sábado, 4 de abril de 2026

La boda de Benita, la hija del cura de Huérmeces (1846)


Hace algo más de dos años se publicó en este mismo blog una entrada relativa a la boda de una hija de sacerdote, en aquel caso del párroco de Úrbel del Castillo:

La boda de Clara, la hija del cura de Úrbel del Castillo (1852)

Hoy presentamos un evento similar aunque, en esta ocasión, tanto el protagonista clerical como su hija eran naturales de Huérmeces, y fue el propio cura el que casó a su hija (el de Úrbel delegó la competencia a su colega de Ros). 

Tras muchas sesiones de consulta en el Archivo Diocesano, cabe suponer que se trata de un caso (curas con hijos previos a su condición de célibe) nada extraño en los libros parroquiales de cualquier pueblo de la comarca.


Boda campesina, siglo XIX. Wilhelm Alexander Meyerheim (1875)


FRANCISCO GONZÁLEZ BÁRCENA: PRIMERO ESPOSO Y PADRE, LUEGO PRESBÍTERO 

Francisco González Bárcena nació en Huérmeces en 1800, siendo el segundo de los tres hijos fruto del matrimonio celebrado en Huérmeces un 23 de noviembre de 1796, entre Nicolás González Peña (La Prada) y Catalina Bárcena Fernández (1769). Sus hermanos fueron Luis (1797) y Narcisa (1802).

Nicolás procedía de la lejana localidad de La Prada, en el valle de Tobalina, y Catalina era hija de un varón de Ruyales (Tomás Bárcena Calle) y una mujer de Huérmeces (María Fernández Agustín)

Tanto Francisco como sus dos hermanos fueron contrayendo matrimonio a lo largo del primer tercio del siglo XIX. Francisco se casó en 1822, Narcisa en 1824 y Luis en 1835. Francisco tuvo tres hijas; Narcisa, seis; y Luis no tuvo descendencia (al menos en Huérmeces).

El 28 de octubre de 1822 se celebró una boda en Huérmeces, siendo el contrayente un futuro presbítero, y la contrayente, una mujer farola por tres de sus cuatro costados:

  • Francisco González Bárcena (1800) [22 años]
  • Rafaela Díaz-Tudanca Ornilla (1799) [23 años]

El oficiante fue Francisco Díaz de Tudanca, cura beneficiado de Huérmeces y tío de la contrayente. No puede uno sino pensar que Rafaela se encontraba rodeada de curas y de proyectos de curas y monjas. Su tío, su marido, su hija Luisa, su sobrina María ...

Francisco y Rafaela trajeron al mundo a tres hijas, que llegaron en un lapso de apenas cuatro años:

  1. Lorenza (1823): falleció de muy niña
  2. Benita (1825)
  3. Luisa (1827)

Rafaela falleció en 1829, a la temprana edad de 29 años, de manera repentina, dejando viudo a Francisco y huérfanas a Benita (4 años) y Luisa (2 años).

Francisco, viudo joven y con dos hijas de corta edad, tenía la habitual alternativa de volver a casarse, pero eligió otro camino más o menos sinuoso, según quién lo tomara: hacerse cura.

En aquellos tiempos, tal decisión no implicaba necesariamente partir hacia la capital provincial para cursar los correspondientes estudios en el Seminario Conciliar de San Jerónimo. Podía bastar con demostrar ciertos conocimientos y aptitudes (saber leer y escribir perfectamente, dominar el latín, tener suficientes conocimientos de historia sagrada y rituales católicos, etc.) y, por supuesto, tener los indispensables contactos con las autoridades parroquiales y eclesiásticas a la hora de disponer del preceptivo informe de tales aptitudes.

Damos por sentado que Francisco dispuso de tales aptitudes, conocimientos y contactos, ya que al poco de enviudar comenzó a ejercer las funciones propias de un presbítero católico.

No sabemos si, tras fallecer su esposa, Francisco resultó ser un buen padre para sus dos hijas supervivientes; desconocemos si, por el contrario, las abandonó en otras manos para poder dedicarse en cuerpo y alma a la obtención del presbiterado. 

Sabemos que en Huérmeces vivía su hermana Narcisa, casada desde 1824 con Dionisio Ontillera, y que trajeron al mundo a seis hijos entre 1827 y 1843. Quizás Narcisa y Dionisio asumieron también la crianza de sus sobrinas Benita y Luisa.

UN MODESTO CAPELLÁN Y CURA SIRVIENTE, SIEMPRE A LA SOMBRA DE OTRO CURA DE MAYOR RANGO  

Francisco González fue siempre un cura "de segunda", unas veces considerado "ecónomo" (sustituto), otras "sirviente" (para atender a parroquias anejas), otras "capellán" (capellán mayor de las capellanías fundadas por Pedro Fernández Zorrilla). Su ministerio discurrió siempre a la sombra del cura párroco de turno.

La obtención del presbiterado por parte de Francisco González coincidió en el tiempo con el ministerio del cura farol Patricio Diaz-Ubierna, párroco de Huérmeces entre 1831 y 1844.

[Patricio Díaz-Ubierna Rodríguez, nacido en Huérmeces en 1752, hijo de Manuel y María, naturales de Huérmeces (1727) y Ubierna, respectivamente, y casados en Huérmeces en 1751] 

A Patricio Díaz-Ubierna le sustituyó otro cura de raíces farolas, Manuel de Mata, párroco de Huérmeces entre 1844 y 1852.

[Manuel de Mata Díaz-Ubierna, nacido en Celadilla Sotobrín en 1807, hijo de Santiago Mata Mata (Celadilla-Sotobrín) y Paula Díaz-Ubierna Arce (Hces, 1783), casados en Huérmeces en 1803; falleció en Huérmeces en 1856, a los 49 años de edad, en su condición de presbítero cura "jubilado", suponemos que por problemas de salud]

A Manuel de Mata le sustituyó Florentín Díaz-Ubierna Vivanco, el eterno párroco de Huérmeces, que reinó sobre su feudo farol durante casi toda la segunda mitad del siglo XIX (1852-1899).

[Florentín Díaz-Ubierna Vivanco, nacido en Huérmeces en 1815, hijo de Melchor y Fidela, naturales de Huérmeces y Santibáñez, vecinos de Huérmeces]

Así transcurrió el humilde ministerio de Francisco, siempre a la sombra de Patricio, Manuel o Florentín. Sustituyéndolos en ausencias y enfermedades, oficiando misas de memorias perpetuas, atendiendo a las obligaciones como capellán de las obras pías de Fernández Zorrilla, o lo que fuera menester.

En el libro de bautizados de la parroquia de San Juan Bautista de Huérmeces encontramos varios apuntes bautismales realizados por el cura Francisco González Bárcena. 




En concreto, entre marzo y diciembre de 1858 (quizás por enfermedad de don Florentín) aparece su peculiar caligrafía en una docena de apuntes. Caligrafía, por cierto, mucho más complicada de leer que la de su superior, que se caracterizaba por su pulcritud y casi total ausencia de enmiendas.


LA BODA DE BENITA, LA HIJA DEL CURA CELEBRANTE

A pesar de su papel como modesto cura capellán y ecónomo, Francisco pudo presumir de nada menos que casar a una hija, algo de lo que no podrían alardear ninguno de sus colegas faroles de mayor rango eclesiástico.

Fue un 12 de enero de 1846, cuando se presentaron ante el altar de la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Huérmeces dos jóvenes de 21 años de edad, natural de Los Tremellos el varón, de Huérmeces la mujer.

  • Estanislao Martínez Espinosa (1825): hijo de Estanislao y Manuela, naturales de Los Tremellos y Huérmeces, respectivamente, vecinos de Los Tremellos
  • Benita González Díaz-Tudanca (1825): hija de Francisco y Rafaela, naturales de Huérmeces; difunta ella, él capellán mayor de las fundadas por Pedro Fernández Zorrilla y beneficiado sirviente de Huérmeces 
En esta ocasión, la boda no fue celebrada por ninguno de los dos curas principales de la parroquia, Manuel de Mata y Florentín Díaz-Ubierna. Estos, supongo que gentilmente, cedieron el derecho al capellán y cura sirviente Francisco González Bárcena, padre de la novia. 





No hay que realizar un gran esfuerzo para imaginar lo que debió de suponer para Francisco el acontecimiento de casar a su hija, recuerdo vivo de la que fuera su esposa, Rafaela. Además, podía considerarse que Benita era ya su única hija, ya que Lucía (dos años más joven) acabaría profesado como monja en el convento de Las Calatravas de la ciudad de Burgos. 

[Lucía se encontraba en 1851 en el Convento de San Felices de Burgos, de la Orden de Calatrava; su prima, María García Díaz-Tudanca (1828) ingresaría ese mismo año en el referido convento, según documento guardado en el Archivo Histórico Nacional, relativo al expediente de pruebas para el ingreso en la Orden]

Benita y Estanislao trajeron diez hijos al mundo, de los que siete sobrevivieron a la infancia. Siete nietos para Francisco, que contribuirían a alegrar los veinte años de vida que aún le quedaban al cura.

Francisco González Bárcena falleció en el 21 de octubre de 1866, a los 66 años de edad. Dice el apunte funerario, redactado por el ínclito don Florentín, que Francisco falleció a consecuencia de una hemiplegia.

El cura Francisco había otorgado testamento en la notaría de Eugenio Arija, en Burgos. Entre las claúsulas funerarias se establecía la asistencia a su entierro de los hermanos de las cofradías de Nuestra Señora, Ánimas y Vera Cruz, de las cuales Francisco era miembro. También se establecía que se oficiaran 75 misas rezadas con la limosna de 5 reales cada una: 25 misas por su alma, otras 25 por el alma de la que fuera su esposa, Rafaela, y otras 25 por las de sus padres. Se le ofició un entierro de cuarta clase.


LOS DESCENDIENTES DEL CURA FRANCISCO

Ya hemos dicho que Benita y Estanislao trajeron al mundo a diez hijos Martínez González:

  1. Diego (1846)
  2. Paulino (1850)
  3. Prudencia (1852), fallecida con anterioridad a 1890
  4. María (1852)
  5. Felisa (1855), fallecida con anterioridad a 1890
  6. Francisco (1857)
  7. Juan de Dios (1857), falleció a los 4 meses
  8. Isabel (1860)
  9. Eleuterio (1864), falleció a los 6 meses
  10. Rafael (1865), falleció a los 10 meses

Durante sus años de vida en Huérmeces, Estanislao y Benita residieron en varias casas de las calles Real y de la Plaza.


Censo Electoral de Huérmeces (1890)


En el padrón de 1886 ya no aparece en Huérmeces ninguno de los siete hijos (supervivientes a la infancia) de Estanislao y Benita. Suponemos que fueron abandonando el pueblo según alcanzaron la edad adulta. En aquel padrón aparecen únicamente Estanislao y Benita, con una edad de 61 años. 

Estanislao Martínez Espinosa ejerció de carretero en Huérmeces durante muchos años, hasta su fallecimiento en 1890, a los 65 años de edad. 

Su esposa, Benita González Bárcena, la hija del cura, falleció en Huérmeces en 1895, a los 70 años de edad.

Únicamente hemos encontrado referencias posteriores de dos de los cinco hijos de Estanislao y Benita: Diego y Paulino, ambos domiciliados en la ciudad de Burgos:
  • Diego Martínez González (Hces, 1846) se convirtió en oficial de telégrafos, llegando a la categoría de subdirector. Se jubiló en 1911. Falleció en Burgos en 1916, a los 69 años de edad. Era viudo, y dejaba un hijo (José Martínez García), una nuera (Irene Olalla Hortigüela) y tres nietas (Carmen, Lucinia e Irene Martínez Olalla)
  • Paulino Martínez González (Hces, 1850) aparece en 1882 como elector por la ciudad de Burgos; en 1890 figura con la profesión de dependiente, residente en la calle Emperador nº 22. Paulino falleció en Burgos en 1897, a los 46 años de edad. Dejó mujer e hijos

Censo Electoral ciudad de Burgos (1896)

Censo Electoral ciudad de Burgos (1896)


APUNTES GENEALÓGICOS

Los genes del cura Francisco González Bárcena procedían de la villa de La Prada, en el valle de Tobalina, por la rama paterna, y de Ruyales y Huérmeces por la materna.


Iglesia de San Pelayo, en La Prada de Tobalina


Por su parte, los ancestros de la esposa del futuro cura, Rafaela Díaz-Tudanca Ornilla, procedían de Huérmeces y Ruyales por la vía paterna, y de Huérmeces por la materna.




