sábado, 24 de enero de 2026

Elena Varona de la Fuente, 46 años de maestra de párvulos en la misma escuela de Palencia (1909-1955)

 

No es la primera vez -ni será la última- que en este blog se trata de pergeñar la peripecia profesional y vital de un docente o de un grupo de docentes. Por aquí han pasado maestros represaliados en Huérmeces y otros pueblos del entorno, maestros que prestaron sus servicios en Huérmeces o en alguna pequeña aldea de los Páramos, maestros que impulsaron las denominadas conferencias pedagógicas, maestros que aparecían con sus alumnos en históricas fotografías de los años cuarenta y sesenta del pasado siglo...

En la presente entrada trataremos de un caso particular de docente. Una maestra, nacida en Huérmeces en 1885, que prestó sus servicios profesionales durante 46 años en la misma escuela, sita en la ciudad de Palencia.

El Diario Palentino, en su edición del día 22 de febrero de 1955, publica una reseña de llamativo título: "Cuarenta y seis años en la misma escuela. Se jubila la maestra de Párvulos doña Elena Varona".





Comencemos a contar la historia de la longeva docente retrocediendo setenta años en el tiempo, desde aquel día de febrero de 1955 en el que se publicó el destacado titular en la prensa palentina.


ELENA VARONA DE LA FUENTE: FAROLA DE NACIMIENTO

Elena Varona de la Fuente había nacido en Huérmeces el 24 de febrero de 1885 aunque su estancia en nuestro pueblo no debió de ser muy prolongada en el tiempo ya que, al año siguiente, su familia (formada por sus padres y un hermano de tres años) partió camino del siguiente destino profesional del cabeza de familia, Bonifacio Varona Díaz-Ubierna, como registrador de la propiedad en el partido de Sedano.


Censo Electoral Provincia de Burgos 1890: Ayuntamiento de Sedano


El padre de Elena, el referido Bonifacio Varona, falleció a los cinco años de tomar posesión de su plaza en Sedano, dejando viuda y dos hijos de corta edad: Benito (ocho años) y Elena (seis años). Suponemos que a la madre de Elena, María de la Fuente Ibáñez (49 años) le quedó una pequeña pensión -y algunos bienes convertibles- con los que hacer frente a su futuro y al de sus dos hijos.

Al año siguiente al fallecimiento de Bonifacio, encontramos a María solicitando la devolución de la fianza depositada en su día por su difunto marido en su condición de registrador de la propiedad interino del partido de Sedano.

Desconozco si María y sus dos hijos continuaron residiendo en Sedano o si se trasladaron a la capital provincial. El caso es que hacia el año 1903, Elena Varona de la Fuente comenzaría sus estudios de maestra en la Escuela Normal de Burgos. Debió de cursar dichos estudios sin grandes dificultades ya que, tres años más tarde, en 1906 ya se presenta a las oposiciones para maestras de escuelas de niñas con sueldo de 825 pesetas. 

Al año siguiente, en 1907, repite intento opositor, aunque ahora lo hace en la categoría de maestras a las escuelas "auxiliarias" de niñas con sueldo de 1.100 pesetas. Dos años más tarde, durante el primer trimestre de 1909, Elena volvía a participar en las oposiciones a maestras para escuelas de niñas, que se celebraron en Valladolid. Elena pasó todas las pruebas de aquellas oposiciones y quedó en disposición de eligir destino.


El Diario Palentino, 11 de mayo de 1909



A principios de mayo de aquel mismo año de 1909, Elena eligió la escuela "auxiliaria" de párvulos de Palencia, dentro de la categoría de escuelas con sueldo de 825 pesetas. Elena Varona de la Fuente tenía por entonces una edad de 24 años y seguramente no podía ni imaginar que en aquella misma escuela transcurriría la totalidad de su carrera profesional, 46 años, hasta su jubilación en 1955, a los setenta años de edad.


Censo Electoral de la prov. de Palencia 1924: doña Elena aparece domiciliada en la misma calle del colegio (Paseo de los Doctrinos)

Boletín Oficial de la Provincia de Palencia, 27 agosto 1951




EL AMPLIO REPORTAJE DEL DIARIO PALENTINO: 22 DE FEBRERO DE 1955

Ya hemos comentado que el origen del presente post se encuentra en una amplia reseña publicada por el Diario Palentino con motivo de la jubilación de la maestra doña Elena Varona, que permaneció en el mismo destino docente durante la totalidad de su vida profesional.

En una época de carestía papelera (cada ejemplar del Diario Palentino constaba por entonces de ocho páginas, a siete columnas), la reseña relativa a la jubilación de doña Elena ocupaba casi media página, y contenía tres fotografías, algo realmente inusual en aquellos tiempos.



El Diario Palentino, 22 de febrero de 1955 (foto: Payá)



Una de las tres fotografías incluidas en el reportaje lleva por título "los últimos de doña Elena". En la instantánea, la maestra aparece rodeada de sus treinta y cinco párvulos, "los últimos de varias generaciones que, desde hace nueve lustros, pueden empezar su historia diciendo: doña Elena me enseñó las letras en las Escuelas de San Miguel".

El Diario Palentino, 22 de febrero de 1955 (foto: Payá)


En otra de las fotografías incluidas en el reportaje del Diario Palentino aparece doña Elena en su aula, rodeada por las autoridades civiles y docentes de Palencia. El gobernador civil de entonces, Jesús López-Cancio, hace entrega a la homenajeada de un "artístico rosario" mientras que, sobre la mesa, descansan un ramo de flores y otros obsequios entregados a la maestra.

De todas formas, y a juicio de quien esto escribe, la auténtica gema de la fotografía aparece a las espaldas de los retratados: escritas sobre el encerado, alcanzamos a leer cuatro líneas de pulcra caligrafía, acompañadas -a su izquierda- por el dibujo de un paraguas abierto. No me puedo resistir a reproducirlas:

el sábado nevó mucho
las calles estaban blancas
la nieve es agua helada
conformando copos

Seguramente, este fue uno de los últimos ejercicios de escritura que doña Elena propuso a sus queridos párvulos. Cuatro versos sin rima alguna, que cuentan lo que pasó y cuándo, las consecuencias -blancas- del evento y el porqué del mismo. Un compendio de buena docencia, sin duda. Y también un lírico epitafio profesional para toda una vida dedicada a la enseñanza.

[entre los días 16 y 19 de febrero de 1955 se registró en España un episodio de precipitaciones generales, que lo fueron en forma de nieve en el Duero, Alto Ebro, Norte y puntos del Centro; a partir del día 19 de febrero se produjo, además, un descenso  notable en las temperaturas; el sábado 19 de febrero cayó sobre Palencia una fuerte nevada, tal y como afirma el encerado de las escuelas del grupo "Jorge Manrique" de Palencia; las fotografías del homenaje a doña Elena fueron tomadas en la mañana del lunes 21 de febrero y publicadas en la edición del diario correspondiente al día siguiente]

Afirmaba la crónica periodística que doña Elena era un mujer "menuda", locuaz, de agradable charla, que únicamente se quejaba de su pérdida de memoria. También comentaba que, en sus 46 años de servicio en la escuela de párvulos de Palencia, no faltó a clase ni un solo día, ni siquiera solicitó el más leve permiso. Un caso único, puntualizaban las autoridades educativas palentinas.

Preguntaba el periodista a doña Elena si nunca deseó volver a su tierra burgalesa. La maestra contaba que al principio llegó con la idea de pasar un tiempo acumulando puntos para poder pedir un buen destino en Burgos, pero que fueron pasando los años, y que se aclimató tan bien a Palencia y tanto a su escuela de párvulos, que ya no pudo irse.

