miércoles, 14 de junio de 2017

Pinares de repoblación en Huérmeces y alrededores



En 1940, apenas finalizada la Guerra Civil, el recién reinventado Patrimonio Forestal del Estado puso en marcha el ambicioso Plan General de Repoblación Forestal de España, ideado tan solo un año antes por las autoridades forestales franquistas, y que preveía la repoblación de casi 6 millones de hectáreas (dos veces la superficie total de Galicia) durante los próximos cien años.

El objetivo principal de dicha vorágine repobladora era asegurar el necesario abastecimiento de madera para el destrozado país. Iba dirigido, principalmente, a la alimentación de las industrias maderera y papelera (acababa de crearse la empresa nacional SNIACE). Como objetivo secundario, se perseguía proteger de la erosión las cabeceras hidrologicas más expuestas. Y también absorber parte de los elevados índices de paro campesino existentes en algunas zonas del país.

Durante los 32 primeros años de desarrollo del Plan (1940-1972) se repoblaron 2,7 millones de hectáreas, lo que suponía alcanzar casi la mitad del centenario objetivo en solo el primer tercio de recorrido. Éxito total en cantidad, que otra cosa fue la calidad de las repoblaciones efectuadas. Casi la totalidad lo fueron a base de pino y eucalipto, prestando muy poca atención a las especies frondosas, que sufrieron un retroceso evidente durante el mismo lapso de tiempo.

Las plantaciones se realizaron en base a unos "consorcios" establecidos entre la autoridad forestal y los diferentes ayuntamientos de la época. En dichos consorcios se establecía que los ingresos derivados de futuros aprovechamientos de madera (a cien años vista, en algunos casos) se repartirían entre el repoblador (el Estado, dos tercios) y el propietario (el ayuntamiento o junta vecinal, un tercio).

En muchas zonas no especialmente productivas -como la nuestra- las plantaciones que han llegado a nuestros días, sin haber recibido apenas tareas de mantenimiento, no parece que vayan a generar ingresos de importancia en un futuro cercano. A no ser que se acabe por establecer la siempre problemática figura del "acotado de setas", como ha sucedido en algunos municipios de clara vocación forestal y micológica. 

Quien les iba a decir a los insignes ingenieros diseñadores de aquel Plan de Reforestación que, con el paso de las décadas, bien avanzado el siglo XXI, el único aprovechamiento generado por sus queridos pinares sería el derivado de la recogida de sus hongos, níscalos sobre todo.
 





Tal y como sucedió en muchos otros pueblos de La Comarca, a finales de los años cincuenta del siglo pasado llegaron a Huérmeces varias cuadrillas de pineros, como eran denominados los plantadores de pinos. Procedían tanto de pueblos de los alrededores como de lugares mucho más lejanos, especialmente del Sur. En algunos casos, incluso se desplazaron con sus familias, viviendo temporalmente en algunas casas del pueblo, puestas a su disposición mientras duraron las varias temporadas de plantación que se sucedieron durante aquellos años.

Era relativamente habitual que también los chavales del pueblo realizaran labores de plantación, ya que durante los otoños los quehaceres de los labradores disminuían considerablemente. Más que una ayuda importante para la economía familiar, se trataba de ganar unos duros para gastos propios.

El trabajo era muy duro. Las plantaciones se realizaban en páramos y lugares muy expuestos al viento, a la lluvia y al frío de los otoños castellanos. El ahoyado se realizaba a mano, con un simple azadón, y el salario se cobraba por cada pino plantado.

Las especies de pino utilizadas en estas plantaciones fueron Pinus nigra (pino laricio) y Pinus sylvestris (pino albar).



En Huérmeces, tres fueron los parajes en los que se efectuaron plantaciones en aquellos años:

1. Valmares: en este vallejo situado en el límite con el término de Montorio, se plantaron unas 26 hectáreas de pinar; su aspecto es hoy muy desigual, relativamente denso en las tierras de fondo del valle y bastante ralo en las laderas de la porción superior del vallejo.