Los hermanos González Bárcena fueron tres:

  1. Luis (1797), casado en 1835 con Damiana Girón Valderrama (1812), sin descendencia en Huérmeces
  2. Francisco (1800), casado con Rafaela, y futuro presbítero
  3. Narcisa (1802), casada en 1824 con Dionisio Ontillera Alcalde (Úrbel), tuvieron seis hijos en Huérmeces entre 1827 y 1840

Por su parte, los hermanos Díaz-Tudanca Ornilla fueron ocho:
  1. Agustín (1781)
  2. María (1783), casada en 1808 con Lázaro García Ornilla (1787)
  3. Sabina (1786), casada en 1807 con Juan Arribas Sáiz (Arcos)
  4. Lorenza (1792), casada en 1814 con Victoriano Montero Pérez-Aguilar (1784)
  5. Lorenzo (1794), casado en 1817 con Francisca García Ornilla (1799)
  6. Antonia (1797), casada en 1820 con Crisantos García Ornilla (1795)
  7. Rafaela (1799), casada con Francisco, futuro presbítero
  8. Inés (1802), casada en 1823 con Manuel Güemes Espinosa (1801)


FUENTES

Archivo Diocesano de BurgosLibros parroquiales de Huérmeces:
  • Libro de Bautizados III (1730-1781)
  • Libro de Bautizados IV (1781-1825)
  • Libro de Bautizados V (1825-1851)
  • Libro de Bautizados VI (1852-1876)
  • Libro de Casados III (1743-1785)
  • Libro de Casados IV (1785-1826)
  • Libro de Casados V (1826-1851)
  • Libro de Finados V (1826-1851)
  • Libro de Finados VI (1852-1880)
  • Libro de Finados VII (1881-1915)

Biblioteca Digital de Castilla y León:
  • Diario de Burgos: 02-03-1879 (fallecimiento de Paulino Martínez González), 28-11-1911 (jubilación de Diego Martínez González), 28-07-1916 (fallecimiento de Diego Martínez González)
  • Boletín Oficial de la Provincia de Burgos: 26-08-1874 (Reclamación Ayto de Huérmeces sobre Diego Martínez González, declarado soldado), 19-12-1882 (Paulino Martínez González, elector por Burgos) 
  • Censos Electorales de la Provincia de Burgos, años 1890-1900, 1936 y 1946


sábado, 21 de marzo de 2026

Ponciano Fernández Cortés, el más longevo maestro que las escuelas de Huérmeces han visto (1855-1886)

 

Ponciano Fernández Cortés fue un maestro que ejerció su profesión en nuestro pueblo durante, al menos, treinta y un años (1855-1886).

No resulta sencillo rastrear el periplo profesional de un maestro burgalés durante los años anteriores a 1891 (año en el que nació el Diario de Burgos) y, menos aún, anteriores a 1860, cuando los contenidos del boletín oficial de la provincia eran muy limitados.

Sabemos que Ponciano nació en Sedano hacia el año 1825, y que estudió para maestro elemental en la Escuela Normal de Burgos, habiendo obtenido la calificación de sobresaliente en los exámenes de 1845-1846, correspondientes al primer curso de formación.


Escuela de pueblo en 1848. Albert Anker (1896). Museo de Arte de Basilea


En 1852, con 27 años de edad, aparece como maestro de Sedano, figurando en el listado de maestros que merecían una mención honorífica "por el estado sumamente satisfactorio en que se halla la enseñanza de los niños de los respectivos pueblos". El listado honorífico había sido elaborado por la Comisión Superior de Instrucción Primaria de la provincia de Burgos.

Aunque no conocemos la fecha exacta de la llegada de Ponciano a Huérmeces, lo que sí sabemos es que aquí nacieron seis de sus ocho hijos Fernández Bárcena, fruto de su matrimonio con Venancia Bárcena Díaz, natural de Castellanos de Bureba:

  1. Isabel (3 julio 1855)
  2. Casilda (5 marzo 1858)
  3. Francisco (25 junio 1860) [falleció a los seis años y medio, de difteria]
  4. José (27 agosto 1862)
  5. Eduardo (31 agosto 1866)
  6. Aurora (23 mayo 1868) [falleció al mes de su nacimiento]
Supongo que Ponciano y Venancia se casaron en Sedano (no aparecen en el libro de casados de Castellanos de Bureba), y sabemos que tuvieron al menos otros dos hijos más (Escolástica y Florentina) en alguno de los posibles destinos docentes anteriores a Huérmeces (probablemente, en Sedano). El caso es que, en 1855, año de nacimiento de su hija Isabel, Ponciano ya se encontraba destinado en la escuela de Huérmeces.

En su condición de maestro, Ponciano figura en todos los listados de electores por Huérmeces, publicados en el boletín provincial a partir del año 1865, y en ellos permanece durante las dos décadas siguientes.


BOPBU-11-08-1865: listado de electores por Huérmeces



Ponciano obtuvo en propiedad la plaza de Huérmeces en el año 1860, por lo que fue acumulando suficiente antigüedad para poder concursar a otra plaza de categoría superior.

En 1880 aparece en un listado de maestros aspirantes a seis plazas vacantes de maestro de primera enseñanza (tres en la categoría de antigüedad y otras tres en la de mérito). Ponciano figura con el número 11 (de 24 aspirantes) en la categoría de antigüedad.


BOPBU-20-02-1880: maestros  aspirantes a vacantes


Quizás Ponciano había decidido cambiar de aires, una vez acumulados años suficientes como maestro en propiedad, buscando una buena plaza en una localidad de mayor tamaño que Huérmeces o más cercana a la capital provincial. Además, parece ser que el Ayuntamiento de Huérmeces le adeudaba ciertas cantidades de dinero. 

Durante aquellos años era relativamente habitual que los Ayuntamientos adeudaran haberes a los maestros de la localidad. Estos impagos contribuían a hacer aún más penosa la labor de los docentes que, además de mal pagados, en ocasiones eran alojados en viviendas deficientemente mantenidas por el municipio.

En el caso de Ponciano, en 1882 el Ayuntamiento de Huérmeces le debía 902 pesetas (mucho dinero) en concepto de retribuciones correspondientes a años anteriores a 1874. En concepto de alquiler de vivienda no existía deuda por la sencilla razón de que el ayuntamiento de Huérmeces proporcionaba vivienda al maestro y su familia.


BOPBU, 8 septiembre 1882: cantidades adeudadas por los Aytos a diversos maestros de la provincia


En la relación de ayuntamientos morosos aparecen un total de 104 corporaciones, con 141 maestros afectados. El Ayuntamiento de Huérmeces es uno de los que mayores cantidades adeudan a algún docente (otros ayuntamientos muy morosos son Quintanilla Sobresierra, Merindad de Castilla la Vieja, Pinilla Trasmonte, Castrojeriz, Sedano, Torresandino, Aldeas de Medina y Arenillas de Río Pisuerga).

En 1883, encontramos a Ponciano en el listado correspondiente al escalafón de maestros y maestras de la provincia de Burgos. Aparece entre los maestros de escuelas de tercera clase, siendo el número 35 de un total de 90 maestros (clasificados por el número total de años de servicio). Ponciano acumula 29 años y 6 meses de servicios totales (interinidades y en propiedad).


BOPBU-08-11-1883: Escalafón de maestros de tercera clase


Sin embargo, Ponciano no pudo cumplir con sus aspiraciones de traslado, ya que la muerte le sorprendió en Huérmeces a los 60 años de edad. Sucedió el día 4 de enero de 1886, y fue consecuencia de un fuerte catarro bronquial. Ponciano murió, pues, con los dedos manchados de tiza, ejerciendo de "maestro de niños", o de "maestro de instrucción primaria", como sería denominada más tarde esta vocacional profesión.



Ponciano recibió un entierro de quinta clase y fue inhumado en el cementerio del pueblo. Dejó viuda a Venancia y huérfanos de padre a seis hijos: Escolástica, Florentina, Isabel, Casilda, José y Eduardo.

Y como la literatura oficial no atiende ni a duelos ni a otras sensibilidades humanas, a escasas semanas del fallecimiento de Ponciano el boletín provincial publicaba una fría reseña que anunciaba la vacante originada en las escuelas de Huérmeces, añadiendo que debería proveerse por concurso libre.


BOPBU, 11 febrero 1886: escuelas vacantes

 
Y abundando aún más en el asunto, unos meses más tarde se publicaría el listado de alteraciones producidas en el censo electoral de la provincia. En el capítulo de bajas por fallecimiento aparecía el finado maestro de Huérmeces.


BOPBU-05-12-1886: alteraciones del censo electoral


Suponemos que Venancia, la viuda de Ponciano, se trasladaría a residir a la capital provincial, dónde ya lo hacía -al menos- su hija Isabel. Venancia Bárcena Díaz falleció en Burgos en febrero de 1887, apenas un año después de que lo hiciera su esposo Ponciano. Venancia tenía 58 años de edad.

Aunque Ponciano y su familia residieron en la denominada casa del maestro (Calle Real 24) durante su larga estancia en Huérmeces, parece ser que adquirieron una vivienda en el barrio de Mercado, la cual aparece en 1893 a nombre de "Herederos de Ponciano Fernández", con razón social en Burgos.


LA BODA EN HUÉRMECES DE SU HIJA, ISABEL FERNÁNDEZ BÁRCENA

Supongo que uno de los días más felices en los muchos años de estancia de Ponciano y Venancia en nuestro pueblo debió de ser el 18 de enero de 1879, cuando su hija Isabel se casó en la iglesia de Huérmeces.

El novio, Nicolás, era natural de la localidad alcarreña de Armallones (Alto Tajo), aunque desde hacía algún tiempo trabajaba de escribiente en el Gobierno Militar de Burgos. 
  • Nicolás Embid Molina (Armallones, 1852-Aracena, 1923)
  • Isabel Fernández Bárcena (Hces, 1855-Burgos, 1912)
La pareja, por razones obvias, pasó a residir en Burgos, ciudad en la que Nicolás desarrollaría la práctica totalidad de su carrera funcionarial, dentro del Cuerpo Auxiliar de Oficinas Militares.

Nicolás e Isabel sacaron adelante a cuatro hijas, todas ellas nacidas en Burgos:
  • Elisa
  • Elvira
  • Rosario
  • Flora
La pareja residía en la casa nº 2 de la calle de San Lesmes.

Isabel Fernández Bárcena falleció en Burgos en 1912, a los 57 años de edad.

Nicolás, por su parte, había pasado a la condición de retirado en 1910, siendo oficial segundo del Cuerpo Auxiliar de Oficinas Militares. Su pensión mensual alcanzaba el importe de 187,50 pesetas.

En 1914, Nicolás figura nombrado como adjunto de los juzgados municipales de Burgos. En 1919, abandona la ciudad de Burgos camino de Aracena (Huelva), dónde residía su hija Elvira. En su viaje le acompañan sus dos hijas que aún no se habían emparejado, Elisa y Flora.

Su hija Elvira se había casado con Antonio Pérez Tello, y la pareja se había establecido en la citada localidad onubense. Su hija Rosario se había casado con Fernando Alonso, maestro del barrio de Villatoro.

Nicolás falleció en Aracena en 1923, a los 71 años de edad. Un año antes había fallecido su yerno Antonio Pérez Tello, a los 38 años de edad.

Aquel mismo año de 1923, les fue concedida a tres de sus cuatro hijas la correspondiente pensión de orfandad: a Elisa y Flora, en su condición de solteras, a Elvira, en su condición de viuda. 


LA CARRERA MILITAR DE OTRO HIJO DE PONCIANO: JOSÉ FERNÁNDEZ BÁRCENA

En 1896 aparece en el Diario de Burgos la noticia relativa a la concesión de la cruz roja al mérito militar al segundo teniente del batallón de Galicia, José Fernández Bárcena, por méritos adquiridos en la guerra de Cuba.

José Fernández Bárcena había nacido en Huérmeces en 1862, por lo que en 1896 contaría con una edad de 34 años. 

Tras volver con vida de la guerra de Cuba, José fue destinado en 1901 a la zona de Burgos, como primer teniente del Regimiento de San Marcial. En 1903, le fue concedido el retiro, con el empleo honorífico de capitán. Contaba por entonces con una edad de 41 años.

No he encontrado posteriores referencias relativas a José Fernández Bárcena.


ESCOLÁSTICA FERNÁNDEZ BÁRCENA: LA HIJA MAESTRA DE PONCIANO

Era relativamente frecuente que alguno de los hijos del maestro o la maestra siguiera los pasos profesionales de sus padres. En el caso de Ponciano, fue su primogénita, Escolástica, la que se decantó por los estudios docentes.