No conocemos la fecha del fallecimiento de Elena Varona de la Fuente. Únicamente sabemos que aún vivía en septiembre de 1970, a los 85 años de edad. Nos alegra pensar que doña Elena pudo disfrutar, al menos, de 15 años de jubilación, bien ganada jubilación.

Elena Varona de la Fuente no se casó ni tuvo descendencia.

Desconozco si, durante su prolongada estancia en Palencia, Elena mantuvo algún tipo de contacto con su pueblo natal, dónde residían al menos seis primos segundos por línea paterna (Dorotea e Íñigo García Villanueva; Prudencio, Cecilia, Eleuterio y Benita Villanueva Varona), así como la numerosa descendencia de éstos. Tampoco sabemos dónde pasó sus últimos años de vida la madre de Elena, María de la Fuente Ibáñez, ni que fue de su hermano Benito.

Fallecidos sus padres y hermanos, lo más probable es que resultaran muy leves los posibles lazos afectivos que pudieran unir a Elena con su pueblo natal.

Por otra parte, no he sido capaz de averiguar si la memoria familiar de Huérmeces guardaba algún recuerdo relativo a la benemérita maestra. 


APUNTES GENEALÓGICOS

Elena fue la última de los al menos cinco hijos que trajo al mundo la pareja formada por Bonifacio Varona Díaz-Ubierna (1822) y María de la Fuente Ibáñez (La Nuez de Arriba, 1842).

Bonifacio Varona Díaz-Ubierna, registrador de la propiedad, se había casado con María, en segundas nupcias, hacia el año 1876. La boda se había celebrado, probablemente, en Madrid, y María era una mujer veinte años más joven que él, ya que subió al altar con 34 años de edad. 

[Bonifacio se había casado en primeras nupcias con Eugenia Montaña, natural del pueblo burebano de Villanueva de Teba (denominada entonces Villanueva del Conde); tuvieron, al menos, tres hijos: Francisco, Francisca y Josefa; desconozco dónde residió la familia Varona Montaña, así como las fechas de la boda, nacimiento de los hijos y viudez de Bonifacio; entre 1855 y 1860 un Bonifacio Varona aparece en la lista de mayores contribuyentes de Castrojeriz, aunque no sabemos si se trata de la misma persona]

En 1866, Bonifacio Varona aparece como vecino de Huérmeces, quizás al enviudar de Eugenia. Ignoro si a nuestro pueblo le acompañó alguno de los hijos de su primer matrimonio, que ya tendrían por entonces una edad claramente post juvenil. 

Como ya señalé, tampoco sabemos el lugar en el que se celebró la boda entre Bonifacio y María. El apunte nupcial no aparece en el libro de casados de Huérmeces ni en el de La Nuez de Arriba. Supongo que se celebró en Madrid, hacia el año 1876, un año antes del nacimiento del primer hijo de la nueva pareja, Mariano, que nació en Madrid, ya que en aquella capital se encontraba destinado profesionalmente su padre.

Bonifacio y María trajeron al mundo a cuatro hijos durante su estancia en Huérmeces. Los dos primeros (una hembra y un varón) murieron al poco de nacer, recibiendo "bautismo de socorro" por parte del médico de turno, por lo que aparecen como "innominado" e "innominada" en los apuntes funerarios correspondientes.

Después llegaron al mundo Benito y Elena, que nacieron en Huérmeces en 1883 y 1885, respectivamente. Bonifacio y María aparecen domiciliados en nuestro pueblo hasta el año 1886, cuando la familia Varona de la Fuente partió hacia el siguiente y definitivo destino de su cabeza de familia, Sedano.




Si observamos el árbol genealógico, comprobamos que los padres y abuelos de Bonifacio eran faroles por tres de sus cuatro costados. Únicamente la abuela por línea materna, Juana Arce Liaño, había nacido fuera del pueblo (Robredo Sobresierra).

María de la Fuente Ibáñez, por su parte, era natural de La Nuez de Arriba, y sus padres y abuelos procedían de la propia Nuez, Acedillo y Montorio. 

No hemos encontrado posteriores referencias de Benito Varona de la Fuente, el hermano de Elena. No sabemos si sobrevivió a su estancia juvenil en Sedano. Lo que sí sabemos es que su nombre aparece en el listado provisional de mozos del reemplazo militar de 1903 por Huérmeces, manifestándose entonces que no se conocía su domicilio.


LA FAMILIA COLATERAL DE BONIFACIO, EL PADRE DE ELENA: LOS TÍOS Y PRIMOS DE HUÉRMECES

Bonifacio Varona Díaz-Ubierna fue el segundo de los siete hijos habidos en el matrimonio formalizado en Huérmeces en 1817 entre Mariano Varona Díaz-Ubierna (1796) y Benita Díaz-Ubierna Arce (1793): María Cruz (1818), Bonifacio (1822), Félix (1824), Clemente (1827), Tomás (1831), Benita (1834) y Dominica (1835). Únicamente tenemos noticias de los dos primeros, el referido Bonifacio y su hermana mayor, María Cruz.

María Cruz Varona Díaz-Ubierna se casó en Huérmeces en 1844 con Eusebio Villanueva Peña (La Nuez de Abajo, 1821) y tuvieron cinco hijos: Francisca (1846), Toribio (1849), Julián (1850), Juan Francisco (1853) y Gabriela (1858). Únicamente Francisca y Julián presentaron continuidad residencial en Huérmeces.

Francisca Villanueva Varona se casó en Huérmeces en 1866 con Marcelino García González (Hces, 1841); tuvieron seis hijos: Dorotea (1867), Julián (1869), Íñigo (1872), Florencio (1875), Teresa (1877) y Juan Francisco (1882). Solo Dorotea e Íñigo se establecieron en Huérmeces.

Dorotea García Villanueva se casó en Huérmeces en 1894 con Dionisio Alonso Alonso (Hces, 1870); tuvieron cinco hijos: Francisca (1895), Justo (1897), Basilia (1899), Andrés (1902) y Jovita (1905), esta última fallecida al poco de nacer.

Íñigo García Villanueva contrajo matrimonio en Huérmeces en 1901 con Juliana Ubierna Fontúrbel (Hces, 1882); tuvieron nueve hijos, de los que únicamente tres sobrevivieron a la infancia: Marcelino (1902), Felisa (1904) y Jaime (1908).

Julián Villanueva Varona se casó en Huérmeces en 1877 con Lucía Varona Ubierna (1852) y tuvieron cinco hijos: Prudencio (1878), Cecilia (1879), Eleuterio (1883), Benita (1885) y María (1887). Los cuatro primeros se establecieron en Huérmeces.

Prudencio Villanueva Varona se casó en Huérmeces en 1908 con Casilda Varona García (1882); seis hijos: Mariano (1908), José (1910), Margarita (1913), Isaías (1914), Maura (1916) y María Luz (1918). Únicamente María Luz se estableció en Huérmeces.

Cecilia Villanueva Varona se casó en Huérmeces en 1901 con Antonio García Villalvilla (1874); tuvieron trece hijos, de los que ocho sobrevivieron a la infancia: Lucio (1903), Félix (1904), Antonio (1912), Lucas (1914), Julio (1915), Natividad (1918), Gloria (1920) y Francisco (1922). Únicamente Lucio y Julio se establecieron en Huérmeces.

Eleuterio Villanueva Varona se casó en Quintanilla de la Mata en 1910 con Rosenda González Girón (1890); tuvieron nueve hijos, de los que siete sobrevivieron a la infancia: Teófilo (1911), María (1912), Epifanio (1914), Amancio (1916), Silvano (1916), Francisco (1918), Víctor (1919), Benedicta (1920) y Fidela (1923). Únicamente Víctor se estableció en Huérmeces.

