sábado, 19 de septiembre de 2026

Examen a un maestro farol: Ignacio Díaz de Tudanca (1788)


"Un obstáculo grande se opone en España a que se plantee rápidamente y bien toda clase de enseñanza, particularmente la secundaria y la primaria; es la falta de maestros; para aquélla apenas existen, y los que hay para la primaria son, por lo general, tan malos, que causa asombro el ver su ignorancia."

(Antonio Gil de Zárate, "De la instrucción pública en España desde 1834")



Hubo un tiempo en el que no existían estudios de magisterio propiamente dichos. Los maestros de primeras letras sabían leer, escribir, contar, rezar y poco más. Algunos eran más ilustrados que otros, pero el nivel general era lamentablemente bajo. Las dotes pedagógicas brillaban por su ausencia. La letra con sangre entra era el mantra docente por excelencia. Y todo ello sin olvidar otro dicho popular que no resultaría menos cierto durante un tiempo: pasar más hambre que un maestro de escuela.

Maestros poco formados, escasamente considerados y mal pagados. Aulas insuficientes, mal conservadas y peor dotadas. Ese era el patético panorama de la enseñanza primaria (o de primeras letras) en la España de finales del siglo XVIII y principios del XIX.


Aguafuerte de la serie "Los Caprichos" de Goya (1799)


En este paupérrimo contexto educativo presentamos un interesante documento guardado en el Archivo Municipal de Burgos, datado en 1788 y relativo al examen al que fue sometido el maestro de primeras letras Ignacio Díaz de Tudanca, vecino del lugar de Huermezes.

Ignacio había nacido en Huérmeces en 1757, por lo que en el momento de verse obligado a realizar el examen de maestro de primeras letras tenía una edad de 31 años. Sabemos también que estaba casado, así como que tenía cinco hijos pequeños, de edades comprendidas entre los dos y los nueve años.

También sabemos que en aquel año de 1788 se encontraba ejerciendo su oficio de maestro de primeras letras en el lugar de Marmellar de Arriba, sito a unos 14 kilómetros al sur de Huérmeces, en la ruta hacia Burgos. 


Expediente del examen del maestro Ignacio Díaz de Tudanca (1788)


Los maestros de aquellos años finales del siglo XVIII se encontraban amparados bajo una institución gremial denominada Hermandad de San Casiano, nacida en 1642 en la Villa y Corte de Madrid. La enseñanza de primeras letras era considerada un "arte", al igual que otros muchos artes y oficios de tradición gremial y artesana.

El maestro tradicional del Antiguo Régimen era un maestro sin formación específica, y que solo realizaba un aprendizaje gremial previo a su colocación. Siempre controlados por la referida Hermandad de San Casiano, los maestros no recibían formación teórica y sistemática de su profesión, y eran siempre inspeccionados por los representantes de la Iglesia.

Aquellos maestros sabían leer, escribir, algo de aritmética y, sobre todo, conocer sobradamente la Doctrina Cristiana, siguiendo la obra dogmática de aquellos tiempos, el denominado "Catecismo de Astete".


Catecismo de Astete, versión Menéndez de Luarca (1788)


[Gaspar de Astete (Coca de Alba, 1537-Burgos, 1601) fue un jesuita, teólogo y catequista del siglo XVI, famoso sobre todo por ser el autor de la obra de referencia titulada "Doctrina Cristiana y documentos de crianza", más conocida por "Catequismo de la Doctrina Cristiana" o "Catecismo del padre Astete", cuya primera edición conservada data de 1599, aunque se sabe que existieron otras anteriores (1586 y 1593), hoy perdidas. Se trata de una obra que compendia, de forma breve y sencilla, todo lo que un cristiano debía saber y cumplir para salvarse; gracias a una estructura clara, en forma de preguntas y respuestas, permitía su uso corriente, teniendo en cuenta que iba dirigido a una población mayoritariamente analfabeta o semi analfabeta. A lo largo de su dilatada vigencia, sufrió varios añadidos y modificaciones, entre las que destacan la realizada en 1788 por Gabriel Menéndez de Luarca, en 1886 por Benito Sanz y Forés (arzobispo de Valladolid), y en 1913 por Daniel Llorente. En el siglo XIX fue traducida al catalán, euskera, italiano y lenguas nativas de Filipinas]

Aquellos maestros del Antiguo Régimen eran, ante todo, "calígrafos y pendolistas, que estaban en condiciones de repetir muy bien textos escritos, pero no se podía estar seguro de cuáles eran sus conocimientos gramaticales ni si sabían utilizar adecuadamente las reglas ortográficas".