Escolástica habría nacido en Sedano hacia el año 1850. Estudió en la Escuela Normal de Burgos y obtuvo el título superior de maestra de primera enseñanza en 1872. 

En 1876 aparece como maestra en Quintanar de la Sierra. En 1886 aparece destinada en la escuela de niñas de Aranda de Duero, ciudad en la que trascurriría el resto de la carrera profesional de Escolástica.

Escolástica Fernández Bárcena falleció en Aranda de Duero en 1902, a los 51 años de edad. Al igual que su padre, Escolática falleció encontrándose en activo, ejerciendo su labor hasta el último día.


Y aquí acaba la pequeña historia de Don Ponciano, el más longevo maestro de las escuelas de Huérmeces; pequeña historia que se prolongó en la de sus hijos Isabel, José y Escolástica, y en la de sus nietas Elisa, Elvira, Rosario y Flora. Una historia que viajó de Huérmeces a Burgos, de Burgos a Aracena, de Burgos a Cuba, ida y vuelta, de Burgos a Aranda de Duero, y vaya usted a saber cuántos otros viajes más se han perdido en las brumas del tiempo, lejos del alcance de la literatura periodística y oficial de aquellos tiempos, y fuera también del alcance de la literatura virtual de este siglo XXI.


APUNTES GENEALÓGICOS

Tanto Ponciano como su esposa Venancia descendían de familias establecidas en la porción septentrional de la provincia de Burgos. Los padres de Ponciano, Manuel y Martina, eran naturales de Aguas Cándidas y Madrid de las Caderechas, respectivamente. Los padres de Venancia, Francisco y Juana, eran naturales de Castellanos de Bureba y Villaescusa del Butrón, respectivamente.

Ponciano y Venancia se casaron, probablemente en Sedano, hacia el año 1850.




Venancia fue la primera de los siete hijos que tuvo la pareja formada por Francisco Bárcena Ojeda y Juana Díaz Ruiz: Venancia (1829), Nicolás Bibiano (1831), Prudencia (1834), Gregoria Georgia (1836), Balbina María (1839), Pedro (1842) y Vicente Antonio (1844). 



EPÍLOGO: UN MAESTRO LONGEVO, AUNQUE NO MUY APRECIADO POR LAS AUTORIDADES MUNICIPALES

La historia de Ponciano podría haber finalizado con lo escrito hasta ahora si no nos hubiera dado por consultar las actas de la Junta Local de Instrucción Primaria del periodo 1878-1886, que se corresponden con los últimos ocho años de estancia de Ponciano en las escuelas de Huérmeces.

Ahora, a la imagen de un Ponciano que dedicó más de media vida a enseñar letras y números a los niños de Huérmeces, le hace contrapeso otra menos favorable, la de un maestro que -parece ser- no ejercía convenientemente sus labores docentes, hasta el punto de "tener abandonados" a sus alumnos. Al menos eso es lo que afirman diversos documentos elaborados por los diferentes miembros de la citada Junta Local de Instrucción Primaria, formada por alcalde, el cura párroco y varios padres de familia, vecinos del pueblo.

De las muchas actas existentes en aquel periodo de nueve años (1878-1886) tomamos como ejemplo el contenido de alguna de ellas (la Junta solía reunirse en sesión con una periodicidad mensual, y realizaba una visita-inspección a la escuela con carácter semestral):

1. Acta primera de la Junta Local de Instrucción Primaria (1 enero 1878)

Se limita a consignar la visita realizada a las escuelas del pueblo por parte de los señores miembros de la Junta Local, afirmando que no hay nada comentar al respecto. Entre los siete firmantes encontramos al entonces alcalde, Simón Villalvilla Güemes (38 años de edad), al cura párroco, Florentín Díaz-Ubierna Vivanco (62), al secretario, Felipe Gallo Espinosa (44), y a cuatro vecinos, padres de familia con hijos en edad escolar: Mariano Hidalgo Montero (32), Vicente Alonso Valderrama (34), Justo Villalvilla Girón (51) y Lorenzo Ubierna Arribas (38).





2. Acta de la sesión del día 19 de abril de 1879

En ella se recogen las impresiones sacadas en la visita semestral cursada a la escuela por parte de los miembros de la Junta Local: "se ha observado muy poca educación en los niños, por parte del Maestro, debe de consentir, y muy atrasados en lectura y escritura"




Firman el acta los mismos miembros que lo hicieron en el acta inaugural de la Junta, de enero de 1878.

3. Acta de la sesión del día 4 de diciembre de 1880

La propia extensión del acta (cuatro páginas) ya barruntaba un contenido jugoso. Y así es, ya que el asunto resultaba ser las importantes cantidades que el Ayuntamiento debía al maestro en concepto de retribuciones (en concreto, por los dos años anteriores). Ponciano había cursado una queja a las autoridades provinciales y el Gobernador había requerido al Ayuntamiento información al respecto.





Parece ser que las retribuciones pagadas por el Ayuntamiento consistían en 10 reales por cada niño no pobre que asistiera a la escuela ("retribución a dinero"). También parece ser que el maestro había cobrado a algún vecino ciertas cantidades en grano ("retribución a grano"), a pesar de lo exiguas que habían resultado las últimas cosechas, por lo que el Ayuntamiento considera que no se le debe cantidad alguna al maestro.

Desconozco si al final el maestro cobró las cantidades que presuntamente le debía el Ayuntamiento de Huérmeces. Lo que parece claro es que las relaciones entre Ponciano y los miembros de la corporación no eran las mejores.

Firman el acta el entonces alcalde, Antonio Díaz-Ubierna Varona (50), el cura Florentín Díaz-Ubierna Vivanco (65), el secretario Felipe Gallo Espinosa (47), y nueve vecinos: Florentín Ubierna Díaz-Ubierna (31), Cándido Alonso Hidalgo (32), Mariano Hidalgo Montero (35), Antonio García González (36), Vicente Alonso Valderrama (37), Simón Villalvilla Güemes (41), Felipe Girón Varona (42), Vicente Arribas Arce (48) y Justo Villalvilla Girón (54). 

4. Acta de la sesión del día 20 de diciembre de 1880

Lo más destacable vuelve a ser el presunto incumplimiento de los deberes docentes por parte del maestro Ponciano: "indagado si en realidad permanecía o no en la escuela en las horas de enseñanza el Maestro, y en efecto tener probado que los tiene a los niños en un completo abandono, y esta es la causa del atraso en que se encuentra la enseñanza, a lo que los señores de la Junta acordaron se le reprendiera." Nada se dice del asunto de las retribuciones supuestamente debidas.

Firman el alcalde, Antonio Díaz-Ubierna, el cura, el secretario y cuatro vecinos.

5. Acta de la sesión del día 22 de mayo de 1881

Este acta es consecuencia de la Visita Ordinaria de Inspección cursada a las escuelas de Huérmeces por el entonces inspector de primera enseñanza de la provincia de Burgos, Ramón Luis Sánchez.





[Ramón Luis Sánchez fue inspector de primera enseñanza de la provincia de Burgos durante dos años, 1880 y 1881; en 1874 aparece en Canarias; en 1875 aparece nombrado para una plaza en Puerto Rico, aunque finalmente tomó posesión como inspector en la provincia de Santander; en 1878, en Segovia y Ávila; en 1881, en Almería; en 1882, en Teruel; en 1886 en Vizcaya; falleció en 1891, siendo maestro de la escuela de Mijares (Ávila)]

Resulta sorprendente el contenido del acta en cuanto a lo que se consideró más relevante durante la visita del citado inspector:

  • el "hermoso local" dónde se encuentran las escuelas
  • el "buen surtido de material y menaje" que en él hay
  • el crecido número de faltas de asistencia que se observan en el libro correspondiente, por lo que "no puede exigirse al maestro la responsabilidad que debiera en el estado en que se hallan los alumnos"
  • por dicho motivo, se encomienda a los señores de la Junta Local que insistan en el celo de los padres en cuanto a la asistencia obligada de sus hijos a la escuela
  • en cuanto al pago de retribuciones atrasadas al señor Maestro, la Junta manifestó que dichas cantidades ya se "hallan consignadas y aprobadas en el presupuesto municipal" 
  • se acepta que el Maestro cobre al año 10 reales por cada alumno matriculado no pobre, y que dichas cantidades se recojan en una lista clara y específica, que deberá ser cotejada y conformada por la Junta Local de Primera Enseñanza
  • en cuanto a la puerta de comunicación que tiene el maestro entre su casa y la escuela, y al objeto de "evitar quejas y disgustos nada agradables para la enseñanza", se ordena su tapiado inmediato
Firman el acta el citado inspector Ramón Luis Sánchez, el alcalde Antonio Díaz-Ubierna, el maestro Ponciano Fernández, el cura Florentín Díaz-Ubierna, el secretario Felipe Gallo y los vecinos Felipe Girón, Cándido Alonso, Justo Villalvilla, Mariano Hidalgo, Antonio García González, Florentín Ubierna y Simón Villalvilla.





6. Acta de la sesión del día 31 de enero de 1884

En la correspondiente visita semestral ordinaria a la escuela, efectuada por los señores de la Junta Local, bajo la presencia del alcalde, se destaca lo siguiente: 

"se han hallado los niños de todas las secciones atrasados en todas las asignaturas, excepto en aritmética, que se hallan algo más adelantados"

A estas alturas uno ya duda de si el maestro era realmente tan negligente como afirman los señores de la Junta Local o si existía algún conflicto soterrado entre el maestro y alguno de los miembros de la misma, quizás con el cura párroco, el eterno Florentín Díaz-Ubierna. Nunca lo sabremos a ciencia cierta, pero no conviene olvidar la importancia del cura párroco en cuanto a observador y censor de las actitudes y aptitudes de los docentes de la época. Si el maestro no era un pulcro cumplidor de los fastos y ceremonias religiosas ya tenía un enemigo seguro, el cura, y un destino probable, el Infierno.





Firman este acta el entonces alcalde Eusebio Girón Arribas (40), el cura Florentín Díaz-Ubierna (68), el secretario Felipe Gallo (50) y los vecinos Modesto García Mata (43), Justo Villalvilla Girón (57), Pedro Díez Alonso (38) y Dionisio Alonso Espinosa (58).

7. Acta de la sesión del día 20 de julio de 1885

Lo más destacado de su contenido se recoge en la frase siguiente: "el local de la escuela tiene capacidad para cien niños y no asisten más de cuarenta, y el resto no lo harán hasta la recolección"

Por vez primera, y siguiendo las recomendaciones efectuadas por el inspector en su visita de cuatro años antes (20 mayo 1881), la Junta Local de Primera Enseñanza se hace eco del grave problema que sufrían las escuelas rurales en aquellos años: el absentismo escolar, sobre todo durante las labores de recolección de la cosecha.

8. Acta de la sesión del día 27 de enero de 1886

A pesar de que el maestro Ponciano Fernández Cortés había fallecido en Huérmeces el día 4 de enero, tras más de tres décadas de estancia en las escuelas del pueblo, no se hace mención alguna al suceso en este primer acta del año, dejando en evidencia las pésimas relaciones entre los señores de la Junta Local y el finado docente.





En el acta se hace referencia al escrito del Gobernador, de fecha 22 de enero, por el que comunicaba al Ayuntamiento el nombramiento como maestro interino de la escuela de Huérmeces a Francisco Esteban y Esteban. Se añade que, una vez presente en el pueblo el nuevo maestro, se le dio posesión de la escuela bajo "la fórmula de abrir y cerrar la puerta", siguiendo el ritual acostumbrado en aquellos tiempos.

El acta está firmada por el nuevo alcalde, Mariano Hidalgo Montero (40), el cura Florentín Díaz-Ubierna Vivanco (70), el secretario Felipe Gallo (52), y los padres de familia: Julián García Girón (34), Justo Villalvilla Girón (59), Pedro Díez Alonso (40) y Dionisio Alonso Espinosa (60).


Y DESPUÉS DE PONCIANO, TRES INTERINOS EN AÑO Y MEDIO

Como era habitual, el maestro interino Francisco Esteban y Esteban duró poco en el cargo y así, en mayo de aquel mismo año de 1886, se nombra a un nuevo maestro interino, Pedro Seco Fernández, que aquí estuvo hasta abril de 1887, fecha en la que aparece nombrado un nuevo interino, Anastasio Gauna Villamor, que apenas estuvo tres meses en Huérmeces.