Pinar de Valmares; a la derecha, carretera vieja de Aguilar, a la altura de Los Navatillos

Pinar de Valmares; a la derecha, el vallejo de Buzón y parte de su chopera
  

2. Navas: en este paraje limítrofe con el término de Castrillo, en una pequeña loma no apta para el cultivo agrícola, se plantaron unas 47 hectáreas de pinar, hoy poco denso, por la relativa pobreza de los suelos del paraje.


A la derecha, parte del pinar de Navas; a la izquierda Monte las Eras; vista desde Castrillo
 

3. El Páramo: en terrenos limítrofes con Ros, se plantó un alargado y estrecho pinar, formado por tres manchas, que ocupan en total unas 16 hectáreas, hoy atravesadas por la pista de servicio del parque eólico del Páramo. El aspecto general de este pinar es denso y homogéneo.
 

Pinares del Páramo, desde la carretera de Huérmeces a Santibáñez
 
Pinar del Páramo desde el trifinio Ros-Huérmeces-Santibáñez


 
En los pueblos del entorno también se efectuaron plantaciones en aquellos años, o en fechas algo posteriores; los pinares adultos existentes en la actualidad son los siguientes:


Ruyales del Páramo: existen cinco parcelas de pinar, establecidas alrededor de la cabecera del río homónimo (de W a E): Las Hoyas, Valdefrailes, Las Mayas, La Cotorra y Valdaña. Se trata de pinares de casi 60 años de edad, plantados en 1958.

Se aprecian cuatro de los cinco pinares de Ruyales: Valdefrailes, Las Mayas, La Cotorra y Valdaña


Pinar de Valdaña (Ruyales) visto desde La Lastra (San Pantaleón del Páramo)



Quintanilla Pedro Abarca: destaca el gran pinar de Valdechondo, en las cercanías de la ermita de Robledillo, y que continúa por el término de Acedillo. También existe una pequeña parcela plantada de pinos en el paraje de Sorredondo, limítrofe con La Nuez de Arriba.


Pinar de Valdechondo (Quintanilla Pedro Abarca) y su continuación en Puerta (Acedillo)


San Pantaleón del Páramo: únicamente se plantaron pinos en la zona alta del vallejo de Valcavado, justo en las inmediaciones de Peña Nariz, ya en el límite con Montorio.


Pinar en la zona alta de Valcavado, al pie de Peña Nariz


Acedillo: en el paraje de Puerta existe una enorme parcela de pinar, contigua a la perteneciente al término de Quintanilla Pedro Abarca.

Bustillo del Páramo: en el término de este pueblo existen dos importante manchas de pinar: Las Ñavas y La Serna-El Corral.


En el centro, pinar de Las Hoyas (Ruyales) y al fondo, a la izquierda, pinar de Las Ñavas (Bustillo); más al fondo, antena de Coculina y parque eólico de El Perul (Acedillo)


Hormazuela: sus dos pinares ocupan una amplia parcela en el Páramo Vega, limítrofe con Brullés, y otra en El Cuadrón, limótrofe con Las Hormazas 

Las Hormazas: aquí encontramos uno de los pinares más extensos de la zona, San Bartolomé, que ocupa unas 103 hectáreas de alargada (3 km) y estrecha (300-350 m) parcela; otras manchas de pinar existen en Valmayor, La Loma-Carrespinosa, y Los Rebollos-Lentejares.


Pinar de San Bartolomé, desde el páramo de Susinos

Pinar de San Bartolomé atravesado por el camino de Burgos, a la altura del Altillo (Las Hormazas)


Úrbel del Castillo: un pequeño pinar en la parte baja de El Embid, y otro en La Tabla, en la ladera oriental de La Mesa.

Coculina: una estrecha franja en la ladera suroeste de La Mesa, en un paraje denominado El Colmenarón; y cinco manchas alrededor del paraje denominado El Hoyuelo.