Benita Villanueva Varona se casó en Huérmeces en 1913 con José Marín Varona (Celada del Camino, 1888); siete hijos: Maura (1914), Felisa (1915), María Asunción (1917), Santiago (1920), Elena (1922), Amadeo (1924) y Florencio (1927). Ninguno de sus hijos se estableció en Huérmeces.


ANEXO I

LAS ESCUELAS DE SAN MIGUEL, LUEGO ESCUELA MUNICIPAL DE PÁRVULOS DE PALENCIA, HOY CEIP "JORGE MANRIQUE"

En septiembre de 1909, cuando una joven Elena Varona de la Fuente (24 años) llegó ilusionada y dispuesta a comenzar el nuevo curso en su primer destino profesional, la "escuela auxiliaria de párvulos" de Palencia, este centro docente tenía ya una edad de 23 años, puesto que había sido inaugurado en 1886, justo un año después de que naciera la propia Elena.

Hoy en día, el colegio ya acumula una solera de 140 años, siempre ocupando el mismo edificio, el mismo solar, en pleno centro de la capital palentina.

El hoy CEIP "Jorge Manrique" tiene su origen en las denominadas "Escuelas de San Miguel", que ocuparon el viejo caserón del Convento de los Doctrinos, situado en el céntrico barrio de San Miguel de la capital palentina.




El caserón de los Doctrinos se encontraba en tan mal estado que, en julio de 1884, la Corporación municipal de Palencia aprobó la construcción de la denominada "Escuela Municipal de Párvulos", en el mismo solar que ocupaban las viejas escuelas de San Miguel. Y es que, en un contexto nacional y local de altas tasas de analfabetismo, la enseñanza infantil adquiría enorme relevancia, tal y como dijo uno de los concejales de la corporación, al afirmar que la nueva escuela de párvulos estaba destinada:

"a contener las mayores horas del día al niño que, desprendido de los brazos de su pobre madre, busca en los albores de la infancia, a la vez que el aire que no puede encontrar en su reducida mansión, los elementos de su educación, base de la vida social para todo hombre honrado."


 


En la cimentación del nuevo edificio se utilizaron las piedras de la vieja muralla de la ciudad de Palencia. Las obras finalizaron dos años después, en septiembre de 1886, aunque no comenzaron su labor docente hasta el curso siguiente. Aunque estaban previstas tres fases, dos laterales de 140 y 120 plazas cada una, y la central, con 300 plazas, finalmente solo se construyó está última.

La escuela Municipal de Párvulos fue el primer colegio público levantado en Palencia, una ciudad en la que hasta entonces la enseñanza se encontraba monopolizada por la Iglesia Católica.

Entre 1981 y 1983, sus instalaciones resultaron muy transformadas, respetando la fachada original del edificio, dando lugar al centro actual, aunque sin solucionar la grave carencia de espacios, problema que se mantiene en la actualidad y que no tiene fácil solución, por la propia situación del centro, en pleno centro histórico de la ciudad de Palencia.


CEIP "Jorge Manrique" (octubre 2010), con la torre de la iglesia de San Miguel al fondo


En la actualidad, se trata de un colegio público (CEIP "Jorge Manrique") con cinco unidades de educación infantil y 12 unidades de primaria. El edificio tiene planta rectangular dejando un patio con soportales en su interior. Otro patio, en la parte de atrás, completa la escasa superficie de los espacios de esparcimiento.


CEIP "Jorge Manrique" (mayo 2025), en la calle Doctrinos, haciendo referencia al viejo convento


A consecuencia de los mencionados problemas de espacio, el centro no dispone de instalaciones deportivas propiamente dichas, por lo que se han habilitado unas canchas en el patio exterior, aunque sin disponer de las medidas deportivas reglamentarias.

Uno de los servicios complementarios del colegio es el comedor escolar, disponiendo de cocina propia. También funciona el programa "Madrugadores" para que los padres puedan dejar a sus hijos en el centro antes del horario lectivo.

En 2016, al CEIP "Jorge Manrique" le fue concedida la Orden Civil de Alfonso X El Sabio, al cumplir 130 años de servicio docente en el mismo edificio (1886-2016). Un longevo centro educativo en el que, sesenta años antes, se había homenajeado a una también longeva docente, la maestra Elena Varona de la Fuente, natural de Huérmeces.





ANEXO II

LA RESEÑA DE "EL DIARIO PALENTINO" DE 22 DE FEBRERO DE 1955

Por el interés de su contenido, así como por el cierto encanto que -a veces- rezuman estas viejas crónicas periodísticas, procedo a la transcripción literal de la extensa reseña, firmada por José María Ruiz de Gopegui.

[solo se han añadido tildes y corregido evidentes erratas de imprenta, manteniéndose los múltiples ejemplos de "laísmo", tan común en esta parte de Castilla, así como el entonces abuso en el uso de mayúsculas]


Doña Elena Varona de la Fuente, maestra nacional, fue destinada a una escuela de párvulos de Palencia en junio de 1909. Ayer, doña Elena, seguía en esa misma escuela y con sus párvulos.

-Mire qué mozo. No tiene más que cinco años.

Con orgullo maternal me ha mostrado a uno de los chicos de su escuela. Es rubio, casi pelirrojo y alto, muy alto y fuerte,

Doña Elena se siente feliz. Yo creo que se ha sentido feliz así, día a día, desde aquel 1909 hasta este 1955 en que, al cumplir los setenta años, se jubila, viviendo con sus niños.

-¿Cómo son los chicos?

-Buenos, buenos

-¿Ahora como en 1909?

-Ahora son muy revoltosos, pero yo creo que antes serían lo mismo.

Me dice "yo creo". Ella, menuda, locuaz, de agradable charla, se queja continuamente de que no tiene memoria.

-Mire, me paran por la calle ya mayores para decirme ¿No se acuerda usted de tal cosa y de tal otra? ¿Sabe quien soy, verdad doña Elena? Y yo les digo siempre que sí, aunque la memoria me falle.

Lo que no falta es el corazón. Por eso está allí, por eso ha estado durante cuarenta y seis años. Por eso ella les dice siempre que sí a sus chicos ya mayores.

Estamos charlando en su aula del Grupo Escolar "Jorge Manrique". Buen escenario. Una clase ordenada, limpia. Los niños no se mueven; están dibujando en sus pizarras. Ni siquiera prestan demasiada atención a Payá, que anda disparando el "flash", que produce cierta inquietud en doña Elena. Esta, protesta levemente, de las fotos, de las preguntas, del homenaje que se le va a rendir dentro de unos momentos. Protesta con humildad de "todo esto, que no se por qué". Don Antonio Fernández, Inspector del Magisterio, que ha sido el introductor, señala:

-Es la única maestra que ha estado cuarenta y seis años en la misma escuela.

-¿Siempre con párvulos?

-Siempre. Aquí vine en 1909 y de aquí me voy el próximo día 24 que es mi cumpleaños. Yo hubiera querido marcharme sin ruido, pero ya ve.

Doña Elena es un caso único de entrega a la vocación. Un caso sublime.

-Pude ir a muy buenos sitios -sigue- pero ni quise dejar mi escuela.

-¿Es palentina?

-No. Soy de Burgos. Cuando me destinaron aquí, naturalmente yo deseaba ir a Burgos. Después cuando pude ya me había aclimatado. Palencia, la Escuela -mi escuela- que era entonces la única de párvulos que había en esta capital, me ataron fuerte.

-¿La produjeron muchas emociones estos cuarenta y seis años?

-Emociones muchas, satisfacciones todas.

-¿Contrariedades?

-Contrariedades no, sustos de estos sí

"Esto" es el homenaje que la alegra, la obsesiona, es verdad, pero también la cohíbe.