Estos continuos cambios de maestro no eran buenos para los alumnos ni para la escuela, y así queda plasmado en alguna de las actas de la Junta Local de aquellos meses: "la escuela se encuentra en todas las asignaturas con retraso", "no haber orden en la escuela", "el libro de matrícula se halla en blanco en las edades..." (acta de 8 de noviembre de 1886)

No fue hasta julio de 1887 cuando tomó posesión un nuevo docente que ya se mantuvo varios años en el cargo, Gregorio Rojas Cabria, maestro de Huérmeces durante siete años (1887-1894). Gregorio tomó posesión de la escuela realizando el rito aludido anteriormente: "abriendo y cerrando la puerta de la escuela".

Había transcurrido año y medio desde la muerte de Ponciano Fernández Cortés y daba la impresión de que a la escuela de Huérmeces llegaba, por fin, cierta estabilidad en la ocupación de la mesa entarimada. 

En las actas de aquellos años solo hemos encontrado pequeñas referencias en cuanto al uso preferente de carbón para alimentar la estufa de la escuela, así como al horario lectivo vigente: de 8 a 11 de la mañana, y de 2 a 5 de la tarde. También, en diciembre de 1890, se hace referencia a la larga enfermedad del maestro (Gregorio Rojas), y a la necesidad de nombrar un sustituto. Ya no he tenido tiempo para consultar más actas de la Junta Local de Primera Enseñanza. Lo dejaremos para otra visita al Archivo Municipal. Quién sabe qué nuevas sorpresas nos depararán estos documentos, insulsos en apariencia, pero cargados de pólvora -administrativa- en ocasiones.


[En cuanto a alguno de los miembros de la Junta Local de Instrucción Primaria, cabe añadir que el cura Florentín Díaz-Ubierna Vivanco falleció en 1899, trece años después de que lo hiciera el maestro Ponciano. Si éste fue el maestro más longevo de Huérmeces, Florentín también lo fue en cuanto a cura párroco de la parroquia del pueblo, al regir sus destinos durante 47 años (1852-1899). Y lo mismo puede decirse del secretario Felipe Gallo Espinosa, también fallecido en 1899, después de ejercer como secretario municipal durante treinta años (1870-1899). En cuanto a los alcaldes, recordar que, en aquellos tiempos, apenas duraban dos años en el cargo, al menos hasta la llegada de Julián Díaz-Ubierna García en 1897, que ocupó la silla consistorial durante dieciséis años]


FUENTES

-Archivo Diocesano de Burgos
  • Libros parroquiales de Huérmeces: Libro de Bautizados VI (1852-1876); Libro de Casados VI (1852-1924); Libro de Finados VII (1881-1915)
  • Libros parroquiales de Castellanos de Bureba: Libro de Bautizados (1750-1858); Libro de Casados (1769-1858); Libro de Difuntos (1734-1858)
-Registro Civil de Huérmeces:
  • Libro de Matrimonios I (1871-1883)
-Archivo Municipal de Huérmeces:
  • Padrón de Cedulas Personales de 1886
  • Actas de las sesiones de la Junta Local de Instrucción Primaria 1878-1890
-Biblioteca Digital de Castilla y León: Diario de Burgos, Boletín Oficial de Burgos, Boletín Oficial de la Provincia de Burgos

-Biblioteca Virtual de Prensa Histórica: El Papa Moscas, El Magisterio Balear

-Hemeroteca Virtual de Defensa: Diario Oficial del Ministerio de la Guerra


sábado, 7 de marzo de 2026

Los cuatro hermanos Díaz-Villalvilla Girón, de Ruyales del Páramo a Huérmeces (1825-1854)


Esta es la historia de un viaje al Páramo; eso sí, de un viaje de ida y vuelta, o de ascenso y descenso, si ustedes prefieren.

En el viaje de ida (1804), Gerónimo, un joven natural de Huérmeces, se casó en Ruyales con una joven del lugar, y allí terminó por establecerse, trayendo al mundo a una numerosa prole.

En el viaje de vuelta (1825-1854), cuatro de los hijos de aquel Gerónimo pionero se casaron en Huérmeces con sendas jóvenes naturales de nuestro pueblo, y aquí se asentaron, trayendo al mundo a una también numerosa prole, que acabó por constituir uno de los pilares demográficos y genéticos del Huérmeces de la segunda mitad del siglo XIX.

Quizás la próxima vez que subas, en bici o andando, la cuesta de Ruyales, comprendas mejor que, aunque ambos pueblos se encuentren separados por poco más de cuatro kilómetros, la distancia real entre el páramo y el valle se debiera medir en algo más que en metros lineales.




Y es que también deberían tenerse en cuenta parámetros tales como temperaturas extremas, vientos dominantes, nieblas y nieves, cualidades y calidades del terrazgo, ausencia o dominio de montes y de caza, abundancia o escasez de fuentes, manantiales y cursos de agua, pesca, molinos... Porque Ruyales y Huérmeces son pueblos vecinos, pero que habitan dos mundos (o nichos, como se dice ahora) biológicos muy diferentes.

Aunque también resulta evidente que dichas diferencias climato-edafo-ecológicas nunca supusieron obstáculo alguno para que vecinos de uno y otro pueblo se relacionaran, emparejaran y multiplicaran entre sí durante los últimos siglos. Sobre todo en unos tiempos en los que los matrimonios entre hijos de hidalgos eran de lo más habitual. Ya hemos comentado en otras ocasiones que Huérmeces y Ruyales compartían "índice de hidalguía" a mediados del siglo XVIII: el 75% de sus respectivos vecinos tenían la condición de hidalgos.

[a pesar de su escasa separación métrica, las aguas de la mayor parte del término de Ruyales no drenan hacia el río Úrbel sino que lo hacen hacia el Hormazuela, siguiendo un curso sensiblemente paralelo al de nuestro río; no obstante, Ruyales y otros pueblos del valle del río homónimo (Los Tremellos, Avellanosa, San Pedro Samuel) siempre pertenecieron a la antigua jurisdicción de la Haza de Siero, con cabeza en Huérmeces; no tengo claro si se trata de un caso de preponderancia de los intereses señoriales sobre los hidrológicos o si, por el contrario, nos encontramos ante un evidente ejemplo del condicionamiento que los valles fluviales ejercían sobre el mapa de señoríos, jurisdicciones, comarcas y partidos judiciales] 


I. GERÓNIMO Y EL APELLIDO DÍAZ-VILLALVILLA EN HUÉRMECES

El apellido Díaz-Villalvilla [Díez de Villalvilla] se encontraba enraizado en Huérmeces ya desde los primeros apuntes que aparecen en el libro de bautizados (1611). Así tenemos que, entre 1628 y 1634, nacieron tres criaturas portadoras del apellido: Juan, Francisco y María Díaz-Villalvilla Barahona.

En el caso de Gerónimo Díaz-Villalvilla Díaz-Ubierna (1779), su apellido paterno se encontraba establecido en Huérmeces durante las cuatro generaciones anteriores a la suya ya que, tanto su padre como su abuelo, bisabuelo y tatarabuelo, eran naturales de nuestro pueblo:

  1. padre: José Díaz-Villalvilla Sáiz-Aguayo (1748)
  2. abuelo: José Díaz-Villalvilla Ubierna (1702)
  3. bisabuelo: José Díaz-Villalvilla Gómez-Mata (1673)
  4. tatarabuelo: Pablo Díaz-Villalvilla Fernández (1643) 

Desconocemos si el padre de Pablo, Andrés Díaz-Villalvilla, [Andrés Díez de Villalvilla] también era natural de Huérmeces, ya que el arranque del libro de bautizados no va más allá de 1611, y Andrés no figura en los primeros apuntes del mismo. 

[en los tiempos del Catastro de Ensenada (1752) aparecen en Huérmeces cuatro vecinos con el apellido paterno Díaz de Villalvilla, todos nacidos en nuestro pueblo: José Díaz-Villalvilla Ubierna (1702), el abuelo de Gerónimo, de 50 años de edad; Pedro Díaz-Villalvilla Ubierna (1704), tío-abuelo de Gerónimo, 48 años; Manuel Díaz-Villalvilla Baraona (1708), primo hermano de los dos anteriores, de 44 años de edad; Pablo Díaz-Villalvilla Güemes (1686), hermanastro del bisabuelo de Gerónimo (José Díaz-Villalvilla Gómez-Mata), de 66 años de edad y cura beneficiado de Huérmeces durante treinta y cinco años (1720-1755)]

[por su parte, en Ruyales del Páramo no existía en aquella época vecino alguno que portara Díaz de Villalvilla como apellido paterno]

Gerónimo Díaz-Villalvilla Díaz-Ubierna fue el cuarto de los siete hijos que trajo al mundo la pareja formalizada en Huérmeces, en 1769, por José Díaz-Villalvilla Sáiz-Aguayo (1748) y Ángela Díaz-Ubierna Sarmiento (1750): Mateo (1770), Clemente (1774), Esteban (1777), Gerónimo (1779), Leonarda (1782), Tomasa (1786) y Ángel (1789).




II. UNA BODA EN RUYALES

El día 25 de junio de 1804 se celebró una boda en la iglesia parroquial de los Santos Justo y Pastor, en Ruyales del Páramo. La boda fue oficiada por Policarpo Alonso, cura beneficiado de Ruyales en aquellos años previos a la francesada Los testigos fueron Francisco Hidalgo y Manuel Girón, naturales y vecinos de Ruyales.

Los contrayentes eran el referido varón nacido en Huérmeces y una mujer natural de Ruyales, ambos hijos de hidalgos padres:

  • Gerónimo Díaz-Villalvilla Díaz-Ubierna (Hces, 1779): 25 años
  • Petra Girón Abad (Ruyales, 1787): 17 años
La pareja se estableció inicialmente en Espinosilla de San Bartolomé, dónde residieron durante unos siete años, entre 1804 y 1811.

En marzo de 1812, nació en Ruyales el quinto hijo de la pareja (Ángel), lo que indicaría que al menos la madre ya se encontraba residiendo en su pueblo natal. En junio de ese mismo año falleció Dionisio Girón, el padre de Petra, por lo que su hacienda pasó a ser llevada por sus hijos.

Damos por sentado, pues, que en aquel año de 1812 la familia Díaz-Villalvilla Girón se estableció definitivamente en Ruyales, tras los siete años de estancia provisional en Espinosilla, trabajando las tierras del Conde de Berberana.

Gerónimo y Petra trajeron al mundo a nada menos que catorce hijos, de los cuales cuatro nacieron en Espinosilla y diez en Ruyales. Petra se pasó pariendo veinticuatro años de su vida, los que van del primero (Mariano), alumbrado cuando ella tenía una edad de 18 años recién cumplidos, hasta el último (Gerónimo), cuando la madre ya alcanzaba una edad de 42 años. Nada excepcional en la época, aunque sorprendente hoy en día.

  1. Mariano (Espinosilla, 1805)
  2. María (Espinosilla, 1807), falleció a los seis años
  3. José (Espinosilla, 1809)
  4. Carlos (Espinosilla, 1810), falleció de niño
  5. Ángel (Ruyales, 1812)
  6. María (Ruyales, 1813)
  7. Pedro (Ruyales, 1816), falleció a los dos años
  8. Joaquín (Ruyales, 1817), falleció a los dos años 
  9. Manuela (Ruyales, 1819)
  10. Joaquín (Ruyales, 1820)
  11. Jesús (Ruyales, 1823), falleció a los tres años
  12. Elías (Ruyales, 1825), falleció a los siete días
  13. Justo (Ruyales, 1826)
  14. Gerónimo (Ruyales, 1829)
Seis de los catorce hijos de Gerónimo y Petra fallecieron en la infancia: María, Carlos, Pedro, Joaquín, Jesús y Elías.

Por su parte, Mariano, José, Joaquín y Justo fueron los referidos cuatro hermanos que se establecieron en Huérmeces, tras casarse con mujeres naturales del pueblo.

De Ángel solo sabemos que aún vivía en 1837, a la muerte de su padre, ya que aparece como uno de los herederos en el testamento de Gerónimo Díaz-Villalvilla Díaz-Ubierna. Desconocemos dónde se estableció, y si se emparejó y reprodujo.

María se casó en Ruyales en 1839 con Mariano Hidalgo Villalaín (Ruyales) y la pareja se estableció en su pueblo natal. Tuvieron, al menos, cuatro hijos: Isabel (1840), Natalio (1849), Margarita (1852) y Vicenta (1855). Solo tenemos noticias de Natalio, que se estableció en Ruyales:

  • Natalio Hidalgo Díaz-Villalvilla se casó en Ruyales hacia el año 1870 con Beatriz Güemes Arroyo. Solo tenemos referencias de un hijo: Tomasa Hidalgo Güemes (1880), que residía en Ruyales en 1946, casada. Natalio falleció en Ruyales en 1899.

