sábado, 25 de marzo de 2023

Bollada: un apellido guriezano en el Huérmeces de principios del siglo XIX


A finales del siglo XVIII y principios del XIX aparece en los índices de los libros de bautizados de Huérmeces un apellido completamente extraño por estos lares: Bollada. Y lo hace en seis apuntes, concentrados entre los años 1798 y 1818:

 

  • José Varona Bollada (1798)
  • Modesto Varona Bollada (1800)

  • Gertrudis Montero Bollada (1807)
  • Ángel Bonifacio Montero Bollada (1810)
  • Aquilino Montero Bollada (1814)
  • Juliana Montero Bollada (1818)


Observamos que Bollada aparece, en los seis apuntes, mezclado con sendos apellidos muy comunes en Huérmeces y comarca: Varona y Montero. En ambos casos el apellido Bollada aparece como segundo, por lo que cabe dar por sentado que fueron dos mujeres Bollada (hermanas, probablemente) las que intercambiaron sus genes con varones locales, originando esta efímera aparición del apellido en el Huérmeces de aquellos tiempos.

Hoy, doscientos y pico años después, no queda rastro del apellido Bollada, ni en los libros parroquiales ni en los padrones municipales. Tal desaparición tiene una fácil explicación en el hecho de que, al ser mujeres la portadoras del apellido Bollada que llegó a Huérmeces, dicho apellido se perdiera en las siguientes generaciones, si es que continuaron residiendo en el pueblo, que es mucho suponer.

Pero la realidad suele superar, en muchas casos, a las expectativas que desatan meros listados de nombres y apellidos. Tras consultar las partidas bautismales correspondientes, llega la primera sorpresa: fue una única mujer Bollada la que dispersó sus genes en el anquilosado registro del ADN farol de entre siglos, contribuyendo así a la mejora de la diversidad genética del pueblo. 

La dama en cuestión se llamaba Ana María Bollada Ranero, y había nacido en Santa Cruz, uno de los 24 barrios que conforman el municipio cántabro de Guriezo, limítrofe ya con Vizcaya. En aquellos tiempos, Guriezo pertenecía al partido de Laredo, dentro de la entonces extensa provincia de Burgos.

Ana María era hija de Manuel Bollada Llamosas y Ana María Ranero San Martín, naturales de Lendagua y Lugarejos, respectivamente, ambos lugares también pertenecientes al valle de Guriezo.

Los cuatro apellidos, Bollada, Llamosas, Ranero y San Martín, son de origen claramente guriezano, apareciendo en diversos documentos, padrones y relaciones de vecinos del Valle de Guriezo desde -al menos- el siglo XVII.

El abuelo paterno de Ana María, Manuel Bollada Landera, aparece en un padrón de vecinos de Guriezo del año 1737, casado con María Antonia Llamosas Marroquín. Como la práctica totalidad de los vecinos de Guriezo, los Bollada eran hidalgos

Conviene aclarar que la condición de "hidalgo" no era sinónimo de "rico" ni muchísimo menos; la mayor parte de los hidalgos tenían que trabajar para sobrevivir, y desempeñaban oficios comunes; la mayor parte eran labradores, aunque también abundaban los canteros, herreros, carboneros, tenderos, tejedores, cesteros, arrieros o tratantes; unos pocos eran notarios, escribanos, cirujanos o farmacéuticos; y solo una minoría eran propietarios que se dedicaban a administrar su hacienda. Los Marroquín, por ejemplo, eran dueños de una de las ferrerías de la zona.

La "hidalguía" te eximía del pago de algunos impuestos (que solo recaían en los vecinos denominados "pecheros") y también te podía abrir las puertas al desempeño de algunas funciones (la mayoría de ellas meramente honoríficas o representativas). 

Por último, en aquellos tiempos, ser hidalgo era motivo de orgullo familiar, aunque esta connotación adquiriera mayor relevancia en aquellas tierras dónde se diera una menor preponderancia de vecinos hidalgos, como sucedía en el Huérmeces del siglo XVIII, dónde eran hidalgos el 75% de los vecinos del lugar; aquí, la condición de hidalgo ya constituía un agravio comparativo, al soportar el pago de impuestos una cuarta parte de la población. 

Por otra parte, tal y como sucedía en aquellos tiempos en todo lugar, las familias guriezanas, por muy hidalgas que fueran, solían tener muchos hijos. Por dicho motivo, y por la preponderancia del primogénito (mayorazgos) y por la insuficiencia de hacienda para mantener a todos, muchos de aquellos hijos tenían que buscarse la vida fuera del Valle, fuera del Partido, fuera de la provincia o fuera de Castilla; incluso al otro lado del charco, si fuera necesario. 

Ese fue el caso de Ana María, ya que ella era la cuarta de un total de ocho hermanos (seis varones y dos mujeres), todos nacidos en Guriezo entre 1765 y 1781, y todos bautizados en la espléndida iglesia de San Vicente de la Maza, en el barrio guriezano de Rioseco.



Desconocemos el motivo por el que Ana María llegó a Huérmeces o conoció a alguien avecindado en nuestro pueblo. Puede que su padre, Manuel Bollada Llamosas, fuera cantero de profesión, y llegara a Huérmeces un año cualquiera de finales del siglo XVIII, ajustado por algún vecino o incluso por algún eclesiástico, para realizar obras de cantería en alguna vivienda, en la casa rectoral o en la propia iglesia. 

Y puede que durante su estancia en Huérmeces, Manuel conociera a algún vecino (hidalgo, por supuesto) cuyo hijo le pareciera candidato idóneo con el que desposar a su hija Ana María.


PRIMERAS NUPCIAS DE ANA MARÍA   

El caso es que, por azares que desconocemos, la protagonista de esta historia, Ana María Bollada Ranero, contrajo matrimonio hacia el año 1796 con el vecino farol Juan Varona Ubierna (avecindado en Huérmeces, aunque nacido en Ruyales).

Al no encontrar el apunte nupcial en el Libro de Casados de Huérmeces, dábamos por sentado que la boda se habría celebrado en Guriezo, tal y como dictaba la tradición (la boda, en el pueblo de la novia). Lo curioso es que tampoco hemos sido capaces de encontrar la partida de matrimonio en el Libro de Casados de la iglesia parroquial de San Vicente de la Maza, en Rioseco de Guriezo (iglesia en la que Ana María había sido bautizada).

Creemos que la boda se celebró en la ciudad de Burgos hacia el año 1796, y que en Burgos nacieron otros dos hijos de la pareja Varona Bollada: el primero de ellos, Florentina (c. 1797), y el último, Juan José (1803).

Por motivos que desconocemos, después del nacimiento de Florentina la pareja se estableció en Huérmeces, y aquí nacieron dos de sus hijos: José (1798) y Modesto (1800). Tras el nacimiento de Modesto, la pareja se volvería a establecer en Burgos, y allí nacería el último de sus hijos, Juan José.

Ana María enviudó después de nacer su último hijo, aunque desconocemos el año exacto del fallecimiento de su marido, Juan Varona Ubierna, al no haber encontrado la partida funeraria correspondiente. Por otros apuntes de los libros parroquiales, creemos que Juan Varona Ubierna ya tenía una edad considerable cuando contrajo matrimonio con Ana María, quizás cercana a los cincuenta o sesenta años.


SEGUNDAS NUPCIAS DE ANA MARÍA

Tras enviudar, Ana María contrae matrimonio, en segundas nupcias, con otro vecino de Huérmeces, Anselmo Montero Pérez de Aguilar (hidalgo también, tal y como parece afirmar el tratamiento de "Don"). En este caso, la boda sí que se celebró en Huérmeces, y el apunte nupcial correspondiente dice así:


"En el lugar de Huermezes y en su iglesia parroquial de San Juan Bautista, día 24 de octubre de 1806 yo, Don Manuel Martín Varona, cura beneficiado de dicha iglesia, leídas las tres canónicas moniciones según dispone el Santo Concilio Tridentino, sin que haya resultado impedimento alguno, habiendo preguntado y obtenido el mutuo consentimiento, solemnemente por palabras de presente, desposé a Don Anselmo Montero, natural de este lugar de Huermezes, viudo de Doña Francisca Batista, hijo legítimo de Don José Montero y de Doña María Teresa Pérez de Aguilar, vecinos de este dicho lugar, y a Doña Ana María de la Bollada, natural de Santa Cruz en el Valle de Guriezo, Obispado de Santander, viuda de Don Juan Varona, vecino que fue de este dicho lugar de Huermezes, hija legítima de Don Manuel de la Bollada, ya difunto, vecino de dicho Santa Cruz, y de Doña Ana María de Ranero, vecina de él, siendo testigos dicha Doña María Teresa, Don Julián Varona y Feliciano Lomillo, natural y vecino de este referido Huermezes; precedió la recepción de los Santos Sacramentos de Penitencia y Eucaristía, y la aprobación en doctrina cristiana; y por verdad lo firmé con el [...] fecha ut supra".

