miércoles, 4 de octubre de 2017

Casetas de era, casetas de cruce



A las afueras de muchos pueblos de La Comarca, aún es posible encontrar un tipo de construcción humilde, a veces levantada en tosca mampostería, otras incluso en adobe, muchas otras en ladrillo hueco doble, sin enfoscados ni adorno alguno, con puertas de madera barata maltratada por el tiempo.

Las más pequeñas, sin siquiera puerta de madera, servían para guarecerse del sol, la lluvia, la nieve o el viento, y solían encontrarse en encrucijadas de caminos, al borde de una carretera o cerca de una ermita o santuario de especial devoción.

Ordejón de Arriba: caseta levantada en el cruce entre la carretera de Humada y el acceso al pueblo



Caseta situada en el cruce entre la N-627 (Burgos-Aguilar) y la carretera de acceso a Fuente Úrbel
Las más grandes solían situarse en las eras, cuando las eras eran eras. O cerca de un huerto o pradería. Tanto servían para guardar algo de frescor en tórridas tardes de verano como para aguantar otros muchos carros y carretas meteorológicos. 

Muchas siestas debieron mecer, muchas galvanas quitar, quizás incluso alguna que otra cita furtiva disfrutar.

En ellas cupieron trillos y sillas, ubios y dalles, horcas y horquillas, calderos y botijas, cribas y coloños, rastras y revolvederas, bieldos y bieldas …

En algunas, quizás también se resguardaron aquellos pequeños tractores primigenios que pusieron en marcha la tardía mecanización del agro castellano, allá por finales de los cincuenta.

Casetas en las eras de El Seto a medidados de los sesenta
En Huérmeces, por ejemplo, a mediados de los años sesenta, existía en el extremo suroriental del casco urbano, en el pago denominado El Seto, un conjunto de seis eras en las que desarrollaban sus labores varios vecinos: Mauro, Avelino, Cristóbal, Diego, Lázaro y Lorenzo.

Varias de ellas disponían de su correspondiente caseta, levantadas tanto en piedra como en ladrillo y adobe.

Un cuarto de siglo después: aún resisten dos casetas en las eras de El Seto
A finales de los años ochenta aún se mantenían en pie tres de ellas.

En 2017, sin embargo, ya no queda ninguna. En una de las eras se ha levantado una moderna vivienda, en otra se cultiva cereal, y en otra la caseta se ha visto sustituida por una nueva nave agrícola.

En el barrio de Mercado aún queda una vieja caseta en piedra, con amplia visera de uralita. Y en el desaparecido barrio de La Parte, puede admirarse una humilde caseta con cubierta a un solo agua, levantanda -en buena labor de mampostería- en terrenos aptos para huerta.



Huérmeces: caseta en una antigua era sita en el barrio de Mercado
Caseta en el antiguo barrio de La Parte (Huérmeces)



Similar evolución se ha producido en estas casetas de era en el resto de pueblos del entorno. Únicamente han pervivido ejemplares aislados que, bien por la buena calidad de su construcción, bien por haber contado con un mínimo de mantenimiento por parte de algún vecino, han llegado a nuestros días para asombro de propios y extraños.

En las casetas levantadas en ladrillo, el único lujo constructivo consistía en el enfoscado de la zona superior del testero porticado, una barata solución para preservar de las inclemencias climatológicas la parte más sensible y utilizada de la caseta: la puerta. 

Ordejón de Arriba: la única caseta que queda en pie en la zona de las eras



Renedo de la Escalera (Valdelucio), en ladrillo, al lado de la carretera


Villanueva de Odra, en ladrillo, a la vera del río



En el cercano pueblo de La Piedra aún pueden admirarse los restos de un conjunto de casetas levatadas en el paraje (unos 150 metros al oeste del caserío) en el que se concentraban las antiguas eras. La más antigua, situada a un nivel superior a las demás, se observa una buena labor de mampostería.


Pared posterior de caseta, con cubierta a un solo agua, en La Piedra
Caseta en ladrillo y mampostería, en La Piedra

Caseta, también en ladrillo y mampostería, en La Piedra, situada a un nivel ligeramente superior a la anterior
 


Hoy, despojadas de todo sentido y contenido, acosadas por zarzas y ortigas, languidecen a la vera de las despobladas aldeas, presintiendo su inevitable e inminente ruina. Primero caen las de adobe, luego las de piedra; aguantan algo más las de ladrillo, entre otras cosas porque fueron levantadas más recientemente.

En su lugar, proliferan modernas naves agrícolas de hormigón prefrabricado, cubierta metálica diseñada por ordenador, puertas de apertura automatizada y contrato con compañía de seguridad (opcional).  

Únicamente tienen alguna oportunidad aquellas cuyo emplazamiento se encuentre dentro del casco urbano; entonces, quizás alguien apueste por su rehabilitación como vivienda o como moderno garaje. O quizás como chamizo en el que encuentre refugio la gente joven que aún veranea unos días en estos pueblos. 




Olmos de la Picaza





Santa Cruz (Los Valcárceres)


San Mamés de Abar


Paúl (Valdelucio)
La Riba de Valdelucio

Pedrosa de Río Úrbel: el adobe se desintegra mucho más lentamente de lo esperado


En los últimos treinta años, gran parte de estas casetas de era y huerta han desaparecido. Primero una simple gotera, luego un desteje parcial, más tarde una nevada copiosa, vigas podridas que van partiéndose en pedazos ... la cubierta acaba por colapsar, ese es el punto de no retorno; más tarde los muros se agrietan, vuelan puertas y ventanas, se disuelven barros y adobes, se descalzan piedras ...


Algunas han visto prolongada su agonía, pero a costa de ver su honor mancillado: su vieja cubierta de teja era sustituida -sin piedad alguna- por modernas y cancerígenas planchas de uralita. 

Hace un cuarto de siglo, aún era posible admirar casetas con espléndidas labores de mampostería en piedra del lugar. Sobre todo en los páramos. Hoy solo persisten unas pocas, milagrosas supervivientes del abandono rural.

Huérmeces

La Piedra
 
La caseta de Ordejón de Arriba, a la vera de la lora de La Ulaña





Huérmeces

Ordejón de Arriba
Estas casetas también proporcionan una amplia gama de servicios a una no menos amplia variedad de fauna y flora: estrecho cobijo a arañas y lirones, repisa a lechuzas y golondrinas, solarium a lagartos y lagartijas, calor a pulgas y chivarras, guarida a víboras y culebras, cortavientos a majuelos y saúcos, sombra y abrigaño a excursionistas y pensionistas ... 

Las casetas acabaron por adquirir la categoría de nicho ecológico, rico y variado, sometido a las leyes de selección y evolución, hasta la ruina total. 

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