sábado, 7 de marzo de 2020

Muerte de un sacerdote: Quintanilla Pedro Abarca (1916)


Las viejas hemerotecas no solo contienen información periodística catalogable como "crónica social", ligera y complaciente, sino que periódicamente se nutren de un tipo de información menos amable, trágica incluso, clasificable como "crónica negra". En el mundo rural, más escaso en noticias que el urbano, estas noticias de crónica negra siempre han adquirido relevancia, pasando a formar parte de la memoria popular de cada lugar. 

Ahogamientos en el río; agresiones a vecinos y forasteros, con o sin navajas de por medio; apedreamientos a las casas del médico, maestro o cura de turno; carros que entornan y aplastan a labradores; virulentas epidemias que diezman a parte de la población infantil; accidentes con escopetas de caza; riñas y peleas por deudas, afrentas o mojones; robos de leñas, ganados o enseres... Estos son los ingredientes habituales de la crónica negra de un pueblo a principios del siglo XX.  

Hace ya más de cien años, el pueblo vecino de Quintanilla Pedro Abarca vivió una de esas situaciones relativamente habituales, pero que terminó en tragedia. Una riña entre parientes que acabó con la muerte de un joven sacerdote que nada tenía que ver en la disputa. Fue un lunes, 9 de octubre de 1916, a primeras horas de la tarde.


Quintanilla Pedro Abarca, en el centro del diapiro homónimo



Buenaventura, natural de Montorio, apenas llevaba unas semanas de maestro en Huérmeces. En Quintanilla Pedro Abarca residía su hermano, Benito. Y otra hermana, Ángela, aunque residía en Burgos, pasaba largas temporadas en el pueblo, junto con su marido, Fermín.

Como en otras muchas familias, entre los tres hermanos existía alguna que otra disputa, en este caso relativa a una deuda por rentas, con un embargo preventivo de bienes de por medio.

Un ingrediente básico de la tragedia fue la escopeta de dos cañones, del calibre 12, que poseía Buenaventura, como buen aficionado a la caza que era. Y el día fatídico, además, iba provisto de ella, ya que había realizado el trayecto entre Huérmeces y Quintanilla cazando por el camino.

Parece ser que ya de mañana los tres hermanos habían tenido cierto cruce de palabras gruesas, pero fue poco antes de las tres de la tarde de ese fatídico lunes  cuando se desató la tragedia. Buenaventura y Benito discutían acaloradamente con su hermana en un paraje contiguo al pueblo, "Los Vados", mientras ella se encontraba lavando la ropa. Ambos echaban en cara a Angela que su marido, Fermín, hubiera solicitado el embargo de bienes de Benito, a cuenta de una supuesta deuda impagada. La discusión subió de tono hasta el punto de llegar a las manos entre los tres hermanos, acabando por intervenir el cuñado, en defensa de su esposa.

Quizás alguien avisó al cura, quizás el mismo oyó los gritos, el caso es que el religioso se encaminó hacia el grupo de personas con la única intención de poner paz en tan bochornoso espectáculo. Y justo cuando llegaba a su altura, la escopeta de Buenaventura -objeto de forcejeo entre dos de los contendientes- se disparó accidentalmente, hiriendo de muerte al párroco.

El cura fallecido se llamaba Julián Saiz Saiz, y tenía 36 años. Había llegado a Quintanilla cuatro años antes, donde ejercía de cura ecónomo (sustituto), al tiempo que también prestaba sus servicios religiosos en el pueblo vecino de San Pantaleón del Páramo.



San Pantaleón del Páramo


Según relatan las crónicas de la época, Julián era un cura muy apreciado en los dos pueblos, ya que a sus quehaceres religiosos había unido su compromiso con la mejora de las condiciones de vida de los vecinos, promoviendo la traída de aguas al pueblo (la fuente del pueblo se inauguró finalmente en 1920) y colaborando en las labores de enseñanza de la población infantil.

No sabemos si la disputa familiar acabó para siempre en aquel fatídico momento; tampoco sabemos si los odios se enquistaron y se mantuvieron vivos durante mucho tiempo; pero lo que sí podemos imaginar sin mucho esfuerzo son las consecuencias psicológicas que el evento ocasionó en todos los contendientes.

Justo un año más tarde, en octubre de 1917, se celebró en la Audiencia de Burgos el juicio correspondiente, resultando absueltos del delito de homicidio por imprudencia temeraria los tres implicados: tanto los hermanos Benito y Buenaventura como el cuñado, Fermín.

Cementerio y ábside románico de la iglesia de San Vicente, en Quintanilla Pedro Abarca


Cuentan las crónicas que al entierro de Julián acudieron los párrocos de Rioseras, Albillos, La Nuez de Arriba, Acedillo, Coculina, Huérmeces y Montorio, así como la práctica totalidad del vecindario de Quintanilla, Pantaleón y los citados pueblos limítrofes.


La presencia en el sepelio de los párrocos de Rioseras y Albillos se justifica en las circunstancias de que Julián era natural del primero de los pueblos y sobrino del párroco del segundo. Julián mantenía a su cargo a tres hermanos, tras haber fallecido sus padres el año anterior.