Firmas del cura (Manuel Martín Varona), los novios (Ana María  de la Bollada y Anselmo Montero Pérez), y dos testigos (Feliciano Lomillo y María Teresa Pérez de Aguilar, la madre del novio)

Ana María pasó de un extremo a otro, ya que su segundo cónyuge era cuatro años menor que ella (Anselmo tenía 28 años en 1806; Ana María, 32 años). Fruto de este segundo matrimonio, nacieron en Huérmeces cuatro hijos Montero Bollada: Gertrudis (1807), Ángel (1810), Aquilino (1814) y Juliana (1818).

Cabe apuntar que el nacimiento de Ángel y Aquilino acaeció durante los años de la guerra contra el invasor francés; guerra que Huérmeces sufrió con saña, con periódicos tránsitos y acampadas de ejércitos españoles y franceses.

Gertrudis, la primogénita de los cuatro hijos de Anselmo y Ana María, falleció de niña, tal y como aparece en el libro de finados de Huérmeces:

  • Gertudis Montero Bollada, fallecida en 1818, a los 11 años de edad 

¿ARRAIGÓ EN HUÉRMECES ALGÚN BOLLADA?

No hemos encontrado nuevas referencias en ninguno de los libros parroquiales, por lo que suponemos que tanto los dos hijos Varona Bollada (huérfanos de padre) como la totalidad de la familia Montero Bollada, acabaron por abandonar nuestro pueblo, en busca de un futuro en otro lugar.

Desconocemos en qué lugar se establecieron definitivamente Anselmo y Ana María, junto con los hijos supervivientes. Creemos que dirigieron sus pasos hacia la capital provincial, aunque no tenemos constatación alguna del hecho. Únicamente hemos conseguido seguir la pista del tercer hijo de Anselmo y Ana María: Aquilino.

En efecto, de Aquilino Montero Bollada hemos encontrado varias referencias en diversas publicaciones oficiales, ya que tuvo a bien hacerse funcionario: tanto en el Boletín Oficial de la Provincia de Burgos como en la Gaceta de Madrid (denominación antigua del BOE), aparecen varios anuncios que nos hablan de una dilatada carrera funcionarial. 

En la década de 1840 aparece como vecino de Sedano; en 1854 tomó posesión del cargo de administrador de Rentas Estancadas, dentro del Ministerio de Hacienda, con destino en Miranda de Ebro; durante toda la década de 1860 y gran parte de la de 1870 prestó sus servicios en la sección administrativa de la provincia de Burgos, como oficial de 5ª y 4ª clases; en 1877 obtiene la plaza de jefe de la Sección de Propiedades de Álava, con un sueldo anual de 2000 pesetas. Aquilino falleció en 1880, a los 66 años de edad, ya en la recta final de su carrera de funcionario; a su esposa, Fermina Aguirre Yarza, le fue concedida una pensión de viudedad de 500 pesetas anuales, pagadas por el Montepío correspondiente.

A la espera de más exhaustivas consultas en los libros parroquiales, no podemos ni siquiera aventurar el hecho de que algún Varona Bollada o Montero Bollada permaneciera en Huérmeces el tiempo suficiente como para formar una familia. Quizás algún día sepamos si el gen guriezano forma parte de alguno de nosotros.

 

APUNTES GENEALÓGICOS

1. Ana María Bollada Ranero (Guriezo, 1774)

Los ocho hermanos Bollada Ranero (todos nacidos en Guriezo):

  • Manuela (1765)
  • Manuel Antonio (1767-1828)
  • Gregorio (1769)
  • Miguel Antonio (1771)
  • Ana María (1774)
  • Francisco Miguel (1776)
  • Ramón (1778)
  • Juan Antonio (1781)
Padres:

  • Manuel Bollada Llamosas (Guriezo, c. 1733-1791)
  • Ana María Ranero San Martín (Guriezo)

Abuelos paternos (casados en 1732):

  • Manuel Bollada Landera (Guriezo, 1709-Madrid, 1740)
  • María Antonia Llamosas Marroquín (Guriezo, 1711-1776)

Bisabuelos paternos:

  • Francisco Bollada Martínez (Guriezo, 1685)
  • María Landera Martínez
Abuelos maternos:
  • Juan Ranero (Guriezo)
  • María Antonia San Martín (Guriezo)

2. Juan Varona Ubierna (Ruyales del Páramo) Casado con Ana María Bollada Ranero (en las primeras nupcias de ella) 

Padres:
  • Juan Varona Rojo (Ruyales del Páramo)
  • Francisca Ubierna Güemes (Huérmeces)
Abuelos paternos:
  • Juan Varona (Ruyales del Páramo)
  • Bernarda Rojo (?)
Abuelos maternos:
  • Francisco de Ubierna (Huérmeces)
  • Teresa de Güemes (Huérmeces)

3. Anselmo Montero Pérez de Aguilar (Hces, 1778) Casado con Ana María Bollada Ranero (en las segundas nupcias de ella) en 1806

Padres (vecinos de Huérmeces):
  • José Montero Rodríguez de Ubierna (Palencia-Huérmeces, 1808)
  • Teresa Pérez de Aguilar Guilarte (Burgos-Huérmeces, 1811)
Abuelos paternos (vecinos de Burgos):
  • Fernando Montero (Poza de la Sal)
  • Josefa Rodríguez de Ubierna (Burgos)
Abuelos maternos (vecinos de Burgos):
  • Juan Francisco Pérez de Aguilar (Soto en Cameros)
  • Manuela Guilarte (Burgos)

Anselmo Montero Pérez de Aguilar se había casado en primeras nupcias en Huérmeces, año 1800, con Francisca de Batista de Llera (Pamplona); tuvieron un hijo, Antonio María Montero Batista (Hces, 1801); Francisca falleció un mes después del parto, dejando viudo a Anselmo.

Anselmo Montero Pérez de Aguilar tuvo siete hermanos, todos nacidos en Huérmeces: Juliana Ramona (1777, fallecida al nacer), Gregorio (1780), Victoriano María (1784), Sinforosa (1787), Petra (1790), Claudia (1791, murió a los 3 años) y Casimira (1795). 


ANEXOS

EL VALLE DE GURIEZO


Guriezo es uno de los 102 municipios de Cantabria. Su denominación antigua, Valle de Guriezo, resultaba más explícita, ya que su territorio (75 km2) coincide con la mayor parte del valle formado por el río Agüera.



El río Agüera, el hacedor del valle de Guriezo, nace en la estribaciones septentrionales del Burgueño (1043 m), pico que forma parte de los Montes de Ordunte, y desemboca en la ría de Oriñón, ya en terrenos del municipio de Castro Urdiales. A lo largo de su curso (29 km) movía multitud de molinos y varias ferrerías.





Aparte de la vega originada en ambas márgenes del río Agüera, Guriezo es un territorio claramente montañoso, rodeado completamente (excepto en su extremo septentrional, en la salida del Agüera hacia el mar) por elevaciones montañosas que rondan los 400-750 m de altitud. La máxima altitud del municipio se localiza en la icónica Ermita de las Nieves (773 m), en la que se celebra una popular romería cada 5 de agosto. Las vistas desde la ermita resultan espectaculares, con el valle de Guriezo al fondo.




