domingo, 14 de mayo de 2017

El Molino de Voces, en La Nuez de Arriba




En un apartado y bello paraje, situado al otro lado de los resaltes calizos del Alto de San Pedro o Santa Lucía, encontramos las ruinas de un viejo molino. Uno más entre las docenas de molinos arruinados que pespuntean las riberas del Úrbel, Ubierna, Ruyales, Hormazuelas y Brullés, los principales ríos de La Comarca.

Los Castillejos y el pontón, dos viejos vecinos del molino de Voces


Se trata del antiguo molino de Voces, así llamado por la amplia pradera en la que se sitúa, en una zona en la que el río describe acusados meandros. Su casi desaparecido cauce molinar arranca a la altura de Fuente Tello, y tiene por fondo las recortadas rocas que forman Los Castillejos, muy cerca del vado y el pontón que allí cruzan el río Úrbel.

Voces y Los Castillejos desde El Romero: un abeto y un ciprés marcan la ubicación del viejo molino
La pradera de Voces, el molino y arriba, antes del cortado de la carretera de La Pinza, El Romero


El molino funcionó como tal hasta el año 1970, y su origen se remonta –como poco- a mediados del siglo XVIII.

En las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada (1752) encontramos, en relación con el molino de La Nuez de Arriba, lo siguiente:

“que en este lugar y sus términos solo hay un molino harinero, que muele todo el año, con una rueda, que pertenece al concejo y diferentes vecinos, lo lleva en renta Santiago González, su vecino, y paga anualmente quince fanegas y tres celemines de centeno, y deducidas regulan le quedan de utilidad quince fanegas de dicho pan”

Un siglo más tarde, en el Diccionario de Madoz (1850), también se hace referencia a la existencia en el pueblo de “un molino harinero, en mal estado”.


Los últimos molineros de Voces fueron Abundio Iglesias Fontúrbel y Amalia Arroyo Girón; y en el molino vivieron, junto con sus cuatro hijos (tres mujeres y un varón) hasta mediados de los años 70, cuando la familia se mudó a Úrbel del Castillo.


El molino nunca dispuso de tendido eléctrico, por lo que fueron candiles y –sobre todo- carburos los que alumbraron sus noches. En la rocosa ladera inmediata al molino brotaba una fuente (La Fuente del Molino) que cubría sobradamente las necesidades hídricas del molinero y su familia.



El edificio principal, de dos plantas y desván, cumplía las funciones de molino (de dos ruedas), vivienda, cuadra y palomar. En los años sesenta, Abundio levantó un anexo en ladrillo, que se utilizó como gallinero, horno y palomar.



En la cuadra vivían cinco vacas y dos cerdos, así como los cuatro burros y un macho que servían para realizar las funciones de acarreo propias del molinero. Nunca dispusieron, sin embargo, de ganado ovino, como era habitual entre las familias de labradores de la época.



El molino únicamente dejaba de trabajar aquellos lapsos de tiempo en los que las periódicas crecidas del Úrbel alcanzaban el nivel del rodezno metálico, lo que imposibilitaba su giro. En tiempos de nevadas más frecuentes que ahora, raro era el año cuyo invierno o comienzos de primavera no traía consigo algún desbordamiento del joven río.

El molino de Voces, hacia 1970, con la pradera anegada por una de las crecidas del Úrbel
 

Trillando, con bueyes y burros, en la era del molino de Voces



Además de molinero, Abundio también ejerció de labrador, por lo que en los terrenos anejos al molino existía una era en la que se desarrollaban las labores de trillado, beldado y cribado. Parte de la trilla solía realizarse con burros, que tiraban de trillos más ligeros que los utilizados con bueyes.




Las piedras de moler se traían desde Limpias (Cantabria) y estaban fabricadas a partir de rocas areniscas o conglomerados. El desgaste de las piedras era constante, por lo que el molinero siempre debía de disponer de suficientes ejemplares de reemplazo, tanto de la rueda inferior (solera o durmiente) como de la superior (volandera).

Hoy en día, aquellas viejas ruedas de molino constituyen un codiciado objeto decorativo, y son muy utilizadas como mesas de jardín. A principios del siglo XX, se extendió en la comarca el uso de las desgastadas piedras de molino como parte del pavimento con que cubrir la zona superior del atizadero de las glorias.

Vista desde Los Castillejos: camino que une el molino de Voces con el pueblo de La Nuez de Arriba, a través del Portillo



El cárcavo, allí donde se aloja y gira el metálico rodezno
El Portillo, el alto del camino que comunicaba pueblo y molino, contempló durante décadas el continuo trasiego de las mulas del molinero, acarreando sacas de grano y harina, a cambio de la maquila correspondiente. Los 800 metros de tortuoso camino no constituían un trazado cómodo ni para bestias ni para humanos.


También contempló, incluso en los episodios más crudos de aquellos inviernos, el diario periplo de los hijos del molinero, en su camino a la escuela de La Nuez.








En 1974 el molino fue vendido a una familia residente en la capital provincial, que lo utilizó como residencia de vacaciones y fines de semana hasta 1979.

En aquellos años se plantaron las dos coníferas que hoy se han convertido en destacados ejemplares de abeto (Picea abies) y ciprés (Cupressus sempervirens), que destacan sobre las ruinas del edificio principal. Un buen ejemplar de ciruelo japonés (Prunus pissardii), con su purpúreo follaje, crece en la parte frontal del edificio, contrastando con el resto de la vegetación espontánea que se ha adueñado del lugar.



Los Castillejos, desde el molino
Dos enormes sauces, al otro lado del cauce, completan el despliegue vegetal que rodea al molino.



Vendido de nuevo a principios de los ochenta, sus nuevos propietarios, residentes en una ciudad del Norte, no llegaron apenas a utilizarlo.



Y así, en aquellos años pródigos en abandonos y robos, comenzó el inexorable proceso que ha desembocado en la ruina total del edificio principal y de su anexo, en el desdibujado de su cauce, en la pérdida de sus eras y huertas. Y casi en el total olvido de quienes fueron sus últimos moradores y sus circunstancias.



El molino de La Nuez de Arriba, el molino de Voces, el molino de Abundio y Amalia, ya es historia.






El molino de Abundio y Amalia recreado por su hija, Mari Santos
Las ruinas del molino apenas se vislumbran entre la vegetación; el viejo pontón es hoy un puente de hormigón




Abundio Iglesias Fontúrbel nació en La Nuez de Arriba en 1904, y falleció en Úrbel del Castillo en 1979; Amalia Arroyo Girón nació en Úrbel del Castillo en 1917, y falleció en Burgos en 2014. Pedro Iglesias, padre de Abundio, fue el anterior molinero de Voces.



Una de sus hijas, María Santos, que vivió en el molino hasta los 17 años, regenta hoy un negocio de turismo rural en La Nuez de Arriba:








Agradecimientos: a Mari Santos, por haberme permitido acceder a viejas historias y fotografías familiares.

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