Manuela se casó en Ruyales en 1846 con José Ortega Alonso (Ros) y en el pueblo del novio se establecieron. Desconozco si tuvieron descendencia, aunque no he encontrado posteriores referencias ni de los padres ni de los posibles hijos.

Gerónimo se casó en Ruyales en 1854 con Juliana Güemes Alonso (Ruyales); la pareja trajo, al menos, nueve hijos al mundo: Eugenio Estanislao (1854), Ángel (1856), Nicomedes (1857), Leonardo (1858), Saturia (1861), Juana (1864), Esteban (1865), Raimunda (1870) y Florencia (1874). Eugenio Estanislao y Juana fallecieron al poco de nacer. Del resto, solo tenemos referencias de tres: 

  • Leonardo Díaz-Villalvilla Güemes (1858) se casó en Trashaedo hacia 1890 con Adelaida Arnáiz Serna y se establecieron en Ruyales. Tuvieron, al menos, cuatro hijos: Aquilino (1891), Eladio (1892), Juliana (1893) y Saturnina (1896). Leonardo ya no aparece en el censo electoral de Ruyales de 1897. En 1900 aparece en Trashaedo. 
  • Saturia Díaz-Villalvilla Güemes (1861) se casó en Ruyales en 1885 con Cipriano Díez Alonso (San Pantaleón del Páramo, 1856) y en el pueblo del novio se establecieron
  • Raimunda Díaz-Villalvilla Güemes (1870) se casó en Ruyales en 1894 con Fermín González Girón (Ruyales, 1868) y en Ruyales se establecieron. Tuvieron, al menos, cinco hijos: Lorenzo (1894), Laureano (1897), Sabino (1899), Fausto (1902) y Valerico (1905). Tenemos referencias posteriores de estos tres últimos:
    • Sabino González Díaz-Villalvilla residió en Ruyales hasta 1936, trasladándose a Burgos en 1943, tras casarse con Nieves Pérez Cuesta (San Pantaleón del Páramo, 1906). Tuvieron dos hijas.
    • Valerico González Díaz-Villalvilla se casó en Brullés en 1938 con Orosia Rodríguez Girón y allí se estableció.
    • Fausto González Díaz-Villalvilla (1902) se casó en Hoyos del Tozo en 1927 con Isabel Ortega Arce y la pareja se estableció en Ruyales. Fausto fue el último portador del apellido Díaz-Villalvilla (materno, en este caso) que residió en Ruyales. Falleció en Ruyales en 1958. 

 



  
III. EL PLEITO DE HIDALGUÍA DE GERÓNIMO DÍAZ-VILLALVILLA DÍAZ-UBIERNA (1826)

En aquellos tiempos era habitual que, cuando un vecino "hidalgo" se establecía en un pueblo distinto al de su naturaleza, tuviera que plantear un pleito para que se le reconociera dicho estatus en el lugar de nueva vecindad.

Hay que tener en cuenta que no se trataba de una cuestión menor, ya que la condición de hidalgo llevaba pareja una serie de privilegios y exenciones fiscales (pechos, bagajes y alojamientos).

Y eso es lo que tuvo que hacer Gerónimo en 1826, cuando ya llevaba varios años avecindado en Ruyales, tras su paso por Espinosilla (1804-1811). Parece ser que Gerónimo había solicitado la vecindad por el estado noble cuando se estableció en Ruyales en 1812, y que se le había incluido inicialmente en el padrón correspondiente a dicho estado. Posteriormente, algunos vecinos de Ruyales habían manifestado su inconformidad con dicha inclusión, originando el correspondiente pleito:

"...hasta que de poco tiempo a esta parte algunos de sus convecinos se resistían a tenerlo por tal hijodalgo notorio de sangre, con motivo de que antes de avecindarse en este pueblo estuvo algún tiempo avecindado en la villa de Espinosilla de San Bartolomé, pueblo de distinta jurisdicción, por cuya consideración les parece que debe acreditar en debida forma su filiación y nobleza."


Pleito de hidalguía de Gerónimo Díaz de Villalvilla, vecino de Ruyales


Así que a Gerónimo no le quedó más remedio que gastarse algún dinero para conseguir que en Ruyales se le incluyera definitivamente en el padrón de "hijosdalgo notorios de sangre", aunque su condición de "noble" era un hecho por todos conocido.

Gerónimo tuvo que demostrar, con papeles, la condición de hidalgo que ya disfrutaban su padre (José Díaz-Villalvilla Sáiz-Aguayo), su abuelo (José Díaz-Villalvilla Ubierna), su bisabuelo (José Díaz-Villalvilla Gómez-Mata) y su tatarabuelo (Pablo Díaz-Villalvilla Fernández), todos ellos naturales y vecinos que fueron de Huérmeces.

Para ello tuvo que aportar las partidas de bautismo y de casamiento de todos ellos, lo que le ocasionó los consiguientes gastos de desplazamiento, ya que sus abuelos se habían casado en Rublacedo de Arriba, pueblo natal de su abuela, Isabel Sáiz-Aguayo Alonso de Arce.

Gerónimo tuvo que presentar el testimonio de una serie de testigos, vecinos de cada uno de los pueblos en los que había residido:
  • Huérmeces: Manuel Alonso (labrador, 65 años), Ceferino de la Ornilla (quinquillero, 68 años), Lorenzo de la Calle (labrador, 61 años) y Carlos de la Calle Martínez (pastor de ganado lanar, 61 años)
  • Espinosilla de San Bartolomé: Eleuterio Beato (labrador, 43 años), Pedro García (labrador, 40 años) y Dionisio González (labrador, 43 años)
  • Ruyales del Páramo: Gerónimo Alonso (labrador), Santiago Sáiz (labrador) e Ildefonso González (labrador)
Los cuatro testigos de Huérmeces manifestaron que los padres y abuelos de Gerónimo "siempre estuvieron alistados y colocados con el distintivo de tales hijosdalgo notorios de sangre ... con los empleos más honoríficos de la República ... en ningún tiempo han sido incluidos en los repartimientos del servicio real, quintas, sorteos, bagajes, alojamientos ..."

Los tres testigos de Espinosilla manifestaron que, durante los años que Gerónimo estuvo avecindado en su villa, obtuvo el título de alcalde ordinario de la misma, por nombramiento del Conde de Berberana, en su condición de dueño y señor de aquella, y que siempre estuvo "exento de pechos, bagajes y alojamientos, y le fueron guardadas las prerrogativas".

Por último, los tres testigos de Ruyales no pusieron en duda la condición "noble" de Gerónimo, aunque manifestaron que algunos vecinos creían conveniente que demostrara con papeles dicha condición. Una especie de "ya que va a seguir disfrutando de ciertas ventajas fiscales, que se gaste un dinero y demuestre su hidalguía con papeles".

En 1826, el vecindario de Ruyales estaba conformado por dos vecinos por el "estado noble", Apolinario Varona y Antonio Girón, y nueve vecinos por el "estado general de hombres buenos": Francisco San Llorente, Ildefonso González, Santiago Sáiz, Rafael García, José San Llorente, Bernardo González, Tomás González, Alejo del Olmo y Pedro Martínez. El "índice de hidalguía" de Ruyales había caído considerablemente desde los tiempos del Catastro de Ensenada: del 75% al 18%

[también resulta curioso comprobar cómo, setenta y tantos años después del Catastro de Ensenada, únicamente quedaba en Ruyales un vecino con el apellido Varona; conviene recordar que, en 1752, durante la célebre pesquisa, ocho de sus entonces 14 vecinos portaban Varona como apellido paterno; y es que, pocos años después, parte de aquellos Varona se habían mudado a Huérmeces; al igual que años después algún Díaz-Villalvilla farol se establecería en Ruyales; tenemos, pues, a Varonas y Villalvillas bajando y subiendo la Cuesta de Ruyales durante la segunda mitad del siglo XVIII y primeros años del XIX] 

En 1826, el alcalde de gobierno de Huérmeces era Juan de Ubierna, que también ostentaba la condición de alcalde de la Jurisdicción de Haza de Siero, a la que pertenecían Ruyales y otros veinte pueblos de los valles del Úrbel, Ruyales y Hormazuela.

[Juan Ubierna Ruiz-Porras había nacido en Huérmeces en 1768 -tenía 58 años en el año del Pleito- y se había casado en 1792 con Juliana Ornilla Díez, nacida en Huérmeces en 1767; tuvieron siete hijos Ubierna Ornilla entre 1793 y 1807]






IV. CUATRO BODAS EN HUÉRMECES

Con el paso de los años, cuatro de aquellos hermanos Díaz-Villalvilla Girón se casaron en Huérmeces con sendas mujeres nacidas en dicho pueblo, y en él se establecieron. Las cuatro bodas se celebraron en un lapso de tiempo de treinta años, los que van de 1825 a 1854:

  1. [1825] Mariano Díaz-Villalvilla Girón (20 años) y María Sáiz Espinosa (16 años)
  2. [1828] José Díaz-Villalvilla Girón (19 años) y Gabina Güemes Espinosa (18 años)
  3. [1842] Joaquín Díaz-Villalvilla Girón (22 años) y Mª Bernarda Güemes Espinosa (22 años)
  4. [1854] Justo Díaz-Villalvilla Girón (28 años) y Tomasa Hidalgo Espinosa (25 años)

Es por eso que cabe afirmar que la mayor parte de los vecinos faroles que portaban el apellido Villalvilla (o Díaz-Villalvilla) a mediados del pasado siglo, eran descendientes directos de aquellos cuatro hermanos procedentes de Ruyales que, durante el segundo cuarto del siglo XIX, se establecieron en nuestro pueblo.





V. LAS CUATRO ESPOSAS DE LOS HERMANOS DÍAZ-VILLALVILLA GIRÓN

Una simple lectura de los apellidos maternos de las cuatro esposas nos ofrece una clara coincidencia: el apellido Espinosa.

Las cuatro esposas eran primas hermanas entre sí. Las madres de dos de ellas (Jacinta, madre de María; Andrea, madre de Tomasa) eran hermanas entre sí. De la misma manera, también eran hermanas las madres de las otras dos (Paula, madre de Gabina; Ana María, madre de María Bernarda). Por lo tanto, las cuatro madres de las esposadas portan los mismos apellidos: Espinosa Fontúrbel.

Y es que, en un plazo de 32 años (1773-1805), nacieron en Huérmeces nada menos que 31 personas apellidadas Espinosa Fontúrbel. Estos alumbramientos fueron el fruto de cuatro matrimonios entre tres hermanos Espinosa González-Mata (y un sobrino de éstos) con cuatro hermanas Fontúrbel Güemes.

  1. María Sáiz Espinosa (1809): hija de Gabriel Sáiz García (Las Hormazas) y Jacinta Espinosa Fontúrbel (1786), casados en Huérmeces en 1805
  2. Gabina Güemes Espinosa (1810): hija de Manuel Güemes Díaz-Villalvilla (Quintanarrío) y Paula Espinosa Fontúrbel (1776), casados en Huérmeces en 1796
  3. María Bernarda Güemes Espinosa (1820): hija de Calixto Güemes Alonso (Quintanaortuño) y Ana María Espinosa Fontúrbel (1781), casados en Huérmeces en 1815
  4. Tomasa Hidalgo Espinosa (1829): hija de Manuel Hidalgo Porras (Basconcillos) y Andrea Espinosa Fontúrbel (1793), casados en Huérmeces en 1814

VI. LA PROLÍFICA DESCENDENCIA FAROLA DE LOS DÍAZ-VILLALVILLA GIRÓN

Las cuatro parejas formadas en Huérmeces por los hermanos Díaz-Villalvilla Girón trajeron 29 hijos al mundo, de los que una tercera parte, como era por entonces habitual, no sobrevivió a la infancia.

Una buena parte de los hijos supervivientes se estableció en Huérmeces, casándose con naturales del pueblo.

Mariano Díaz-Villalvilla Girón y María Sáiz Espinosa trajeron al mundo a dos hijos Díaz-Villalvilla Sáiz, de los que solo uno sobrevivió a la infancia. Este hijo superviviente, aunque se emparejó, no tuvo descendencia. Esta fue la rama menos fértil de la familia Díaz-Villavilla Girón.

José Díaz-Villalvilla Girón y Gabina Güemes Espinosa trajeron al mundo a diez hijos Díaz-Villalvilla Güemes, de los que al menos tres sobrevivieron a la infancia, estableciéndose en Huérmeces. Estos tres hijos Díaz-Villalvilla Güemes trajeron al mundo a 28 hijos, de los cuales 10 se establecieron en Huérmeces.
 