[pendolista: persona que escribe con una caligrafía excelente y muy cuidada]

Los aspirantes a maestro de primeras letras tenían que reunir una serie de condiciones para acceder al puesto: ser hidalgo, cristiano viejo, no tener mezcla de sangre de moro, turco o judío, disfrutar de buenas costumbres y no haber sido penitenciado por el Santo Oficio ni ser converso reciente, limpieza de linaje, no haber ejercido oficios mecánicos y no haber sufrido la pena de infamia.

Una Real Provisión de Carlos III de 11 de julio de 1771 mandaba que los candidatos a maestro debían presentar informes positivos de tres testigos que confirmaran sus buenas condiciones de vida, costumbres y limpieza de sangre, con la certificación de la Justicia correspondiente.

La realidad de la enseñanza de primeras letras (la hoy denominada enseñanza primaria), sobre todo en las pequeñas poblaciones, era que estaba en manos de maestros asombrosamente ignorantes que, en muchas ocasiones, compaginaban su "arte de la enseñanza" con las labores de sacristán, barbero o zapatero.

A finales de aquel siglo XVIII comenzaron a realizarse tímidos intentos por cambiar esta situación; así, en 1774, los hermanos mayores de la Hermandad de San Casiano presentaron unos estatutos por los cuales ésta se transformaba en Colegio Académico del noble arte de primeras letras, aunque no recibieron la aprobación legal hasta el año 1780. 

Dicho Colegio Académico instituía la obligación de celebrar "continuos ejercicios para la mayor instrucción y adelantamiento" de los maestros. Los exámenes consistían en ejercicios de lectura, escritura y aritmética. Se daba especial importancia al conocimientos de los diferentes "tipos" de letra: romanilla, bastarda, grifa, redonda, de molde, de coro o bula, manuscrita antigua, etc. Se exigía un buen deletreo de las cartillas y conocimientos ortográficos básicos. En aritmética, las cuatro reglas fundamentales en enteros y quebrados.


DILIGENCIAS PRACTICADAS PARA EL EXAMEN DEL MAESTRO DE PRIMERAS LETRAS DE IGNACIO DÍAZ DE TUDANCA, VECINO DEL LUGAR DE HUÉRMECES

1. ESCRITO DE SOLICITUD DE EXAMEN (4 de agosto de 1788)

Ignacio Díaz de Tudanca comienza su escrito exponiendo su limpieza de sangre, buena vida y costumbres, al provenir de unos padres y abuelos paternos y maternos que cumplían con dichas premisas, ya que:

"han sido y son cristianos viejos, limpios de toda mala raza de moros, judíos y otra secta opuesta y repugnante a nuestra Santa Fe Católica y si el de haber obtenido los oficios honoríficos de la República, los de la paterna por ser del estado noble [y los maternos por el estado General de Hombres Buenos o pecheros] en cuya posesión han estado y están, por cuyo motivo y el de hallarme examinado de maestro de primeras letras [...] deseando por este medio unirme a los Hermanos de la Hermandad de San Casiano, me es necesario preceda la citada información para con ella siendo cierto presentarla en la capital de la ciudad de Burgos, a dónde nuevamente debo ser examinado y para practicarlo según se previene por Real Orden."

 


Para que corroborasen las afirmaciones del candidato a maestro, éste presenta la declaración efectuada por tres testigos, todos ellos vecinos de Huérmeces:

  • Francisco Díaz-Ubierna Crespo (Hces, 1721) [67 años en 1788]: casado en Huérmeces en 1743 con Antonia Sarmiento Díez (1722); ocho hijos


  • Ignacio Varona Ubierna (Ruyales, 1739) [49 años]: casado en primeras nupcias en Huérmeces en 1760 con María Teresa Pozas Güemes (1738); cuatro hijos; casado en segundas nupcias en Ubierna en 1768 con Manuela Cerro Medina (Ubierna, 1746); cuatro hijos


  • Simón Crespo Díaz-Ubierna (Hces, 1750) [38 años]; primero de los tres hijos que tuvo la pareja formada en Huérmeces en 1749 por Agustín Crespo Alonso-Arce y Rosa Díaz-Ubierna López



Los tres afirmaron conocer al pretendiente a maestro Ignacio Díaz de Tudanca, coincidiendo en el hecho de que sus ascendientes paternos eran hidalgos, y todos ellos cristianos viejos, de sangre limpia y buenas costumbres, y sin antecedentes penales (no haber sido castigados por el Santo Oficio). También afirmaron que el pretendiente a maestro ejerce al presente su oficio en el lugar de Marmellar de Arriba.

