domingo, 10 de abril de 2016

La Venta de Valtrasero, en Ruyales del Páramo



En Ruyales del Páramo, uno de los cuatro pueblos que componen el municipio de Huérmeces, existe un paraje denominado La Venta. Se encuentra a medio kilómetro al Oeste del pueblo, en el cruce de los caminos que se dirigen a Los Tremellos, Espinosilla, Las Arroturas y San Benito, justo en la embocadura del vallejo de Valtrasero.




Y la toponimia no suele mentir. Efectivamente, allí, a la vera del Camino Real, existió una venta hasta finales del siglo XIX o principios del XX.

En un viejo mapa provincial de Burgos, realizado por Francisco Coello en 1868, queda testimonio cartográfico de la existencia de dicha venta, con nombre y apellido: la Venta de Valtrasero.




Por razones que desconozco, en aquellos años la ruta del Camino Real de Burgos a Aguilar no ascendía al páramo de Ruyales por el recorrido que pasaba por Huérmeces, cruzaba el Urbel por el Puente del Barrio de La Parte (Puente Miguel) y ascendía el Alto La Cruz, sino que se desviaba en Santibáñez y ascendía entre Ros y Monasteruelo.

De todas formas, tanto si el páramo se ascendía desde Huérmeces como si se hacía desde Santibáñez-Ros, ambos trazados confluían en la Venta de Valtrasero, para luego seguir en dirección a Urbel del Castillo.

A la altura de la antigua venta, el Camino Real asciede suavemente por el vallejo de Valtrasero, camino de San Benito y el Alto del Caracol, para luego alcanzar Urbel del Castillo, siguiente parada y fonda.


Tras la dura travesía del páramo, debía de tener su importancia encontrar una venta en mitad de la nada, sobre todo en las crudas jornadas de tiempo extremo, tan habitual en estos lares.

Hay que tener en cuenta que desde Ros hasta la Venta de Valtrasero hay unos 7 km por el trazado del antiguo Camino Real; de los que 5 km son de travesía paramera, uno de fuerte subida y el restante de pronunciada bajada.

Tampoco hay que obviar el hecho de que desde la Venta de Valtrasero hasta Urbel del Castillo, el siguiente lugar civilizado en dirección Aguilar, había que recorrer unos 11 km, y con la dura subida del Alto del Caracol por medio.

Los antiguos caminos reales solían estar trazados por lugares elevados, huyendo casi siempre de los ríos, sus vegas encharcadas parte del año y sus traicioneras avenidas. Abundaban, pues, las leguas de caminos por páramos y pasos de montaña. Las ventas iban surgiendo de manera natural en estos lugares estratégicos, para dar cobijo y atender mínimamente a viajeros y comerciantes. Importante era el que existiera cerca un aprovisionamiento de agua (fuente o manantial, incluso charca).


El cruce de caminos en el que se ubicaba la Venta de Valtrasero, visto desde el páramo; el viejo Camino Real serpentea después de remontar el vallejo de Valtrasero, camino de San Benito y el Alto del Caracol


Como lugar de paso, el local estaría desprovisto de lujos, con predominio de dormitorios comunales, y con cuadra y pajar para los animales, ya que éstos eran el medio de transporte básico en aquellos tiempos. También podría disponer de una pequeña tienda, al estilo de las viejas cantinas de los pueblos. La cocina y la lumbre serían el espacio alrededor del cual girara la vida del establecimiento. Tampoco faltarían una huerta o un corral para autoabastecimiento de frutas, hortalizas, huevos, leche y carne.

La propiedad de la venta podía ser señorial, municipal o de simples particulares, que las arrendaban por períodos de tiempo pactados a los venteros que las regentaban.

Al encontrarse ubicadas en lugares solitarios y apartados, eran presa fácil de  bandoleros y asaltacaminos. Me cuentan en Ruyales que los últimos venteros de Valtrasero murieron asesinados por desconocidos hace mucho tiempo, y que desde aquel trágico suceso la venta ya no volvió a abrirse. 

La que si se abrió -a principios del siglo XX- fue la nueva ruta a Aguilar por el desfiladero de Fuente La Hoz y Montorio, por lo que cabría suponer que -aún sin crimen de por medio- ya por entonces la Venta de Valtrasero tenía los días contados.

En la linde de la finca que queda a la derecha del camino, en pleno cruce, aún pueden observarse, cuidadosamente apiladas, numerosas piedras que bien pudieron haber pertenecido al edificio de la antigua venta.


En cuanto al mapa de Coello -que no tiene desperdicio- en una próxima entrada comentaremos las muchas curiosidades que contempla en Huérmeces y alrededores.



Agradecimientos:

A Higinio Manjón, vecino de Ruyales, que me contó la -para mi y supongo que para otros muchos- desconocida historia del asesinato de los venteros. 


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