sábado, 26 de noviembre de 2022

Los treinta y dos párvulos difuntos de Úrbel del Castillo (1861-1866)


Párvulo: del latín parvus, parvulus, niño de corta edad, que no ha alcanzado la edad escolar; en los libros parroquiales, se consideran párvulos a los niños de menos de siete años de edad; en algunas parroquias, existía un libro de defunciones específico para párvulos, debido a las altísimas tasas de mortalidad infantil registradas en tiempos pasados


Si hace quince días contábamos la triste historia de la niña Romualda, hoy presentamos otro asunto relacionado, y no menos triste: el predominio absoluto de párvulos y niños en los apuntes funerarios de los libros parroquiales de mediados del siglo XIX; esto es, los elevadísimos índices de mortalidad infantil en aquellos tiempos.

Cuando encontramos la partida funeraria de la niña Romualda, fallecida en Úrbel del Castillo a los dos días de su nacimiento en Moradillo del Castillo, nos sorprendió el elevadísimo número de niños de corta edad que aparecían como fallecidos en aquel mismo año (1861); consultamos los cinco años siguientes y la tónica era más o menos similar. 




En los seis años referidos (1861-1866), fallecieron en Úrbel un total de 52 personas. De ellas, 32 eran párvulos; de estos 32 párvulos, 20 eran niñas y 12 niños.

No hemos consultado aún el libro de finados de la parroquia de Huérmeces para esos mismos años, pero suponemos que los resultados serían muy parecidos.

He resumido la relación de las 52 personas fallecidas en Úrbel en el periodo 1861-1866, consignando únicamente el nombre de pila del fallecido, la fecha de entierro, el estado civil (cuando procede) y la edad a la que se produjo el fallecimiento.

He resaltado en verde los asientos correspondientes a párvulos (niños menores de 7 años). Todos los apuntes fueron realizados por el entonces cura párroco de Úrbel, Faustino Bañuelos Vicario.







  • Vicenta (*) y Emilia (*) eran mellizas, de cuatro meses de edad, fallecieron con dos días de diferencia
  • Petra (*): falleció a los 22 meses; "hija perteneciente a la Real Casa de Expósitos de la ciudad de Burgos ... estaba al cuidado de Patricia Ornilla, su nodriza, natural de Montorio y vecina de Úrbel"
  • Eustoquio (*) e Inocencia (*): eran hermanos, fallecieron a los 11 días y a los 10 años de edad, respectivamente, y lo hicieron con nueve días de diferencia; sus padres eran "pobres de solemnidad", por lo que los entierros de las criaturas fueron de "cuarta clase" y "sexta clase", respectivamente
  • Francisca (*): falleció a los 18 meses e edad; "hija de padre incógnito", por lo que su primer apellido era Santa María, y su segundo respondía al apellido de la madre

En cuanto al predominio del número de párvulas fallecidas (20) sobre el de párvulos (12), hay investigadores que postulan como posibles motivos ciertos comportamientos discriminatorios en la alimentación de las niñas, así como una sobreactividad doméstica y laboral a edades tempranas.

Otro parámetro a destacar es el elevado número de párvulos fallecidos en el año 1861 (10), en contraste con el registrado en los cinco años restantes: 1862 (2), 1863 (4), 1864 (6), 1865 (6) y 1865 (4). Dada la cortedad del período estudiado (1861-1866), no es posible establecer si se trata de un hecho excepcional o, por el contrario, de algo relativamente frecuente. Por otra parte, tampoco hemos encontrado que, en dicho periodo, se produjera alguna epidemia especialmente virulenta en la zona.

En aquellos años, Úrbel del Castillo tendría una población aproximada de 69 vecinos y 242 almas (Censo de 1857).




La mortalidad infantil en aquellos tiempos alcanzaba unos índices muy elevados, de tal manera que un 25% de los niños nacidos no llegaba al año de edad, y un 44% de los niños nacidos no llegaba a los seis años de edad.

Las causas principales de aquellas elevadísimas tasas de mortalidad infantil hay que buscarlos en:

  • las enfermedades infecciosas (viruela, sarampión, paperas, rubeola) que, en aquellos tiempos anteriores a los avances médicos y farmacéuticos de principios del siglo XX, causaban estragos entre los niños de corta edad
  • la ausencia de condiciones higiénicas en el parto que, normalmente, acontecía en los propios hogares
  • la malnutrición generalizada, fruto del contexto socio económico de la España de aquellos años


En España existían sensibles diferencias regionales, de manera que los índices de mortalidad infantil eran más elevados en las regiones históricas de Extremadura, Valencia, Andalucía, Castilla la Vieja (excepto Cantabria) y Castilla la Nueva; por el contrario, dichos índices eran más bajos en toda la cornisa cantábrica (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y Navarra), León, Baleares y Canarias.