En el escrito aparecen las certificaciones y firmas correspondientes de los tres principales actores a nivel municipal (del Común): el Alcalde Mayor de Haza de Siero, el Procurador Síndico General del Común (el representante de los intereses del Común en los pleitos y asuntos jurídicos en los que se vea incurso aquel) y el escribano de la jurisdicción de Haza de Siero.

-Alcalde Mayor en la Jurisdicción de Haza de Siero:

  • Francisco Varona Alonso (Ubierna, 1749-1830): avecindado en Ubierna, aunque casado en 1771 con María Díaz-Ubierna Sarmiento (Hces, 1754-Ubierna, 1812); catorce hijos entre 1773 y 1795, todos nacidos en Ubierna


[no deja de sorprender el hecho de que una persona nacida y avecindada en Ubierna fuera nombrada Alcalde Mayor de Haza de Siero. Esta plaza solía adjudicarse, normalmente, a hidalgos avecindados en Huérmeces o en Ruyales. Francisco Varona Alonso era hidalgo, y había sido admitido en la Hermandad de Hijosdalgo de Ubierna tras casarse con la farola María Díaz-Ubierna Sarmiento, y había asistido a trece juntas de la Hermandad celebradas entre 1773 y 1786]

-Procurador Síndico general del Común de Huérmeces:
  • Pablo Díaz de Villalvilla Mata (1737) [51 años]: hijo de Pedro Díaz-Villalvilla y María Mata Díez-Agustín, casados en Huérmeces en 1728
[no aparece su firma en el escrito, aunque consta tanto su citación en la causa como el darse por citado por parte del citado procurador síndico]

-Escribano en la Jurisdicción de Haza de Siero:

  • José Fontúrbel Güemes (1757) [31 años], casado en Huérmeces en 1780 con Ángela Infante Serna (Bustillo); sin descendencia



2. LICENCIA OTORGADA POR EL JUEZ ECLESIÁSTICO DEL ARZOBISPADO DE BURGOS (20 de septiembre de 1786) [suponemos que figura 1786 por error, y que se refiere al año 1788]

"Nos los Provisores en todo el Arzobispado de Burgos, por el Ilustrísimo señor don José Javier Rodríguez de Arellano, Arzobispo de dicho Arzobispado del Consejo de Su Majestad. Por la presente damos licencia a Ignacio Tudanca, vecino del lugar de Huérmeces para que sin incurrir en pena alguna pueda poner escuela pública en cualquier pueblo de los de este Arzobispado, dónde más bien se le proporciones, enseñando a los muchachos que a ella concurriesen, en leer, escribir, contar, doctrina cristiana, y toda buena educación y crianza, por cuya razón se le guarden los honores y le contribuyan con los emolumentos que le sean debidos y pertenecientes, mediante, que por certificación dada por el cura de dicho lugar, y por examen que ha precedido, se nos ha hecho constar ser de buena vida y costumbres, y tener la idoneidad necesaria para ejercer dicho ministerio, en cuya vista expedimos la presente. Dada en Burgos a veinte de septiembre de mil setecientos ochenta y seis."

Firman el escrito el Licenciado Valdivielso y el escribano de turno, Teodoro de Yarto, vecino de Burgos, por mandato de los señores provisores. Los provisores eran una especie de jueces eclesiásticos, nombrados al efecto por el obispo o arzobispo correspondiente. 




[en aquel lejano 1788 el arzobispo de Burgos era José Javier Rodríguez de Arellano (Sangüesa, 1704-Burgos, 1791), que lo fue durante veintiocho años (1764-1791)]


3. ESCRITO DE IGNACIO DÍAZ DE TUDANCA SOLICITANDO SU APROBACIÓN POR PARTE DE LOS MAESTROS TITULARES DE LA CIUDAD DE BURGOS (sin fecha)

Una vez obtenida la licencia correspondiente, emitida por el juez eclesiástico, el maestro Ignacio Díaz de Tudanca se dirige al "intendente" (máxima autoridad política y administrativa de la ciudad de Burgos), solicitando se le examine, por parte de los maestros titulares de dicha ciudad, en el "arte de la enseñanza", adjuntando los escritos y certificaciones correspondientes, una vez confeccionados por la justicia del lugar de Huérmeces. 

Aunque no está fechado, suponemos que data  de septiembre de 1788.  