El municipio de Guriezo está formado por 24 pueblos, aldeas y caseríos o, como se dice por allí, barrios; alguno de ellos con sonoros y curiosos nombres: Adino, Agüera, Angostina, Balbacienta, Cabaña la Sierra, Carazón, La Corra, Francos, Landeral, Lendagua, Llaguno, El Llano, Lugarejos, La Magdalena, Nocina, Pomar, El Puente, Ranero, Revilla, Rioseco, Santa Cruz, Torquiendo, Trebuesto y Tresagua. La capital del municipio se encuentra en El Puente.

La población del municipio alcanza los 2400 habitantes, y se concentra en El Puente y el resto de barrios situados en el valle bajo del Agüera, dónde también se sitúa el polígono industrial de Lendagua, en el que se ubica la histórica fábrica de Magefesa (hoy Vitrinor-Magefesa).

El patrimonio arquitectónico de Guriezo se puede resumir en cinco iglesias (entre las que destaca San Vicente de la Maza, en Rioseco), siete ermitas, dos puentes de piedra, varias casonas y casas-fuerte, una ferrería y varios molinos. 

En las alturas, en el entorno de la ermita de las Nieves y del embalse del Juncal, existen varios vestigios megalíticos, entre los que destaca el denominado menhir de Ilso de Lodos, peligrosamente inclinado.




Además, por la zona noroccidental del municipio transcurre el denominado Camino de Santiago de la Costa o del Norte.

Hoy en día, Guriezo puede considerarse ubicado dentro del área de influencia del área metropolitana de Bilbao (situado a unos 45-50 km, la mayor parte de los cuales trascurre por autovía), con un pequeño polígono industrial y varias promociones inmobiliarias modernas, utilizadas tanto de primera como de segunda residencia.

A finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, Guriezo era también un lugar relativamente poblado, contando con unos 400 vecinos (1640 almas) y 10 curas, nada menos. El Valle de Guriezo pertenecía al Partido de Laredo, dentro de la entonces enorme Provincia de Burgos.

A mediados del siglo XIX se fundó en Guriezo uno de los primeros altos hornos de la península, la "Fábrica de hierro de Nuestra Señora de la Merced", con capital vizcaíno y embrión de los futuros "Altos Hornos de Vizcaya".


Mapa del Partido de Laredo y Cuatro Villas de la Costa, de Tomás López (1774)


La distancia entre Guriezo y Huérmeces alcanzaría los 130 km, por el puerto de los Tornos y el camino del Pescado entre Burgos y Santoña. Un viaje entre ambas localidades supondría un esforzado trayecto de varias jornadas, con varios pasos de montaña de por medio.


EL APELLIDO BOLLADA

Ya hemos comentado que el apellido Bollada aparece documentado en el valle de Guriezo a principios del siglo XVII. Así, en 1616, tenemos constancia del matrimonio entre Baltasar de la Bollada y María Aguilera; a partir de esta fecha, van apareciendo las sucesivas generaciones Bollada: Francisco Bollada Aguilera, Francisco Bollada Ranero, Francisco Bollada Martínez, Manuel Bollada Landera y Manuel Bollada Llamosas, hasta llegar a "nuestra" Ana María Bollada Ranero y sus siete hermanos.

Curiosamente, en el Catastro de Ensenada (1752) no aparece ningún Bollada en el Valle de Guriezo. Hay que tener en cuenta que en el Catastro únicamente se consignaba el nombre y primer apellido del cabeza de familia. También hay que considerar que la fecha de elaboración de la pesquisa pudo coincidir con un relevo generacional en los Bollada de Guriezo: Manuel Bollada Landera (el abuelo de Ana María) había fallecido en Madrid en 1740; su hijo Manuel Bollada Llamosas (el padre de Ana María) había nacido en Guriezo hacia el año 1733, por lo que -en 1752- apenas habría alcanzado la mayoría de edad ni se habría casado, no figurando en la relación de cabezas de familia del valle.

[En el Catastro aparece, sin embargo, la viuda de Manuel, María Antonia de las Llamosas Marroquín, la abuela de Ana María, de profesión labradora y residente en el barrio de Lendagua]

Nos encontramos ante un apellido claramente toponímico. En Tresagua, uno de los 24 barrios que conforman el municipio de Guriezo, existe un paraje denominado La Bollada, con una casa de igual denominación. Suponemos que el origen de este apellido guriezano se encuentra aquí, en este paraje llano, sito en la ribera oriental del río Agüera, hoy muy cerca de la fábrica de Magefesa.





La casa denominada La Bollada tiene unas considerables dimensiones (21x11 m) y un origen que data de finales del siglo XVII o principios del XVIII. Sometida a muchas reformas, hoy presenta un buen estado de conservación, y se encuentra rodeada de una finca de media hectárea de extensión.


Foto: Xurde Morán (2016)


En una de las pilastras de la puerta de acceso, grabado en piedra, aún puede leerse el nombre de la casa, aunque su traza parezca de factura moderna.






No está clara la etimología del término "bollada", a no ser que consideremos la forma "boyada", con el significado de manada de bueyes. Guriezo es una tierra ancestralmente ganadera, por lo que dicha acepción tendría mucho sentido.

Bollada es hoy un apellido poco común. En la actualidad, existen en España 157 personas que portan el apellido Bollada: 70 de ellas lo llevan como primer apellido, y 87 como segundo. El apellido está repartido entre Cantabria y Vizcaya, aunque su origen sea claramente cántabro. En Guriezo aún aparecen avecindados varios Bollada, por lo que su presencia en el valle abarca ya más de cuatro siglos.

En varios países de América acabaron por radicarse personas con apellido Bollada, especialmente Cuba y Méjico. A mediados del siglo XIX llegaron varios Bolladas a América, consecuencia del penoso estado social, político y económico del país; a partir de principios del siglo XX, otras causas pasaron a potenciar la emigración americana, como las guerras coloniales en el norte de África y la huida de un reclutamiento que, en la mayoría de los casos, tenía fatales consecuencias para los jóvenes soldados. 

Por último, tras la caída del frente del norte en el verano de 1937, muchos fueron los Bolladas guriezanos y vizcaínos que tuvieron que salir del país, por razones obvias. Durante la II República y los primeros meses de la Guerra Civil, Guriezo constituyó un importante núcleo de militancia política y sindical de izquierdas.



BOLLADAS ILUSTRES

No incluimos aquí a personas que ocuparan cargos de importancia, ni a aquellas que pertenecieran a familias hidalgas de rancio abolengo; preferimos incluir a dos Bolladas, de procedencia guriezana, que ejercieron una dilatada, humilde y apreciada carrera profesional: una maestra y un cura. 

  • Guadalupe LLAMA BOLLADA: natural de Guriezo (c.1915), ejerció su profesión de maestra en diversas escuelas del municipio durante más de 45 años; en 1981 fue nombrada hija predilecta de Guriezo; en 2011, cerca ya de alcanzar la edad centenaria, le fue dedicada una plaza en Rioseco de Guriezo.




  • Alberto PICO BOLLADA (La Habana, 1931-Santander, 2014): aunque nació en Cuba, en una familia de emigrantes guriezanos, a los seis meses de edad llegó al valle de Guriezo con su madre y su hermano Manuel; su padre se quedó en Cuba. Se ordenó sacerdote en 1956 y uno de sus primeros destinos fue como capellán de la Marina Mercante; en 1971 se convirtió en párroco de la iglesia del Carmen en el Barrio Pesquero de Santander, dónde cumplió con una encomiable labor, no solo pastoral, que también social y cultural; ejerció como docente de religión en el instituto del barrio; fue un sacerdote muy querido en el Barrio Pesquero, ejerciendo su labor de una manera coherente con su credo, lo que le creo no pocos problemas con ciertas autoridades de la época. Fue considerado como uno de los denominados curas "rojos" u "obreros" en los años setenta del siglo pasado. En octubre de 1975 fue uno de los sacerdotes "santanderinos" sancionados con una multa de 100.000 pesetas, por el "inadecuado" contenido de sus homilías. Dos días después de la muerte de Franco, el Gobierno Civil de Santander les condonó la multa.