Las causas principales de esta diferenciación regional podrían ser:

  • Las condiciones climatológicas más extremas, propias del interior peninsular, con rigurosos inviernos y calurosos veranos
  • La mayor frecuencia de lácteos en la dieta de las regiones de la cornisa cantábrica y zonas de montaña; sobre todo en zonas donde existía una cierta complementariedad entre actividades agrícolas y ganaderas, garantizando una mayor disponibilidad suplementaria de alimentos
  • Una mayoría de población residiendo en zonas rurales, con fáciles intercambios comerciales a corta y media distancia, así como una mejor defensa epidemiológica, en relación con las áreas urbanas
  • Una mayoritaria proporción de población agrícola propietaria o cuasi propietaria de unas explotaciones de tamaño medio y estructura familiar, garantizando la distribución de recursos alimenticios a todos sus miembros, particularmente, a los niños


ALGUNOS APELLIDOS FRECUENTES EN EL ÚRBEL DE 1861-1866

Alcalde, Alonso, Bañuelos, Crespo, Cuasante, Delgado, Díez, Fernández, García, Herrero, Ibáñez, López, Lozano, Marquina, Martínez, Moral, Ornilla, Pérez, Puente, Revilla, Rodríguez, Sáiz, Santa María, Terradillos, Vegas, Vicario,


FUENTES

Archivo Diocesano de Burgos: libro de finados de la parroquia de la Purificación de Úrbel del Castillo (1852-1879): partidas comprendidas entre la nº 269 y la nº 320, años 1861-1866.  

Geografía de la mortalidad española del siglo XIX: una exploración de sus factores determinantes. Francisco Muñoz Pradas. Boletín de la Asociación Española de Geografía, nº 40 (2005) [páginas 272-273, 286, 298, 301] 

La imagen de la muerte infantil en el siglo XIX. Andrea Fernández García (2005)

sábado, 12 de noviembre de 2022

La muy corta vida de la niña Romualda: de Moradillo del Castillo a Úrbel del Castillo (1861)


Durante una reciente visita al Archivo Diocesano, buscando ancestros en los libros parroquiales de Moradillo del Castillo, me encontré con un apunte bautismal del año 1861 que, aunque no guardaba relación alguna con lo buscado, me pareció que merecía la pena dedicarle alguna atención.


Fuente de Moradillo del Castillo


Y no porque dicho apunte bautismal contara una historia excepcional en aquellos años; eventos como el anotado en el libro de bautizados de Moradillo eran, desgraciadamente, bastante habituales: un niño recién nacido, padres que no pueden (!qué sería de "la honra" de la madre soltera!) o no quieren cargar con él, abandono en la puerta de un vecino cualquiera (o de un vecino cuidadosamente elegido por la madre, sabedora de la bonhomía de aquel) y, con suerte, la criatura sería entregada a la Casa de Beneficencia de Burgos, la única salida posible para casi todos aquellos niños abandonados.

He aquí la transcripción literal (se han añadido tildes y signos de puntuación, para facilitar su lectura y comprensión) del apunte realizado en el libro de bautizados por Telesforo Recio, párroco de Moradillo del Castillo en aquellos tiempos:


"En el lugar de Moradillo del Castillo, Diócesis de Burgos, Provincia de Burgos, a 7 de febrero de 1861. Yo, Telesforo Recio, cura beneficiado de esta iglesia parroquial de San Cristóbal, exorcicé, catequicé y puse los Santos Óleos a una niña, la cual, por hallarse en inminente peligro de muerte, fue bautizada de socorro por Victoriano Gutiérrez, vecino de este pueblo; hallada a la puerta de Tomás Martínez, el mismo que la encontró envuelta en una mantilla de muy poco mérito, de lino y lana, en un cesto muy deteriorado, la que parecía haber nacido el día anterior; hija de padres no conocidos, que su padrino para cumplir las ceremonias, el mismo Victoriano Martínez, de oficio molinero y estado casado, la puso por nombre Romualda; queda encargado para entregarla en la casa de expósitos de la ciudad de Burgos, Silverio Peña, vecino de este."


