domingo, 19 de junio de 2016

El castro de San Vicente



San Vicente es una amplia meseta caliza, delimitada por una serie de vallejos y zonas bajas: Valdetope, Praos de Vega, desfiladero de Fuente la Hoz, Valdegabas, Valdefrailes y El Calero.

Esta amplia planicie se encuentra dividida en dos zonas bien diferenciadas, separadas por un visible estrechamiento, recorrido a su vez por una especie de vaguada transversal:

  • San Vicente Norte (40 hectáreas): algo más elevada (1030-1040 m), está casi completamente cubierta de monte bajo de encina, con la salvedad de los terrenos ocupados por la vieja base militar y sus accesos.
  • San Vicente Sur (6 ha): algo más baja (1010-1020 m), no mantiene apenas vegetación leñosa, únicamente una buena mata de encina en su extremo septentrional, al lado del corral, y alguna más pequeña dispersa por el resto de su superficie.



SIGPAC (ortofoto de julio de 2014)
La zona norte ha surtido de leña a los lugareños desde siempre, mientras que la sur ha sido utilizada como un buen pastizal de altura, con dos corrales para el ganado.   

La primera noticia relativa a la existencia de un castro en San Vicente data de 1977, a raíz de los trabajos de prospección arqueológica realizados por José Antonio Abásolo e Ignacio Ruiz Vélez, dentro del ambicioso proyecto de llevar a cabo la denominada Carta Arqueológica de la provincia de Burgos (1):

"Dominando el paso por el desfiladero, en el término "San Vicente" existe un castro. El emplazamiento es óptimo para una población de carácter defensivo pues es difícilmente alcanzable por todos los sectores menos por el N donde le protegía una muralla. Por este sector se puede acceder únicamente, y en él aparecen restos de lo que fue una poderosa muralla, pues a todo lo largo del frente hay un gran apilamiento de piedras. Su disposición es, sin duda alguna, la original, e incluso puede aventurarse la localización de la puerta de entrada. La importancia del castro debió ser grande, a pesar de que su extensión no es considerable, pero su localización y emplazamiento permitían dominar el paso para llegar al alto valle del Urbel. Debido a que hace mucho tiempo no está labrada su superficie, aparecen escasos restos cerámicos, pero de ellos el mayor número corresponde a fragmentos celtibéricos y alguno romano. También ha aparecido teja curva con acusado reborde. El hecho de aparecer cerámica común romana nos indica su continuidad en esa época."


Bing Maps (ortofoto de junio de 2010)




Una vez conocida la existencia de una castro en el lugar, las visitas a la "porción sur" de San Vicente adquieren otra dimensión. No puedes sino preguntarte el motivo por el cual en esta zona no existen apenas matas de encina, a diferencia de lo que ocurre en la zona norte del paraje.

San Vicente desde Itero: la flecha señala la vaguada artificial y, a la izquierda, la muralla del castro

La respuesta parece clara: San Vicente Sur estuvo poblado durante mucho tiempo, quizás hasta después de la romanización de la zona. Y el monte es incompatible con el asentamiento humano. Por razones defensivas, no conviene que existan obstáculos que impidan una buena visibilidad en torno a la población. Para el acopio de leña ya tenían otros montes cercanos, y la prioridad defensiva era clara en aquellos tiempos. Más tarde vendría el aprovechamiento ganadero de sus ricos pastos, lo que imposibilitó la regeneración del primitivo monte de encina.

La vaguada del estrechamiento, con el arranque de la muralla, a la izquierda, y el sustrato rocoso de la porción septentrional de San Vicente, a la derecha.
La vaguada, cayendo hacia Valdefrailes (Oeste)

La vaguada, cayendo hacia Valdetope (Este)

Si observas con atención la vaguada existente en el estrechamiento que separa las dos porciones de San Vicente, concluirás que tiene algo que le confiere un carácter artificial.

No está dirigida hacia una sola vertiente, como suele ser habitual, sino hacia las dos: en dirección a Valdefrailes por un lado, y en dirección a Valdetope, por otro.

No parece fruto de la mera erosión, del simple discurrir del tiempo. Probablemente, ha sido cavada por el hombre, a modo de foso, para acentuar aún más las propiedades defensivas de la muralla norte.  


La muralla, destacando sobre la vaguada
La muralla, vista desde el Norte, con la gran mata de encina
La muralla resulta evidente, destacando sobre el horizonte, cuando te aproximas al castro desde el Norte. Y eso a pesar de encontrarse desmantelada en parte, tanto por el paso de los siglos como por el aprovechamiento que de sus piedras han realizado generaciones de pastores para la construcción de los dos corrales existentes en el lugar.

La muralla protege la única zona por la que el castro resultaría fácilmente accesible: la norte-noroeste. En el resto del enclave, los importantes cortados calizos hacen irrelevante cualquier intento de levantar fortificaciones artificiales. 

La estructura constructiva de la muralla es muy simple, consistiendo en la simple acumulación de mampuestos toscos poco o nada trabajados. No hay obras de flanqueo, siguiendo un modelo conceptual sencillo y primitivo. 