Baleares, 20 de octubre de 1975



GURIEZO Y HUÉRMECES

Por carretera, unos 130 km separan hoy los municipios de Guriezo y Huérmeces. No son muchos, pero más que suficientes para que las diferencias paisajísticas y climatológicas se hagan más que patentes. Las diferencias históricas, por el contrario, no son tantas.


A finales del siglo XVIII y principios del XIX, ambos municipios pertenecían a la entonces extensa provincia de Burgos. Guriezo estaba incluido en el partido de Laredo; Huérmeces en el de Castrojeriz. El peso demográfico de Guriezo era tres veces superior al de Huérmeces, aunque también era superior su territorio y el número de núcleos de población.

DOS MUNICIPIOS DE HIDALGOS
 
La preponderancia del estado noble (hidalgos) sobre el estado general (pecheros) era grande en ambos lugares. El 100% en el caso de Guriezo, del 75% en el de Huérmeces. La diferencia radicaba en que, en el caso de Guriezo, la "tasa de hidalguía" era similar a la media de todos los pueblos que conformaban el partido de Laredo (85%), mientras que, en el caso de los cuatro pueblos que hoy conforman el municipio de Huérmeces, dicha tasa (55%) era muy superior a la media de pueblos del partido de Castrojeriz (2%). 

Los cuatro pueblos del hoy municipio de Huérmeces presentaban "tasas de hidalguía" algo dispares; en un extremo, Ruyales (76%) y Huérmeces (77%); en el otro, Pantaleón (13%) y Quintanilla Pedro Abarca (0%).

Esta preponderancia de hidalgos se plasmó, en ambos municipios, en la abundancia de edificaciones notables, con buenas labores de sillería, escudos nobiliarios y puertas en arco de medio punto. Tanto en Guriezo como en Huérmeces existen varios palacios y torres, que nos hablan de un pasado esplendor.

UN INTENTO DE COMPARATIVA

En la siguiente tabla se han elegido una serie de indicadores comparativos (pasados y presentes) entre ambos municipios, en un intento por identificar cuales pudieron ser los motivos del diverso devenir de cada uno.





A mediados del siglo XVIII la relación entre la población de Huérmeces y Guriezo rondaba el 1:3; hoy en día, esta relación se ha disparado a 1:14, consecuencia lógica de la óptima situación geográfica de Guriezo en el contexto socio-económico de finales del siglo XX y principios del XXI. 

A pesar de estar situado a unos 45-50 km de Bilbao, puede considerarse que Guriezo se encuentra dentro del área de influencia del Gran Bilbao, lo que ha ocasionado que su población haya crecido en las últimas décadas. Guriezo posee, además, un pequeño polígono industrial, que ha contribuido a fijar y atraer población al municipio.





Sin embargo, la zona de influencia de la ciudad de Burgos y su área industrial no va más allá de Quintanadueñas-Arroyal, no llegando ni por asomo al municipio de Huérmeces, a pesar de estar situado a apenas 25 km de la capital provincial (y a 20 km del polígono industrial de Villalonquéjar).

Nos encontramos, pues, ante dos municipios con un cierto pasado esplendoroso, rico en hidalgos pobres, pero con un desarrollo moderno claramente divergente, producto sobre todo de su situación geográfica y del diferente devenir de sus principales centros de referencia.



FUENTES

Archivo Diocesano de Burgos: parroquia de San Juan Bautista de Huérmeces: Libro IV de Bautizados (1781-1825), Libro IV de Finados (1789-1825) y Libro IV de Casados (1785-1825); parroquia de los Santos Justo y Pastor de Ruyales del Páramo: Libro de Bautizados II (1765-1851); Libro de Casados I (1657-1851)

Archivo Histórico Catedralicio y Diocesano de Santander: Fondo de la parroquia de San Vicente de la Maza de Guriezo: Libro de Bautizados (1761-1798); Libro de Casados (1724-1789); Libro de Casados (1789-1822)

El Real Valle de Guriezo, un pueblo de hidalgos. María Pilar Llama Zubieta. Ediciones Tantín. Santander (2002)

Padrón de vecinos del valle de Guriezo correspondiente al año 1737, Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Protocolos y Padrones, Caja 139,1. Digitalizado y disponible en PARES (106 imágenes); Santa Cruz (imágenes 53-55)

Catastro de Ensenada: Guriezo (Valle de Guriezo). Digitalizado y disponible en PARES (107 imágenes) Buscador de localidades incluidas en el Catastro de Ensenada




sábado, 11 de marzo de 2023

Fresno de Nidáguila, un despoblado temprano (1889)


Si exceptuamos el lugar de Monasteruelo, abandonado ya a finales del siglo XVI, el despoblado más cercano a Huérmeces lo constituye el lugar de Fresno (o Fresnos) de Nidáguila, situado a unos 12 km al N-NE de nuestro pueblo. 

Fresno tuvo vida hasta los años finales del siglo XIX, por lo que puede considerarse como un despoblado temprano, claramente anterior al gran éxodo rural iniciado a mediados del siglo XX. La desaparición de Fresno no tuvo nada que ver con la masiva emigración del campo a la ciudad, más bien fue consecuencia de la dureza de su propio emplazamiento y de la pequeña entidad que siempre tuvo el lugar, haciéndolo más proclive al despoblamiento, al depender su futuro de unas pocas familias.




Situado a unos 970 m de altitud, en el pequeño vallejo del Portillón, enmarcado por las altas parameras del Tino y Otero (1040-1050 m) y por la confluencia del arroyo del Portillón y el joven río de San Antón.

 

ORÍGENES MEDIEVALES DE FRESNO

En el entorno inmediato (700 m al sureste, ya en terrenos de Masa) existe un túmulo megalítico de grandes dimensiones, en mitad de una tierra de labor; esta presencia tumular nos habla de una zona con antiguos poblamientos, en terrenos aptos para el pastoreo, y con varios manantiales y arroyos en las inmediaciones. 

Al igual que otros pueblos del entorno, suponemos que Fresno tuvo un origen altomedieval, allá por los tiempos de la repoblación. La primera referencia documental de Fresno aparece en el Cartulario del monasterio de Rioseco, en un documento de donación del Rey Alfonso VII, datado en 1139, en el que aparece Fresno (Freisno) dentro de la relación de lugares que delimitan el territorio dependiente del monasterio de Quintanajuar. También aparecen referencias a Fresno en otros documentos del mismo cartulario (años 1186, 1170 y 1171).

La siguiente referencia documental aparece en el archi conocido listado de préstamos del Obispado de Burgos en los tiempos del obispo don Aparicio (1247-1257); Fresno viene consignado con 11 maravedíes, una cantidad similar a la de otros pueblos del entorno: Nidáguila (10), Masa (10), Monasteruelo (8), Montorio (11), Robredo Sobresierra (6) y Ruyales del Páramo (11).

En la colección diplomática del monasterio de San Salvador de Oña aparece un documento del año 1274, que nos habla de arrendamientos en Fresno y Nidáguila.

Fresno no aparece en el Libro Becerro de las Behetrías (1352), lo que puede interpretarse de varias maneras: bien que el lugar estuviera despoblado a causa de la peste de 1348, bien que su ausencia obedezca, simplemente, a un error u omisión por parte de los pesquisidores.


SIGLOS XVI-XVIII: UNA POBLACIÓN ESTANCADA Y NUNCA SUPERIOR A LOS 40 HABITANTES

En diversos censos y averiguaciones del siglo XVI, Fresno aparece con una población exigua de 4-6 vecinos (unas 16-24 almas). En aquellos tiempos, Fresno pertenecía a la Merindad de Río Ubierna, en lugar de hacerlo al Valle y Honor de Sedano, como su posición geográfica pudiera indicar.

A principios del siglo XVIII, su población seguía sin remontar; en 1709, el visitador diocesano dejó constancia de tal hecho: tres vecinos (unas 12 almas).




En los tiempos del Catastro de Ensenada (1752), Fresno (Fresno junto a Nidáguila) continuaba siendo un lugar poco poblado, aunque su población alcanzaba los 8 vecinos (6 labradores, 1 jornalero y 1 pastor) y 31 almas. El cura que atendía su iglesia parroquial de San Miguel, Domingo Blanco, residía en Nidáguila.