Hasta aquí el apunte bautismal, triste de por sí, pero con una bocanada de esperanza en su parte final: la niña sería llevaba al hospicio de la capital provincial, dónde podría aspirar a ser adoptada (prohijada) por una pareja sin descendencia o dónde, al menos, tendría un techo bajo el que cobijarse y un plato con el que alimentarse.

Desgraciadamente, el asiento bautismal tiene un pronto epílogo, manifestado en el breve texto que aparece anotado en el margen superior izquierdo de aquel; en letra más pequeña puede leerse, en la misma caligrafía del párroco Telesforo:


"Romualda, de padres incógnitos, murió en Úrbel del Castillo, antes de llegar a la Casa de Beneficencia. Consta de certificado".


Por su parte, en el Libro de Difuntos de la parroquia de Úrbel del Castillo encontramos el apunte correspondiente al cristiano entierro de la niña Romualda, anotado un día después del asiento bautismal consignado en Moradillo:


"En el lugar de Úrbel del Castillo, diócesis y provincia de Burgos, a 8 de febrero 1861; yo, don Faustino Bañuelos, cura beneficiado de la parroquia de la Purificación de dicho lugar, mandé dar sepultura en el cementerio público de la misma, al cadáver de Romualda Santa María, párvula, hija de padres incógnitos, de edad de dos días, que conduciéndola Celedonia López, vecina de Moradillo del Castillo, a la Casa de Beneficencia, murió en este de Úrbel el día 7 de dicho mes, a las ocho de la noche; cuya párvula estaba bautizada de socorro por Victoriano Gutiérrez, vecino de dicho Moradillo, como se me hizo constar por copia dada por don Telesforo Recio, cura beneficiado del dicho Moradillo; que fue quien la dio nombre y aplicó los exorcismos y Santos Óleos, y para que conste autorizo la presente partida, fecha ut retro".


El apellido otorgado por el cura Faustino Bañuelos a Romualda, Santa María, era el habitual -en la provincia de Burgos- para los niños de padres desconocidos. Recordemos que la catedral de la capital provincial está consagrada a dicha advocación.

Una triste historia. Y corta, muy corta, de apenas dos días de duración. Y ya hemos dicho que frecuente, muy frecuente; hasta tal punto que raro será el libro parroquial que no recoja hechos similares. 

Tanto el abandono de niños recién nacidos como la práctica de realizar "bautismos de socorro" (o "bautismo con agua de socorro", realizado por seglares), eran sucesos bastante comunes aunque, estos últimos solían ser realizados por el médico del pueblo, o bien por alguna de las personas asistentes al parto, que era cuando solían presentarse estas situaciones.

En el apunte correspondiente del libro de bautizados para aquellos casos de "bautismo de socorro", el cura párroco consignaba el texto "exorcicé, catequicé y puse los Santos Óleos" en lugar del texto habitual "bauticé solemnemente"

La niña Romualda, además, cumplía la doble condición de "expósito" (abandonado, expuesto) e "hijo de padres desconocidos", por lo que el cura Telesforo tuvo que adaptar el apunte bautismal a dichas condiciones, siguiendo los formularios modelo instaurados por el arzobispado de Burgos, de tal manera que también dejó anotado:

  • el lugar donde "se halló expuesto el niño", esto es, donde fue abandonado: "hallada a la puerta de Tomás Martínez, el mismo que la encontró..."
  • detalles de los envoltorios que protegían del frío el cuerpo del recién nacido: "una mantilla de muy poco mérito, de lino y lana, en un cesto muy deteriorado"
  • el nombre, la profesión y el estado civil del vecino que procedió a realizar un bautismo de socorro: "Victoriano Gutiérrez, de oficio molinero y estado casado"
  • el día aproximado de nacimiento: "la que parecía haber nacido el día anterior"
  • cualquier información adicional que el cura párroco considere de interés por lo especial del caso: "queda encargado para entregarla en la casa de expósitos de la ciudad de Burgos, Silverio Peña, vecino de este" 


Nos puede llamar la atención el hecho de que, aunque la recién nacida fuera abandonada en la puerta de la vivienda de Tomás Gutiérrez, fuera el molinero Victoriano Martínez el que tomara la iniciativa de bautizar a la criatura. Quizás Victoriano fuera más espabilado, más joven o más diestro en estas lides, el caso es que fue el molinero el que supo pronunciar las palabras adecuadas para realizar el "bautismo de socorro" de la niña, a la que puso por nombre Romualda, en honor al santo del día, tal y como era costumbre en aquellos tiempos.