-No disfruté de ningún permiso. Estuve hasta lo último para "callandito" marcharme. Ni los chicos lo saben y fíjese lo que estoy hablando.

Doña Elena tiene un recuerdo para la Inspectora-Jefe doña María del Carmen Muñoz Alcoba, y lamenta que su delicado estado de salud la impida estar hoy allí.

La decimos que va a llegar el Gobernador Civil para presidir el sencillo acto de despedida y ella, a la que se había ocultado todo lo preparado, hasta que hemos irrumpido nosotros a cortar su clase -y casi me remuerde la conciencia del tiempo que estoy robando a una maestra que en cuarenta y seis años no disfrutó ni un solo permiso- ella, digo, me explica:

-Ya ve. Medio siglo casi. Y solo un Gobernador Civil vino a ver la escuela. Fue el 16 de junio de 1914. Ahora este, estuvo ya aquí hace diez días interesándose por los problemas escolares, por nuestras cosas, y hoy otra vez y solo por mí. Dios se lo pague.

La clase de doña Elena se ha llenado de pronto. Han venido las niñas del Grupo Escolar, con sus maestras, una representación de los chicos y con ellos otro maestro. Los párvulos -creo- no entienden nada de lo que pasa. Pero ven entrar a nuestro Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, don Jesús López-Cancio, y se ponen de pie. Le saludan con el clásico "Ave María Purísima" y viene uno corriendo a enseñarle sus trabajos en la pizarra, para que nuestra primera autoridad civil, que estuvo hace unos días charlando con ellos, vea que ha progresado.

Acompañan al señor López-Cancio los Inspectores del Magisterio, don Antonio Fernández, don José Sánchez y don Florentino Rodríguez, un representante del Frente de Juventudes y otro de la Sección Femenina, estas dos delegaciones de la Falange que están desarrollando la misión de "España en la Escuela".

Doña Julia Linarejos, directora del Grupo Escolar, lee unas cuartillas de homenaje y de afecto a doña Elena Varona, a la que señala como prototipo de educadoras y agradece la presencia del Excelentísimo Señor Gobernador Civil que ha hecho suyos los afanes de la Escuela.

La niña Adoración Pelayo recita una inspirada poesía de don Antonio Álamo, dedicada a la maestra jubilada, y un coro de niñas del Grupo Escolar, dirigido por la señorita Margarita Ortega, interpreta con mucho acierto varias canciones regionales.

Don Antonio Fernández lee un escrito por el que la Inspección de Enseñanza Primaria, a propuesta de doña Carmen Muñoz Alcoba, acuerda otorgar a doña Elena Varona un voto de gracias.

La mesa de doña Elena se llena de flores y regalos. Dos niñas la ofrecen un ramo y un obsequio que la envía doña Carmen Muñoz; los niños y niñas del Grupo la regalan una pluma estilográfica y otro delicado presente, la Sección Femenina la entrega otro precioso ramo de flores y el señor López-Cancio la dona un artístico Rosario que la homenajeada saca de su estuche y enseña jubilosa, y con los ojos empañados, a los chicos, a sus chicos.

-Mirad, dice, que bonito. Si algo hice, Dios ya me ha pagado.

El Gobernador Civil dice que han ido allí simplemente a estar un rato con doña Elena, que se jubila después de cuarenta y seis años ininterrumpidos, entregados a la enseñanza. "No podíamos pasar por alto la jubilación de doña Elena, dedicada humilde y silenciosamente -como dijo las cuartillas leídas por su compañera de magisterio- a cultivar flores. Esta labor debía tener el reconocimiento de la sociedad".

"En su corazón, señaló, estos hombres del mañana, estos niños llevarán parte de las enseñanzas de doña Elena. En el Rosario que os acabo de entregar -la indicó- con cuentas más que vuestros años de servicio, quiero que al repasar estas, veáis en cada una de ellas, el agradecimiento emocionado de un Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, el agradecimiento de España, a la que represento en este acto".

Doña Elena se levantó llorando. Nos miró a todos y solo dijo:

-Dios se lo pague a todos. Dios es buen pagador y sabrá hacerlo.

Y siguió su clase, Hasta el día 24 en que cumplirá sus setenta años. Con emoción, déjame lector que una vez más antes de terminar esta breve glosa, presente el ejemplo de este nombre: Elena Varona de la Fuente. Cuarenta y seis años, sin faltar un día, con sus párvulos. Forjando hombres.


[José María Ruiz de Gopegui Santoyo (Palencia, 1927) trabajó en El Diario Palentino desde 1948 hasta su jubilación, en 1992. Pasó por todos los departamentos, siendo redactor, redactor jefe y director del periódico (1981-1991); especializado en deportes, escribió sobre atletismo en los gloriosos tiempos de Mariano Haro, intervino en la creación de la Vuelta Ciclista a Palencia, y también destacó por sus crónicas futboleras, que firmaba con el seudónimo de "Yaye"]


FUENTES

-Biblioteca Virtual de Prensa Histórica: El Diario Palentino, Boletín Oficial de la Provincia de Palencia, Diario de Burgos, El Magisterio Español, El Magisterio Salmantino

-Biblioteca Digital de Castilla y León: Boletín Oficial de la Provincia de Burgos (23-07-1865), Censo Electoral de 1890 (Sedano)

-Diputación Provincial de Palencia: Censos electorales de la provincia de Palencia (1890-1955)

-Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: Escuela Española

-Galiciana. Biblioteca Dixital de Galicia: La Región (Orense)

-Euskariana. Hemeroteca Digital Vasca: El Noticiero Bilbaíno

-Gaceta de MadridBoletín Oficial del Estado: GM (24-05-1892), BOE (14-02-1954)

-Archivo Municipal de Huérmeces: Padrón de Cédulas Personales (1886), Padrón de Habitantes (1896)

-Archivo Diocesano de Burgos: Libros parroquiales de Huérmeces: Bautizados VII (1877-1903); Finados VI (1852-1928)

-AEMET: Calendario meteoro-fenológico de 1956

-Proyecto educativo del CEIP "Jorge Manrique" Palencia. Curso 2022-23

-ABC, 16 de noviembre de 2016: CEIP Jorge Manrique: más de cien años de educación en Palencia

-"Génesis de la primera escuela de párvulos en Palencia capital (1857-1910). La insigne figura de D. Vicente Inclán". María Lourdes Espinilla Herrarte y José Luis González Sánchez. Tabanque. Revista Pedagógica 20 (2006-2007) [pp. 136-166] Universidad de Valladolid (2008).


AGRADECIMIENTOS

-A Diego Santa Marina, por proporcionarme los datos genealógicos de María de la Fuente Ibáñez, nacida en La Nuez de Arriba.


sábado, 10 de enero de 2026

El juego de café de la tía Juliana: Huérmeces, 1960


En el mueble del salón de la casa familiar reposa, desde hace más de seis décadas, un juego de café, aparentemente anodino, similar a otros muchos fabricados en la España de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. En todas las piezas aparece el sello del fabricante: un león estatante rodeado por la leyenda "Santa Clara, MAH, Vigo, España".



Nunca le había prestado mucha atención. Y -seguramente- muy pocas veces se había utilizado para su aparente propósito: servir, endulzar y blanquear café. Se trata de un juego completo de café, en porcelana, para seis servicios, con cafetera, lechera y azucarera. Y con filo de oro, tal y como dice un moderno catálogo. Perfecto para lucir al otro lado del cristal del mueble, aunque escasamente práctico para tomar café en el día a día y, si me apuran, ni siquiera en ocasiones especiales.

Durante las pasadas Navidades me dio por preguntar por su origen y en las respuestas dadas se encuentra el origen y desarrollo del presente post. Y ha resultado ser una historia realmente curiosa, supongo que como la que puede surgir detrás de cualquier otro objeto, por muy anodino que nos parezca y por mucho polvo y años que acumule.

