miércoles, 26 de septiembre de 2018

El triste sino de las ermitas de San Roque

San Roque ha sido, desde siempre, un santo ermitero muy popular, tanto en La Comarca como en otras zonas de Castilla y mucho más allá.


Su éxito como patrón de ermitas viene dado por las altas cualidades de su patronazgo: es el santo al que hay que acudir buscando la protección contra la peste y toda clase de epidemias, además de considerarse santo protector de peregrinos, enfermeros, cirujanos, los falsamente acusados, inválidos y cánidos. Con tamaña hoja de servicios, no es de extrañar que se haya convertido en un santo muy popular en ciudades y aldeas del mundo católico.



Su amplísima devoción en el mundo cristiano tiene su origen en la Venecia del siglo XV, dónde al declararse una epidemia de peste en 1477 se fundó una cofradía que, bajo la denominación de Confraternità di San Rocco, se dedicó al hospedaje de enfermos de peste. Desde la ciudad de los canales, su culto se extendió posteriormente por el mundo germánico y los Países Bajos. Ya avanzado el siglo XVI su devoción había alcanzado casi todos los rincones del mundo católico, incluso gran parte de la América latina.


Dada la frecuente periodicidad con que, en siglos pasados, pestes y epidemias azotaban pueblos y ciudades de Europa, no es de extrañar que en muchos lugares se sintiera la necesidad de dedicar una ermita -aunque solo fuera una humilde construcción- a este santo protector.

Y en los pueblos en los que no llegara a levantarse una ermita dedicada al santo, seguro que no faltó una imagen de San Roque en alguno de los altares de la iglesia parroquial.



Según la tradición, San Roque nació en Montpellier (entonces perteneciente al Reino de Mallorca) hacia el año 1295, y se dedicó a peregrinar por media Italia, ayudando a los enfermos de peste, enfermedad que hacía estragos por aquellos tiempos. Cuenta la leyenda que, cuando el propio Roque cayó enfermo, decide internarse en los bosques de Piacenza, para evitar el contagio a otras personas; no falleció de inanición gracias a que diariamente un perro le llevaba un panecillo en su boca; un buen día, el dueño del perro, un noble llamado Gottardo Pallastrelli, decide seguir al can, y es así como descubre al pobre Roque; aquí existen varias versiones de la leyenda, pero la más atractiva dice que fue el propio perro el que curó al santo, al lamerle diariamente la herida que presentaba en una pierna.


Por eso, la iconografía clásica de San Roque nos presenta al Santo mostrando su pierna (generalmente, la izquierda) herida y, al lado derecho, un perro con un panecillo en la boca. Aunque, a veces, también aparece un ángel al lado contrario del perro, señalando la pierna herida del santo.


El perro de San Roque se llamaba "Melampo" y, según un famoso dicho, fue un tal Ramón Ramírez quien le cortó el rabo. También existen varias leyendas que justifican la ausencia de rabo del can. Una de ellas cuenta que, durante una epidemia de peste, las gentes del lugar acudían a la ermita de San Roque, solicitando la milagrosa curación de la enfermedad; el santero preparó unos polvos mágicos para que ayudaran en la cura, preparados a base de raspaduras del rabo del perro de San Roque; el negocio funcionó muy bien, pero el cánido se quedó sin rabo. Su festividad se celebra el 16 de agosto.


En contra de lo que mucha gente cree, el patrón de la ciudad de Santiago de Compostela no es el santo homónimo, sino San Roque. Y lo es desde nada menos que el año 1518, cuando la ciudad fue asolada por la terrible epidemia. Curiosamente, en la ciudad de San Roque (Cádiz), la patrona (Santa María Coronada) reina por encima del patrón (San Roque), aunque las fiestas se celebren en las mismas fechas para ambos.


Otros lugares de España cuyo patrón es San Roque: Tolox (Málaga), Navarrete (La Rioja), Churriana de la Vega (Granada), Serranillos del Valle (Madrid), Garachico (Tenerife), Lepe (Huelva), Ceutí (Murcia), Navaleno (Soria), etc.