En un padrón general de vecinos de la Merindad de Río Ubierna, realizado pocos años después de la pesquisa del Catastro de Ensenada, en 1766, Fresno aparece denominado en plural (Fresnos) y consignado con una población de 7 vecinos (5 hidalgos y 2 pecheros), que se correspondería con unas 28-30 almas.




En el siempre hilarante mapa de Tomás López (1784), Fresno aparece rodeado de Masa, Nidáguila, Quintana del Pino (!), otra Quintana (!), Quintanilla Sobresierra y ... Fresno de Rodilla (!!!), localidad esta última situada a unos 32 km al SE, en tierras del puerto de la Brújula. Es lo que sucedía cuando los mapas se hacían de oídas (de leídas, en este caso).  

Durante el siglo XVIII, la iglesia de San Miguel tuvo un retablo mayor dedicado al arcángel, así como dos retablos menores dedicados a San Pedro y a la Magdalena, y una pintura de buen tamaño dedicada al Cristo de Burgos. Así quedó escrito en el Libro de Fábrica (o de Cuentas) de su iglesia parroquial.


EL ÚLTIMO SIGLO DE FRESNO: DE MASA A NIDÁGUILA

A principios del siglo XIX (Censo parroquial de 1800), la población de Fresno sigue estancada en la treintena de habitantes aunque, según el libro de diezmos, la producción agrícola era inferior a la registrada cincuenta años antes, en el Catastro de Ensenada.  

En 1834 se construye el cementerio, suponemos que adosado a la iglesia, aunque no podemos asegurarlo.

En 1835, Fresno aparece como ayuntamiento constitucional, integrado en el partido judicial de Sedano, al igual que otros pueblos cercanos como Nidáguila, Masa, Quintanajuar, Quintanarrío y Quintanilla Sobresierra; el resto de la Merindad de Río Ubierna aparece integrada en el partido judicial de Burgos.

En 1845, el lugar de Fresno aparece incorporado al municipio de Masa. No parece que los vecinos de Fresno estuvieran a gusto con su nuevo encuadre administrativo, por lo que veinte años más tarde (1877), la Diputación Provincial accede a la segregación de Fresno del municipio de Masa y a su agregación al de Nidáguila, aunque en muchas publicaciones posteriores continúe apareciendo como perteneciente a Masa. Hoy en día, tanto Fresno como Nidáguila pertenecen al municipio de Valle de Sedano.


B.O.P. de Burgos, 8 de abril de 1877


Aunque el poco fiable Diccionario de Miñano (1826) nos cuente que Fresno tiene una población de 24 vecinos (¡y 93 habitantes!), lo cierto es que, durante la primera mitad del siglo XIX, la población de Fresno oscila entre los 12 y 36 habitantes.

Durante las décadas de 1840 y 1850, Fresno aparece en diversos anuncios del Boletín Oficial de la Provincia de Burgos con una población de 12-22 habitantes. Los niños acudían a la escuela de Masa. 

En 1856 aparece publicado (Fresnos) su juez de paz: José Laredo, y su suplente, Nicasio Gómez.

En 1863, su población (36 habitantes) incluye a un cura párroco propio (Damián Díez). Hacia 1872, mantiene su población (36 habitantes), aunque su iglesia ya aparece unida a la de Masa, por lo que es servida por el cura párroco de ésta última (Manuel de la Fuente), por repentino fallecimiento de Damián (1867).




En el mapa de Coello (1868), Fresno de Nidáguila aparece ya enmarcado por las hoy carreteras (entonces caminos principales) de Burgos a Santander por el Escudo y de Poza a Villadiego por La Pinza. En teoría, un lugar bien comunicado.

En 1877 aparece el nombre de los dos electores residentes en Fresno: Dionisio García Melgosa y Leandro Gómez Güemes. En aquellos tiempos no podían votar todos los vecinos, únicamente los considerados "electores", bien por nivel de rentas, bien por nivel intelectual o de cargo.

Aunque, veinte años antes, nada hacía suponer un rápido despoblamiento del lugar, lo cierto es que, en 1885, aparecen únicamente 9 habitantes, distribuidos en tres casas.

En una publicación (Guía del antiguo Reino de Castilla, Emilio Valverde, 1886), Fresno de Nidáguila aparece descrito como un "lugar agrícola que pertenece a Masa, situado un kilómetro a la izquierda, en una lastra, al pie de una cordillera, con su antiguo torreón o castillo e iglesia parroquial"

En los libros parroquiales, el último bautizo se consigna en 1886, la última boda también en 1886, y el último funeral en 1883. El día 22 de junio de 1889 se produce la última visita diocesana, y en ella se consigna la que podríamos considerar como oficiosa "partida de defunción" del lugar de Fresno:


"Se aprueban las anteriores partidas de este libro mediante a estar arregladas al formulario y se da por terminado por haberse despoblado. Masa, 22 de junio de 1889. Firmado por el visitador, Bachiller Ignacio del Olmo y Arroyo, y el secretario, Manuel Martínez".


A partir de aquel año 1889, en los tres libros parroquiales únicamente aparecen páginas en blanco. El lugar de Fresno (o Fresnos) había dejado de existir.




En los mapas preparatorios del MTN (planimetrías), realizados en la zona en el año 1916, el despoblado aparece rotulado como "Fresnos", en plural; también se dibujan las dos ruinas principales (torre e iglesia). Aparentemente, no existen más restos de edificios en el despoblado. La rapiña siempre fue rápida, en todo tiempo y lugar.

En 1921, sabemos que se produjo el aprovechamiento parcial de la piedra de la iglesia de Fresno para la construcción del nuevo cementerio de Masa, situado a unos 400 metros al oeste del pueblo.


Cementerio de Masa, levantado en 1921 con parte de la piedra de la iglesia de Fresno


EL DESPOBLADO DE FRESNO DE NIDÁGUILA

Ciento treinta y tantos años después de su abandono, el paraje en el que se enclavaba Fresno sigue conservando cierto atractivo. La presencia de tres construcciones arruinadas enmarca el pequeño valle: una torre, una iglesia, un corral (colmenar), junto con una escondida fuente, eso es todo lo que queda. Desperdigados, aparecen restos -apenas visibles- de muros y tapias. Y en las tierras de labor circundantes, restos pétreos por doquier.



 


Desde la carretera de Nidáguila parte un camino hacia el despoblado. En invierno, será necesario cruzar un vado que puede llevar un caudal relativamente importante para tratarse de un arroyo de cabecera. El arroyo (denominado de Valdemasa en su tramo inicial) no es sino el joven río San Antón, afluente del Rudrón, y que nace 3 kilómetros y medio más al este, en el paraje llamado El Tremedal, en plena divisoria entre las cuencas del Ebro y Duero.





De la torre poco es lo que puede contarse, aunque Cadiñados Bardeci la vincule con los Templarios y las Comendadoras de Santiago. Quizás levantada en los siglos XIV-XV, fue declarada BIC en los años cuarenta, y hoy presenta un estado de ruina estable. Seguramente su altura fue muy superior, y se echa en falta el patín de acceso, cuyas buenas piedras quizás fueran reutilizadas hace tiempo.






En las cercanías de la torre, en un escondido lugar, se encuentra la antigua fuente de Fresno, levantada en piedra dispuesta de rústica manera y provista de una pequeña pileta que haría las veces de pequeño lavadero. En invierno, con la vegetación en reposo, resulta relativamente sencilla su localización; en verano, no tanto.






De la iglesia de San Miguel quedan pocos restos, ya que parte de sus piedras fueron aprovechadas para el cercado del nuevo cementerio de Masa, allá por 1921. En la pared occidental se aprecian los restos de dos arcos de medio punto. Joaquín Cidad señala que el ábside semicircular indicaría un origen románico o gótico de transición. Y poco más.






El gran corral (20 x 14 metros) que aparece en la zona baja del despoblado, más bien parece un antiguo colmenar, tanto por la calidad de su construcción como por la considerable altura de sus muros. Aparentemente, ha recibido cuidados en tiempos no muy lejanos. En una de sus esquinas, aparece una especie de pequeño refugio con tejadillo, banco de piedra y dos postes de apoyo.
 