Molino del Zurdo, Moradillo del Castillo


Conviene recordar que Moradillo ha sido desde antiguo un lugar de cierta importancia molinera. En los tiempos del Catastro de Ensenada (mediados del siglo XVIII) existían nada menos que cuatro molinos sobre el Rudrón en el término de Moradillo. Hoy en día, a unos 400 metros al noroeste del pueblo, existe un imponente molino en ruinas, denominado de "El Zurdo", que molió hasta tiempos recientes. Por lo tanto, podemos considerar normal que fuera un molinero, más habituado al trato con gentes de diferente estado y condición, el que realizara el bautismo de la niña.


Molino del Zurdo, Moradillo del Castillo


En cuanto a Silverio Peña, el vecino encargado de trasladar a la niña hasta Burgos, suponemos que dicho encargo recayó en su persona por tratarse de un arriero, mulero, o persona que conociera bien la ruta hacia Burgos o que la realizara habitualmente. Desconocemos si Celedonia López, la persona que aparece mencionada como conductora de la niña, era la esposa de Silverio o alguien de su confianza.

Suponemos que, considerando la larga distancia que separaba a Moradillo de la capital provincial (unos 60 km por el viejo camino real de Burgos a Reinosa, lo que suponía dos jornadas de viaje), Celedonia realizaría el viaje con la niña a lomos de una mula y acompañada por algún que otro adulto. Y por lo que parece, el traslado de la niña se inició inmediatamente, ese mismo día 7 de febrero.


Úrbel del Castillo, 161 años después de la triste llegada de Romualda al pueblo


Ya sabemos que apenas cubrieron un cuarto del total de la ruta porque, en Úrbel, a unos 15 km de Moradillo, la niña falleció. Y que allí mismo fue enterrada Romualda, tal y como se recoge en el libro de finados.

El febrero castellano no era el mejor momento para realizar un largo viaje con una niña recién nacida cuyo cuerpo, además, ya habría soportado horas de intemperie a la puerta de la casa del vecino dónde fue abandonada. Un viaje quizás demasiado largo para una vida tan corta... 


APÉNDICES

1. EL NOMBRE DE LA NIÑA

El viejo santoral dice que el 7 de febrero se celebraba la onomástica de San Romualdo, fundador. Por lo tanto, si el recién nacido era una niña, recibiría el nombre de Romualda, sin más complicaciones. Aunque en el propio apunte bautismal se diga que la criatura nació, probablemente, el día anterior.

En España, hoy en día, 356 mujeres llevan por nombre Romualda; una edad media de 70,5 años indica que no ha sido un nombre popular durante las últimas décadas, al contrario de lo que sucedía en las primeras del pasado siglo, años en los que se seguía aún la costumbre de consultar el santoral a la hora de elegir nombre para los recién nacidos. El nombre de Romualda gozaba de cierta popularidad en Badajoz, Toledo, Ciudad Real, Córdoba y Jaén. Un nombre con cierto arraigo sudoccidental, parece.


2. LA RUTA DE MORADILLO A BURGOS, PASANDO POR ÚRBEL

En aquellos tiempos, el viaje entre Moradillo y Burgos supondría un largo desplazamiento. Por las sendas y caminos de entonces, unos 60 km de duro trazado. 

Primero había que ascender a los páramos que separan las cuencas del Rudrón y del Úrbel-Talamillo, salvando los más de 200 m desnivel existente entre ambas.

Desde Moradillo, varias son las rutas posibles para alcanzar el Camino Real de Burgos a Reinosa, aunque la más utilizada podría ser la que partía del pueblo vecino de Santa Coloma; allí se enfrentarían a la dura ascensión hasta que, pasando cerca de La Rad, la senda enlazaría con el Camino Real a la altura de Santa Cruz del Tozo.

Una vez en el Camino Real, la ruta continúa por La Piedra, Quintana del Pino y Úrbel. Estos primeros 15 kilómetros supondrían media jornada de camino, sobre todo en invierno, como era el caso (primeros de febrero). Desde Úrbel, por el Alto del Caracol y Ruyales, se alcanzaría Huérmeces al final de la primera jornada, tras 32 km de viaje.