He preferido ampliar la historia de la persona que adquirió el objeto en cuestión, la tía Juliana, con la historia del propio objeto, el referido juego de café. Las dos han resultado interesantes, al menos para quién esto escribe.




I. LA TÍA JULIANA

Juliana Díez Varona nació en Huérmeces el 16 de marzo de 1896. Era la sexta de los ocho hijos que trajo al mundo la pareja formada en 1886 por Braulio Díez Arribas (1861) y Benita Varona Díaz-Villalvilla (1859). Solo tres de aquellos hijos sobrevivieron a la infancia: Juliana, Bernardo (1898) y Josefa Leonisa (1901).

Del segundo, Bernardo Díez Varona, no hemos encontrado referencias posteriores a 1914, por lo que no sabemos si abandonó Huérmeces después de cumplir 16 años o si -lo más probable- falleció poco después de esa edad.

De la tercera, Josefa Leonisa Díez Varona, sabemos que ingresó en las Hijas de la Caridad y que en 1939 aparecía en el Hospital de Legionarios de Logroño. En 1946-1947, a la muerte de su cuñado Jacinto y sus sobrinos Hipólito y Julia, aparecía destinada en El Ferrol. En 1965, a la muerte de su hermana Juliana, ya no se encontraba con vida.

Así las cosas, con su única hermana superviviente en las Hijas de la Caridad, Juliana se convertiría en heredera única de la hacienda de su padre, Braulio. 

[los padres de Juliana, Braulio y Benita, fallecerían en Huérmeces en 1933 y 1940, respectivamente]




PRIMERAS NUPCIAS

Juliana contrajo matrimonio en 1920, en la iglesia de San Gil de Burgos, con Jacinto Díaz-Ubierna Díaz-Villalvilla (1895), y se establecieron en Huérmeces, el pueblo natal de ambos. Jacinto era labrador.

Para contraer matrimonio, Juliana y Jacinto necesitaron de la correspondiente dispensa papal, ya que eran primos segundos por partida doble. Los abuelos de Jacinto por línea materna (Simón y Felisa) eran hermanos de los abuelos de Juliana por línea materna (Felipe e Isabel).

Juliana y Jacinto trajeron tres hijos al mundo: Josefa Leonisa (1920), Julia (1922) e Hipólito Díaz-Ubierna Díez (1923). La primera, así bautizada en honor a su tía religiosa, falleció de muy niña. De manera que, superada la edad fértil, Juliana y Jacinto afrontaron el futuro con dos hijos: un varón y una mujer.

En aquellos años, la familia residía en la casa nº 2 de la calle Real, años después conocida como "casa de Mauro y Angelita".



EL AÑO DE LAS DESGRACIAS

En los doce meses que van de julio de 1946 a junio de 1947, tres fallecimientos sacudieron con crudeza a Juliana Díez Varona. En ese lapso de tiempo se quedó viuda y sin hijos. Por si esto no fuera suficiente, en ese mismo periodo falleció también su madre política. Cuatro entierros muy seguidos, tres de ellos de los más dolorosos que puede sufrir una persona.

  1. El 22 de julio de 1946 falleció su hijo Hipólito, a los 23 años de edad, en el sanatorio de Fuentes Blancas (Burgos), víctima de tuberculosis
  2. El 13 de enero de 1947 falleció su esposo, Jacinto, a los 51 años de edad, víctima de rápida enfermedad
  3. El 23 de febrero de 1947 falleció su suegra, Jacinta, a los 80 años
  4. El 15 de junio de 1947 falleció su hija, Julia, en Madrid, a los 25 años, víctima de tuberculosis

De esta trágica manera Juliana se encontró, a mediados de 1947, viuda y sin hijos, a los 51 años de edad, con una hacienda relativamente importante pero sin brazos familiares que la llevaran. No tuvo otra opción que poner en venta la mayor parte de sus bienes durante los meses siguientes a aquel colapso familiar.


Diario de Burgos, 17 de julio de 1948


Julia vendió ganados, aperos, carros y bueyes, y se trasladó a la ciudad de Burgos, en un intento por olvidar -o al menos soportar mejor- los duros reveses de la vida. 





SEGUNDAS NUPCIAS

Al poco tiempo de establecerse en Burgos, hacia 1950, Juliana contrajo matrimonio con Emilio Palacios Gómez (Burgos, 1891), un secretario municipal prematuramente jubilado -por problemas de salud- en 1954. Emilio regentaba, además, algún tipo de negocio en la ciudad ya que, en los censos de la época, aparece catalogado como "industrial". Seguramente, se trataba de una tienda de ultramarinos, ya que figura en las cuotas de distribución de algunos alimentos, propias de los racionamientos de la época (1942-1943).

Durante su carrera profesional, Emilio Palacios había prestado sus servicios como secretario en Arraya de Oca (1914-1918), Huérmeces y Quintanilla Pedro Abarca (1928-1934), Quintanilla San García, Los Barrios de Bureba y Cornudilla (1935-1938), Condado de Treviño (1938-1942) y Villagonzalo Pedernales (1942-1954).

Su boda con Juliana Díez Varona también tuvo para Emilio Palacios la condición de segundas nupcias, ya que se había casado en primeras, en 1917, con Felicitas Calzada Calzada (Tobar, 1891). La pareja había traído seis hijos al mundo: Elisa (Arraya de Oca, 1918), Luis (Brañosera, 1920), Teresa (Brañosera, 1927), Carmina (Hces, 1929), José María (Hces, 1932) y Blanca Rosa.

Felicitas falleció en 1942, a los 51 años de edad, dejando viudo a Emilio, y con los cinco hijos que sobrevivieron a la infancia (José María murió de niño).

Durante los seis años que Emilio ejerció de secretario en Huérmeces y Quintanilla Pedro Abarca, la familia Palacios Calzada residió en la casa nº 3 de la calle de la Solana.

Desconozco si Juliana, tras casarse con Emilio Palacios, mantuvo su relación con Huérmeces y con los familiares que en el pueblo le quedaran. El caso es que, en diciembre de 1960, Juliana acudió a la boda de dos de sus muchos "resobrinos" en Huérmeces, acompañada del juego de café que ha originado el presente post.



TERCIARIA DEL CARMEN

Dice la memoria familiar que Juliana fue mujer muy religiosa, fiel cumplidora de todas las obligaciones y preceptos de la doctrina católica. Suponemos que los grandes reveses que sufrió su existencia no le hicieron sino profundizar en dichas creencias.

En su entorno familiar, además, múltiples fueron los ejemplos de personas que habían decidido dedicar su vida a la religión oficial. Una hermana (Josefa Leonisa Díez Varona) ingresó en las Hijas de la Caridad. Cuatro hermanos políticos (Felipe, Celestino, Basilio y Enrique Díaz-Ubierna Díaz-Villalvilla) lo hicieron en la Congregación de la Misión (Paúles). Los tres hermanos de su segundo esposo también ingresaron en una institución religiosa: José Palacios Gómez, tomó los hábitos jesuitas; Ángela y Daría Palacios Gómez, los de las Adoratrices. Una hija de su segundo esposo, Teresa Palacios Calzada, ingresó en las Franciscanas Misioneras de María. Incluso su propia hija, Julia Díaz-Ubierna Díez, estudió con las monjas de Rabé.

Cuando Juliana enviudó y se trasladó a Burgos, ingresó en la denominada "Tercera Orden del Carmen", conformada por laicos comprometidos a seguir la regla del Carmelo de forma similar a como lo hacían frailes y monjas carmelitas, aunque sin vivir en un convento. Esta asociación de fieles reproducían el carisma carmelitano en su vida diaria, en forma de oración, servicio y vida familiar. En la práctica, los "terciarios" no eran sino un apoyo laico de las parroquias.