Si continúas ascendiendo por el camino del Portillón, llegarás a un pequeño paso que, entre rocas, te lleva a la carretera de Burgos a Santander por El Escudo, a la altura del repecho final del Portillo "del" Fresno.




En la zona media del vallejo del Portillón aparece una caseta de captación de agua (para Nidáguila, suponemos), que aprovecha uno de los manantiales de la zona.

Al principio del siglo XXI se realizaron extensas plantaciones de pino en las laderas del vallejo, tal y como sucedió en muchos otros pueblos de la zona.

Algo más hacia el oeste, en dirección a Nidáguila, probablemente fuera ya del antiguo término de Fresno, se encuentra un bonito paraje de nombre Mojones. Su zona alta presenta farallones calizos muy erosionados, en forma de estilizadas columnas calizas. 


ANEXOS

¿POR QUÉ DESAPARECEN UNOS PUEBLOS Y OTROS NO?

Hablando de pueblos de pequeño tamaño, es difícil no preguntarse los motivos por los que unos desaparecieron y otros no; los porqués de que algunos se despoblaran mucho antes que otros; las causas por las que algunos resucitaran y otros no...

Pueblos enclavados en lugares de singular belleza, en principio idóneos para el establecimiento de negocios de turismo rural, ven como avanza su ruina día a día; otros, situados en parajes más vulgares, se convierten en segundas residencias, con todas sus viviendas rehabilitadas

Es cierto que otros lugares del mismo tamaño demográfico que Fresno (a mediados del siglo XVIII), llegaron con vida a los años del éxodo rural, por lo que cabría pensar que otros factores -aparte del tamaño pequeño tamaño de la población- entran en juego a la hora de determinar el abandono de un pueblo. En el entorno, únicamente Rahedo se despobló en fechas similares a Fresno.

He intentado resumir en una tabla la evolución demográfica (siglos XVIII-XX) de algunos pequeños pueblos de la comarca y su entorno inmediato. En amarillo, aparecen aquellos pueblos abandonados durante el gran éxodo rural 1950-1970; en verde, los pueblos que se quedaron temporalmente despoblados durante el gran éxodo, pero que resurgieron posteriormente; en rosa, pueblos despoblados a finales del siglo XX (Fresno y Rahedo); en blanco, pueblos de muy escaso tamaño a mediados del siglo XVIII, pero que remontaron posteriormente y han llegado con vida a nuestros días. Se han señalado también los pueblos que tenían cura párroco ("Cur") a mediados de los siglos XVIII y XIX (en este último periodo, todos los pueblos tenían cura excepto Quintanarrío).



Observamos que, en tiempos del Catastro de Ensenada (mediados del XVIII), eran varios los pueblos que mantenían una población igual o inferior a los 40 habitantes: Ceniceros del Rudrón (32 hab), Espinosilla de San Bartolomé (35), Fresno de Nidáguila (32), Mata Sobresierra (24), Quintana del Pino (24), Quintanarrío (13), Rahedo (25) y Villalvilla Sobresierra (30) y Villalta (40).

Podemos constatar que, un siglo después, a mediados del XIX, únicamente Mata (83 hab), Rahedo (66), Villalvilla (67) y Villalta (100) habían visto claramente incrementada su población; el resto, apenas la mantenían.

A finales del siglo XIX, únicamente Fresno y Rahedo se habían despoblado.

Después del gran éxodo 1960-1980, Ceniceros y Villalta habían visto como la totalidad de sus casas quedaban abandonadas.

Al mismo tiempo, pueblos que a mediados del siglo XIX mantenían un nivel de población claramente superior a los anteriores: Bárcena de Bureba (77 hab), Cortiguera (100), Hormicedo (67), Icedo (44), Lorilla (146), Puentes de Amaya (68), Quintanjuar (140) y Valdearnedo (47), se habían despoblado complemente durante el gran éxodo.

Podemos asegurar que es la posición geográfica y topográfica del lugar la que resulta ser el factor decisivo a la hora de ocasionar el despoblamiento de un pueblo:


  • La elevada altitud constituye, en estas frías tierras, una limitación importante, ya que los vientos dominantes condicionan la supervivencia de plantas y animales
  • la lejanía a ríos y manantiales también constituye una limitación de importancia, por razones obvias
  • la escasez de terrenos cultivables, con predominio de los pastizales de altura, ocasionaba que la economía agraria del lugar se basara, casi exclusivamente, en el pastoreo extensivo 
  • La lejanía a carreteras y vías de comunicación importantes: aunque, en el caso de Fresno, la cercanía del lugar al cruce y mesón de Masa, parada obligada de las rutas de Burgos a Santander y de Poza a Villadiego, parece contradecir este hecho
  • La lejanía a núcleos de población importantes también puede condicionar la supervivencia del lugar, aunque siempre encontraremos excepciones al respecto (Villalibado, muy cercana a Villadiego, se despobló completamente en tiempos recientes)


Si bien a finales del siglo XIX (cuando se despobló Fresno) no podría argumentarse la ausencia de suministro eléctrico como factor determinante para la despoblación del lugar, es cierto que en décadas posteriores sí que resultaría un factor decisivo (Bárcena de Bureba).

Otro factor decisivo pudiera ser la reiterada presencia de un número escaso de familias en el vecindario de la población, de manera que el futuro del lugar dependía de las decisiones tomadas o de las incidencias sufridas por muy pocas personas. Las enfermedades contagiosas, por ejemplo, podían diezmar a varias familias, comprometiendo el futuro del lugar. Lo mismo podría decirse de la decisión de abandonar el lugar por parte de alguna de las familias radicadas en el pueblo: el efecto imitador sería imparable. 


EL PORTILLO DEL FRESNO: UN ERROR TIPOGRÁFICO

Circulando por el punto kilométrico 36.5 de la carretera N-623, la vieja Burgos-Santander por El Escudo, justo enfrente de la pista que se dirige a la torreta de vigilancia de incendios, visualizaremos un llamativo cartel de caracteres blancos sobre fondo marrón: "Portillo del Fresno 1050 m".



Nos encontramos ante uno más de esos numerosos errores tipográficos y/o cartográficos que salpican mapas y carreteras de la geografía nacional. Aunque sea correcta la altitud aproximada del lugar (1050 m), así como su consideración como "portillo", en virtud de que el paraje posea la máxima altitud de este tramo de carretera, el error estriba en el nombre del portillo, incorrecto por una letra de más, pero incorrecto al fin y al cabo.

El nombre correcto del portillo deriva de la existencia en sus cercanías no de un árbol del género Fraxinus, sino del antiguo despoblado denominado Fresno. Por lo tanto, el nombre correcto sería "Portillo de Fresno"

Probablemente, el error se trasladó de los mapas a la cartelería. El primer mapa en el que encontramos el rótulo "Portillo del Fresno" data de 1996, en la primera edición del MTN a escala 1:25.000 para la hoja 167. Y el rótulo se mantuvo en las sucesivas ediciones, tanto del MTN25 como del MTN50.


MTN25, Hoja 167-I (1996)
 
MTN25, Hoja 167-I (2020)

MTN50, Hoja 167 (2007)

Observamos que el camino que desde el despoblado asciende al páramo recibe el nombre de "Camino del Portillón", trazado con anterioridad a la construcción de la carretera nacional de Burgos a Santander por El Escudo. También se aprecia que el despoblado recibe el nombre de "Fresnos", en plural, denominación habitual del lugar desde mediados del siglo XIX.