Mapa de Coello (1868): en doble línea, el Camino Real de Burgos a Reinosa, por Úrbel

Desde Huérmeces, por La Varga, tendrían otros 28 km de recorrido hasta alcanzar la ciudad de Burgos; otra jornada de viaje.

Durante los años centrales del siglo XIX, tanto Moradillo como Úrbel eran dos pueblos de pequeño tamaño, aunque Úrbel tuviera la ventaja de encontrarse en pleno trazado del Camino Real de Burgos a Reinosa, mientras que Moradillo se encontraba en lo más profundo de los cañones del Rudrón, lejos de toda ruta importante.

Esta ventaja geográfica y topográfica de Úrbel se traducía, lógicamente, en una mayor importancia demográfica.  Según el Censo de 1857, el primero realizado en España con técnicas estadísticas modernas, la población de Moradillo del Castillo alcanzaba los 40 vecinos y 132 almas; por su parte, Úrbel del Castillo presentaba 69 vecinos y 242 almas, casi el doble que su medio homónimo.


3. MORADILLO Y ÚRBEL: DOS PUEBLOS CERCANOS, AUNQUE DISTANTES

En línea recta, apenas 9 km separan a Moradillo y Úrbel del Castillo. Sin embargo, las aguas de Moradillo drenan al Rudrón, dentro de la cuenca del Ebro, mientras que las de Úrbel lo hacen al río homónimo, dentro de la cuenca del Duero. Y esta diferenciación hidraúlica se tradujo en encuadres administrativos también diferentes: ya desde los alfoces y merindades medievales, hasta los arciprestazgos eclesiásticos y partidos judiciales del siglo XIX.

En aquellos años centrales del siglo XIX, Moradillo estaba incluido en el arciprestazgo de La Rad, y su párroco era el ya referido Telesforo Recio, que tenía 47 años de edad en 1861, cuando realizó el apunte bautismal de la niña Romualda.

Por su parte, Úrbel del Castillo pertenecía al arciprestazgo de Villadiego, y su párroco, Faustino Bañuelos, era ya un veterano cura de 56 años. Conviene recordar que, en muchos casos, el territorio de cada arciprestazgo tiene una plasmación casi idéntica al de los antiguos alfoces medievales.

En la Edad Media, Moradillo era la cabeza del alfoz homónimo (que comprendía los lugares de Ayoluengo, Bañuelos, Ceniceros, Lorilla, Moradillo, La Rad, San Andrés de Montearados, Santa Coloma, Sargentes, Tablada, Terradillos y Valdeajos), mientras que Úrbel pertenecía al alfoz de La Piedra (Fuenteúrbel, Montorio, La Nuez, La Piedra, Quintana del Pino, Santa Cruz del Tozo, Úrbel y Talamillo).

Algo parecido sucede en cuanto a las merindades menores, ya que Moradillo estaba encuandrado en la Merindad de Burgos con Río Ubierna (que englobaba a lo: alfoces de Burgos, Ubierna, Moradillo y Siero), mientras que Úrbel pertenecía a la Merindad de Villadiego (que englobaba a los alfoces de La Piedra, Panizares y Ordejón, entre otros)

Por último, a partir de la reforma territorial sufrida por el país con la caída del antiguo régimen señorial (1833), Moradillo pasó a pertenecer al partido judicial de Sedano, mientras que Úrbel lo hizo al de Villadiego.


4. EL ABANDONO DE RECIÉN NACIDOS

Siempre, y en todo lugar, se han abandonado niños, sobre todo recién nacidos. Cuando no existían instituciones benéficas, el futuro de estos niños era negro o, incluso, no existía. No era extraño que, en los casos más extremos, las criaturas fueran abandonadas en el monte, arrojadas al río caudaloso más cercano o a la sima más profunda... 

En algunos casos, el motivo del abandono podía ser la desesperada situación laboral o económica de los padres, ya con varios hijos que mantener; pero, en aquellos píos años, moral, religiosa y socialmente encorsetados por la doctrina de la iglesia católica, el motivo principal para el abandono de un niño era -casi siempre- la condición de soltera de la madre. En un pequeño pueblo, dónde la presión social era siempre más tangible, a la futura madre soltera no le quedaba otra opción que disimular el embazado lo mejor posible y, llegado el momento, deshacerse del niño.

