino de Las Celadas.



También aparece dibujada y rotulada en las planimetrías realizadas en Avellanosa en el año 1909. Y en el vuelo fotográfico de finales de los años setenta, aún con su cubierta íntegra.



6. Ermita de San Roque en Ros:



Hasta hace unos treinta años, aún persistían sus muros a las afueras del pueblo, al lado de la carretera de Los Tremellos, aunque el tejado ya había colapsado y el culto había sido abandonado con anterioridad. Su buena piedra fue vendida a un conocido empresario, quien sabe si para parchear una vieja construcción o para ser reimplantada en su nueva ubicación.




De todas las ermitas de San Roque ya desaparecidas, esta de Ros es la que aparece en Internet con mayor frecuencia. Se trata de fotografías realizadas en los años sesenta y setenta, principalmente, aunque también se encuentra una tomada en los años veinte por Demetrio Angulo. 



En el Madoz, aparece citada: "... ocho ermitas y varios caseríos; actualmente solo hay dos de aquellas, una denominada de Nuestra Señora de Riosuso, a dos tiros de fusil del pueblo, y otra (San Roque) mucho más inmediata."


En las planimetrías de 1911 aparece dibujada y rotulada, consignándose también sus dimensiones: 16,00 x 7,00 metros. En el vuelo fotográfico realizado a finales de los años 70 del siglo pasado, también aparece la ermita, aún techada. 

 7. Ermita de San Roque en Lodoso:




Su edificio cuasi arruinado se mantuvo en pie hasta el año 1986, y estaba situado en el cruce entre la carretera de acceso al pueblo y la que comunica Mansilla con Pedrosa de Río Úrbel. Su culto se había mantenido hasta los años cincuenta, pero tras su abandono se procedió a su derribo por motivos de seguridad. La imagen del santo, carcomida, fue restaurada por un descendiente del pueblo establecido en tierras asturianas.






Es citada en el Madoz: "... y dos ermitas bajo las advocaciones de San Roque y Nuestra Señora del Campo, hallándose esta a 100 pasos al oeste del pueblo, y aquella a 200 al este del mismo."




Aparece dibujada y rotulada en las planimetrías de principios de siglo XX (1909), apuntándose sus dimensiones exteriores: 20 x 10 metros. También aparece en el vuelo fotográfico de finales de los años setenta, con parte de la cubierta ya colapsada.

NOTA:

(1) Según el Diccionario de Madoz, a mediados del siglo XIX también existían ermitas dedicadas a San Roque en estos ocho pueblos cercanos a Huérmeces:
-La Nuez de Abajo: "... y finalmente dos ermitas (Santiago el Mayor y San Roque), la primera, que fue la antigua parroquia, se halla a distancia de medio cuarto del pueblo, y la otra junto a este." Se constata su presencia en el mapa de Coello (1868), al oeste del pueblo.
-Mansilla: "... y dos ermitas bajo las advocaciones de San Roque y Nuestra Señora de la Cuadra, ambas en el término, sirviendo la primera de cementerio."
-Marmellar de Abajo: "... a medio cuarto de la población se encuentra una ermita bajo la advocación de San Roque." Aparece en los mapas de principios del siglo XX, al SW del pueblo, en el camino de Villarmentero, rotulada como "ruinas".
-Montorio"... dos ermitas (San Roque y Nuestra Señora de la Merced) en el término, la primera próxima al pueblo y la otra en un alto al este de aquel." La ermita estaba situada a unos 250 metros al Este del pueblo, en el hoy cruce entre la carretera de las canteras y la que lleva a la ermita de Las Mercedes. En las planimetrías de 1914 aparece consignado únicamente el nombre del paraje, por lo que cabe suponer que la ermita ya había desaparecido por entonces. En el mapa de Coello (1868) tampoco aparece.
-Masa: "... y una ermita bajo la advocación de San Roque, en el término conocido con este mismo nombre." Aparece en los mapas de principios del siglo XX, al sur del pueblo, en el camino hacia Quintanilla Sobresierra.
-Mata: … y por último una ermita (San Roque) en medio de la población."
-Quintanilla Vivar: "... y una ermita (San Roque) tocando al pueblo."
-Rioseras: "... una ermita en el centro del pueblo (San Vicente), otra en despoblado titulado San Roque." Hoy en día, la vieja ermita de San Roque hace las veces de iglesia parroquial, a la espera de que la antigua titular -San Saturnino- sea algún día rehabilitada.

















FUENTES:

-Página web de Avellanosa (fotografías)

-Página web de Ros (fotografías)

-Página web de Lodoso (texto, y fotografía de José Rocha)

-Cartografía antigua (planimetrías y planos de poblaciones) procedente del Centro Nacional de Información Geográfica Centro de descargas del CNIG
-Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Pascual Madoz (1845-1850); Provincia de Burgos, Ámbito Ediciones (1984)

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