FRESNO EN EL CATASTRO DE ENSENADA (1752)

  • El nombre del lugar es Fresno junto a Nidáguila
  • Fresno pertenecía a la Jurisdicción de Río Ubierna, detentada por el duque de Medinaceli, con cabeza en Quintanaortuño
  • El territorio del término es todo comunero con los lugares de Masa, Nidáguila y Montorio, con los que linda; mide media legua de cierzo a ábrego y cuarto y medio de solano a regañón; de circunferencia, legua y media [la extensión del término de Fresno -unas 130 fanegas- es la más pequeña, con diferencia, de todos los lugares que componían la Merindad de Río Ubierna]
  • El territorio solo tiene tierras de secano y la parte que le corresponde de un monte de roble, explotado en común con Sedano, Masa, Mozuelos y Nidáguila; se corta de doce en doce años, y a Fresno le corresponden seis carros de leña al año; también existen en el territorio cinco corrales y algunas eras
  • Entre los impuestos destacan los diezmos (pago en especie, una parte de cada diez para cada uno de los cultivos); los diezmos se dividen en tres partes iguales, una para el cura beneficiado, otra para un tal Antonio Polledo (vecino de Madrid), y de la otra dos partes para Su Majestad (Que Dios Guarde) y una parte para la Iglesia; la Iglesia también percibía las denominadas primicias, por las que cada vecino pagaba dos celemines de pan (mitad trigo y cebada) en el cayo de que poseyera una yunta de bueyes, y un celemín en el caso de que no tuviera yunta alguna; en el Fresno de entonces, cinco vecinos tenían pareja de bueyes y dos no la tenían
  • No hay más árboles que unos pocos olmos
  • Existen dos molinos harineros, de una rueda cada uno, que solo muelen tres meses al año, con el agua que nace en términos de Masa; sus propietarios son Ángel García y Juan Gómez
  • Existen 44 colmenas, cuyos propietarios son Ángel García (8), Francisco Gallo (2) y Manuel Díez Fernández (31), este último vecino de Escalada, y que está levantando una casa en el pueblo
  • No hay ningún clérigo, ya que su iglesia parroquial (San Miguel) está servida por el beneficiado de Nidáguila, Domingo Blanco
  • No hay pobres de solemnidad
  • No hay monasterios ni conventos
  • Hay siete casas habitables y ninguna inhabitable; también hay varias tenadas y pajares; y una casa en construcción, levantada por el mencionado vecino de Escalada, Manuel Díaz Fernández
  • Hay una taberna que, por ser de poco consumo, lleva el propio concejo
  • Hay seis vecinos labradores (Antonio González, Ángel García, Francisco Gallo, Juan de Laredo, Miguel de Laredo y Juan Gómez), un jornalero (Pedro García) y un pastor de ganado lanar (Juan de la Serna)
  • la cabaña ganadera del lugar está formada por nueve borregos, dos caballos, diecisiete vacunos y trescientos veinte ovinos
  • sus cultivos principales: trigo, cebada, centeno, yeros, avena, veza, lentejas y titos
  • ninguno de los tres vecinos que participaron en la pesquisa como declarantes (Antonio González, Ángel García y Francisco Gallo) firmaron los memoriales, ya que declararon no saber hacerlo 


FRESNO EN EL PADRON GENERAL DE LA MERINDAD DE RIO UBIERNA (1766)

Relación de los siete vecinos del lugar de Fresno de Nidáguila, con indicación de su estado y sus hijos mayores de edad: 

  1. Antonio González, pechero
  2. Benito Laredo, hijodalgo notorio; y su hijo, Manuel Laredo
  3. Miguel de Laredo, hijodalgo notorio; y sus hijos José, Gregorio, Pedro y Juan de Laredo
  4. Silvestre Gómez, alcalde pedáneo, hijodalgo notorio; y sus hijos Juan y Gregorio Gómez
  5. Francisco Gallo, hijodalgo notorio; y su hijo Juan Gallo
  6. Juan Gómez, hijodalgo notorio; y sus hijos Juan, Antonio y José Gómez
  7. Ángel García, pechero

FRESNO EN EL DICCIONARIO DE MIÑANO (1826)




El Miñano nunca defrauda. No dudes en consultarlo si quieres pasar un buen rato. Se supone que fueron los curas párrocos sus fuentes principales pero, aún así, cuesta entender ciertas cifras: Fresno de Nidáguila ... 24 vecinos, 93 habitantes. Nada que ver con la realidad de principios del siglo XIX. Tal cantidad de personas no se reunian ni el día de las fiestas patronales de Fresno. Por otra parte, para consignar los pueblos limítrofes con Fresno, el amigo Miñano se limita a consultar el mapa de Tomás López (1784), otro viejo conocido, y famoso también por sus errores de bulto. Así, volvemos a encontrar a Fresno de Rodilla como pueblo vecino de Fresno de Nidáguila; y a un tal Quintana, que no es Quintana del Pino, y que resulta difícil de identificar. El resto del epígrafe es correcto: Fresno pertenece a la provincia, partido y arzobispado de Burgos, y dista 5 leguas y media de la capital, 4º al noroeste de la misma. Larga vida al Ficcionario de Miñano.


LOS ÚLTIMOS DE FRESNO

Como en muchos otros casos, los libros parroquiales de Fresno de Nidáguila constituyen los últimos coletazos de vida (y muerte) de un lugar que se despuebla sin remedio. Hojear sus últimos folios escritos (recto y vuelta, recto y vuelta) supone una labor cercana a la arqueología documental: nombres y apellidos de los últimos bautizados, casados y finados; nombres y apellidos del último cura párroco de Fresno, del último cura párroco de las iglesias unidas de Masa y Fresno, del último visitador diocesano, que hizo las veces de finiquitador de los libros parroquiales del lugar... 

LOS ÚLTIMOS BAUTIZADOS

El último libro de bautizados comprende los años 1870-1886. De sus 160 folios, únicamente se encuentran utilizados 10 (recto y vuelta), correspondientes a los 20 bautismos que se celebraron en Fresno durante aquellos 17 años.

Entre los nacidos, predominan los apellidos Alonso, Gallo, García, Gómez, González e Iglesia (de la Iglesia); también aparecen otros menos habituales por estos lares: Cuasante y Sevilla.

He confeccionado una tabla únicamente con los seis últimos bautismos celebrados en Fresno, correspondientes al periodo 1881-1886.




Aparte de los bautizados recogidos en la tabla, merece reseñarse que, en febrero de 1863, se produjo el bautismo de Olalla, hija de Máximo Sevilla y Gorgonia Güemes, naturales de Vivar y Hontomín, respectivamente, y residentes en Fresno. En la partida bautismal se recoge "pordiosero" como ocupación del padre. Tomando la acepción principal del término, Máximo sería una "persona que habitualmente pide limosna para vivir", lo que se venía llamando "pobre de solemnidad" aunque quizás con un matiz más ambulante.

LOS ÚLTIMOS CASADOS

El último libro de casados de Fresno comprende los años 1850-1886 y consta de 150 folios, de los que únicamente 20 se encuentran utilizados, correspondientes a las 21 bodas que se celebraron durante esos 37 años.

En la tabla hemos incluido únicamente los datos de las últimas cinco bodas registradas en Fresno, entre 1864 y 1886.




En años anteriores se celebraron bodas en 1850 (3), 1851 (2), 1852 (2), 1853 (1), 1856 (2), 1858 (1), 1859 (1), 1860 (1), 1862 (1) y 1863 (2).

Puede parecer un número elevado de bodas para un lugar tan pequeño, pero hay que tener en cuenta el hecho de que las novias son casi todas naturales de Fresno, mientras que los novios son naturales de otros pueblos del entorno; por lo tanto, aunque las bodas se celebraran (por costumbre) en el pueblo de la novia, el lugar de residencia de la pareja de recién casados solía ser alguno de aquellos pueblos del entorno. El número de bodas no era indicativo, pues, del vigor demográfico de un pequeño lugar como Fresno.

Las profesiones de los novios incluidos en la tabla: cuatro labradores y un peón caminero; dos de las bodas consisten en segundas nupcias.

Otros apellidos de los novios para bodas no incluidas en la tabla: Beato, del Cerro, Cuasante, Delgado, Nidayla [Nidáguila], Santa María, Vegas y Vicario.

LOS ÚLTIMOS FINADOS

El último libro de difuntos de Fresno comprende el periodo 1861-1883 y consta de 81 folios, aunque únicamente se utilizaron nueve. Durante esos 23 años fallecieron en Fresno 19 personas, todas ellas incluidas en la tabla:




Curiosamente, no abundan los párvulos y niños entre los finados, tal y como suele ser habitual en otros pueblos del entorno. De los 19 fallecidos, únicamente 6 son menores de 10 años; jóvenes (20-40 años), 3 fallecidos; maduros (40-60 años), 3 fallecidos; mayores de 65 años, 7 fallecidos.