"Ignacio Díaz de Tudanca, vecino del lugar de Huermezes, y maestro en el [de] Marmellar de Arriba, de primeras letras: con el debido respeto hace presente a V.S. se halla examinado, por el Juez Eclesiástico, y desea ser aprobado por los maestros titulares de esta ciudad, y para ello presenta la información que se hizo para la justicia del mencionado lugar de Huermezes. A V.S. suplica se sirva mandar a los referidos maestros de primeras letras le examinen en el arte que profesan y hecho que sea lo pongan por diligencia en este memorial, para hacérsele presente a V.S. y con su permiso pretender ejercer este arte de enseñanza en el pueblo que se halle por conveniente. Así lo espero de la benignidad de V.S. cuya vida prospere Dios en su mayor grandeza."


4. RESOLUCIÓN POR LA QUE SE LE DECLARA AL MAESTRO IGNACIO DÍAZ DE TUDANCA APTO PARA EJERCER EN PEQUEÑOS PUEBLOS (26 de septiembre de 1788)

"Burgos 23 de septiembre de 1788. Mediante presentarse por esta parte la auténtica atestiguación del Ordinario eclesiástico de esta ciudad y su Arzobispado de haber sido examinado y aprobado en Doctrina Cristiana, como también la información de buena vida y costumbres y limpieza de sangre, procédase al examen que solicita ante su Señoría y los dos señores caballeros diputados del Ayuntamiento de esta M.N. y M.M.L. ciudad, con asistencia de los dos maestros de primaras letras establecidos en esta capital, con aprobación del Real y Supremo Consejo de Castilla, sobre la pericia del arte de leer, escribir y contar, según se manada por Real Provisión de los mismos señores de 11 de julio de 1771, finalizándose las diligencias de lo que en este actos resulte, se traiga el expediente para proveer lo demás que en justicia corresponda."




"Diligencia de examen. En la ciudad de Burgos a 26 de septiembre de 1788, en consecuencia de lo que se manda por el Decreto antecedente a presencia de los señores Don Pedro Nicolás del Valle, del Consejo de S.M., alcalde honorario de la Real Chancillería de Valladolid, alcalde mayor de esta dicha ciudad
[Burgos], su alfoz y jurisdicción, y corregidor interino de ella por indisposición del señor propietario, el Conde de Villariezo, y Don Francisco Melgosa, regidores perpetuos del Ayuntamiento de esta dicha ciudad, y caballeros examinadores de oficios que son en este presente año, y asistencia de Don Manuel de Vizcaya, maestro de primeras letras establecido en esta capital, con aprobación del Supremo Consejo de Castilla, en testimonio de mi el infrascrito escribano de Ayuntamiento, se ha examinado en el arte de leer, escribir y contar, haciéndole escribir a su presencia muestras de las diferentes letras, y extender ejemplares de las cinco cuentas, consiguiente a lo que se previene y manda en la Real Provisión expedida por los señores de dicho Real y Supremo Consejo con fecha de 11 de julio del año pasado de 1771: a Ignacio Díaz de Tudanca, vecino del lugar de Huérmezes, y por el referido maestro se ha manifestado le halla hábil y suficiente para el ejercicio de maestro de primeras letras, así en leer como en escribir y contar, para que le pueda ejercer en pueblos de cortas dotaciones pero no en las crecidas y de mucho concurso de escolares. Con lo cual se concluyó este acto de examen que firmaron dichos señores y el citado maestro de primeras letras, y en fe de todo yo el escribano.

 



[Pedro Nicolás del Valle (firma como "Valle") era en 1788 alcalde mayor de Burgos y miembro del Real Consejo de Castilla; en 1794 se le concederían honores de alcalde de Casa y Corte y en 1811 se le nombraría ministro del Consejo de Hacienda. El Conde de Villariezo era en aquel año Francisco María de Cañas y Riaño (VI Conde, 1778-1790), que falleció dos años después, a los 18 años de edad; era regidor perpetuo del Ayto de la ciudad de Burgos. Francisco de Melgosa (firma como "Melgosa") era también regidor perpetuo del Ayto de la ciudad de Burgos. Manuel de Vizcaya era maestro de primeras letras en la ciudad de Burgos. El escribano era Rafael Antonio Pérez]

Con fecha 27 de septiembre de 1788 se le comunicó a Ignacio Díaz de Tudanca que había resultado declarado apto para el ejercicio de maestro de primeras letras, aunque únicamente en escuelas sitas en pueblos pequeños, siempre dentro de los pertenecientes al Arzobispado de Burgos. Desconocemos si a Ignacio le satisfizo aquella resolución o la consideró injusta para sus verdaderos méritos.