Si el pueblo en cuestión se encontraba situado cerca de la capital provincial o bien comunicado con aquella, y la familia de la madre soltera tenía arraigo en el lugar, el niño sería entregado directamente a la beneficencia provincial al poco de producirse su nacimiento; el viaje a Burgos sería realizado por parte de algún familiar cercano a la madre y se procuraría mantener la máxima discreción, siempre pensando en el buen nombre de la madre y de su familia; en estos casos, en el libro de bautizados del pueblo no quedaría ni rastro del nacimiento del niño.

Sin embargo, en pueblos más alejados de la capital, o en el caso de familias pobres o poco arraigadas en el lugar, lo usual era abandonar al niño, normalmente de noche y convenientemente abrigado con variados ropajes, en los más diversos lugares: pórtico de la iglesia, puerta o ventana de la rectoría, puerta de la vivienda del alcalde o del médico, puerta de la vivienda de "un vecino de reconocida virtud". En estos casos, sí queda constancia del nacimiento del niño en el libro de bautizados de la parroquia correspondiente. Y solía ser el cura párroco el que decidiera sobre el futuro del recién nacido: normalmente, la entrega a la beneficencia. Ese fue el caso de Romualda.

A veces, junto al cuerpo del niño, en la cesta o entre los ropajes, aparecía una nota que recogía la fecha de su nacimiento y la condición de "no bautizado" del mismo, en un intento de facilitar las posteriores funciones bautismales del párroco de turno.

En ocasiones, sobre todo en la capital provincial, cuando una pareja sin descendencia tenía noticia de la entrada en el hospicio de un recién nacido, acudía al mismo con la intención de "prohijar" al niño; era lo más parecido a la figura posteriormente denominada adopción.

En la hemeroteca del Diario de Burgos encontramos múltiples reseñas que nos hablan de niños recién nacidos, abandonados en los más diversos lugares y situaciones, y con finales más o menos desgraciados. Por citar algunos ejemplos, todos ellos correspondientes al periodo de entre siglos y a las dos primeras décadas del siglo XX:

  • 14 de enero de 1894: Burgos, recién nacido abandonado, por "una madre desnaturalizada", en el paseo del Instituto, junto a una casa religiosa; entregado a la casa de expósitos.
  • 18 de diciembre de 1895: Burgos, recién nacido abandonado en "un pueblo de esta provincia", traído a esta ciudad por una vecina del mismo.
  • 5 de mayo de 1898: Quintanamaría, detención de la madre que abandonó a un recién nacido "por ocultar su deshonra"; también detenidos dos encubridores.
  • 18 de julio de 1898: Fuentecén, detenida una joven vecina del pueblo por haber dado muerte a un recién nacido, para "ocultar su deshonra".
  • 28 de junio de 1904: Mijangos, detenida la joven y "desnaturalizada madre" que en mayo pasado dejó abandonada a una criatura recién nacida en las inmediaciones de la villa de Oña.
  • 19 de diciembre de 1907: Vitoria, recién nacido abandonado a la puerta del palacio episcopal; el obispo, José Cadena y Eleta, "tomó bajo su amparo" a la criatura, que fue enviada a la Inclusa [en 1913, Cadena y Eleta fue nombrado arzobispo de Burgos, ocupando la plaza hasta su fallecimiento en 1918]
  • 14 de noviembre de 1910: Pino de Bureba, criatura abandonada en la ventana de la casa de un vecino; el recién nacido se encontraba envuelto en "varias ropas" y colocado "sobre una cesta de mimbre"; llevado al Hospicio Provincial de Burgos.
  • 19 de mayo de 1913: Villarcayo, recién nacido abandonado en el pórtico de una iglesia de la comarca; llevado al Hospicio Provincial en el coche correo.
  • 25 de enero de 1915: Palacios de Ríopisuerga, recién nacido abandonado en la ventana de la casa del cura; el ayuntamiento realizó la inscripción correspondiente en el Registro Civil y luego ordenó su ingreso en el Hospicio.
  • 23-24-25 de mayo de 1917: Huérmeces, encontrado el cadáver de un recién nacido flotando en el río Úrbel; detención en Baracaldo de la presunta infanticida, natural del pueblo vecino de Quintanilla Pedro Abarca; también fueron detenidos los padres, en calidad de encubridores; instruye diligencias el juzgado municipal de Huérmeces. 