FALLECIMIENTO DE JULIANA Y EMILIO

El 27 de diciembre de 1965 fallecía, en el Hospital Provincial de Burgos, Juliana Díez Varona, a los 69 años de edad. Tal y como reza su esquela, publicada en el Diario de Burgos al día siguiente, sus dolientes eran su resignado esposo, siete hermanos políticos y varios sobrinos. Tampoco olvida la condición de "Terciaria del Carmen" que tenía la finada.

Tres años más tarde, el 16 de noviembre de 1968, fallecía en Burgos Emilio Palacios Gómez, a los 77 años de edad. Su esquela, publicada en el Diario de Burgos, dice que Emilio dejó cinco hijos: Elisa, Luis, Mª Teresa, Mª Carmen y Blanca Rosa. Teresa había ingresado en 1952 en las Franciscanas Misioneras de María, en Pamplona.

Juliana y Emilio reposan en el Cementerio de San José de la capital burgalesa.

Juliana y Emilio residían en la calle del Tinte, antiguo hogar de la familia Palacios. Muy cerca de su querido y antiguo convento de los Carmelitas Descalzos, derribado en 1966 para la construcción de una nueva iglesia de modernas trazas.




APUNTES GENEALÓGICOS

El apellido Díez que portaba Juliana procede de Peñahorada y llegó a Huérmeces en 1848, al contraer matrimonio Fabián Díez Moradillo con María Arribas Arce.

A su vez, los padres de Fabián, Román Díez y Vicenta Moradillo, procedían de Gredilla la Polera y Cobos junto a La Molina, respectivamente. 

El resto de los apellidos de Juliana ya llevaban varias generaciones asentados en Huérmeces. 

Ya hemos comentado que la madre de Juliana, Benita Varona Díaz-Villalvilla, era prima hermana de la madre de su esposo Jacinto, Jacinta Díaz-Villalvilla Varona.




Hermanos Díez Varona (hijos de Braulio y Benita, casados en 1886); residían en Mercado nº 2 (luego conocida como casa de Cristóbal y Saturnina):

  1. Felipe (1886): falleció de niño
  2. Emiliano (1888): falleció de niño
  3. Fidel (1890): falleció de niño
  4. Brígida (1892): falleció de niña
  5. Sabina (1894): falleció de niña
  6. Juliana (1896): casó en 1920 con Jacinto Díaz-Ubierna Díaz-Villalvilla (1895), dos hijos
  7. Bernardo (1898): falleció de joven
  8. Josefa Leonisa (1901): ingresó en las Hijas de la Caridad; falleció antes de 1965, probablemente en El Ferrol

Hermanos Díaz-Ubierna Díaz-Villalvilla (hijos de Mariano y Jacinta, casados en 1885); residían en Real nº 5 (luego conocida como "casa de los escudos" o "casa de Daniel"):

  1. Enrique (1887): falleció de niño
  2. Maximina (1890): ingresó en las Siervas de Jesús con el nombre de Sor María del Rocío
  3. Victoria (1893): casó en 1912 con Esteban Crespo Crespo (Ruyales, 1887); siete hijos
  4. Jacinto (1895): casó en 1920 con Juliana Díez Varona (1896), dos hijos
  5. Felipe (1898): ingresó en la Congregación de la Misión (paúles)
  6. Cayo (1900): casó en 1925 con Mª Natividad Martínez García (Ruyales, 1907); tres hijos
  7. Celestino (1903): ingresó en la Congregación de la Misión (paúles)
  8. Basilio (1907): ingresó en la Congregación de la Misión (paúles)
  9. Enrique (1910) ingresó en la Congregación de la Misión (paúles)




EL JUEGO DE CAFÉ DE LA TÍA JULIANA, SESENTA Y CINCO AÑOS DESPUÉS

Como solía suceder en estos casos y en aquellos tiempos, un regalo nupcial, independientemente de su supuesto valor material, adquiría la condición de "patrimonio" familiar, viajando según lo fuera haciendo la familia, por muchos y lejanos que aquellos desplazamientos resultaran.

Hoy en día, sin embargo, y en unos tiempos de consumismo desenfrenado, dichos bienes no suelen ser muy apreciados por las nuevas generaciones, por lo que su destino final podría ser un abarrotado trastero, una despreocupada venta en plataformas digitales (todocoleccion.net; wallapop.com) o, incluso, un descarte puro y duro, bien en un punto limpio, bien en un vertedero incontrolado.

Aunque desconozco cual será el destino final del juego de café de la tía Juliana cuando nuestra generación ya no esté, creo que puedo barruntarlo.



EL PRECIO Y EL VALOR DE LOS REGALOS

En el año 1960, un juego de café para seis servicios, del mismo tipo que el de la tía Juliana, fabricado en porcelana por Santa Clara de Vigo, podía tener un valor en el comercio de unas 130 pesetas.


El Correo Gallego, 19 de abril de 1960


[Burgos no se encontraba incluida en el listado de ciudades que poseían, en los años sesenta del pasado siglo, un local de la red comercial de "Establecimientos Álvarez", encargada de la venta de objetos realizados en la fábrica de porcelanas Santa Clara de Vigo y otras empresas del grupo Álvarez; en Burgos, la adquisición de dichos productos se podía realizar en alguno de los comercios especializados en regalos y menaje del hogar, entre los que destacaba Ibáñez, en su local sito en la Plaza de Santo Domingo nº 16]  

Diario de Burgos, 4 diciembre 1960

Teniendo en cuenta que el salario medio mensual en aquel año rondaba las 1.100 pesetas, el valor de este juego de café representaba el 12% de los ingresos medios familiares. Sobra decir que estos parámetros regían sobre todo en las áreas urbanas, ya que en la España rural tanto los ingresos como las necesidades eran otros.

Hoy en día, estos juegos de café fabricados por Santa Clara de Vigo se encuentran fácilmente en diversas plataformas digitales de venta de objetos de coleccionista. Los precios de un juego de café para seis servicios oscilan entre los 40 y 140 euros, dependiendo del estado de conservación, de la rareza del modelo y de las ganas de vender que tenga el anunciante.

He encontrado un juego de café de características idénticas al de la tía Juliana, aunque con diferentes motivos decorativos. En la información complementaria del producto, aparece el sello del fabricante, "Santa Clara, MAH, Vigo", y se añade que fue fabricado a finales de los años cincuenta. Este juego de café se puso en venta en la plataforma digital elanticuario.es en el año 2022.


elanticuario.es (2022-DEC0229)


Lo que no he sido capaz de encontrar es un juego de café fabricado por Santa Clara de Vigo con idéntica decoración a la del que protagoniza este post: una especie de aquenio vegetal coloreado en tres tonalidades diferentes: azul, gris y rosa.




Evidentemente, hoy en día -y para algunas personas- primará claramente el valor sentimental de este tipo de objetos, dejando al margen consideraciones puramente materiales. ¿Qué precio tiene el patrimonio sentimental familiar? Pues depende de la familia en cuestión, pero podríamos establecer un rango aproximado que fuera desde cero hasta infinito.





II. LA FÁBRICA DE PORCELANA SANTA CLARA, EN VIGO

La prehistoria del juego de café de la tía Juliana comienza en 1891, cuando el joven orensano Manuel Álvarez Pérez (Gomesende, 1873) emigró a Cuba en busca de fortuna. Se estableció en la ciudad de Santa Clara, en la zona central de la isla caribeña, trabajando duramente en un aserradero sito en la localidad de Ciego de Ávila del que, al cabo de los años, acabó siendo dueño. Se casó con una afrocubana de sangre irlandesa y acomodada posición, Clara O'Farrill O'Farrill con la que trajo quince hijos al mundo, de los que nueve llegaron a la edad adulta.