Acceso al castro por el extremo Noroeste

El mismo acceso, visto desde el interior del castro
En el flanco NW se ve claramente el emplazamiento de la puerta de entrada al castro, tanto por la desaparición puntual de la muralla como por la presencia de rodadas en la roca caliza del sustrato, aunque aquéllas pudieran haber sido acentuadas por el trasiego de carros muy posterior a los tiempos del poblado.

La plataforma del castro tiene unas dimensiones máximas de 400 m de largo (N-S) por 150 m de ancho (W-E), con una superficie aproximada de 6 hectáreas, casi completamente llanas, con un corral en su mitad meridional. 

Plataforma del poblado, vista desde el sur

Plataforma, desde el norte, en las cercanías de la muralla; al fondo, matas arbustivas en el corral sur

 
Uno de los dos corrales con que cuenta San Vicente, en este caso el situado al sur de la plataforma

Las defensas naturales del castro son importantes, tanto en las empinadas laderas que caen hacia el Oeste (Valdefrailes), como en las que lo hacen hacia el Sur (Valdegabas) y el Este (Valdetope y Fuente la Hoz).

 
Cortado en la ladera de Valdefrailes

Cortado hacia Valdegabas y Fuente la Hoz: fuertes defensas

Ladera hacia Valdefrailes: abundancia de piedras procedentes de la muralla

Ladera hacia Valdetope: mejores defensas naturales

Parece ser que en los tiempos del poblamiento humano de San Vicente (Bronce Final y Primera Edad del Hierro), las condiciones ecológicas del medio eran más húmedas que las actuales, con más precipitaciones, ríos más caudalosos, abundancia de manantiales y mayor desarrollo de los bosques.

Nos encontraríamos ante una economía fundamentalmente ganadera, aunque con cierta importancia de los aprovechamientos silvícolas, y sin apenas transformación de los ecosistemas por parte del hombre, en un contexto de autoabastecimiento, escasa movilidad geográfica y casi ausencia de intercambios.

Los principales aprovechamientos serían:  madera, frutos secos (nueces, bellotas), frutos silvestres (manzanos, perales, guindos), setas, hongos, caza y pesca (truchas y carpas). Especial importancia tendrían los pastos naturales, realizando un vivaqueo por el monte con los animales (más trasterminancia que trashumancia) entre las zonas altas y bajas de un mismo valle. 

La composición de la cabaña ganadera era muy similar a la moderna: bovino, ovino, caprino y suidos, con presencia de équidos (caballo, asno) y cánidos (perro). La leche y sus derivados representan una parte importante de la dieta.

La caza tendría una importancia relativa: (ciervo, jabalí, gamuza, hurón, oso, marta y conejo), representando solo una pequeña parte de la dieta, debido a la relativa sedentarización de estas poblaciones.  

En cuanto a la estructura interior del poblado, poco puede aventurarse, por la ausencia  de prospecciones. Los referentes, hasta el momento, son las excavaciones realizadas en el castro de Los Baraones (Valdegama, Palencia) y La Ulaña (Humada, Burgos).(3)

Las viviendas serían "construcciones circulares con hogar casi central y postes, banco, zócalo de piedra y entramado de madera y barro, con suelo de tierra apelmazada."(2)

El castro de San Vicente pertenecería a la facies cultural (desarrollada -sobre todo- durante la Primera Edad del Hierro) denominada castros de altura, que se desarrolla en las tierras de las Loras -burgalesas y palentinas-, zona montañosa de Las Merindades y la montaña soriana. 

Estos poblados dejaron de utilizarse, al cambiar el modelo de poblamiento, al comienzo de la Segunda Edad del Hierro (500 años A.C.).

Es probable que sus restos pudieran volver a ocuparse, esporádicamente, en episodios puntuales de crisis, pero serían los pastores los que acabarían por hacer un mayor uso de las antiguas construcciones, tanto como refugios como corrales.

En la plataforma del castro también existió una ermita, por lo menos hasta el siglo XVI. Se desconoce su ubicación exacta. Probablemente, se levantó en los primeros años de la repoblación altomedieval (de finales del siglo IX a principios del X). 

El rico pastizal de San Vicente, a principios de verano






Para hacernos una idea de cómo era un poblado durante la Primera Edad del Hierro:

poblado cántabro de Argüeso 




BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:
  1. Carta Arqueológica de la Provincia de Burgos. Partido Judicial de Burgos, José Antonio Abásolo, Ignacio Ruiz Vélez, Diputación Provincial de Burgos (1977) [páginas 32-33]
  2. El patrón de poblamiento en las Loras burgalesas durante el Bronce Final y la primera Edad del Hierro, Ignacio Ruiz Vélez, Ramón Bohigas Roldán y Alfonso Bourbon de Izarra, Institución Fernán González, Burgos (2014)
  3. El castro de La Ulaña (Humada, Burgos). La documentación arqueológica (1997-2001), Miguel Cisneros Cunchillos, Pilar López Noriega, Universidad de Cantabria, Santander (2005) 



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