Joaquín Díaz-Villalvilla Girón y Mª Bernarda Güemes Espinosa trajeron al mundo a siete hijos Díaz-Villalvilla Güemes, de los que al menos dos sobrevivieron a la infancia, estableciéndose en Huérmeces. Estos dos hijos Díaz-Villalvilla Güemes trajeron al mundo a 14 hijos, de los cuales 4 se establecieron en Huérmeces.

Justo Díaz-Villalvilla Girón Tomasa Hidalgo Espinosa trajeron al mundo a diez hijos Díaz-Villalvilla Hidalgo, de los que al menos cinco sobrevivieron a la infancia. Tres de ellos se establecieron en Huérmeces y aquí nacieron 19 hijos, de los cuales ninguno se estableció en Huérmeces.


Uno de aquellos cuatro hermanos, José Díaz-Villalvilla Girón, es tras-tatarabuelo de este bloggero. Dos de sus hijos, Simón y Basilisa Díaz-Villalvilla Güemes, son mis tatarabuelos, el primero tanto por línea paterna como materna, la segunda, por línea materna. Tres de mis ocho bisabuelos (Dionisio Villalvilla Varona, Elisa Villalvilla Varona y Constantina García Villalvilla) son nietos de aquel José Díaz-Villalvilla Girón que se bajó del páramo al valle en 1828. 

Todo esto se traduce en que el apellido Villalvilla (sin el Díaz) aparezca en dos ocasiones en el listado de ocho apellidos faroles de quien esto escribe: tanto como segundo apellido paterno como cuarto apellido materno. Y remontándonos algo más, también como séptimo apellido materno.




Una vez constatados los orígenes "ruyalenses" del apellido Varona, ahora reiterados también para el apellido Villalvilla, no cabe sino afirmar que una buena parte de los nacidos en Huérmeces durante las seis primeras décadas del siglo XX proceden -procedemos- de Ruyales del Páramo. 

La próxima subida en bici a Ruyales adquirirá así, para alguno de nosotros, un atractivo extra. No constituirá únicamente un duro ejercicio físico, ya que también nos animará saber que estamos realizando una ascensión que emula a la que durante mucho tiempo (por el camino de las Torcas de Val o por el Alto la Cruz) tantas veces tuvieron que hacer nuestros trastatarabuelos, tatarabuelos, bisabuelos y abuelos, bien para visitar a sus parientes del páramo, bien para acudir a bautizos, bodas y funerales entre aquellos.





VII. BODAS ENTRE MUJERES DE RUYALES Y VARONES FAROLES

Fuera ya del ámbito estricto del apellido Villalvilla, y al objeto de que nadie me pueda acusar de parcialidad de género, merece la pena citar varios casos de mujeres naturales de Ruyales -o allí avecindadas- que se casaron con faroles y en Huérmeces -o en su entonces lugar de residencia- se establecieron. Sin realizar una búsqueda demasiado exhaustiva, he encontrado nueve casos, todos ellos correspondientes al último tercio del siglo XIX y primera mitad del veinte. Ocho de aquellas nueve bodas se celebraron en Ruyales. 


[1876] Benito Díaz Gallo (Hces, 1846) y Eulalia Hidalgo Serna (Ruyales, 1856)

[1881] José Varona Ubierna (Hces, 1855) y Francisca García Güemes (Ruyales, 1860)

[1887] Pablo Ubierna Díaz-Ubierna (Hces, 1853) y Balbina Luis Fuentes (Trashaedo, 1868); Balbina residía en Ruyales cuando se casó con Pablo

[1906] Francisco Alonso Díez (Hces, 1879) y Dorotea Güemes Hidalgo (Ruyales, 1884)

[1910] Sandalio Alonso Alonso (Hces, 1884) y María Güemes Hidalgo (Ruyales, 1883)

[1926] Cayo Díaz-Ubierna Díaz-Villalvilla (Hces, 1900) y Natividad Martínez García (Ruyales, 1907)

[1932] Felipe Díez Díez (Hces, 1906) y Ludivina González Bravo (Ruyales, 1910)

[1946] Eladio Ubierna Varona (Hces, 1921) y María Amparo Rodríguez Hidalgo (Ruyales, 1926). La boda se celebró en Huérmeces. Aunque la pareja se estableció inicialmente en nuestro pueblo (al menos hasta 1955), acabó por afincarse en la ciudad de Burgos

[1947] Emilio Crespo Díaz-Ubierna (Hces, 1923) y Lidia Güemes Díaz-Villalvilla (Ruyales, 1924). La pareja se estableció en Madrid

[Lidia era hija de Juliana Díaz-Villalvilla Arnáiz, nieta de Leonardo Díaz-Villalvilla Güemes, bisnieta de Gerónimo Díaz-Villalvilla Girón y tataranieta de Gerónimo Díaz-Villalvilla Díaz-Ubierna, el farol que se estableció en Ruyales en 1804 al casarse con Petra Girón Abad]



FUENTES

Archivo Diocesano de Burgos: Libros sacramentales de las parroquias de:

-Santos Justo y Pastor de Ruyales del Páramo: Libro de Bautizados I (1672-1774), Libro de Bautizados II (1775-1851), Libro de Bautizados III (1852-1868), Libro de Casados I (1657-1851), Libro de Casados II (1852-1900), Libro de Finados I (1672-1774), Libro de Finados II (1755-1851) 
-San Millán Abad de Espinosilla de San Bartolomé: Libro de Bautizados (1769-1852)
-San Juan Bautista de Huérmeces: Libro de Bautizados V (1825-1851), Libro de Bautizados VI (1852-1876), Libro de Bautizados VII (1877-1903), Libro de Casados IV (1785-1826), Libro de Casados V (1826-1851), Libro de Casados VI (1852-1926), Libro de Finados VI (1852-1880), Libro de Finados VII (1881-1915)

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid:

-Pleito de Jerónimo Díaz de Villalvilla, vecino de Ruyales del Páramo, jurisdicción de Haza de la Sierra [Haza de Siero] (Burgos). Sala de Hijosdalgo, caja 1043,38 (1826). Disponible en PARES y consultable en familysearch [página 142, Leg. 1043/11-55, Item 29, fotogramas 1257-1293]

Biblioteca Digital de Castilla y León:

-Diario de Burgos (hasta 1984), Boletín Oficial de la Provincia de Burgos

Biblioteca Virtual de Prensa Histórica:

-Diario de Burgos (hasta noviembre de 1994); Hoja del Lunes de Burgos (1950-1985)

Biblioteca Digital de la Biblioteca Foral de Vizcaya:

-Censos electorales de Vizcaya 1900-1930






ANEXOS

I. EL ENTONCES GRAVÍSIMO PECADO DE NO ENCARGAR (Y PAGAR) UNA MISA POR EL ALMA DE UN HIJO RECIÉN NACIDO Y RECIÉN MUERTO

En el libro de finados de la iglesia parroquial de los Santos Justo y Pastor de Ruyales del Páramo aparece un curioso apunte funerario. Curioso a la vez que clarividente, ya que nos habla del absoluto poder que la Iglesia Católica tenía sobre las almas y los cuerpos de todos los seres humanos que vivían en la España del siglo XIX.

El décimo segundo de los hijos de Gerónimo Díaz-Villalvilla y Petra Girón había nacido en Ruyales el 20 de julio de 1825, recibiendo el nombre de Elías en el bautizo celebrado dos días después. A los siete días de nacer, el niño falleció. El apunte funerario del párvulo Elías Villalvilla Girón dice así:


En el lugar de Ruyales del Páramo a veinte y siete días de julio de mil ochocientos veinte y cinco yo, el infrascrito cura beneficiado en dicho pueblo, di sepultura eclesiástica a un niño que nació día veinte de dicho mes y año, sin misa aunque sus padres son de facultades, de dónde se infiere la aversión, odio y mala voluntad pública contra su cura, pues no hay ninguno en el pueblo, a no ser un pobre de solemnidad, que no lo haga; hijo legítimo de Gerónimo Villalvilla y Petra Girón, vecinos en dicho pueblo. Enterrose en la iglesia parroquial de dicho pueblo, en el último rumen de sepulturas a el lado de la epístola, y para que conste lo firmo en dicho pueblo, día, mes y año ut supra. Don Josef Varona.


No parece que fueran buenas las relaciones entre el cura José Varona y el vecino Gerónimo Díaz-Villalvilla. Desconocemos los motivos de dicha enemistad aunque podemos suponerlos: falta de puntualidad o cantidad en los diversos pagos y prebendas que un vecino de la época tenía que satisfacer a la Santa Iglesia Católica, o quizás el descontento familiar con alguna de las prácticas ejercidas por el cura.

En este caso, no es que fuera grande el importe a pagar por la misa de difuntos de un neonato pero el cura no podía permitir que nadie se lo saltara, por el posible efecto contagio que pudiera tener el acto sobre el resto de la población. La mayor parte de las defunciones de la época correspondían a neonatos y niños de corta edad, por lo que el epígrafe "misas de difuntos" alcanzaba cierta importancia en las cuentas de la parroquia.

Gerónimo y Petra debieron de reflexionar sobre las consecuencias de su decisión (no encargar ni pagar la misa de difuntos por el alma de su hijo) ya que, a los dos días del entierro de su hijo, el cura José Varona consigna una nota inmediata al apunte funerario del párvulo Elías Villalvilla:


Nota: pasados dos días después de extendida la cláusula del supra escrito Elías, se me encargó la misa de entierro por los arriba mencionados sus padres, la que dije en el día treinta de dicho mes y año ut supra. Don Josef Varona.


Y es que, como tantas otras veces hemos comentado, la Iglesia nunca pierde, como poco ... empata. A Gerónimo y Petra no les quedó otra que pasar por el aro, si es que no querían que el cura dejara rastros orales y -sobre todo- escritos acerca de su poco cristiana aptitud, con todas las futuras consecuencias que el asunto pudiera alcanzar.

No hemos encontrado más alusiones reprobatorias en posteriores apuntes funerarios relacionados con la familia Díaz-Villalvilla Girón, por lo que suponemos que, en lo sucesivo, Gerónimo pasó por caja con puntualidad y oportunidad.

Otro hijo de Gerónimo y Petra falleció apenas seis meses después de la "cláusula reprobatoria" de Elías; así, el 18 de enero de 1826 aparece consignado el apunte funerario de Jesús Villalvilla Girón, fallecido a los tres años de edad. Se le dio entierro cuarta clase, con la correspondiente misa de difuntos. 

[observemos que el prefijo Díaz aparece y desaparece en los apuntes parroquiales sin seguir lógica alguna, aunque con cierta tendencia a mantenerse en el caso de los padres y a desaparecer en el caso de los hijos] 


Gerónimo Díaz-Villavilla Díaz-Ubierna falleció en Ruyales el 25 de mayo de 1837, a los 57 años de edad. Había formalizado testamento tres meses antes ante Melchor Díaz-Ubierna, el escribano de Huérmeces y su jurisdicción de Haza de Siero. En las cláusulas finales del mismo se nombraba como testamentarios a su esposa Petra Girón y a sus dos hijos casados en Huérmeces, Mariano y José. Y como herederos a sus ocho hijos supervivientes: Mariano, José, Ángel, Joaquín, Justo, Gerónimo, María y Manuela.

[en aquellos años, en los testamentos, la relación de hijos herederos mantenía la preferencia de los varones sobre las hembras, consignándose primero a aquellos y luego, a éstas]

Desconocemos cuándo y dónde falleció Petra Girón Abad, viuda de Gerónimo y madre de los cuatro hermanos Díaz-Villalvilla Girón que se establecieron en Huérmeces. Supongo que falleció con posterioridad al año 1851, fecha en la que se cierra el consultado Libro de Finados de Ruyales II (1755-1851).


II. BENIGNO DÍAZ-VILLALVILLA HIDALGO, OTRO VIAJE DE IDA Y VUELTA AL PÁRAMO

Benigno era nieto de Gerónimo Díaz-Villalvilla Díaz-Ubierna, el farol que se estableció en Ruyales por amor. Y era hijo de Justo, uno de los cuatro hermanos Díaz-Villalvilla Girón naturales de Ruyales que se establecieron en Huérmeces, también por amor.

Para no romper con la costumbre, Benigno, nacido en Huérmeces, acabó por establecerse en Ruyales, por supuesto que también por amor. 