Julián era, sobre todo, muy joven para morir, y además, a causa de un estúpido accidente.




El suceso fue ampliamente recogido en la prensa local, y hoy en día resulta fácilmente consultable en alguno de los portales de prensa digitalizada. También persiste en la memoria popular de los vecinos de los dos pueblos en los que Julián prestó sus servicios: Quintanilla Pedro Abarca y San Pantaleón del Páramo. En Huérmeces, sin embargo, apenas se recuerda el episodio, a pesar de que uno de los protagonistas del mismo ejerció de maestro en sus escuelas durante muchos años. 







NOTA:



Un dato que sorprende es el relativo a la fecha del suceso: un lunes 9 de Octubre. Un día lectivo para un maestro y sus alumnos, pues. Y es que las crónicas comentan que ya por la mañana los tres hermanos habrían mantenido un cruce de palabras. No creo que entonces existieran puentes ni acueductos en las cercanías de la fiesta del Pilar (el jueves siguiente, en este caso). ¿Estaban de vacaciones los chavales de la escuela?  ¿Se había pedido el día libre el maestro para practicar el entonces noble arte de la caza? Quizás se trate de un error en la consignación de la fecha, pero esta se repite incluso durante el procedimiento judicial correspondiente. Y en las crónicas periodísticas se afirma que Fermín, el cuñado, estaba domiciliado en Burgos. ¿Qué hacía un lunes en el pueblo? ¿Quizás se encontraba de vacaciones? El santoral del día nos dice que el 9 de octubre se conmemora a San Dionisio. Y este santo, que yo sepa, no era patrono ni de Quintanilla Pedro Abarca ni de Huérmeces ni de Burgos. Un pequeño misterio, seguramente sin importancia, y que quizás alguien nos pueda aclarar.

BREVES RESEÑAS BIOGRÁFICAS:

Julián Saiz Saiz (Rioseras, 1880 - Quintanilla Pedro Abarca, 1916): ordenado diácono por el arzobispo de Burgos en enero de 1903; en 1904 figura como cura ecónomo de Villaverde del Monte. A Quintanilla Pedro Abarca llegó, también como cura ecónomo (sustituto), en 1912. Nada hemos podido averiguar en cuanto a destinos intermedios entre uno y otro pueblo. En 1900, había sido declarado excedente de cupo por el Ministerio de la Guerra, tras haber depositado las preceptivas 1500 pesetas, necesarias para redimirse del servicio militar. Le fueron devueltas en su totalidad.

Buenaventura Marcos Fontúrbel (Montorio, 1881-1942) prestó sus servicios como maestro en la escuela de Huérmeces durante catorce años (1916-1930). Con anterioridad, lo había hecho en los pueblos burgaleses de Villacienzo y Yudego. Abandonó Huérmeces en 1930, trasladándose a Vizcaya, donde ejerció de maestro en Sarriena-Lejona. En 1936 consiguió retornar a su tierra, enseñando en la escuela de Montorio hasta su fallecimiento, acaecido a los sesenta años de edad. Parece ser que, al menos en Huérmeces, no dejó muy buen recuerdo su labor como maestro, aunque fue uno de los artífices de la creación de la escuela de niñas en 1926.

Un hijo suyo, Nicasio Marcos (Burgos, 1906 - Bilbao, 1968), desempeñó funciones administrativas en el Ayuntamiento de Huérmeces entre los años 1924 y 1928. El resto de su vida laboral transcurrió en el Ayuntamiento de Bilbao, ocupando diferentes cometidos.

Benito Marcos Fontúrbel (Montorio?, 1890 - Ubierna, 1974), contrajo matrimonio con Rafaela Díez Díez.

Fermín García Gallo (Burgos?, 1885 - 1946): marido de Ángela, y cuñado de los hermanos Buenaventura y Benito. Encausado como ellos en el procedimiento judicial del que finalmente resultaron absueltos de todo cargo.

Ángela Marcos Fontúrbel (Montorio?, 1891): al igual que su hermano Buenaventura, también ejerció de maestra, prestando sus servicios en los pueblos burgaleses -entre otros- de Cameno, Cubillo del Campo, Villacián de Losa, Las Vesgas, Mecerreyes y Brieva de Juarros. En 1942 recibió el premio provincial de natalidad, al haber traído al mundo a -nada menos que- 17 hijos. Se jubiló en 1956.





Diario de Burgos, 10 octubre de 1916


Diario de Burgos, 11 de octubre de 1916


Diario de Burgos, 12 octubre de 1917

Diario de Burgos, 13 octubre de 1917


FUENTES:

Ejemplares de prensa consultados en la Biblioteca Digital de Castilla y León:

-Diario de Burgos, 10 de Octubre de 1916
-Diario de Burgos, 11 de Octubre de 1916
-Diario de Burgos, 12 de Octubre de 1917 
-Diario de Burgos, 13 de Octubre de 1917


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