Pinar de El Colmenarón; al fondo, a la derecha, El Cuerno de La Mesa; más al fondo, La Ulaña

El Colmenarón, en la ladera de La Mesa
 

Montorio: una pequeña parcela en el paraje Lomas de Fresnos-La Pedraja, vecina del enorme pinar existente en el término de Quintanilla Sobresierra.

Quintanilla Sobresierra: en el término de este pueblo encontramos los pinares más extensos de La Comarca: Carremontorio-La Loma (270 ha) y Valdemiguel-Loma Quintanilla (170 ha); además, las plantaciones han sido continuadas en el tiempo, ya que la fábrica de explosivos ubicada en el término ha promovido, en terrenos de su propiedad, reforestaciones y subsiguientes “experiencias” en fertirrigación y recuperación de cubiertas vegetales.


Al fondo, Pinar de Carremontorio (Quintanilla Sobresierra); en primer término, plantaciones más recientes

Pinar de Valdemiguel, dentro de los terrenos pertenecientes a la fábrica de explosivos



Castrillo de Rucios: pinar en el paraje Valle Sedón, enfrente de Becerril, aparentemente más joven que sus vecinos de Huérmeces y Quintanilla Sobresierra.


Pinar de Castrillo, desde Becerril


Ubierna: dos pequeñas manchas de pinar, en Valdevacas y Valdeperal. La primera de ellas, muy cerca del límite con el término de Huérmeces y de la pequeña laguna allí existente.


Pinar de Valdevacas (Ubierna)


En la tabla siguiente se resumen los datos de las principales manchas de pinar adulto en Huérmeces y alrededores (tanto la denominación del paraje como la superficie del pinar en hectáreas son aproximados):






Vistas las ubicaciones de estos pinares, cabe afirmar que pueblo pinero, pueblo molinero. En el sentido de que allí donde hay pinos, hay molinos … eólicos. Lo cual tiene su lógica: Tanto unos como otros no ocupan sino terrenos esteparios, altiplanos no aptos para la agricultura, barridos por los cuatro vientos: aquellos que entonces solían denominarse pastizales o eriales, adecuados solo para una ganadería extensiva ya en claro proceso de desaparición.






A partir del año 1972, fue el ICONA el organismo encargado de la repoblación, aunque el maquillaje en el nombre no trajo consigo ningún cambio en las pautas: las plantaciones continuaron basándose en pino y eucalipto, y con el añadido del polémico aterrazamiento de los terrenos.

Desde 1986, a raíz de la entrada de España en la Unión Europea, y con las competencias en materia forestal ya transferidas a las Comunidades Autónomas (1984), se asistió a un cierto repunte en las prácticas repobladoras, al calor de las ayudas europeas. Se prestó más atención a las especies frondosas, pero los objetivos alcanzados fueron muy modestos.


Daños causados por procesionaria (Quintanilla Sobresierra)


En La Comarca, se vivió una nueva fiebre repobladora durante los primeros años del siglo XXI (especialmente 2005-2007), aunque en esta ocasión las plantaciones poco tienen que ver con las que se realizaron en los años cincuenta y sesenta. Mínima mano de obra por el uso de potente maquinaria subsoladora y plantación mecanizada; amplias pistas de acceso; cerramiento de parcelas, etc. Y, por supuesto, erre que erre: pinos.

Pinos que en los últimos años –al calor de inviernos cada vez más suaves- han sufrido los consiguientes y reiterados ataques de la oruga procesionaria.

En Huérmeces, estas modernas plantaciones han sido perpetradas en Isilla, Buzón, Los Casares, laderas del Páramo, La Lastra … hasta en la emblemática Coronilla. En los pueblos del entorno, en incontables lugares.

Se han destrozado ecosistemas esteparios a costa de plantar una especie de dudosa viabilidad –no ya económica, sino meramente biológica- en el contexto actual de cambio climático. Al incremento de problemas fitosanitarios habrá que añadir el del riesgo de incendios, según vaya incrementándose la masa forestal de los pinares, claramente propensa al fuego, en veranos cada vez más cálidos y secos, con los accesos a las masas boscosas facilitados por multitud de pistas y caminos...

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