En toda la provincia de Burgos abundaban las ermitas dedicadas a San Roque. En la vecina comarca de Odra-Pisuerga, por ejemplo, existen aún un buen número de ermitas bajo su advocación (alguna ya desacralizada): Villanueva de Odra, Villahizán de Treviño, Quintanilla de Ríofresno, Fuenteodra, Villalbilla de Villadiego, Sandoval de la Reina, Rezmondo, Salazar de Amaya y Sotovellanos.

Pero más sorprendente resulta que, a mediados del siglo XIX, en los alrededores inmediatos de Huérmeces (a menos de 14 km en línea recta), fueran unas dieciséis las ermitas dedicadas al santo.(1)



Y digo fueran porque a nuestros días únicamente ha llegado íntegra una de aquellas (Sotragero); la suerte de las otras quince ha sido dispar, dentro del tono apocalíptico general: de doce ermitas no queda ni rastro; de dos quedan poco más que parte de los muros perimetrales (Tobar y Úrbel);  y otra -relativamente afortunada- fue reconvertida en cementerio hace más de un siglo (Hormazuela), conservando al menos sus muros perimetrales, una ventana y la portada.

La única superviviente, la ermita de Sotragero, quizás lo haya logrado gracias a que era la única que se ubicaba en un alto, libre pues de intereses agronómicos o urbanos.


De la mayor parte de las desaparecidas (o arruinadas) no se conserva -que yo sepa- ni una triste fotografía. En estos casos, queda constancia de su existencia únicamente en el Diccionario de Madoz y, a veces, en viejos planos de principios del siglo XX.

De otras (Ros, Avellanosa, Lodoso), sí que es posible encontrar fotografías en Internet, dada la reciente data de su ruina o demolición.


En algún caso, existía en el pueblo en cuestión otra ermita que acabó por monopolizar la devoción de sus fieles: Las Nieves en Quintanilla Sobresierra, Las Mercedes en Montorio, La Cuadra en Mansilla  o Santa Marina en Lodoso; en otros, la abundancia de ermitas -aún en tiempos recientes- era tal que se acabó por no prestar atención a ninguna (Avellanosa: Santa Eulalia, San Juan, San Roque y Sagrada Familia).


En Úrbel, la única ermita superviviente (San Esteban) fue reconvertida en vivienda privada. También Marmellar de Abajo, Tobar, Masa, Mata, La Nuez de Abajo, Rioseras, Quintanilla-Vivar y Ros se quedaron sin ermitas. Y Hormazuela, como comentamos, se consoló pensando que el alma de sus fallecidos descansaría en un lugar más que consagrado.

De norte a sur y de oeste a este, estas son siete de las ermitas de San Roque que se quedaron por el camino, y de las que aún es posible seguir su pista en viejos mapas. Su desaparición se produjo al compás tanto de los avances médicos en materia de epidemiología como del no menos poderoso avance del despoblamiento rural.


1. Ermita de San Roque en Úrbel del Castillo:


Estuvo situada en el cruce entre la carretera Burgos-Aguilar y la vía de acceso al pueblo, allí donde hoy se levanta un pequeño mesón que estuvo activo hasta mediados de los años noventa del pasado siglo. Hoy apenas persiste una pequeña parte del edificio de la ermita, adosada al citado mesón.


 

La ermita es citada en el Madoz (1852): "dos ermitas, dedicadas a San Esteban y San Roque". Sin embargo, no aparece en las planimetrías realizadas en 1914, dentro de las labores preparatorias para la elaboración del Primer Mapa Topográfico Nacional a escala 1:50.000. Quizás para entonces el edificio ya estuviera desacralizado, aunque extraña que no aparezca siquiera el signo convencional correspondiente.


Si que encontramos la ermita de San Roque en el mapa de Coello (1868), aunque únicamente por su signo convencional, correctamente situada a la otra orilla del Úrbel, con respecto al pueblo. También se aprecian los tres barrios en los que se encontraba dividido el pueblo, el castillo y la ermita de San Esteban.