La familia Álvarez O'Farril, década de los años 20

[los nueve hijos de Manuel Álvarez y Clara O'Farrill, todos ellos nacidos en la ciudad de Santa Clara (Cuba): Virginia, Edelmira (1899), Manuel, Moisés (1904), Isolina, Eudosio, Julio (1914), Carmen y Josefina]

Manuel hizo una pequeña fortuna con el aserradero (especializado en la fabricación de cajas para puros habanos) y, aconsejado por un amigo, decidió convertir sus ganancias en marcos alemanes, una divisa fuerte en aquellos prebélicos tiempos. El estallido de la Primera Guerra Mundial y la derrota alemana convirtieron en mero papel su pequeña fortuna, por lo que decidió volver a España e intentar salir del atolladero financiero en el que se había metido. Y a fe que lo consiguió. Manuel Álvarez y su familia llegaron a Vigo a finales del año 1918, y en la olívica ciudad se establecieron.

Como el marco había dejado de ser una divisa y solo era de curso legal en Alemania, Manuel Álvarez decidió viajar al derrotado país en busca de "gangas" que luego podría vender en España. En Silesia existían numerosas fábricas de cristal, loza y porcelana, y allí logró adquirir gran cantidad de género a buen precio.


Manuel Álvarez Pérez


En 1922, junto con el socio Manuel Rey, funda la sociedad "Álvarez y Rey, S.L.", abriendo un comercio en la céntrica calle viguesa de Policarpo Sanz, en el que pusieron a la venta el género comprado en Alemania.

En 1927 se disuelve la anterior sociedad y Manuel funda la empresa Manuel Álvarez e Hijos S.L. (MAH), figurando él mismo como único socio capitalista, y sus dos hijos mayores, Manuel y Moisés, como socios industriales. Abren un pequeño taller de decoración de loza blanca (con horno elemental) en la calle Victoria, así como cuatro tiendas en las que vender sus productos. 

Pronto el taller se queda pequeño, por lo que se traslada al barrio de Casablanca. Al comenzar la guerra civil, MAH se centra en la fabricación de juguetes (las fábricas levantinas habían caído en la "zona roja") y en la elaboración de vidrio (por las evidentes necesidades sanitarias y farmacéuticas). En la primavera de 1937, el hijo mayor de Manuel, Moisés Álvarez O'Farrill, realizó un viaje a Dresde para contactar con un ingeniero que le diseñara los planos de la nueva fábrica de vidrio que urgentemente necesitaban.

Aquel viaje a Dresde resultaría fundamental para el futuro nacimiento de la fábrica de porcelana "Santa Clara", ya que allí contactó -sin conocimiento de su padre- con una empresa ceramista, consiguiendo un acuerdo de colaboración para el envío de hornos y maquinaria para la fábrica que tenía en mente, incluso hasta el punto de haber pensado en la denominación de la misma, "Santa Clara", en honor de la ciudad cubana en la que su padre había amasado su pequeña fortuna (y se supone que también en honor al nombre su madre, Clara O'Farrill).


Moisés Álvarez O'Farril

[Manuel Álvarez ya tenía decidido que la persona idónea para sucederle fuera su hijo Moisés Álvarez O'Farrill (Rancho Veloz, Santa Clara, Cuba, 1904), y a tal efecto le había enviado en 1932 a trabajar como aprendiz a la fábrica alemana de Silesia, con la que tenía relación desde su primer y fructífero viaje; allí adquiriría el joven Moisés amplios conocimientos en maquinaria y técnicas de producción porcelánica]

Las cosas les van bien y el solar de Casablanca se queda pequeño para acometer nuevas ampliaciones por lo que, en 1938, MAH adquiere unos terrenos en Cabral, con la idea de construir una nueva fábrica de vidrio, así como la tan ansiada fábrica de porcelana, el capricho de su hijo Moisés. Desgraciadamente, el padre no alcanzaría a verlas levantadas, ya que Manuel Álvarez fallecería a últimos de aquel mismo año.



De esta manera, en 1941, se inauguraron en Cabral dos fábricas: la de porcelanas Santa Clara y la de envases de vidrio (Vanosa). El negocio crecía, en ausencia de competidores y con todos los beneplácitos del Régimen, iniciándose un largo proceso de creación de fábricas especializadas en loza, refractarios, calcomanías cerámicas, vidrio y porcelana.

En 1942, la viuda y nueve hijos de Manuel Álvarez entraron en el accionariado de la empresa, figurando los hijos Manuel y Moisés como gerentes. Entre 1945 y 1951, y tras diversos problemas en la dirección bicéfala, fueron abandonando la empresa Clara O'Farrill y sus hijos, quedando Moisés como único propietario y gerente, aunque a costa de descapitalizar gravemente la empresa.

En 1952, Moisés Álvarez, ya como único propietario, se vio obligado por la legislación vigente a transformar MAH en sociedad anónima. Nace así Manuel Álvarez e Hijos, S.A. (MAHSA). Esto no fue sino el preámbulo para la intervención de la empresa por parte de los dos principales bancos acreedores (Banco Pastor y Banco de España), ante la falta de liquidez de aquella.

Y aquí surgen las estrategias seguidas por Moisés Álvarez para recuperar el control de la empresa. Al igual que otros muchos empresarios de la época, Moisés utilizó sus contactos con altas personalidades del Régimen, principalmente con el ferrolano Juan Antonio Suanzes, ministro de industria y presidente del INI durante la década de los cuarenta y cincuenta, con el que Moisés Álvarez mantenía una excelente relación desde los años de la guerra. 

[Juan Antonio Suanzes Fernández (Ferrol, 1891-Madrid, 1977): militar y político; ministro de industria (1938-1939 y 1945-1951), presidente del INI (1941-1963)]

En octubre de 1956, y por intercesión de Suanzes, Moisés Álvarez O'Farril fue recibido por vez primera, en audiencia civil, por Franco y señora, en el palacio del Pardo. A partir de entonces, dicha audiencia se repetiría regularmente. Por otra parte, también fueron varios los encuentros entre Franco y Moisés Álvarez en tierras gallegas, coincidiendo durante alguna de las numerosas visitas a su tierra por parte del dictador, llegando incluso a inaugurar alguna de las instalaciones del grupo Álvarez. Ni que decir tiene que, durante aquellos años, las atenciones y "presentes" de Álvarez con los Franco también fueron una constante.

[la última "audiencia civil" a Moisés Álvarez acaeció en 5 de febrero de 1975, en El Pardo; ocho meses y pico después, el 25 de octubre, fallecería el industrial; al mes siguiente, lo haría el dictador] 

A partir de aquel año de 1956, tras la primera "audiencia" con Franco, Moisés Álvarez consiguió que los dos bancos que controlaban la empresa (Banco Pastor y Banco de España) aceptaran un convenio para la amortización del crédito. Una parte importante de dicha amortización se realizaría gracias a un nuevo crédito otorgado por el Banco de Crédito Industrial. Un año más tarde, en 1957, Álvarez recuperaba el control de la empresa MAHSA gracias al crédito oficial, concedido en virtud de sus contactos al más alto nivel. 

En el desarrollo de este grupo empresarial resultaron fundamentales tanto los apoyos recibidos por parte del crédito oficial como las ventajas otorgadas por el Polo de Desarrollo Vigo-Porriño (1963). 

En aquellos años del "desarrollismo", Iberia se encontraba entre los principales clientes del Grupo Álvarez, así como otras muchas empresas públicas o semipúblicas. La empresa entró en su época dorada, gracias también al crecimiento del turismo, con las consiguientes necesidades "cerámicas" del sector de la hostelería.