Benigno había nacido en Huérmeces en 1867, siendo el octavo de los diez hijos que trajo al mundo la pareja formada por Justo Díaz-Villalvilla Girón (Ruyales, 1826) y Tomasa Hidalgo Espinosa (Hces, 1829).

Benigno se casó en Ruyales en 1893 con Petra García Güemes (Ruyales, 1868) y en el Páramo se establecieron. Desconozco si Benigno y Petra tuvieron hijos, aunque en los censos electorales de Ruyales del periodo 1930-1946 no aparece ningún Díaz-Villalvilla García.

[al igual que en el caso de su abuelo Gerónimo, Petra era el nombre de pila de la mujer "ruyalense" que le hizo subir al páramo y establecerse en él]

Benigno falleció en Ruyales en 1931, a los 63 años de edad. Su esposa Petra falleció alrededor del año 1940, a los 72 años de edad.

Con Benigno finalizó el ciclo de subidas y bajadas del Valle al Páramo y viceversa. Mediado ya el siglo XX, las corrientes migratorias adquirieron tal magnitud que se impusieron sobre todas las demás circunstancias, amor inclusive.


III. FAUSTO: EL ÚLTIMO DE LOS DÍAZ-VILLALVILLA DE RUYALES

En octubre de 1955 era alcalde pedáneo de Ruyales Fausto González Díaz-Villalvilla. Su aparición en la prensa local se debe a la simbólica inauguración, por parte del gobernador civil de turno (Jesús Posada Cacho), del camino vecinal que comunicaba Ruyales con la carretera de Aguilar, a la altura del puente Miguel.


Diario de Burgos, 6 de octubre de 1955


Los ejecutores materiales del camino habían sido los entonces 16 vecinos con que contaba Ruyales. El gobernador, al cortar la cinta, les hizo entrega de la prometida subvención, en nombre de la "Obra Social del Movimiento", aparte de felicitar al alcalde por la buena disposición de sus convecinos.

Fausto, aparte de su mundana condición de ex alcalde de Ruyales, ostentará el título honorífico de ser "el último de los Díaz-Villavilla" que residieron en Ruyales.

Fausto nació en Ruyales el 24 de junio de 1902. Como no podía ser de otra manera, el 24 de junio, aparte de San Juan Bautista, se celebraba la onomástica de San Fausto de Roma, mártir.

Fausto era hijo de Fermín González Girón (Ruyales, 1868) y Raimunda Díaz-Villalvilla Güemes (Ruyales, 1870), que se habían casado en Ruyales en 1894. Raimunda era hija de Gerónimo Díaz-Villalvilla Girón (Ruyales, 1829) y Juliana Güemes Alonso (Ruyales, 1830). Su padre Gerónimo fue el único de los hermanos varones Díaz-Villalvilla Girón que se estableció definitivamente en Ruyales.

Fausto tuvo, al menos, otros cuatro hermanos González [Díaz-] Villalvilla: Lorenzo (1894), Laureano (1897), Sabino (1899) y Valerico (1905), ninguno de los cuales se estableció definitivamente en Ruyales: Sabino residió en el pueblo hasta 1936, estableciéndose posteriormente en la ciudad de Burgos; Valerico se casó y estableció en Brullés.

Fausto González Villalvilla se casó en Hoyos del Tozo en 1927 con Isabel Ortega Arce (Hoyos del Tozo, 1908) y la pareja se estableció en Ruyales. Fausto e Isabel no tuvieron descendencia.

Fausto falleció en Ruyales en 1958, a los 56 años de edad. 

[Este Fausto de Ruyales comparte nombre de pila con su primo segundo, Fausto Díez Díaz-Villalvilla (Hces, 1875). El Fausto farol era nieto de Joaquín Díaz-Villalvilla Girón (Ruyales, 1820), hermano del abuelo materno del Fausto ruyalense, el referido Gerónimo Díaz-Villalvilla Girón (Ruyales, 1929). Es más que probable que el Fausto farol gozara de una vida mucho más corta que el Fausto del Páramo, ya que aparece en el listado de mozos del reemplazo de 1894 por Huérmeces y no vuelve a hacerlo en ningún otro documento posterior, por lo que cabe suponer que no sobrevivió al servicio militar de aquellos ultramarinos y belicosos tiempos, con la guerra de Cuba en el horizonte; conviene recordar que un hermano del Fausto farol, Inocencio Díez Díaz-Villalvilla (Hces, 1872) falleció en el Hospital Militar de La Habana en 1897, víctima de la fiebre amarilla, en la recta final de la guerra de Cuba]

  
IV. COMPENDIO DE DESCENDIENTES FAROLES DE LOS CUATRO HERMANOS DÍAZ-VILLALVILLA GIRÓN

1. HERMANOS DÍAZ-VILLALVILLA SÁIZ (HIJOS DE MARIANO Y MARÍA)

Mariano y María tuvieron dos hijos: Jacinta (1830) y Gabriel (1832). Mariano se casó en segundas nupcias en Huérmeces, en 1835, con Rosalía Espinosa Varona (1792), aunque no tuvieron descendencia. Solo tenemos constancia de continuidad residencial en Huérmeces en el caso de Jacinta, ya que Gabriel no sobrevivió a la infancia.

1.1 Jacinta Díaz-Villalvilla Sáiz (1830)

Se casó en Huérmeces, en 1855, con Fabián Valderrama Espinosa (1831). Tuvieron una única hija, Joaquina Valderrama Díaz-Villalvilla (1858), que falleció a los seis años de edad. 

2. HERMANOS DÍAZ-VILLALVILLA GÜEMES (HIJOS DE JOSÉ Y GABINA)

José y Gabina tuvieron diez hijos: Dorotea (1831), Manuel (1831), Isabel (1832), José (1835), Juliana (1838), Simón (1839), Manuel (1842), Santos (1844), Basilisa (1847) y Vicente (1850). Tenemos evidente constancia de continuidad residencial en Huérmeces para tres de ellos: Isabel, Simón y Basilisa.

2.1 Isabel Díaz-Villalvilla Güemes (1832)

Se casó en Huérmeces, en 1862, con Valentín González Iglesias (Gredilla la Polera, 1839); tuvieron cuatro hijos: José (1865), María (1866), Dionisio (1868) y Primitiva (1869), de los que solo los dos primeros se establecieron en Huérmeces. Esta familia prescindió del Díaz y el apellido mutó a un más mundano Villalvilla.

2.1.1 José González Villalvilla (1865)

Se casó en Huérmeces, en 1890, con Ricarda Girón Alonso (1869); tuvieron nueve hijos: Rosenda (1891), Restituto (1892), Florentino (1894), Carolina (1895), Eutiquio (1897), Adrián (1898), Dativo (1901), Alejo (1902) y Maura (1902). Tres de aquellos nueve hijos se establecieron en Huérmeces: Rosenda, Carolina y Alejo.

Rosenda González Girón se casó en Quintanilla de la Mata en 1910 con Eleuterio Villanueva Varona (1883) y se establecieron en Huérmeces; tuvieron nueve hijos, de los que siete sobrevivieron a la infancia: Teófilo (1911), María (1912), Epifanio (1914), Silvano (1916), Víctor (1919), Benedicta (1920) y Fidela (1923). Solo Víctor se estableció en Huérmeces

Carolina González Girón se casó en Huérmeces en 1920 con Antonino Ubierna Ibáñez (1896); tuvieron seis hijos: Mª Visitación (1921), Orencio (1922), Daniel (1923), Victorina (1925), Ricardo (1926) y Teófila (1933). Solo Daniel se estableció definitivamente en Huérmeces.

Alejo González Girón se casó en Huérmeces en 1926 con Mª Pilar Girón Montero (1904); tuvieron dos hijos: Valentín (1927) y Lorenzo (1928). Este último se estableció en Huérmeces.

2.1.2 María González Villalvilla (1866)

Se casó en Huérmeces, en 1892, con Dionisio Martínez Alonso (1870); tuvieron ocho hijos: Isabel (1894), Casimiro (1896), Nicolás (1898), Gerardo (1900), Eleuterio (1902), Maximino (1904), Fidela (1907) y Jacinto (1909).

Solo dos de sus hijos se establecieron en Huérmeces: Isabel y Nicolás. Gerardo, por su parte, abandonó el pueblo a temprana edad y acabó por ordenarse sacerdote. 

Isabel Martínez González se casó en 1916 con Miguel Díaz Martínez (1890) y juntos trajeron al mundo a diez hijos entre 1919 y 1935, de los que siete sobrevivieron a la infancia: Luisa (1919), Amancio (1920), Maximina (1922), Florinda (1924), Amador, Miguel y María Cristina. Ninguno se estableció en Huérmeces.

Nicolás Martínez González se casó en Huérmeces en 1926 con Basilia Alonso García (1899). Nicolás y Basilia no tuvieron descendencia.

2.2 Simón Díaz-Villalvilla Güemes (1839)

Se casó en Huérmeces en 1862 con Felisa Varona Alonso (1840); tuvieron once hijos: Dionisio (1864), Jacinta (1866), José (1868), María Mercedes (1871), Venancio (1873), Elisa (1874), Gerardo (1876), Ángela (1878), Elisa (1881) y Gertrudis (1883), de los que únicamente cinco sobrevivieron a la infancia, y se establecieron en Huérmeces. Parte de esta rama de la familia perdió el Díaz a finales del siglo XIX.

2.2.1 Dionisio Villalvilla Varona (1864)

Se casó en Huérmeces en 1890 con Filomena Alonso Díez (1869) y trajeron diez hijos al mundo entre 1891 y 1909, de los que solo sobrevivieron dos hijas: Florencia (1892) y Felisa (1899), ambas establecidas en Huérmeces. Esta rama de la familia abandonó -o perdió- el Díaz.

Florencia Villalvilla Alonso se casó en Huérmeces en 1919 con Lázaro Díez Bernal (Celada de la Torre, 1893) y tuvieron nueve hijos, de los que siete sobrevivieron a la infancia: Saturnina (1919), Filomena (1921), Terencio (1925), Constancio (1927), Luis (1930), Benita (1933) y Felisa (1936). Únicamente la mayor, Saturnina, acabó por establecerse en Huérmeces.

Felisa Villalvilla Alonso se casó en Huérmeces en 1920 con Julio Girón Montero (1897); no tuvieron descendencia.

2.2.2 Jacinta Díaz-Villalvilla Varona (1866)

Se casó en Huérmeces en 1885 con Mariano Díaz-Ubierna Ubierna (1859); ocho hijos: Maximina (1890), Victoria (1890), Jacinto (1895), Felipe (1898), Cayo (1900), Celestino (1903), Basilio (1907) y Enrique (1910). Cinco de los hijos ingresaron en los paúles y en las Hijas de la Caridad. Los otros tres se establecieron en Huérmeces.

Victoria Díaz-Ubierna Díaz-Villalvilla se casó en Huérmeces en 1912 con Esteban Crespo Crespo (Castrillo de Rucios, 1888) y trajeron diez hijos al mundo, de los que nueve sobrevivieron a la infancia: Máximo (1913), Cristóbal (1916), Andrés (1918), Lucía (1919), Olegario (1921), Emilio (1923), Maximiliano (1928), Jacinta (1932) y Rosa (1937). Únicamente Cristóbal y Maximiliano se establecieron en Huérmeces.

Jacinto Díaz-Ubierna Díaz-Villalvilla se casó en Burgos en 1920 con Juliana Díez Varona (1896) y trajeron tres hijos al mundo, de los que dos sobrevivieron a la infancia: Julia (1922) e Hipólito (1923); Julia e Hipólitos fallecieron a los 25 y 23 años, respectivamente. 

Cayo Díaz-Ubierna Díaz-Villalvilla se casó en Ruyales del Páramo en 1926 con María Natividad Martínez García (Ruyales, 1907) y tuvieron tres hijos: Mauro (1927), Libia Digna (1931) y Rosina (1935); los dos primeros se establecieron en Huérmeces.

2.2.3 María Díaz-Villalvilla Varona (1871)

Se casó en Huérmeces en 1891 con Benito Varona Ubierna (1866); siete hijos: Victoria (1892), Manuel (1894), Lucía (1895), Crescencia (1899), Florencio (1904), José (1906) y Nicolás (1911). Únicamente Lucía sobrevivió a la infancia, estableciéndose en Huérmeces.

Lucía Varona Díaz-Villalvilla se casó en Huérmeces en 1913 con Dionisio Varona García (1894); siete hijos: Máxima (1918), María (1921), Máxima (1925), Dorotea (1925), Casilda (1927), Petra (1930) y Ángel (1934). Cuatro de ellos sobrevivieron a la infancia (María, Casilda, Petra y Ángel), aunque solo Petra se estableció en Huérmeces.