2. Ermita de San Roque en Quintanilla Sobresierra:




Estuvo situada al lado del viejo camino entre Quintanilla y Hontomín, a escasos 200 metros al este del pueblo, un poco antes de la Casa Sola. En los años setenta, cuando se realizaron las obras de acceso a la fábrica de explosivos instalada en el páramo, ya nada quedaba de la vieja ermita.






Citada en el Madoz: "... y dos ermitas, tituladas Nuestra Señora de las Nieves y San Roque." También aparece dibujada y rotulada en las Planimetrías de principios de siglo (1911), por lo que suponemos que en aquellos tiempos se mantenía aún techada, aunque desconocemos si se mantenía el culto. Parece ser que la buena piedra de la ya arruinada ermita fue vendida a principios de los años cuarenta, por lo que en las fotos del vuelo de finales de los setenta ya no aparece rastro alguno de la misma.


 3. Ermita de San Roque en Hormazuela:



Situada a la salida del pueblo, al lado derecho de la carretera que se dirige a Bustillo del Páramo. Reconvertida en cementerio desde finales del siglo XIX o principios del XX. Se conservan la puerta de entrada, una pequeña ventana y los cuatro muros. La reutilización de antiguas ermitas como cementerios es relativamente habitual en La Comarca






A mediados del siglo XIX aún se mantenía abierta al culto, ya que en el Madoz se recoge que el pueblo tiene: "una iglesia parroquial (San Pantaleón), con su cementerio contiguo a la misma, servida por un cura párroco y un sacristán; y una ermita, a la parte meridional en el término." Aunque no se especifique su advocación, está claro que se refiere a la ermita de San Roque.


En las planimetrías y planos de población de 1914 la ermita ya aparece reconvertida en "camposanto". 


4. Ermita de San Roque en Tobar:








Sus restos se encuentran situados en una pequeña terraza, a las afueras del pueblo, que se eleva muy cerca de la carretera que se dirige a Manciles. En sus proximidades existe un viejo lavadero de hormigón, también abandonado. Hoy únicamente sobreviven sus muros, habiendo sido reutilizada recientemente su cabecera para la construcción -en madera de reciclaje y plástico- de un chamizo juvenil. La vegetación, poco a poco, va invadiéndolo todo

Aparece citada en el Madoz: "... y una ermita dedicada a San Roque." También lo hace en el plano de población de 1915, aunque desconocemos si en esas fechas aún mantenía el culto. En las fotos del vuelo de finales de los setenta se vislumbran sus ruinas.




 


5. Ermita de San Roque en Avellanosa del Páramo





Hasta hace cuatro años (otoño de 2014), los restos de esta ermita aún resultaban patentes, en mitad de una finca situada a poco más de un kilómetro al norte del pueblo, a la izquierda del camino que sube hacia Los Tremellos.



La ermita se habría mantenido en pie -techada- hasta mediados de los años 80 del siglo pasado, aunque seguramente el culto se habría abandonado algún tiempo antes.



Citada en el Madoz junto con las otras tres ermitas del término: "... y cuatro ermitas con advocación de San Juan, San Martín, Santa Eulalia y San Roque." Desconozco si su ubicación original tiene alguna relación con el despoblado de Quintanafruela, situado kilómetro y medio camino arriba, en los alrededores del molino de Las Celadas.



También aparece dibujada y rotulada en las planimetrías realizadas en Avellanosa en el año 1909. Y en el vuelo fotográfico de finales de los años setenta, aún con su cubierta íntegra.



6. Ermita de San Roque en Ros:




Hasta hace unos treinta años, aún persistían sus muros a las afueras del pueblo, al lado de la carretera de Los Tremellos, aunque el tejado ya había colapsado y el culto había sido abandonado con anterioridad. Su buena piedra fue vendida a un conocido empresario, quien sabe si para parchear una vieja construcción o para ser reimplantada en su nueva ubicación.





De todas las ermitas de San Roque ya desaparecidas, esta de Ros es la que aparece en Internet con mayor frecuencia. Se trata de fotografías realizadas en los años sesenta y setenta, principalmente, aunque también se encuentra una tomada en los años veinte por Demetrio Angulo. 