[Ya desde la posguerra, muchas fueron también las personalidades foráneas que, en sus visitas a la España de Franco, eran agasajados con objetos fabricados por Álvarez, como la denominada "Copa Perón", regalada a Eva Perón en su visita a Vigo en 1947]


Franco y Moisés en la inauguración de PONTESA, 14 septiembre 1961

Moisés Álvarez y el ministro de Industria, López Bravo (1963)

Moisés Álvarez, Carmen Polo y Franco. El Pardo (abril 1975)

Las empresas de Álvarez llegaron a tener nueve divisiones, todas ubicadas en Vigo excepto Pontesa, en Soutomayor (Pontevedra), e Ibero-Tanagra, en Santander. Vigo se convirtió en la capital de la cerámica española gracias a "la colmena" de las empresas de Álvarez. 

Hasta 5000 empleados trabajaron en sus fábricas y oficinas. También dispuso de una red de 36 puntos de venta (Establecimientos Álvarez) en las principales ciudades españolas, completando así la totalidad del proceso: desde la fabricación a la comercialización al por menor. 

Álvarez exportaba sus productos, y el nombre de Vigo, a varios países europeos, Estados Unidos e Iberoamérica. El puerto de Vigo fue testigo del trajín de mercancías fabricadas por la empresa. Álvarez llegó a ser la segunda empresa más importante de Vigo, tras Citroën.


Interior de la fábrica de Santa Clara (Foto: Faro de Vigo)


Con la llegada de la década de los setenta, los graves problemas financieros (alto endeudamiento) comienzan a desbordarse. La crisis del petróleo y el aumento de los costes energéticos, el incremento de la competencia y el vislumbre del fin del Régimen, entre otros factores, no hicieron sino empeorar las cosas.

Las deudas millonarias del grupo se incrementaron con la huelga general de 1972, que duró dos semanas. En agosto de 1975, Álvarez decide reorganizar su grupo empresarial, naciendo así el Grupo de Empresas Álvarez, S.A. (GEASA), que reunirá la parte empresarial de la empresa, mientras MAHSA quedará como sociedad independiente, dedicada a la comercialización de los productos de GEASA. 

En octubre de 1975 fallece Moisés Álvarez O'Farrill, dejando la gestión de GEASA en manos de sus hijos Manuel y Moisés Álvarez González que, sin los resortes políticos de antaño, se verán obligados a admitir la entrada de capital público en su empresa familiar. 

En diciembre de 1976, el Grupo es adquirido por el Instituto Nacional de Industria (INI), cuando su plantilla alcanzaba los 3.400 trabajadores. El INI inyectó 20.000 millones de pesetas e inició un proceso de reestructuración y saneamiento, con un drástico recorte de plantilla, hasta quedar reducida a poco más de 1.000 empleados al final del proceso, el año 1991. Se vendieron casi todas las tiendas de Establecimientos Álvarez. Fueron quince años de protestas y encierros por parte de los trabajadores, que veían muy negro su futuro.

[Mientras tanto, la vida seguía y así, en 1978, de la fábrica de Santa Clara salió para el Palacio de Oriente una Real vajilla para 200 servicios. Años más tarde, en 1995, los duques de Lugo (Elena de Borbón y Jaime de Marichalar) recibieron, como regalo de boda del rey Juan Carlos, una vajilla completa fabricada por el Grupo Álvarez. Sería curioso conocer cual fue el destino final de aquella vajilla viguesa, tras el célebre cese temporal de convivencia] 


Diario de Burgos, 1 de junio de 1978


En 1991, el holding valenciano ESTUDESA adquiere el grupo al INI, pero se muestra incapaz de enderezar el rumbo del Grupo, que se declaró en suspensión de pagos. Fue vendido dos veces más: a Enrique Tatay y a Carlos Pérez Manglano, con idénticos resultados y similares protagonistas: "empresarios" sin escrúpulos que únicamente buscaban un negocio rápido, basado en la recalificación de los terrenos.

Entre medias, hubo un intento de reflote por parte de los trabajadores, que crearon Alfares Santa Clara Sociedad Laboral, con la intención de continuar con la actividad de la fábrica de vidrios Vanosa.

En 2001 se cierran definitivamente puertas y se apagan los hornos de las fábricas del Grupo Álvarez. El patrimonio es adquirido en puja judicial por el colectivo de trabajadores, para ser más tarde vendidos a Inversiones Subel, especializados en solares industriales, a la espera de la oportuna recalificación de los terrenos. Aún quedan 200 trabajadores por cobrar salarios adeudados. 


La Colmena industrial del Cabral, con porcelanas Santa Clara a la derecha (Foto: Faro de Vigo)

En nuestros días, la fábrica de Santa Clara no es sino una muestra más de ruina industrial en la periferia nororiental de Vigo, formando parte de lo que podría denominarse memoria industrial de la ciudad.


Antigua fábrica de porcelanas Santa Clara, en Cabral (Vigo)


En su interior, aún pueden contemplarse restos de producción porcelánica, convenientemente arrasados por los vándalos de lo abandonado. 


Interior de la fábrica de Santa Clara (Foto: Javier Kalonga, 2024)


En julio de 2025, una vez aprobado el nuevo Plan General de Ordenación Municipal, el Ayuntamiento de Vigo afirma que los solares industriales del Grupo Álvarez (unos 100.000 m2) se destinarán a uso residencial y comercial. Se construirán 840 pisos, de los que 240 serán de promoción oficial, y un tercio de los terrenos se destinarán a zona verde, creando un nuevo parque que conecte con el río Lagares. Tras dos décadas y pico de abandono, y un largo proceso judicial y administrativo, parece ser que finalmente se dará uso a los terrenos de la colmena industrial de Cabral.

La marca "Santa Clara", por su parte, disfruta actualmente de una segunda vida, tras ser adquirida por el gigante valenciano Soler Hispania, centrado en la comercialización de productos de menaje y hostelería.



FUENTES

-Archivo Diocesano de Burgos: libros sacramentales de la parroquia de San Juan Bautista de Huérmeces: libro de bautizados V (1825-1851), VI (1852-1876), VII (1877-1903) y VIII (1903-1914); libro de casados V (1826-1851); libro de finados VII (1881-1915)

-Archivo Municipal de Huérmeces: padrones de población de 1896, 1899 y 1924; padrones de cédulas personales de 1886, 1909 y 1914

-Biblioteca Digital de Castilla y León: Diario de Burgos (21-07-1942, 13-01-1947, 15-06-1947, 17-07-1948, 22-03-1952, 16-10-1955, 27-12-1965), Hoja del Lunes de Burgos (18-11-1968); Boletín Oficial de la Provincia de Burgos (23-04-1954, 20-05-1957; Censos electorales de la provincia de Burgos de 1931, 1936 y 1946).

-"25 empresas del Vigo de siempre". Fernando Torres Carbajo. Ediciones Cardeñoso. Vigo (2015).

-"Álvarez (1922-2002). El emporio vigués de cerámica y vidrio". Joaquín J. Valeiras. Instituto de Estudios Vigueses (2022)

-"A grande empresa galega do vidro e da cerámica". Ana María Navas Novas, en "Empresarios de Galicia". Xoán Carmona Badía (coord.). Fundación Caixa Galicia, A Coruña (2006) [318-343] 

Galiciana. Biblioteca Dixital de Galicia Anuario de Vigo; Faro de Vigo; El Pueblo Gallego; El Correo Gallego; La Noche

Memoria industrial en Galicia Santa Clara. Fábrica de porcelanas

Patrimonio industrial Grupo de Empresas Álvarez: la fábrica de Santa Clara que moldeó Vigo en porcelana

Mundo de la empresa Grupo de Empresas Álvarez (GEA). El imperio vigués de las vajillas Santa Clara

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