5. LOS ASIENTOS, APUNTES O PARTIDAS EN LOS LIBROS SACRAMENTALES

La normativa vigente en aquel año 1861 era la que había sido publicada, apenas dos años antes, en los boletines eclesiásticos de los diferentes obispados y arzobispados, dirigidos especialmente a los curas titulares (propios) y sustitutos (ecónomos) de las miles de parroquias existentes en el país

A título de ejemplo, aquí tenemos los formularios publicados en el boletín eclesiástico del obispado de Sigüenza, de fecha 2 de agosto de 1859 (supongo que el arzobispado de Burgos publicó idénticas instrucciones en fecha parecida, pero no he sido capaz de encontrarlas):



Las autoridades eclesiásticas de la época estaban muy preocupadas por los relativamente abundantes casos de curas ineptos, irresponsables o dejados a la hora de cumplimentar las partidas de los libros sacramentales correspondientes. Por ello, insistía reiteradamente en la importancia de la "diligencia esquisita (sic) en llevar la estadística sagrada de sus hijos"

Las observaciones principales recogidas en aquellas instrucciones dirigidas a los curas eran las siguientes:


  • cada iglesia parroquial deberá llevar libros independientes de bautismos, confirmaciones, matrimonios y defunciones; cada volumen no constará de menos de 200 páginas ni más de 500
  • todos los libros se foliarán en cada una de sus hojas, consignando en la primera de ellas el número total de hojas útiles de que consta, estampando el sello de la parroquia
  • todos los libros llevarán numeración separada y correlativa (Libro I de bautismo, Libro II de bautismo, Libro I de matrimonio...)
  • las partidas sacramentales (bautismo, confirmación y matrimonio) y las de defunción se sujetarán estrictamente a los formularios incluidos en la presente circular
  • es de suma importancia el uso de tinta "de un negro permanente, cual merecen documentos de tanta importancia en el día y para los venideros"
  • en cada partida se dejará un hueco o margen de tres dedos de ancho (en el lado izquierdo) para anotar los nombres de los bautizados, casados o finados, junto con su filiación (nombre de los padres en el caso de bautizados; nombre de dos cónyuges en el caso de matrimonios; nombre de los padres si el difunto fuera soltero, nombre del cónyuge en caso de difuntos casados o viudos); también se anotarán en el margen notas de futuro: confirmación, casamiento o defunción del bautizado, por ejemplo, aunque esta norma se cumplía en pocos casos, dependiendo del celo profesional de cura de turno.
  • reglas estrictas para la corrección de errores u olvidos
  • recomendación de que las partidas se cumplimente inmediatamente después de la celebración del acto, dándoles las fecha del mismo día en que se extiendan
  • las cuatro últimas hojas de cada libro, se destinarán a un índice por orden alfabético de todas las partidas, indicando nombre y apellidos y el folio en el que se encuentra cada una (folio y vuelta); en muchos casos, estos valiosos índices o no se realizaron o han desaparecido; en otros, como es el caso de los libros de bautizados de Huérmeces, un párroco realizó, en tiempos recientes (Carmelo Vega Ortega, párroco del pueblo entre 1957 y 1959), un espléndido índice mecanografiado de todas las partidas bautismales desde 1611, facilitando sobremanera la tarea a futuros investigadores. Impagable.


6. APUNTES FAMILIARES

En Moradillo nació mi tatarabuela Eulalia Recio Bañuelos (1853), que contrajo matrimonio con mi tatarabuelo Narciso Varona Ubierna (Hces, 1848). Tuvieron cuatro hijos, todos ellos nacidos en Huérmeces: Bernardo (1878), Felisa (1880), Isabel (1892) y Clementina (1894). Bernardo, el mayor, fue mi bisabuelo.

Los padres de Eulalia también eran naturales de Moradillo: Santiago Recio Cuesta e Inocencia Bañuelos Lucio. Así como sus cuatro abuelos: José Recio y Juana Cuesta; Juan Antonio Bañuelos y María Lucio; los cuatro nacidos a finales del siglo XVIII.

Estos eran los nombres y apellidos que andaba buscando cuando me encontré con la partida bautismal de Romualda.


FUENTES

Archivo Diocesano de Burgos:

  • Parroquia de San Cristóbal de Moradillo del Castillo. Libro de Bautizados II (1852-1899), folio 25, apunte nº 4 del año 1861
  • Parroquia de la Purificación de Úrbel del Castillo. Libro de Difuntos (1852-1879), folio 30, asiento nº 270