2.2.4 Elisa Villalvilla Varona (1874)

Se casó en Huérmeces en 1894 con Eugenio Alonso Fernández (1873); tuvieron seis hijos, y todos ellos sobrevivieron a la infancia: Escolástica (1895), Eladia (1900), Lucía (1904), Leonila (1910), José (1915) y Julián (1918). 

Escolástica y Julián ingresaron en las Hijas de la Caridad y en los Gabrielistas, respectivamente. Eladia se estableció en Olmos de la Picaza, al casarse con Maximiliano Pérez Díez (Villadiego, 1895) y traer seis hijos al mundo. Lucía, Leonila y José se establecieron en Huérmeces. Esta rama de la familia abandonó el Díaz.

Lucía Alonso Villalvilla se casó en Huérmeces en 1923 con Luzgerido Pérez García (Acedillo, 1895) y trajeron tres hijas al mundo: Máxima (1924), Secundina (1926) y Regina (1931). Ninguna se estableció en Huérmeces.

Leonila Alonso Villalvilla se casó en Huérmeces en 1933 con Narciso Varona García (1910) y trajeron seis hijos al mundo: Constantina (1934), María Begoña (1936), Carmen (1938), Jesús (1941), José (1943) y Elisa (1947). Ninguno se estableció en Huérmeces.

José Alonso Villalvilla se casó en Huérmeces en 1941 con Mónica Fernández Crespo (Ubierna, 1914) y trajeron seis hijos al mundo: Caridad (1942), Agustín (1944), Julián (1946), Eugenio (1946), Alberto (1950) y José Enrique (1961). Ninguno se estableció en Huérmeces

2.2.5 Gerardo Díaz-Villalvilla Varona (1876)

Nació con una importante discapacidad que le imposibilitaba utilizar normalmente sus piernas. No se casó ni tuvo descendencia. Residió durante la mayor parte de su vida en la casa nº 2 del barrio de Mercado.

2.3 Basilisa Díaz-Villalvilla Güemes (1847)

Se casó en Huérmeces en 1864 con Antonio García González (1844) y tuvieron trece hijos: Lorenza (1865), Lorenzo (1866), María Santos (1867), Inés (1870), Juliana (1872), Antonio (1874), Pablo (1876), Elvira (1877), Catalina (1878), María Mercedes (1879), Constantina (1881), José (1883) y Josefa (1884).

De los siete que sobrevivieron a la infancia, tres (Juliana, Mª Mercedes y Josefa) ingresaron en una orden religiosa. Catalina se estableció en Villafranca del Bierzo. Los tres restantes (María Santos, Antonio y Constantina) se establecieron en Huérmeces.

2.3.1 María Santos García Díaz-Villalvilla (1867)

Se casó en 1888 con Esteban Ubierna González (1864); tuvieron diez hijos, de los que cuatro sobrevivieron a la infancia: Jesús (1899), Saturnino (1901), Josefa (1903) y Santos (1907). Este último ingresó en la orden dominica, y ejerció su labor misionera en Vietnam. Jesús se estableció en Madrid. Saturnino y Josefa, lo hicieron en Huérmeces.

Saturnino Ubierna García se casó en Huérmeces en 1925 con Felisa García Ubierna (1904); tuvieron seis hijos, de los cuales cuatro sobrevivieron a la infancia: Santos (1926), Leandra (1930), Avelina (1932) y Saturnino (1934). Ninguno de ellos se estableció en Huérmeces.

Josefa Ubierna García se casó en Burgos en 1928 con Marcelino García Ubierna (1902) y trajeron siete hijos al mundo, de los que solo dos sobrevivieron a la infancia: Jaime (1928) y Rogelio (1939). No se establecieron en Huérmeces.

2.3.2 Antonio García Díaz-Villalvilla (1874)

Se casó en 1902 con Cecilia Villanueva Varona (1879); tuvieron trece hijos, de los que ocho sobrevivieron a la infancia: Lucio (1903), Félix (1904), Antonio (1911), Lucas (1913), Julio (1915), Mª Natividad (1917), Gloria (1919) y Francisco (1922). Cuatro de ellos ingresaron en la orden vincentiana (Antonio, Lucas, Gloria y Francisco). Únicamente Lucio y Julio se establecieron en Huérmeces. Félix se estableció en La Rioja.

Lucio García Villanueva se casó en Huérmeces en 1930 con Fidela Varona Girón (1910); tuvieron once hijos, de los que únicamente uno, Alicia (1931) se estableció en Huérmeces.

Julio García Villanueva se casó en Huérmeces en 1941 con Margarita Villanueva Varona (1913); tuvieron una hija, María Soledad, que se estableció en Huérmeces.

2.3.3. Constantina García [Díaz-]Villalvilla (1881)

Se casó en 1902 con Bernardo Varona Recio (1878); tuvieron diez hijos: Fermín (1904), Mª Dolores (1906), Abdón (1907), Ángel (1909), Narciso (1910), Bernardo (1912), Constantina (1915), Jesús (1918), José (1921) y Petra (1923). Cuatro de ellos se establecieron en Huérmeces (Narciso, Bernardo, Jesús y Petra). El resto lo hicieron en Barcelona, Navarra y Vizcaya. 

Ninguno de los nietos de Bernardo y Constantina se estableció en Huérmeces.

Narciso Varona García se casó en Huérmeces en 1933 con Leonila Alonso Villalvilla (1910) y trajeron seis hijos al mundo: Constantina, María Begoña, Carmen, Jesús, José y Elisa. 

Bernardo Varona García se casó en Huérmeces en 1939 con Ludivina Villalvilla Santiago (1915); tuvieron dos hijos: Abilio y Carlos.

Jesús Varona García se casó en Huérmeces en 1945 con Eliecer Varona Ortega (1925); tuvieron tres hijos: Gloria, Elena y Aurelio.

Petra Varona García se casó en Huérmeces en 1945 con Víctor Villanueva González (1919); tuvieron cuatro hijos: Isidro, Marina, Silvano y Bernardo.


3. HERMANOS DÍAZ-VILLALVILLA GÜEMES (HIJOS DE JOAQUÍN Y BERNARDA)

Joaquín y Mª Bernarda tuvieron siete hijos: Pedro (1843), María (1845), Justa (1847), Bernarda María (1849), Juliana (1852), Petra (1853) y Gabino (1858).

Únicamente tenemos constancia de continuidad residencial en Huérmeces para dos de ellos: Pedro y Justa

3.1 Pedro [Díaz-]Villalvilla Güemes (1843)

Se casó en Huérmeces en 1865 con Águeda Fernández Díez (1844) y tuvieron nueve hijos: Emeteria (1866), Lázaro (1867), Joaquín (1870), María (1871), Inocencio (1873), Bernarda (1875), Mariano (1876), Manuel (1879) y Ludivina (1882). Solo tres de ellos se establecieron en Huérmeces: Emeteria, Lázaro y Manuel. De Joaquín únicamente tenemos noticias relativas a su inclusión en el reemplazo de 1889. Parte de la familia Díaz-Villalvilla Fernández perdió el Díaz y otra parte lo conservó.

3.1.1 Emeteria Díaz-Villalvilla Fernández (1866)

Se casó en Huérmeces en 1889 con Agapito Díaz-Ubierna (1860); siete hijos: María (1892), Millán (1893), Antonio (1895), Felisa (1896), Julián (1897), Jacinta (1899) y Claudia (1900). Julián se estableció en Cantabria. Jacinta lo hizo en Quintanilla Sobresierra. Millán y Antonio se establecieron en Huérmeces.

Millán Díaz-Ubierna Díaz-Villalvilla no se casó ni tuvo descendencia, quizás debido a la minusvalía que sufría.

Antonio Díaz-Ubierna Díaz-Villalvilla se casó en Ros hacia el año 1920 con Escolástica Ortega Ortega (Ros, 1899). La pareja se estableció en Huérmeces y tuvieron un hijo, Ramiro (1923), que también se estableció en Huérmeces.

3.1.2 Lázaro Villalvilla Fernández (1867)

Se casó hacia 1894 con Petra Alonso Hidalgo (1861); cuatro hijos: Ludivina (1895), Pedro (1899). Isabel (1900) y Joaquín (1903). Solo tenemos referencias posteriores de Ludivina. Este ramal de la familia perdió el Díaz.

Ludivina Villalvilla Alonso se casó en Huérmeces en 1919 con Donato García Fontúrbel (1894) y tuvieron diez hijos García Villalvilla entre 1920 y 1938. Solo uno de ellos (Petra) se estableció definitivamente en Huérmeces.

3.1.3 Manuel Villalvilla Fernández (1879)

Se casó en Marmellar hacia 1908 con Virgilia Santiago Velasco (Marmellar, 1887); seis hijos: Joaquín (1909), Mª Concepción (1911), Mª Concepción (1912), Ludivina (1915), Perfecto (1917) y Victorina (1928). Solo Ludivina se estableció en Huérmeces. Joaquín lo hizo en Burgos. Mª Concepción y Victorina, en Gijón.

Ludivina Villalvilla Santiago se casó en Huérmeces en 1933 con Bernardo Varona García (1912). Tuvieron dos hijos: Abilio y Carlos.


3.2 Justa Díaz-Villalvilla Güemes (1847)

Se casó en Huérmeces en 1869 con Vicente Díez Alonso (1843); cinco hijos: Nicolás (Mata, 1870), Inocencio (1872), Fausto (1875), Petra (1878) y Francisco (1887). Inocencio murió a los 24 años de edad en la guerra de Cuba (1897). Fausto aparece en el listado de mozos del reemplazo de 1894, aunque sin referencias posteriores. Petra aparece domiciliada en Huérmeces hasta 1899, a la edad de 21 años, soltera. Solo Nicolás se estableció en Huérmeces. Parte de esta rama de la familia perdió el Díaz.

Nicolás Díez Villalvilla se casó en Peñahorada en 1896 con Felipa Díez Fernández (Peñahorada, 1873); tres hijos: Mª Encarnación (1897), Josefa Leonisa (1901) y Felipe (1906). Solo este último se estableció en Huérmeces, tras casarse en Ruyales del Páramo en 1932 con Ludivina González Bravo (Ruyales, 1910).


4. HERMANOS DÍAZ-VILLALVILLA HIDALGO (HIJOS DE JUSTO Y TOMASA)

Justo y Tomasa tuvieron diez hijos: Natalio (1845), Pedro (1845), Natalio (1856), José (1859), Venancio (1861), María Paz (1863), Julián (1865), Benigno (1867), Petra (1869) y Ángela (1871).

Únicamente sabemos de cierta continuidad residencial en Huérmeces para tres de ellos: Natalio, Mª Paz y Petra. Ángela residió en el pueblo hasta el fallecimiento de sus padres, a principios del siglo XX. Benigno, por su parte, desanduvo el camino recorrido por su padre y, hacia 1890, se casó en Ruyales con Petra García Güemes (Ruyales, 1867), y allí se estableció.

4.1 Natalio Díaz-Villalvilla Hidalgo (1856)

Se casó en Huérmeces en 1889 con María Alonso Fernández (1866); tuvieron doce hijos, de los que diez sobrevivieron a la infancia: Francisco (1891), Bernardo (1893), Fidel (1894), Jacinto (1897), Pablo (1900), Casilda (1902), Elisa (1905), Dolores (1907), Emiliano (1909) y Victorino (1912). Natalio y María residieron en Huérmeces durante toda su vida, aunque ninguno de sus hijos se estableció en el pueblo. Lo hicieron en Argentina, Cádiz, Alicante y Madrid.

4.2 María Paz Villalvilla Hidalgo (1863)

Se casó en Huérmeces en 1894 con Pablo Zumel Fontúrbel (1872); tres hijos en Huérmeces: Maximino (1895), Trinidad (1896) y Fidel (1899). En 1899, Pablo Zumel aparece trabajando en Vizcaya, mientras su esposa e hijos residen en Huérmeces, en régimen de alquiler, en el palacio de Arroyuelo. La familia Zumel Villalvilla, además de perder el Díaz, acabó por establecerse en Vizcaya.

4.3 Petra Díaz-Villalvilla Hidalgo (1869)

Se casó en Huérmeces en 1894 con Francisco García Alonso (1869); cuatro hijos: Teresa (1896), Mª Pilar (1900), Manuela (1907) e Isidoro (1909). La familia García Díaz-Villalvilla aparece en los padrones de 1896, 1899, 1909 y 1910, aunque ya no lo hace en 1914.