En el Madoz, aparece citada: "... ocho ermitas y varios caseríos; actualmente solo hay dos de aquellas, una denominada de Nuestra Señora de Riosuso, a dos tiros de fusil del pueblo, y otra (San Roque) mucho más inmediata."



En las planimetrías de 1911 aparece dibujada y rotulada, consignándose también sus dimensiones: 16,00 x 7,00 metros. En el vuelo fotográfico realizado a finales de los años 70 del siglo pasado, también aparece la ermita, aún techada. 


 7. Ermita de San Roque en Lodoso:



Su edificio cuasi arruinado se mantuvo en pie hasta el año 1986, y estaba situado en el cruce entre la carretera de acceso al pueblo y la que comunica Mansilla con Pedrosa de Río Úrbel. Su culto se había mantenido hasta los años cincuenta, pero tras su abandono se procedió a su derribo por motivos de seguridad. La imagen del santo, carcomida, fue restaurada por un descendiente del pueblo establecido en tierras asturianas.





Es citada en el Madoz: "... y dos ermitas bajo las advocaciones de San Roque y Nuestra Señora del Campo, hallándose esta a 100 pasos al oeste del pueblo, y aquella a 200 al este del mismo."






Aparece dibujada y rotulada en las planimetrías de principios de siglo XX (1909), apuntándose sus dimensiones exteriores: 20 x 10 metros. También aparece en el vuelo fotográfico de finales de los años setenta, con parte de la cubierta ya colapsada.



NOTA:

Según el Diccionario de Madoz, a mediados del siglo XIX también existían ermitas dedicadas a San Roque en estos ocho pueblos cercanos a Huérmeces:

-La Nuez de Abajo: "... y finalmente dos ermitas (Santiago el Mayor y San Roque), la primera, que fue la antigua parroquia, se halla a distancia de medio cuarto del pueblo, y la otra junto a este." Se constata su presencia en el mapa de Coello (1868), al oeste del pueblo.

-Mansilla: "... y dos ermitas bajo las advocaciones de San Roque y Nuestra Señora de la Cuadra, ambas en el término, sirviendo la primera de cementerio."

-Marmellar de Abajo: "... a medio cuarto de la población se encuentra una ermita bajo la advocación de San Roque." Aparece en los mapas de principios del siglo XX, al SW del pueblo, en el camino de Villarmentero, rotulada como "ruinas".

-Montorio"... dos ermitas (San Roque y Nuestra Señora de la Merced) en el término, la primera próxima al pueblo y la otra en un alto al este de aquel." La ermita estaba situada a unos 250 metros al Este del pueblo, en el hoy cruce entre la carretera de las canteras y la que lleva a la ermita de Las Mercedes. En las planimetrías de 1914 aparece consignado únicamente el nombre del paraje, por lo que cabe suponer que la ermita ya había desaparecido por entonces. En el mapa de Coello (1868) tampoco aparece.

-Masa: "... y una ermita bajo la advocación de San Roque, en el término conocido con este mismo nombre." Aparece en los mapas de principios del siglo XX, al sur del pueblo, en el camino hacia Quintanilla Sobresierra.

-Mata: … y por último una ermita (San Roque) en medio de la población."

-Quintanilla Vivar: "... y una ermita (San Roque) tocando al pueblo."

-Rioseras: "... una ermita en el centro del pueblo (San Vicente), otra en despoblado titulado San Roque." Hoy en día, la vieja ermita de San Roque hace las veces de iglesia parroquial, a la espera de que la antigua titular -San Saturnino- sea algún día rehabilitada.










FUENTES:

-Página web de Avellanosa (fotografías)

-Página web de Ros (fotografías)

-Página web de Lodoso (texto de MMA, y fotografía de José Rocha)

-Cartografía antigua (planimetrías y planos de poblaciones) procedente del Centro Nacional de Información Geográfica Centro de descargas del CNIG

-Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Pascual Madoz (1845-1850); Provincia de Burgos, Ámbito Ediciones (1984)


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