domingo, 7 de mayo de 2017

Matanza de cabras en un cementerio altomedieval




Poco después del alba de un día cualquiera de la primavera de 1969, un pequeño rebaño de cuarenta y nueve cabras enfila el camino de la ermita. En esta ocasión, sin embargo, el trasiego caprino es algo diferente al habitual. Aparte del madrugón, van sin la compañía del numeroso rebaño de ovejas con el que suelen compartir pastor. Y a éste le acompañan numerosos vecinos, lo que se sale completamente de lo común.

Al llegar a la altura del cruce de caminos situado al final de la tapia del Palacio de Arriba, tuercen a la derecha, en dirección a un paraje poco habitual en sus devaneos pastoriles: La Nevera.

Y allí, en aquellas arenosas laderas, parece que termina el periplo del día. Los caprinos, aunque algo se huelen, no pueden ni imaginar el destino que les espera. Mientras tanto, pastor y vecinos aguardan, nerviosos y apesadumbrados, la llegada de las autoridades veterinarias.


El camino de La Nevera arranca a la derecha del camino de La Ermita
La Ermita de Cuesta Castillo y la Coronilla, a vista de cabra a punto de ser sacrificada


Todo comenzó unos meses antes. A un aborto caprino le siguieron otros tantos. Algunas cabras presentaban claros síntomas de que algo no iba bien. Varios vecinos enfermaron, presentando un cuadro de fiebres ondulantes, de ocurrencia periódica. La brucelosis, y su manifestación humana, las fiebres de Malta, habían llegado al pueblo.

La relación causal entre un microorganismo denominado Micrococcus melitensis (hoy Brucella melitensis) y la enfermadad había sido establecida por David Bruce en 1887, mientras ocupaba el cargo de cirujano capitán de la armada británica en Malta, cuando muchos soldados presentaron un cuadro de fiebre ondulante que podía durar meses, pudiendo llegar, incluso, a resultar mortal.

Esta enfermedad infecciosa, con episodios recurrentes de fiebre, debilidad, sudoración y dolores vagos, es originada por un género de microorganismos hoy denominado Brucella, que se encuentra presente en las secreciones y excrementos de vacas, cerdos, ovejas y cabras. Esta  zoonosis se puede transmitir con facilidad a humanos, generalmente por contacto directo con animales infectados, por lo que afecta sobre todo a colectivos relacionados con el manejo del ganado: ganaderos, veterinarios y trabajadores de la industria cárnica.


Cárcavas de La Nevera, allí donde coexisten dos enterramientos: uno altomedieval, humano, y otro contemporáneo, caprino


Se dice que, en el brote de 1969, contrajeron las fiebres de Malta incluso vecinos que no disponían de cabras en sus casas ni en sus cuadras. Aunque no llegó a fallecer nadie por causa de la enfermedad, alguno de los afectados presentó un cuadro infeccioso severo, lo que le mantuvo postrado en cama durante varios meses.

La Nevera, el lugar escogido para realizar el sacrificio y posterior enterramiento de los caprinos, presentaba una serie de cárcavas que lo hacían idóneo para tal fin. Unicamente era necesario remover un poco su arenosa tierra para cubrir suficientemente los cuerpos sin vida de las cabras.

Y en ese momento surgió la sorpresa. Al cavar someramente en las paredes laterales de una de las cárcavas, apareció una piedra de contornos redondeados: una estela funeraria.

Posteriores trabajos de excavación sacaron a la luz varios ejemplares más de estas estelas, así como las correspondientes tumbas labradas, también en piedra. Se había descubierto un cementerio altomedieval.

Desde hacía mucho tiempo, en casi todas las laderas existentes entre La Coronilla y el pueblo, las labores de roturado y arado habían ido extrayendo continuamente piedras pertenecientes a antiguos enterramientos.

Así había sucedido, por poner dos ejemplos, en San Miguel, en una finca situada a unos 500 m al NE de La Nevera, y en La Horquilla, en otra localizada a unos 400 metros al SE. Incluso, en los años setenta, la chavalería veraneante realizó voluntariosas labores de excavación en alguna de las parcelas, sacando a la luz numerosas tumbas, algunas aún cubiertas por su losa correspondiente. Estelas no se encontraron.

Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos
¿Qué fue de las estelas encontradas en La Nevera? Se comentó en su día que alguna de ellas presentaba cuidadosos trabajos de labra e, incluso, inscripciones. Se comentó que algunas se vendieron a ávidos "anticuarios" de Burgos. Se comentó que las autoridades competentes se quedaron con otras, y que quizás reposen olvidadas en el almacén de algún museo. 

Otras reposan en el patio o en la cuadra de alguna casa de Huérmeces. Son aquellas que carecen de "valor comercial", bien por encontrarse dañadas, bien por ser de tosca labra y carecer de inscripción alguna. 







Hace unos años (2006), se efectuaron plantaciones de pino en la zona superior de las cárcavas de La Nevera, en un intento de frenar los procesos erosivos que sufren estos arenosos terrenos.


A consecuencia de las mismas, apareció una nueva estela, encontrada por un vecino del pueblo, que comunicó el hallazgo a la autoridad competente.







 


















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