Entre las causas del fallecimiento: tisis, enfermedad del pecho, enfermedad senil, anginas (henginas), parálisis en la cabeza, disentería, apoplejía pulmonar, reventado por un carro que le pasó por encima del vientre, muerte repentina por enfermedad desconocida...

En la profesión de los fallecidos, así como la de sus padres y cónyuges, encontramos de nuevo términos que hoy serían considerados poco correctos: "pordiosera", "pordiosero pobre", "impedida", "pobre de solemnidad"; también encontramos los habituales "labrador" y "jornalero".

Todos estos datos nos hablan de una población escasa, envejecida, de escasos recursos económicos, culturales y sociales, proclive a las enfermedades, deseando abandonar el lugar (sobre todos sus mujeres) ... un lugar con escasas posibilidades de satisfacer las más mínimas necesidades de la época, sin escuela, sin cura, sin taberna ... un lugar sentenciado a muerte demográfica.

Observamos como, en aquellos tiempos, los datos funerarios nos muestran mucho más claramente la realidad demográfica y sociológica de un lugar que los nupciales y natales.

Por último, citar que los dos curas consignadores de las partidas sacramentales de los últimos libros parroquiales de Fresno fueron:

  • Damián Díez: el último cura beneficiado de la parroquia del Arcángel San Miguel de Fresno; falleció repentinamente, de enfermedad desconocida, en 1867, a los 55 años de edad. 
  • Manuel de la Fuente Gutiérrez, cura beneficiado de Masa, se convirtió también en el cura de Fresno a la muerte de Damián, ya que la iglesia de Fresno se unió a la de Masa; Manuel fue el consignatario de las últimas partidas sacramentales de los libros de Fresno. 

ÚLTIMAS NOTICIAS DE FRESNO

La última mención escrita de Fresno, como lugar poblado, no fue impresa en la prensa local (el Diario de Burgos nació en 1890) ni en el Boletín Oficial de la Provincia, lo fue en la Gaceta de Madrid, que ese era el nombre que recibía el Boletín Oficial del Estado en aquellos tiempos.

 
Gaceta de Madrid, 23 de marzo de 1880



Además, se trataba de un asunto que a Fresno (Fresnos) le atañía muy de refilón, ya que consistía en una citación judicial que afectaba a uno de sus vecinos que, además, procedía de otro pueblo de la provincia: Arcos de la Llana, situado 41 km al sur, al otro lado de la capital.

El protagonista de la citación, Víctor San Martín Sáez, es miembro de una familia de tenderos y taberneros muy conocidos -durante el último tercio del siglo XIX- en la comarca del Úrbel; La Nuez de Arriba, Montorio y Huérmeces -entre otros- tuvieron taberneros pertenecientes a aquella familia, originaria de Arcos de la Llana.

Se da la circunstancia de que otra de las últimas apariciones de Fresno (Fresnos) en la literatura oficial de la época también se refiere a una citación judicial. En este caso (B.O.P. de Burgos de 11 de diciembre de 1875) se trata de una requisitoria del Juzgado de Primera Instancia de Sedano por la que se "llama y emplaza a Juan Jiménez Jiménez, natural de Magallón, partido judicial de Borja, provincia y audiencia de Zaragoza, 22 años de edad, alto, moreno, vestido de mahon, profesión gitano tratante de ganados, tiene una cicatriz en el carrillo izquierdo, de ignorado paradero..." como presunto autor del robo acaecido durante la noche del 25 de junio de 1875 cuando "por medio de amenazas, armado de pistola, consiguió penetrar en la casa de Benito Alonso y Mata, vecino de Fresnos de Nidáguila, parroquia y distrito de Masa, llevándose diez y seis pesetas y media, varias ropas y un caballo, que después pareció y recuperó su dueño, para que a contar a partir de su publicación en la Gaceta de Madrid y Boletín Oficial de la provincia, se presente en estas cárceles a responder de los cargos que contra el mismo resultan en la causa que se instruye; bajo apercibimiento de que de no verificarlo será declarado en rebeldía y parará el perjuicio que haya lugar con arreglo a la ley de Enjuiciamiento criminal..." 


FRESNO DESDE EL AIRE (UNA TORRE, UNA IGLESIA Y UN CORRAL-COLMENAR)


Vuelo americano serie B, junio de 1957

Vuelo interministerial, noviembre de 1977

PNOA, agosto de 2020


OTROS FRESNOS POR EL MUNDO

Considerando únicamente el término en singular (Fresno) y obviando diminutivos, aumentativos y derivados. Una breve selección de lugares denominados Fresno podría ser la siguiente:

  • Fresno de Río Tirón: municipio de la provincia de Burgos, comarca Montes de Oca; 172 habitantes; citado por vez primera en el Cartulario de San Millán (903) como "Sancta Maria de Fresnu"
  • Fresno de Rodilla: municipio de la provincia de Burgos, comarca del Alfoz de Burgos; 47 habitantes; citado por vez primera en el Cartulario de Cardeña (1060) como "Frexino"
  • Fresno de la Vega: municipio de la provincia de León, comarca de Los Oteros; 470 habitantes

  • Fresno del Camino: localidad leonesa perteneciente al municipio de Valverde de la Virgen, comarca de Tierra de León; 570 habitantes
  • Fresno el Viejo: municipio de la provincia de Valladolid, comarca de la Tierra del Vino; 860 habitantes

  • El Fresno: municipio de la provincia de Ávila, comarca del Valle de Amblés; 590 habitantes


  • Aldea del Fresno: municipio de la provincia de Madrid, comarca Cuenca del Alberche; 3230 habitantes

  • Fresno: ciudad del estado de California (EE.UU.), situada en el Valle de San Joaquín; 510.000 habitantes. El más grande de todos los Fresno del mundo.



Existen otros Fresnos en diversos países de América central y del sur (Colombia y Méjico, entre otros).

Resulta más que evidente la relación entre el topónimo y el árbol denominado fresno (Fraxinus angustifolia); todos los anteriores escudos municipales incluyen un fresno en su iconografía; la ciudad californiana de Fresno incluye en la franja central de su bandera la reconocible hoja pinnada de un fresno, en este caso la especie californiana Fraxinus vetulina.

FUENTES

Archivo Diocesano: Libros parroquiales de Fresno de Nidáguila: Libro de Bautizados (1870-1886), Libro de Casados (1850-1886) y Libro de Finados (1861-1883)




Boletín Oficial de la Provincia de Burgos: diversos anuncios publicados entre los años 1839 y 1880, en los que el lugar aparece nominado como Fresno, Fresnos, Fresno de Nidáguila, Fresnos de Nidáguila

El Monasterio cisterciense de Santa María de Rioseco: Valle de Manzanedo-Villarcayo. Historia y Cartulario. Inocencio Cadiñanos Bardeci. Librería Berceo, Burgos (2004)

Catastro de Ensenada, PARES: Buscador de localidades incluidas en el Catastro de Ensenada

Padrón general de la Merindad de Río Ubierna correspondiente al año 1766. PARES. Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Protocolos y Padrones, caja 141,6

Diario de Burgos, 28 de agosto de 1988: "El despoblado Fresno de Nidáguila (Algunos datos históricos)." Joaquín Cidad Pérez. El artículo ocupa una página completa del Diario y ha servido de base para la elaboración de la presente entrada. Sirva también como pequeño homenaje a don Joaquín, recientemente fallecido.




Joaquín Cidad Pérez (Villahizán de Treviño, 1944-Burgos, 2022): párroco de Sargentes de la Lora durante cincuenta años (1973-2022); Don Joaquín fue mucho más que un cura; fue incansable investigador en archivos y bibliotecas, prolífico divulgador con muchas publicaciones a sus espaldas, defensor de las iglesias y ermitas de la zona, persona austera y generosa. Falleció en Burgos en diciembre del año pasado.

Don Joaquín, un cura de sotana y buzo (Diario de Burgos, 14 de noviembre de 2020)