 

5. DOS HOJAS DE EXAMEN

Completan el expediente dos hojas correspondientes al examen sufrido por el maestro Ignacio Díaz de Tudanca: un ejercicio caligráfico y varios ejercicios aritméticos simples.




APUNTES GENEALÓGICOS

Ignacio Díaz de Tudanca González fue el segundo de los cinco hijos que trajo al mundo la pareja formada en 1754, en Huérmeces, por Juan Díaz de Tudanca Ubierna (1728) y Martina González García (Borcos, Las Hormazas):

  1. Catalina (1754)
  2. Ignacio (1757)
  3. Francisca (1760)
  4. María (1765)
  5. Francisco (1769)
Su padre y sus abuelos paternos eran naturales de Huérmeces, dónde los apellidos Díaz de Tudanca y Ubierna se habían enraizado hacía tiempo.

Su madre y sus abuelos maternos, por el contrario, procedían del vecino pueblo de Las Hormazas; en concreto, de su barrio de Borcos.

Su hermano menor, Francisco Díaz de Tudanca González, acabaría convirtiéndose en presbítero, siendo cura beneficiado de Huérmeces durante dieciséis años (1808-1824). Fallecería en su pueblo natal en 1845, a la edad de 76 años.

Su hermana intermedia, Francisca Díaz de Tudanca González, se casaría en 1782, en Huérmeces, con Carlos Calle Fuentes (1757), trayendo seis hijos al mundo entre 1784 y 1799, todos ellos nacidos en nuestro pueblo.

No hemos encontrado posteriores referencias de sus otras dos hermanas, Catalina y María, aunque ignoramos si sobrevivieron a la infancia o se establecieron en otro lugar.





Ignacio se casó en 1777, en Huérmeces, con Manuela Ornilla Huidobro (1756), con la que trajo diez hijos al mundo, todos ellos nacidos en nuestro pueblo:
  1. María (1778)
  2. Marcos (1780)
  3. José (1783)
  4. Juan (1785)
  5. María (1786)
  6. Casimiro (1790)
  7. Victoriano (1792)
  8. Teresa (1795)
  9. Marcelino (1799)
  10. Mateo (1802)
Puede sorprender el hecho de que, mientras Ignacio ejercía de maestro por diversos pueblos del entorno de Huérmeces, su mujer se encontrara permanentemente establecida en nuestro pueblo, ya que aquí nacieron todos sus hijos.

En 1788, el año del examen de Ignacio, la pareja ya contaba con una prole de cinco hijos (si es que todos ellos habían sobrevivido a la infancia). Suponemos que, como en otros casos conocidos, Ignacio volvería al hogar familiar los viernes por la tarde (o sábados por la mañana), a lomos de una caballería, para retornar a su escuela en la madrugada de los lunes. Dura vida la del maestro en aquellos tiempos. Y no menos dura la de esposa de maestro.

No hemos encontrado posteriores referencias de ninguno de los hijos de Ignacio y Manuela, lo cual no tiene significado alguno, dadas las tempranas fechas de sus nacimientos, muy anteriores a la existencia del Boletín Oficial de la Provincia de Burgos.

[el Boletín Oficial de la Provincia de Burgos no comenzó a ofrecer datos de interés hasta los primeros años de la década de 1860; el Diario de Burgos, por su parte, nació en 1890]


FUENTES

-Archivo Municipal de Burgos. Catálogo en línea: Diligencias practicadas para el examen de maestro de primeras letras de Ignacio Díaz de Tudanca, vecino del lugar de Huérmeces. Escribanía del Ayuntamiento, 27 de septiembre de 1788.

-Archivo Diocesano de Burgos: libros parroquiales de Huérmeces: Bautizados III (1730-1781); Bautizados IV (1781-1825); Casados II (1680-1741); Casados III (1743-1785)

-Genealogía Río UbiernaEl apellido "Barona" en Ubierna. Línea 1

-Maestros y educadores españoles en el siglo XVIII. Olegario Negrín Fajardo. Cuadernos de estudios del siglo XVIII, nº 15 (2005)

-Hubo una vez unos maestros ignorantes. Los maestros de primeras letras y el movimiento ilustrado de las academias. Miguel A. Pereyra. Revista de Educación, número extraordinario (1988)


AGRADECIMIENTOS

A Ignacio Pérez, vecino de Las Hormazas que, como en otras tantas ocasiones, me ha proporcionado el interesante documento que ha dado origen a este post